Folleto - No desperdicies tu vida

Desde el 11 de septiembre del 2001, he visto más claramente que nunca antes, lo esencial que es mostrar alegría, gozo o satisfacción de manera explícita en la excelencia de Cristo crucificado por los pecadores y resucitado de entre los muertos. Cristo debe ser explícito en todas nuestras conversaciones de Dios. No lo hará, en estos tiempos de pluralismo, el hablar acerca de la gloria de Dios de manera imprecisa. Dios, sin Cristo, no es Dios. Y un no-Dios no puede salvar ni satisfacer el alma. Seguir a un no-Dios--sea cual sea su nombre o sea cual sea su religión--será una vida desperdiciada. Dios-en-Cristo es el único Dios verdadero y el único camino a la felicidad.

Para llevarnos hacia el más alto y más durable de todos los placeres, Dios hizo a su Hijo, Jesucristo, un espectáculo sangriento de sufrimiento y muerte inocente. Esto es lo que costó rescatarnos de una vida desperdiciada. El Hijo eterno de Dios "no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó así mismo." Él tomó "forma de siervo" y nació "semejante a los hombres. . . . Se humilló asimismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz " (Filipenses 2:6-8).

Todas Las Cosas Fueron Hechas Para Él

Este Jesús era y es un hombre histórico real en quien "habita toda la plenitud de Dios en un cuerpo humano" (Colosenses 2:09). Puesto que él es "Dios de Dios, Luz de Luz, verdadero Dios de Dios verdadero ", como dice el antiguo Credo de Nicea, y que su muerte y resurrección son el acto central de Dios en la historia, no es de sorpresa escuchar a la Biblia decir , "todo fue creado por medio de él y para él" (Colosenses 1:16). Para él! Eso significa, para su gloria.

Desde la obra encarnacional y redentora de Jesús, Dios es glorificado con gusto por los pecadores solo a través de la glorificación de Jesucristo, el Dios-hombre resucitado. Su muerte sangrienta es el centro de resplandor de la gloria de Dios. No hay camino a la gloria del Padre sino por el Hijo. Todas las promesas de gozo en la presencia de Dios, y los placeres a su mano derecha vienen a nosotros solo por fe en Jesucristo.

Si Lo Rechazamos, Rechazamos a Dios

Jesús es la prueba de fuego de la realidad para todas las personas y todas las religiones. Él lo dijo claramente: "El que a mí me rechaza, rechaza al que me envió." (Lucas 10:16). Las personas y las religiones que rechazan a Cristo rechazan a Dios. ¿Hay otras religiones que conocen al Dios verdadero? Aquí está la prueba: ¿Rechazan a Jesús como el único Salvador de los pecadores que fue crucificado y resucitado por Dios de entre los muertos? Entonces no conocen a Dios de una manera que salva.

Eso es lo que Jesús quiso decir cuando dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6). O cuando dijo: "El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió" (Juan 5:23). O cuando dijo a los fariseos: "Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais" (Juan 8:42).

Si viéramos y disfrutáramos la gloria de Dios, debemos ver y disfrutar a Cristo. Porque Cristo es "la imagen del Dios invisible" (Colosenses 1:15). Por decirlo de otra manera, si queremos abrazar la gloria de Dios, debemos aceptar el Evangelio de Cristo. La razón de esto no es sólo porque somos pecadores y necesitamos un Salvador que muera por nosotros, sino también porque este mismo Salvador es la manifestación más completa y hermosa de la gloria de Dios. Él nos compra un placer inmerecido y eterno, y se convierte para nosotros en nuestro tesoro eterno y merecedor de todo.

El Evangelio es Las Buenas Nuevas de la Gloria de Cristo

Así es como se define el Evangelio. Cuando nos convertimos a través de la fe en Cristo, lo que vemos con los ojos de nuestro corazón es "la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios" (2 Corintios 4:04). El Evangelio es la buena noticia de belleza vencedora. O por decirlo de la manera en que Pablo hace, es la buena noticia de "la gloria de Cristo." Cuando aceptamos a Cristo, nos aceptamos a Dios. Vemos y saboreamos la gloria de Dios. No existe el saborear de la gloria de Dios si no lo vemos en Cristo. Esta es la única ventana por la cual un pecador puede ver el rostro de Dios y no ser incinerado.

La Biblia dice que cuando Dios ilumina nuestros corazones en el momento de conversión, Él da "la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo" (2 Corintios 4:06). O vemos la gloria de Dios "en rostro de Jesucristo", o no la vemos en absoluto. Y "el rostro de Jesucristo" es la belleza de Cristo alcanzando su punto culminante en la cruz. El rostro ensangrentado de Cristo crucificado (¡y triunfante!) es el rostro de la gloria de Dios. Lo que antes era una locura para nosotros se convierte en nuestra sabiduría y nuestro poder y nuestra gloria (1 Corintios 1:18, 24).

La vida se desperdicia si no captamos la gloria de la cruz, si no la estimamos como el tesoro que es y si no nos aferramos a ella como el precio más alto de todos los placeres y el más profundo consuelo en cada dolor.

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