La meta del amor de Dios puede no ser la que tú crees que es

¿Acaso la gente va al Gran Cañón para incrementar su autoestima? Probablemente no. Esto es, al menos, una pista de que los gozos más profundos en la vida no vienen de disfrutarse a uno mismo, sino de ver esplendor. Y al final, ni siquiera el Gran Cañón servirá. Fuimos hechos para disfrutar a Dios.

Todos estamos desviados a pensar en que somos centrales en el universo. ¿Cómo seremos curados de esta enfermedad que destruye el gozo? Tal vez al oír de nuevo qué tan radical es la realidad centrada en Dios, de acuerdo a la Biblia.

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento nos dicen que el amor de Dios por nosotros es un medio por el que lo glorificamos. “Pues os digo que Cristo se hizo servidor…y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia” (Romanos 15:8-9).1 Dios ha sido misericordioso con nosotros para que lo exaltemos. Lo vemos otra vez en las palabras, “En amor [Dios] nos predestinó para adopción…para alabanza de la gloria de su gracia” (Efesios 1:4-6). En otras palabras, la meta de que Dios nos ame es que lo exaltemos. Otro ejemplo es el Salmo 86:12-13: “Glorificaré tu nombre para siempre. Porque grande es tu misericordia para conmigo.” El amor de Dios es el dónde. Su gloria es la meta.

Esto es impresionante. El amor de Dios no es Dios enalteciéndonos, sino que nos rescata de nuestro egoísmo para que podamos disfrutar de él para siempre enalteciéndolo. Y nuestro amor para otros no es enaltecerlos, sino ayudarlos a encontrar satisfacción en enaltecer a Dios. El verdadero amor apunta a satisfacer a las personas en la gloria de Dios. Cualquier amor que termina en el hombre es eventualmente destructivo. No lleva a la gente al único gozo eterno, que es Dios. El amor debe estar centrado en Dios, sino no es amor verdadero; deja a las personas sin su última esperanza de gozo.

Toma la cruz de Cristo, por ejemplo. La muerte de Jesucristo es la máxima expresión de amor divino: “Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Sin embargo la Biblia también dice que la finalidad de la muerte de Cristo fue una “demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente” (Romanos 3:25). Pasar por alto el pecado crea un enorme problema para la rectitud de Dios. Lo hace ver como un juez que deja a los criminales salir libres sin castigo. En otras palabras, la misericordia de Dios pone la justicia de Dios en peligro.

Así que para vindicar su justicia hace lo impensable—mata a su Hijo como una pena  substituta por nuestros pecados. La cruz hace claro para todos que Dios no barre la maldad debajo de un tapete universal. Él la castiga en Jesús para aquellos que creen.

Pero date cuenta que este máximo acto de amor tiene en el centro la vindicación de la rectitud de Dios. El amor de Viernes Santo es amor que glorifica a Dios. Dios exalta a Dios en la cruz. Si no fuera así, él no podría ser justo y rescatarnos del pecado. Pero es un error decir, “Bueno, si el fin era rescatarnos, entonces nosotros éramos la principal meta de la cruz.” No, fuimos rescatados del pecado para que pudiéramos ver y probar la gloria de Dios. Esta es la principal meta amorosa de la muerte de Cristo. El no murió para enaltecernos, mas para darnos libertad de  gozarnos en enaltecer a Dios para siempre.

Esta profundamente equivocado el transformar a la cruz en una prueba de que la autoestima es la raíz de la salud mental. Si me paro delante del amor de Dios y no siento un gozo saludable, satisfaciente, y libre, a menos de que transforme ese amor en autoestima, entonces soy como un hombre que se para delante del Gran Cañón y no siente asombro suficiente hasta que cambie el Cañón a un objeto para un significado personal. Esto no es la presencia de salud mental, sino de esclavitud a uno mismo.

La cura para esa esclavitud es ver que Dios es el único ser en el universo para quien la exaltación de sí mismo es el acto más amoroso.  En exaltarse a sí mismo—como al Gran Cañón—él obtiene la gloria y nosotros el gozo. Las noticias más grandiosas en todo el mundo son que no hay un conflicto final entre mi pasión por gozo y la pasión de Dios por su gloria. El nudo que amarra estos dos es la verdad de que Dios es mayormente glorificado en nosotros cuando nosotros estamos mayormente satisfechos en él. Jesucristo murió y resucitó para perdonar la traición de nuestras almas, que nos habían cambiado de disfrutar a Dios a disfrutarnos a nosotros mismos. En la cruz de Cristo, Dios nos rescata de la casa de los espejos y nos lleva afuera, a las montañas y cañones de su majestad. Nada nos satisface - o lo magnifica a Él  - más.


1 Versículos tomados de la versión Biblia de las Américas

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