Sabemos que están matando niños—todos nosotros lo sabemos

Sabemos que están matando niños—todos nosotros lo sabemos

Un principio de justicia bíblico es que entre más conocimiento tengamos de que nuestras acciones son incorrectas, más culpables somos y más merecemos ser castigados (Lucas 12:47-48). El objetivo de esta entrada de blog es que sepamos lo que estamos haciendo—todas las personas en los EEUU lo saben. Estamos matando niños. Tanto las personas antiabortistas como las personas a favor de la libertad de elección en materia de aborto lo saben.

Pero antes de demostrar lo anterior, quisiera aclarar lo que la Corte Suprema estadounidense hizo hoy hace cuarenta años. En el juicio Roe v. Wade, la Corte Suprema efectivamente hizo que el aborto a petición fuera intocable por la ley. Esto se realizó por medio de dos pasos.

El primer paso fue decir que las leyes no pueden prevenir el aborto, incluso a los nueve meses cumplidos, si el aborto es para “preservar la vida o salud de la madre”. El siguiente paso fue definir “salud” como “todos los factores—físicos, emocionales, psicológicos, familiares y la edad de la madre—relevantes al bienestar del paciente”.

Por cuarenta años, esto ha implicado que cualquier estrés percibido es una razón legal para eliminar al bebé. Hemos matado a cincuenta millones de bebés. Y lo que incrementa nuestra culpa como nación es que sabemos lo que estamos haciendo. Hay evidencia de que sabemos que estamos matando a niños.

1. Anecdóticamente, las personas a favor del aborto admitirán que están matando niños.

Muchos simplemente dicen que es el menor de dos males. Yo invité a almorzar a una persona a favor del aborto una vez, preparado para darle diez razones por las cuales los bebés aún no nacidos son seres humanos. Él me detuvo y dijo: “Yo sé eso. Estamos matando niños.” Me quedé perplejo. Él dijo: “Sencillamente es un asunto de justicia para las mujeres. Sería un mal mayor negar a las mujeres el derecho igualitario de libertad reproductiva.” Lo cual significa que las mujeres no deberían estar más agobiadas que los hombres por las consecuencias de un embarazo no planificado. Esa libertad igual de la carga de tener hijos es la base para el aborto a la cual el Presidente Obama se refiere vez tras vez cuando habla acerca de los derechos igualitarios para las mujeres. Nosotros sabemos que estamos matando niños.

2. Diferentes estados (en EEUU) consideran el aborto como homicidio.

Sabemos lo que estamos haciendo porque 38 estados (incluyendo Minnesota) consideran que matar a un bebé aún no nacido es una forma de homicidio. Dichos estados poseen las así llamadas “leyes de homicidio fetal”.

Es ilegal tomar la vida de un bebé aún no nacido si la madre desea al bebé, pero es legal tomar la vida de ese bebé si ella no lo desea. En el primer caso, la ley trata al feto como un ser humano con derechos; en el segundo caso, la ley trata al feto como algo no-humano, sin derechos.

Lo que nos hace humanos es definido por el deseo de los poderosos. El poder crea el derecho a hacer. Rechazamos esa clase de derecho de definir qué es una persona cuando nos enfrentamos al antisemitismo Nazi, a la esclavitud racial de los estados Confederados (EEUU, guerra civil) y a los gulag soviéticos. Cuando definimos la humanidad de los bebés aún no nacidos basados en la voluntad de los poderosos, sabemos lo que estamos haciendo.

3. La cirugía fetal trata a los bebés aún no nacidos como niños y pacientes.

Hace varios años, el Dr. Steve Calvin, especialista en embarazos de alto riesgo, escribió lo siguiente en una carta al periódico Arizona Daily Star: “Existe una ineludible esquizofrenia al abortar a un feto de 22 semanas perfectamente normal, mientras que en el mismo hospital se lleva a cabo una cirugía intrauterina a favor de su primo.” Cuando los bebés aún no nacidos son deseados, son tratados como niños y pacientes. Cuando no son deseados, no son niños. Sabemos lo que estamos haciendo.

4. Ser pequeño no descalifica a alguien de ser una persona.

La estatura de 1.70 metros de un adolescente no le garantiza más derecho a la vida que la estatura de 58 centímetros de su hermanita en los brazos de su madre. El tamaño es moralmente irrelevante. Un centímetro, 58 centímetros, 170 centímetros—no importa. Es moralmente irrelevante decidir quién debe ser protegido. Sabemos lo que estamos haciendo al matar a los más pequeños de todos.

5. No haber desarrollado la capacidad de razonar no descalifica a alguien de ser una persona.

Un bebé de un mes, siendo amamantado por su madre, no puede razonar. Pero pocos se atreverían a proponer que el infanticidio es aceptable debido a ello. La mayoría de personas sabe que eso es incorrecto. El bebé no puede razonar, ni fuera ni dentro del útero, pero es un ser humano. Sabemos lo que estamos haciendo.

6. Estar en el útero no descalifica a alguien de ser una persona.

La ubicación o el entorno no determina el derecho a la vida. Scott Klusendorf pregunta lo siguiente: “¿Cómo es que un sencillo viaje de 18 centímetros por el canal de parto repentinamente transforma la naturaleza esencial del feto, de no ser una persona a ser una persona?” Sabemos lo que estamos haciendo.

7. Depender de mamá no descalifica a alguien de ser una persona.

Consideramos que las personas que usan respiradores artificiales o equipos de diálisis son seres humanos. Los bebés aún no nacidos no pueden ser descalificados de ser personas porque dependen de su madre para su alimento y oxígeno. De hecho, usualmente operamos en base al principio directamente opuesto: entre más dependa un pequeño de nosotros, más, no menos, responsabilidad sentimos de protegerlo. Sabemos lo que estamos haciendo.

(Esas últimas cuatro observaciones, #4-7, fueron resumidas por Scott Klusendorf de la siguiente manera: Tamaño, Nivel de desarrollo, Entorno, Grado de independencia—ninguna de ellas es moralmente relevante al definir la vida humana.)

8. La composición genética de los seres humanos es única.

La composición genética de un ser humano es diferente a todas las demás criaturas desde el momento de la concepción. El código humano está completo y es único desde el principio. Hubo un tiempo en el cual eso no se sabía. Ahora lo sabemos.

9. Todos los órganos están presentes a las ocho semanas de gestación.

A las ocho semanas de gestación, todos los órganos están presentes. El cerebro está funcionando, el corazón está bombeando, el hígado está haciendo glóbulos de sangre, los riñones están limpiando los fluidos, el dedo tiene huellas digitales.

10. Hemos visto las fotografías.

La maravilla del ultrasonido nos ha dado una impresionante ventana al útero, la cual muestra, por ejemplo, a un bebé de ocho semanas aún no nacido chupando su pulgar, alejándose de un pinchazo y respondiendo al sonido. Vea este vídeo de cuatro minutos del desarrollo de un bebé aún no nacido. Sabemos que son niños.

11. Cuando dos derechos están en conflicto, el derecho superior debe ser protegido.

Conocemos el principio judicial que dicta que cuando dos derechos legítimos están en conflicto, el derecho que protege el valor superior debe prevalecer. Negamos el derecho de conducir a 160 kilómetros por hora porque el valor de la vida es más grande que el valor de llegar a tiempo o de experimentar euforia. El derecho de los bebés aún no nacidos de no ser asesinados y el derecho de una mujer de no estar embarazada podrían estar en conflicto. Pero no son derechos iguales. Sobrevivir es más precioso y más básico que no estar embarazada. Sabemos lo que estamos haciendo cuando matamos a un niño.


Para los cristianos que creen en la Biblia, podríamos agregar diez razones más por las que sabemos qué es lo que pasa durante el aborto y por qué está mal. Pero el objetivo de este artículo es triple.

  1. Aclarar que no seremos capaces de defendernos apelando a la ignorancia. Nosotros lo sabíamos. Todos nosotros.
  2. Solidificar nuestra convicción de resistir este horrendo mal.
  3. Intensificar nuestra oración y nuestra predicación, con el objetivo de ver almas renovadas a causa del Evangelio, ya que la dureza del corazón, no la ignorancia, es la raíz de esta mortandad.

John Piper (@JohnPiper) is founder and teacher of desiringGod.org and chancellor of Bethlehem College & Seminary. For 33 years, he served as pastor of Bethlehem Baptist Church, Minneapolis, Minnesota. He is author of more than 50 books.