Diez aspectos de la soberanía de Dios sobre el sufrimiento y la mano de Satanás en ello 

El ímpetu para esta conferencia viene de la infinita realidad de Dios como lo más valioso en y sobre el universo. Dios es absoluto, eterno, e infinito. Cualquier otra cosa o persona es dependiente, finita, y contingente. Dios mismo es lo más valioso. Cualquier cosa que tenga algún valor, lo tiene por su conexión a Dios. Dios es superior en todas las cosas. Él tiene toda la autoridad, todo el poder, toda la sabiduría. “Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca” (Lamentaciones 3:25). Y su nombre, como Creador, y Redentor, y Gobernador de todo, es Jesucristo.

En los últimos cuatro años, los sucesos del 9/11, el Tsunami, Katrina, y diez mil vidas humanas perdidas nos han ayudado a descubrir cuan poco está la iglesia americana arraigada a la verdad, David Wells, en su nuevo libro Above All Earthly Pow’rs: Christ in a Postmodern World [Por encima de Todos los Poderes Terrenales: Cristo en un Mundo Postmoderno], lo dice así:

Este momento de tragedia y maldad [refiriéndose al 9/11] emite su propia luz sobre la iglesia y lo que venimos a ver no fue algo hermoso. Porque lo que se ha vuelto evidente por su ausencia (también de la parte evangélica) es la gravitación espiritual. Una gravitación que podría contraponerse a la más profunda y horrenda maldad  y dirigir estos asuntos de tanta seriedad. El Evangelicalismo, ahora mucho más absorto por las artes y trucos del marketing ya no es tomado tan en serio.1

En otras palabras, se demostró que nuestra visión de Dios en relación al mal y al sufrimiento era frívola. La iglesia no ha estado empleado sus energías en ir a las profundidades del insondable Dios de la Biblia. Muchas de las iglesias están decidiendo, en este mismo momento, a pesar del aplastante peso y la seriedad de la Biblia, volverse más ligeras, más superficiales, más orientadas al entretenimiento; por ende, se vuelven exitosas en su falta de atención al sufrimiento y el mal masivo. El popular dios de la iglesia divertida, es simplemente demasiado pequeño y demasiado afable para sostener un huracán en su mano. Las categorías bíblicas sobre la soberanía de Dios descansan como minas explosivas en las páginas de la Biblia esperando que alguien lea el libro seriamente, no matan, pero destruyen los conocimientos triviales acerca del Todopoderoso.

Así que mi oración para esta conferencia es que Dios se mantenga firme y reafirme sus derechos como Creador en nuestras vidas. Que nos muestre a su Hijo quien fue crucificado y resucitó, tiene toda la autoridad en el cielo y en la tierra. Él despierta en nosotros la más fuerte fe en su supremacía como Cristo, los consuelos más profundos en medio del sufrimiento; y la más dulce comunión que hayamos conocido nunca, en sí mismo.

Los oradores que han venido a ayudarnos, todos han sufrido. Para algunos es más sencillo que para otros. No es necesario conocer los detalles. Es suficiente decir que ninguno de ellos está lidiando con un asunto teórico en esta conferencia. Ellos viven en el mundo de dolor y pérdida  donde ustedes viven. Están concientes de que a esta conferencia están viniendo personas que se están muriendo. Personas que están aquí por que aman a los que están muriendo. Personas que viven con una pena crónica. Personas que acaban de perder a uno de los seres más preciosos de sus vidas. Personas que no creen en la bondad de Dios -o no creen absolutamente en Dios- que consideran esta conferencia como un  último esfuerzo para ver si el evangelio es real. Personas que están a punto de entrar en una etapa de sufrimiento en sus vidas para la que no están absolutamente preparadas.

Estos oradores no son ignorantes acerca de la vida o de quienes son ustedes. Nos alegramos de que ustedes estén aquí -todos ustedes. Y oramos para que nunca sean los mismos de nuevo.

Esta noche no me acercaré para resolver ningún problema de manera directa. Sino para celebrar la soberanía de Dios sobre Satanás y sobre todos los males en los que se encuentra la mano de Satanás. Mi convicción es que dejar a Dios que hable su palabra despertará adoración -como la de Job- y la adoración moldeará nuestros corazones para comprender cualquier medida del misterio de Dios que él quiera que conozcamos. Lo que sigue a continuación es una celebración de “Diez Aspectos acerca de la Soberanía de Dios sobre  el Sufrimiento y la Mano de Satanás en Ello”. Y lo que quiero decir en este mensaje cuando digo que Dios es soberano no es solo que Dios tiene el poder y derecho de gobernar todas las cosas, sino que él ya gobierna todas las cosas, para sus propios santos y sabios propósitos.

1. Celebremos porque Dios es soberano sobre el sobierno del mundo delegado a Satanás.

A veces a Satanás se le llama en la Biblia “el príncipe de este mundo” (Juan 12:31; 14:30; 16:11) o “El dios de este siglo” (2 Corintios 4:4) o “el príncipe de la potestad del aire” (Efesios 2:2), o el ‘gobernador de las tinieblas de este siglo’ (Efesios 6:12). Lo que significa que deberíamos tomarlo probablemente en serio cuando dice en Lucas 4:5-7 que “Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. 6Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. 7Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos”

Y por supuesto que esto es estrictamente cierto: Si el Soberano del universo se postra en sometimiento y adoración ante alguien, ese alguien se convierte en el soberano del universo. Pero la afirmación de Satanás de poder darle la autoridad y la gloria de todos los reinos del mundo a quien él quiera, es una verdad a medias. No hay dudas de que él causa estragos en el mundo al manipular a un Stalin, a un Hitler, a un Idi  Amin, Bloody Mary, o a un Saddam Hussein a ejercer un poder homicida. Pero Satanás hace esto solo con el permiso de Dios y dentro de los límites fijados por Dios.

Esto es aclarado una y otra vez en la Biblia. Por ejemplo, Daniel 2:20, “Y Daniel habló y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría. 21El muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes” Y Daniel 4:17, “el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da”. Cuando los reyes están en el lugar establecido por Dios, con o sin la intervención de Satanás, están bajo el dominio de la soberana voluntad de Dios, como dice Proverbios 21:1, “Como los repartimientos de las aguas, Así está el corazón del rey en la mano de Jehová; A todo lo que quiere lo inclina”.

Naciones malas se levantan y se establecen a sí mismas en contra del Altísimo. “Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos Contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos” (Salmo 2: 2-4). ¿Y piensa ellos que sus pecados, males, y rebeliones pueden frustrar el consejo del Señor? El Salmo 33:10-11 responde, “Jehová hace nulo el consejo de las naciones, Y frustra las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Jehová permanecerá para siempre; Los pensamientos de su corazón por todas las generaciones”.

Dios es soberano sobre las naciones, sobre todos sus gobernantes, y sobre todo el poder Satánico detrás de ellos. Ellos no se mueven sin el permiso de Dios, y no se salen del plan soberano de Dios.

2.  Celebremos porque Dios es soberano sobre los ángeles de Satanás (demonios, espíritus malignos).

Satanás tiene miles de secuaces para hacer mal sobrenaturalmente. Los “demonios” (Mateo 8:3; Santiago 2:19) o “espíritus malignos” (Lucas 7:21) o “espíritus inmundos” (Mateo 10:1), o “el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41). En Daniel 10 se nos da un pequeño vistazo hacia una guerra demoníaca donde el ángel que es enviado en respuesta a la oración de Daniel dice, “Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme” (Daniel 10:13). De modo que aparentemente el demonio, o espíritu maligno, de Persia luchó contra el ángel enviado a ayudar a Daniel, y un ángel de mayor rango, Miguel, vino en su ayuda.

La Biblia no deja duda alguna de quien está a cargo en todas estas escaramuzas. Martín Lutero lo entendía correctamente:

Y aunque este mundo de demonios lleno
Nos amenazara para deshacernos
No temeremos, porque Dios ha querido
Que su verdad triunfe a través de nosotros.

El príncipe de las tinieblas nos aprieta
Temblamos pero no por él,
Su furia podemos resistir
Porque su vil destino es seguro
Una pequeña palabra le hará caer.

Vemos atisbos de estas pequeñas palabras obrando, por ejemplo, cuando Jesús se encuentra con miles de demonios en Mateo 8:29-32. Poseían a un hombre y le hacían inmundo. Los demonios clamaron: “¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” (ellos saben que hay un tiempo establecido para su destrucción final). Y Jesús; les dijo, una pequeña palabra, “Id” y salieron del hombre. No cabe preguntar quien es soberano en esta batalla. El pueblo había visto esto anteriormente en Marcos1:27 y se asombraron diciendo: “con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen”. Le obedecen. Por lo que a Satanás respecta “Temblamos, pero no por él, su furia podemos resistir”. En cuanto a Cristo: ¡Aún cuando ellos le matan, tienen siempre que obedecerle! Dios es soberano sobre los ángeles de Satanás.

3. Celebraremos porque Dios es soberano sobre la mano de Satanás en la persecución.

El apóstol Pedro describe el sufrimiento de los cristianos así:  “… vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; 9al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (1 Pedro 5:8-9). Los sufrimientos de la persecución son como las fauces de un león satánico tratando de consumir y destruir la fe de los creyentes en Cristo.

Pero, ¿sufren estos cristianos en las fauces de la persecución de Satanás sin que la voluntad de Dios esté involucrada? Cuando Satanás aplasta a los cristianos en las fauces de sus propios calvarios de sufrimiento ¿No dirige Dios estas fauces para el bien de sus preciosos hijos? Escuchen la respuesta de Pedro en 1 Pedro 3:17, “Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal”. En otras palabras, si Dios quiere que suframos por hacer el bien, sufriremos; y si él no quiere que suframos por hacer por hacer el bien, no sufriremos. El león no tiene la última palabra, Dios la tiene.

La noche en que Jesús fue arrestado, el poder satánico estaba en total vigor (Lucas 22: 3; 22:31). Y en medio de esa situación Jesús dijo unas de sus palabras más soberanas. Dijo a los que vinieron a arrestarlo en la oscuridad, “¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos? 53Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas” (Lucas 22:52-53). Jesús hubiera dicho ‘Las fauces del león se cierran sobre, mí esta noche, ni antes ni después de que mí Padre lo planeó. “Nadie me la quita [mi vida], sino que yo de mí mismo la pongo” (Juan 10:18). Satanás, no hagas alardes de ti mismo por encima de la mano que te hizo, tú tienes una hora, lo que haces, hazlo rápido’. Dios es soberano sobre la mano de Satanás en medio de la persecución.

4. Celebremos porque Dios es soberano sobre el poder que tiene Satanás para quitar la vida.

La Biblia no toma a la ligera ni minimiza el poder de Satanás para matar personas, incluyendo a cristianos. Jesús dijo en Juan 8:44, “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio”. Juan  nos dice, de hecho, que ciertamente él quita la vida a los cristianos fieles. Apocalipsis 2:10: “No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”

¿No es Dios Señor de la vida y la muerte? Él es. Ninguno vive y ninguno muere sino mediante el decreto soberano de Dios. “Ved ahora que yo, yo soy, Y no hay dioses conmigo; Yo hago morir, y yo hago vivir; Yo hiero, y yo sano; Y no hay quien pueda librar de mi mano” (Deuteronomio 32:39). No hay dios, ni demonio, ni Satanás que pueda
quitarle la vida a alguna persona que Dios desee que viva (vea 1ro de Samuel 2:6).

Santiago, el hermano de Jesús dice esto de un modo contundente en Santiago 4:13-16:

¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala.

Si el Señor quiere, viviremos, y si él no quiere, moriremos. Dios, y no Satanás, hace la última llamada. Finalmente, nuestras vidas están en sus manos, no en las de Satanás. Dios es Soberano sobre el poder que tiene Satanás para quitar la vida.

5. Celebremos porque Dios es soberano sobre la mano de Satanás en los desastres naturales.

Huracanes, tsunamis, tornados, temblores de tierra, olas de calor, heladas, sequías, inundaciones, hambrunas. Cuando Satanás vino a Dios en el primer capítulo de Job, le desafió en el versículo 11, “Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia” Y dijo el Señor a Satanás (en el versículo 12), “He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él”

Los resultados fueron: dos atrocidades humanas y dos desastres naturales. Uno de los desastres es reportado a Job en el versículo 16: “Fuego de Dios cayó del cielo [probablemente un rayo], que quemó las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente escapé yo para darte la noticia”. Después llegó el peor de todos los reportes en los versículos de 18 y 19, “Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; 19y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron”

Aun cuando Dios había aflojado la correa a Satanás para que hiciera esto, Job no se enfocó en esto: “Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, 21y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:20-21). Y el inspirado escritor agregó: “En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno”.

Job había descubierto, como muchos de ustedes, que hay poco consuelo en enfocarse en la libertad de Satanás para destruir. La intervención de Satanás en nuestro sufrimiento puede para algunos, en un aula académica o en una discusión apologética, aliviar un poco la pesada carga de creer en la Soberanía de Dios; pero para otros, como Job, hay más seguridad, más alivio, más esperanza, más mas apoyo y una verdad más gloriosa en despreciar la odiosa mano de Satanás y mirar justo detrás de él a Dios para comprender la causa y para recibir su misericordia.

Eliú ayudo a Job a ver esta misericordia en Job 37:10-14, dijo:

Por el soplo de Dios se da el hielo, Y las anchas aguas se congelan. Regando también llega a disipar la densa nube, Y con su luz esparce la niebla. Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor, Para hacer sobre la faz del mundo, En la tierra, lo que él les mande. Unas veces por azote, otras por causa de su tierra, Otras por misericordia las hará venir. Escucha esto, Job; Detente, y considera las maravillas de Dios.

Los primeros impulsos de Job en el capítulo uno fueron totalmente correctos. Cuando Santiago escribió en el Nuevo Testamento acerca del propósito del libro de Job, dijo: “Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5:11).

Dios, y no Satanás, es el supremo Señor del viento y de las olas. Jesús despertó de su sueño y, con la absoluta soberanía que tuvo desde toda eternidad y tiene en  este mismo momento, dijo: “Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza” (Marcos 4:39; ver Salmo 135:5-7; 148:7). Satanás es real y terrible, todos sus designios son odiosos, pero no es soberano; Dios lo es. Y cuando Satanás salió a herir a Job, Job hizo lo correcto al adorar con las palabras “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”

No hay una planta o una flor debajo,
Que no haga que tu gloria sea conocida;
Y surgen las nubes, y soplan las tempestades,
Por la orden que sale de tu trono.
(“Yo Canto del Inmenso Poder de Dios”, Issac Watts)

6. Celebremos porque Dios es soberano sobre el poder de Satanás para causar enfermedades.

La Biblia muestra vívidamente la verdad de que Satanás puede causar enfermedades. Hechos 10:38 dice que Jesús “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”, el diablo había oprimido a las personas con enfermedades. En Lucas 13 Jesús encuentra a una mujer que desde hacía dieciocho años tenía un espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera podía enderezarse. Él la sanó siendo sábado, y en respuesta a la crítica hecha por el principal de la sinagoga dijo (en el versículo 16), “Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?”. No existen dudas de que Satanás causa muchas enfermedades.

Es por eso que las sanidades de Cristo son una señal del irrumpimiento del Reino de Dios y de su victoria final sobre toda enfermedad y sobre toda obra de Satanás. Es bueno y correcto orar para sanar. Dios buscó, en la muerte de su Hijo, estas sanidades y todas las otras bendiciones de la gracia para todos sus hijos (Isaías 53:5). Pero él no prometió que obtendremos toda la herencia en esta vida. Él decide cuánto. Nosotros oramos y confiamos en su respuesta. Si usted le pide pan a su Padre, él no le dará una piedra. Si usted le pide un pescado, no le dará una serpiente (ver Mateo 7: 9-10). Puede que no sea pan, puede que no sea pescado, pero será bueno para usted. Esto es lo que él promete en Romanos 8:28.

Tengan cuidado no sea que alguien diga que Satanás es soberano en nuestras enfermedades, no lo es. Cuando Satanás fue a Dios por segunda vez en el libro de Job, Dios esta vez le dio permiso para atacar el cuerpo de Job. Después, Job 2:7 dice, “Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza”. Cuando la esposa de Job se desesperó y dijo: “Maldice a Dios, y muérete” (2:9), Job respondió exactamente de la misma forma que lo había hecho antes, miró detrás de la causa finita de Satanás hacia la causa suprema de Dios y dijo, “¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (2:10).

Y para que no atribuyamos error o irreverencia a Job, el escritor cierra el libro en el último capítulo refiriéndose al terrible sufrimiento de Job, así: “Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, […] y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él” (42:11). Satanás es real y está lleno de odio, pero no es soberano en las enfermedades, Dios ni siquiera le dará ese tributo. Como le dijo a Moisés en la zarza ardiente, “¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?” (Éxodo 4:11; vea también 2da a los Corintios 12:7-9).

7. Celebremos porque Dios es soberano sobre el uso que hace Satanás de los animales y las plantas.

Las imágenes de Satanás como león en 1ra de Pedro 5:8, como “gran dragón” en Apocalipsis 12:9, y como la  ‘serpiente del Antiguo Testamento’ en Génesis 3 nos hacen simplemente concientes de que en su labor destructiva Satanás puede, y no duda en hacerlo, emplear a los animales y las plantas (desde el león en el Coliseo, la mosca negra que causa la ceguera de río, las aves que llevan  el virus de la gripe aviar, el pit bull que ataca a un niño, hasta la bacteria en el vientre que los doctores Barry Marshall y Robin Warren acaban de descubrir que causa úlceras (dándoles el premio Nobel en medicina). Si Satanás puede matar y causar enfermedades, sin duda tiene a su disposición muchas plantas y animales tanto grandes como microscópicos.

Pero no puede hacer que hagan lo que Dios les prohíbe hacer. Desde el gigante Leviatán que hizo Dios para que jugase en el mar (Salmo 104:26) hasta los diminutos piojos que reunió sobre la tierra de Egipto (Éxodo 8::16-17), Dios rige el mundo de los animales y las plantas. Las demostraciones más vívidas de ello están en el libro de Jonás. “Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás” (Jonás 1:17). E hizo exactamente como había dispuesto. “Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra” (Jonás 2:10). “Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza” (Jonás 4:6). “Pero al venir el alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la calabacera, y se secó” (Jonás 4:7).

El Pez, la planta, el gusano; todos preparados, todos obedientes. Puede que Satanás tenga una mano aquí, pero no es soberano. Dios es el Soberano.

8. Celebremos porque Dios es soberano sobre las tentaciones provenientes de Satanás para que pequemos.

Gran parte de nuestro sufrimiento viene de nuestros propios pecados y del pecado de otros contra nosotros. A Satanás se le llama en la Biblia “el tentador” (Mateo 4:3; 1ra a los Tesalonicenses 3:5). Esto originó sobre la tierra toda la miseria que conocemos -Satanás tentó a Eva a pecar y el pecado trajo consigo la maldición de Dios sobre el orden natural (Génesis 3: 14-19; Romanos 8:21-23). Desde aquella vez Satanás ha estado tentado a todos los seres humanos a hacer lo que les herirá a ellos y otros.

Pero las tentaciones más famosas de la Biblia no retratan a Satanás como soberano en su labor tentadora, La Biblia nos dice en Lucas 22: 3-4 que “Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, […] y éste fue y habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría”. Pero Lucas nos dice que la traición de Judas a Jesús era el cumplimiento de la Escritura: “era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas” (Hechos 1:16). Y por tanto Pedro dijo que Jesús era “entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios” (Hechos 2:23). Como con Job: ‘el Señor dio, el Señor quitó’ la vida de su Hijo, Jesucristo, Satanás no estaba a cargo de la crucifixión de Cristo, era Dios.

Aún más famosa que la tentación de Judas es la tentación de Pedro, a menudo pensamos que las tres negaciones de Pedro, no son a causa de  la tentación de Satanás, Pero Jesús le dice algo a Pedro en Lucas 22:31-32 que deja claro que Satanás está obrando aquí y no es soberano: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto [no: ‘si vuelves’], confirma a tus hermanos”. De nuevo, como con Job, Satanás busca destruir la fe de Pedro. Dios le da correa, pero Jesús intercede por él, y dice con absoluta soberanía. ‘He rogado por ti, caerás, pero no completamente. Cuando te arrepientas y hayas vuelto -no: si vuelves- confirma a tus hermanos’.

Satanás no es soberano en la tentación de Judas, ni en la de Pedro, ni en la de usted, o en la de aquellos que usted ama. Dios lo es.

9. Celebremos porque Dios es soberano sobre el poder de Satanás para cegar las mentes.

El peor sufrimiento de todos es el sufrimiento eterno del infierno, Satanás está fatalmente predestinado a experimentarlo. Apocalipsis 20:10 dice: “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos”. El objetivo de Satanás es llevarse consigo hacia ese lugar a tantos como pueda. Para hacer eso tiene que mantener a las personas ciegas al evangelio de Jesucristo, porque el evangelio “es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16). Nadie que esté justificado por la sangre de Cristo va al infierno: “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9). Solo aquellos que no abrazan la obra sustitutiva de Cristo quien detiene la ira de Dios, sufrirán la ira de Dios.

Por tanto, Pablo dice en 2da a los Corintios 4:4, “en los cuales el dios de este siglo [Satanás] cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. Esta acción de cegar del entendimiento es el arma más mortal en el arsenal de Satanás. Si tiene éxito con alguna persona, su sufrimiento será interminable.

Pero en este punto más crítico Satanás no es soberano, Dios lo es. ¡Y Oh, cuan agradecidos debemos estar! Dos versículos después, en 2da a los Corintios 4:6, Pablo describe el poder de Dios para quitar la ceguera, por encima y contra el poder que tiene Satanás para cegar. “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. La comparación es entre la luz creadora de Dios al comienzo del mundo y la luz creadora de Dios en el oscurecido corazón humano. Con total Soberanía Dios dijo en el principio y en su nuevo nacimiento, “Sea la luz”, y se hizo la luz.

Estamos muertos en nuestros delitos y pecados, pero en su gran misericordia Dios nos dio vida juntamente con Cristo (Efesios 2:5). Estábamos ciegos y espiritualmente muertos. No veíamos nada convincente o hermoso en el evangelio. Era locura para nosotros (1ra a los Corintios 1:18, 23). Pero Dios habló con su soberana autoridad de Creador, y su Palabra creó vida y una visión espiritual, vimos la gloria de Cristo en el evangelio y creímos. Satanás es un terrible enemigo del evangelio. Pero no es soberano. Dios lo es. Esta es la razón por la que algunos de nosotros somos salvos.

10. Celebremos porque Dios es soberano sobre las ataduras espirituales de Satanás.

Satanás esclaviza a las personas en dos maneras. Una es con miseria y sufrimiento, al hacernos pensar que no existe un Dios bueno en el que valga la pena confiar; la otra es con placer y prosperidad, haciéndonos pensar que tenemos todo lo que necesitamos y por ende, Dios es irrelevante. Para liberarnos de estas ataduras debemos arrepentirnos, confesar que Dios es bueno y confiable, confesar que los placeres y la prosperidad de la vida no se compararan con Dios. Pero Satanás odia este arrepentimiento y hace todo lo posible para impedirlo. Esa es su atadura.

Sin embargo, cuando Dios decide superar nuestra rebelión y la resistencia de Satanás, nada lo puede detener. Y cuando Dios nos vence a nosotros y a Satanás, nos arrepentimos y el poder de Satanás es destruido, Helo aquí en 2da a Timoteo 2:24-26:

Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; 25que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, 26y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.

Satanás no es soberano sobre estos cautivos. Dios lo es. Cuando Dios concede arrepentimiento, somos liberados del lazo del diablo, y pasamos nuestros días celebrando nuestra liberación y difundiéndola a otros.

Conclusión:

El mal y el sufrimiento en este mundo son más grandes de lo que cualquiera de nosotros pueda comprender. Pero el mal y el sufrimiento no son supremos. Dios lo es. Satanás, el gran amante del mal y el sufrimiento, no es soberano. Dios lo es.

Él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? (Daniel 4:35).

Él anuncia “lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero. (Isaías 46:10)

¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? (Lamentaciones 3:37-38; ver Amos 3:6)

Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; Mas el consejo de Jehová permanecerá. (Proverbios 19:21; ver 16:9)

La suerte se echa en el regazo; Mas de Jehová es la decisión de ella. ( Proverbios 16:33)

Por tanto, “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? 32El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? 33¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. 35¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. 37Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. (Romanos 8:31-37)

Dios se mueve de un modo misterioso
Para sus maravillas realizar
Él pone sus pasos sobre el mar
Y lo domina si está furioso.

En lo profundo de minas insondables
De habilidades que nunca fallan
Él atesora sus brillantes propósitos
Y labra su soberana voluntad.

Hombres santos y temerosos tomad coraje
Que las nubes que tanto temen
Abundan en misericordia y se rompen
Sobre sus cabezas derramando bendiciones.

No juzguen al Señor con débil sentido
Más bien confíen en él por su gracia
Detrás de una amarga providencia
El Señor esconde la sonrisa de su rostro.

Sus propósitos rápido madurarán,
A cada hora se revelarán
El capullo puede tener un amargo sabor,
Pero dulce y hermosa será la flor.

Es seguro que incrédulos ciegos yerren
Y que en vano su obra escudriñen
Pues Dios su propio intérprete será
Y pronto lo esclarecerá.


1 David Wells, Above All Earthly Pow’rs: Christ in a Postmodern World [Por encima de Todos los Poderes Terrenales: Cristo en un Mundo Postmoderno] (Grand Rapids: Eerdmans, 2005), 4.

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