Seis formas de confiar en Dios cuando tus hijos son rebeldes


Transcripción del audio

Keli, una madre, escribe para preguntar: “Pastor John, me pregunto si podrá hablar acerca de cómo lidiar con los hijos rebeldes. ¿Cómo seguir confiando en Dios cuando no ves evidencia de su obra en la vida de un hijo?

Bueno, Keli, esa es justamente la pregunta que uno debe hacerse: ¿Cómo seguir confiando en Dios? La necesidad crucial de todo padre es confiar en Dios: confiar en que Dios ha obrado por medio de Jesús para salvarnos de nuestros pecados, confiar en que Dios cumplirá todas las promesas que hizo a sus hijos, confiar en que Dios nos sostendrá. “No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré” (Isaías 41:10). Necesitamos confiar en que no faltará a esa promesa, confiar en que Dios no niega ningún bien a los que andan en integridad (Salmos 84:11), confiar en que Dios nos dará solo lo que es bueno para nosotros y en que todos sus caminos son justos y sabios.

Lo que nuestros hijos más necesitan ver en nosotros es gozo, esperanza, paz, obediencia, confianza en Dios, descanso en Dios. La respuesta bíblica a la pregunta “¿Cómo seguir confiando en Dios en esta y en cualquier otra situación?” quizá se ve más claramente en Romanos 10:17: “Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo”. Creo que esto significa que no solo cambiamos y hallamos fe la primera vez que oímos a Cristo, sino que también hallamos fe y nos fortalecemos en ella al oír su Palabra a diario. La fe llega cada día por el oír. Ahora mismo, en este podcast, la fe no viene a través de John Piper. La fe viene de la lectura que hace John Piper de la Biblia y de aplicar la Biblia. O no viene en absoluto.

Permítanme llevarlos a algunos pasajes que espero que fortalezcan nuestra fe respecto de nuestros hijos:

Primero, creo que a los padres les ayuda —por muy extraño que suene— darse cuenta de que los hijos de Dios mismo se rebelaron contra él. Isaías 1:2-3 dice: “Oíd, cielos, y escucha, tierra, porque el Señor habla: Hijos crié y los hice crecer, mas ellos se han rebelado contra mí. El buey conoce a su dueño y el asno el pesebre de su amo; pero Israel no conoce, mi pueblo no tiene entendimiento”.

Ningún padre sobre la faz de la tierra está libre de pecado, ni ha sido totalmente sabio, ni totalmente cariñoso, ni totalmente paciente. Los pecados que hemos cometido como padres frente a nuestros hijos y en contra de nuestros hijos son innumerables y debemos arrepentirnos y pedir perdón constantemente (tanto a Dios como a ellos). Aun así, hasta el mejor padre del universo —el mismo Dios— tuvo hijos rebeldes (Isaías 1:2-3). Por eso, no dejen que Satanás destruya su fe y los llene de una culpa que es más grande de lo que pueden o deben soportar.

Segundo, recuerden que el apóstol Pablo se puso a sí mismo como ejemplo del peor pecador. Es decir, no solo hizo las cosas más terribles, sino que pecó contra la luz más grande. Él creció siguiendo los pasos de Gamaliel, el mejor maestro del Antiguo Testamento en esos tiempos. Pablo nos dio ese ejemplo para hacernos ver que ninguno de nosotros, y ninguno de nuestros hijos, está más allá de la posibilidad de conversión.

Por eso es que en 1 Timoteo 1:12-16 escribió: “Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor, que me ha fortalecido, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio; aun habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor y agresor. Sin embargo, se me mostró misericordia porque lo hice por ignorancia en mi incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante, con la fe y el amor que se hallan en Cristo Jesús. Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero. Sin embargo, por esto hallé misericordia, para que en mí, como en el primero, Jesucristo demostrara toda su paciencia como un ejemplo para los que habrían de crecer en Él para vida eterna”.

Todos los que me están escuchando conocen a alguien o son alguien que ha pecado tanto, de una forma tan grave y por tanto tiempo, alguien que creció en un hogar maravilloso y menospreció ese privilegio tantas veces. Lo que este pasaje quiere decir es que incluso esa persona puede ser alcanzada por el poder de la paciencia de Jesús. Así que prediquémonos eso a nosotros mismos y fortalezcamos nuestra fe con este increíble mensaje del apóstol Pablo.

Tercero, reflexionen constantemente en la realidad de que Dios es soberano sobre el corazón humano y, por lo tanto, es capaz de hacer que un camello pase por el ojo de una aguja, lo cual es imposible. Y digo esto porque cuando el rico dio la espalda a Jesús lo hizo porque estaba enamorado del mundo, y quizá piensen que sus hijos son así. Sí, eso es lo que han hecho. Se han alejado y ahora están enamorados del mundo.

Pues bien, Jesús dijo acerca del joven rico: “¡qué difícil es entrar en el reino de Dios!”. Los discípulos se asombraron y dijeron: “¿Y quién podrá salvarse?” (Marcos 10:24, 26). Estaban sorprendidos, pero Jesús respondió en Marcos 10:27: “Para los hombres es imposible”. Y así se sienten muchos padres, pero no deberían enfocarse en eso. Deberían enfocarse en la segunda parte del versículo: “Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque todas las cosas son posibles para Dios”.

Padres, debemos predicarnos una y otra vez a nosotros mismos acerca de la salvación de nuestros hijos: “Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque todas las cosas son posibles para Dios. Todas las cosas son posibles para Dios”. Jesús se refiere a llevar al reino de Dios a aquellos que están enamorados de sus riquezas o del mundo. Él dice: “Puedo hacerlo. Puedo hacerlo”. Yo, John, no puedo. Ustedes no pueden. “Pero yo, Dios, puedo. Así que confíen en mí”.

Cuarto, centren su atención en deleitarse en el Señor, no en deleitarse en la transformación de sus hijos. No me malinterpreten, está bien deleitarse en la transformación de sus hijos. Si no lo hacen, algo anda muy mal. Me refiero a lo que debe ser el centro de sus vidas.

Estoy pensando en Salmos 37:4, por supuesto: “Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón”. Concentren sus energías espirituales en cultivar un deleite satisfactorio, robusto, profundo e inquebrantable en Dios por Dios mismo. Solo entonces podremos recibir el resto de este versículo: “Él te dará las peticiones de tu corazón”.

Quinto, dejen que el anhelo, el dolor, las oraciones, el llanto por los hijos, el deseo vehemente de que sus hijos sean transformados y obedientes, sean la medida de su anhelo de que otras personas perdidas se conviertan. Esta ha sido una gran lección para mí. He criado a mis hijos con el profundo anhelo de que siguieran a Cristo, y entonces un día me di cuenta de que no sentía ese mismo anhelo por la salvación de otras personas. Es algo condenable. Dejen que el trabajo eficiente de Dios de poner en sus corazones el deseo de que sus hijos sean transformados devenga en el deseo de que otras personas perdidas que conocen también sean transformadas.

Sexto, oren. Oren, oren y oren. Jesús nos alentó a seguir llamando a la puerta (Lucas 11:9). Él ama que llamemos a la puerta. Nunca se cansa de las oraciones que elevamos por nuestros hijos.