La oración: el poder del hedonismo cristiano


24 Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo.

En ocasiones, se pregunta a Hedonistas Cristianos si ¿Estás deseoso de ser condenado para la gloria de Dios? Esto es, ¿estás dispuesto a abandonar todo gozo si al hacerlo Dios fuese más glorificado? El punto de la pregunta es colgar al Hedonista Cristiano en un cuerno u otro de un dilema. Si decimos no, no estamos dispuestos de ser malditos por la gloria de Dios, entonces parece que colocamos nuestra felicidad por encima de la gloria de Dios. Si decimos sí, estamos deseosos de ser condenados por la gloria de Dios, entonces cesaríamos de ser Hedonistas Cristianos, porque hemos dejado de buscar el gozo.

Pero este ataque sobre el Hedonismo Cristiano falla porque la pregunta que se postula asume dos cosas que no son ciertas: una sobre el infierno y la otra sobre Dios. Cuando el crítico pregunta, “¿Estás dispuesto a ir al infierno para la gloria de Dios?”, no percibe que si contestamos sí a su pregunta, significa que nuestro más profundo anhelo es ver a Dios glorificado a través de la vida y la muerte. Entonces, si tuviéramos que ir al infierno para que Dios fuese glorificado, el infierno sería el camino para satisfacer nuestro más profundo anhelo. Pero entonces, el infierno no sería más infierno. Bíblicamente, el infierno es una total, irreversible y completa miseria donde no hay satisfacción alguna. Por tanto, la pregunta del crítico está construida sobre una suposición no-bíblica sobre el infierno.

Por igual, se basa también en una suposición no-bíblica sobre Dios. La pregunta asume que Dios condenaría una persona que está dispuesta a ser condenada por causa de la gloria de Dios. Pero esta suposición es enteramente no bíblica. El compromiso recto de Dios de mantener el valor de su gloria significa que él así mismo mantendrá aquellos que la valoran por sobre todas las cosas. El Dios de la Biblia no puede condenar una persona que ama su gloria lo suficiente como para ser condenado. Y así, la pregunta “¿Estás deseoso de ser condenado por la gloria de Dios?” es una ofensa contra la rectitud de Dios. Nos obliga a considerar una posibilidad donde Dios sería injusto si la realizara. No debiera ni siquiera formularse tal pregunta porque la visión que presupone del infierno y de Dios es contraria a la revelación bíblica.

Además de eso, el Hedonismo Cristiano no es realmente el enemigo que el crítico persigue. Persigue personas que ponen su interés antes que el interés de Dios, y que colocan su felicidad por encima de la gloria de Dios. Pero el Hedonismo Cristiano enfáticamente no hace esto. Con seguridad, los Hedonistas Cristianos perseguimos nuestro interés y felicidad con todas nuestras fuerzas. Pero hemos aprendido de la Biblia que el interés de Dios es magnificar su gloria al derramar su misericordia en nosotros. Por tanto, la búsqueda real de nuestro interés y verdadera felicidad no está nunca por encima del de Dios sino siempre en Dios.

La más preciosa verdad de la Biblia es que el mayor interés de Dios es glorificar el caudal de su gracia haciendo los pecadores felices en él. Cuando nos humillamos como niños pequeños y dejamos todo aire de autosuficiencia, y corremos alegremente hacia el gozo del abrazo de nuestro Padre, la gloria de su gracia es magnificada y el anhelo de nuestra alma es satisfecho. En la sabiduría y por la gracia de Dios nuestro interés y su gloria son uno. Los Hedonistas Cristianos nos son idólatras cuando persiguen ambas cosas unidas.

Una de las más claras demostraciones de que la búsqueda de nuestro gozo y la búsqueda de la gloria de Dios están supuestas a ser una misma, es la enseñanza de Jesús en oración en el evangelio de Juan. Las dos frases claves son Juan 14:13 y 16:24. Una muestra que la oración es la búsqueda de la gloria de Dios. La otra muestra que la oración es la búsqueda de nuestro gozo. En Juan 14:13 Jesús dice “Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” En Juan 16:24 dice, “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo.” El propósito final del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él por siempre. Y el hecho principal del hombre por el cual se preserva la unidad de estas dos metas es la oración. Así pues, los Hedonistas Cristianos que procuran en la gloria de Dios que su propio gozo sea completo, serán sobre todo personas de oración. Así como un venado sediento se agacha a beber del arroyo, la postura característica del Hedonista Cristiano es sobre sus rodillas.

Si somos iguales, el cambio de paso durante el verano pasado y la repentina explosión de actividad este otoño han probablemente lastimado bastante la disciplina de su vida de oración. Quizás todo lo que necesitan es que alguien les recuerde su importancia y estarán de vuelta en el feliz camino de levantarse temprano o de la meditación a mediodía o la oración tarde en la noche. Necesitamos puntos a través del año en que tomamos nuestras cargas y reajustamos nuestra ruta. Espero que el día de hoy sea uno de esos puntos en su vida de oración.

Veamos más de cerca la oración como la búsqueda de la gloria de Dios y la oración como búsqueda de nuestro gozo, en ese orden. En Juan 14:13 Jesús dice, “Todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” Supón que estás totalmente paralizado y no puedes hacer nada por ti mismo excepto hablar. Y supón que un amigo fuerte y confiable prometió vivir contigo y hacer todo aquello que necesites. ¿Cómo glorificarías a tu amigo si un extraño viniere a verte? Podrías decir, “Amigo, por favor levántame y pon una almohada detrás de mí para que pueda ver a mi huésped. ¿Y podrías ponerme los lentes también por favor?” Tu visitante entendería al oírte que estás desvalido y que tu amigo es fuerte y amable. Glorificas a tu amigo al necesitarle y pedirle ayuda y contar con él.

En Juan 15:5 Jesús dice, “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.” Así que realmente estamos paralizados. Sin Cristo no somos capaces de hacer nada bueno (Romanos 7:18). Pero Dios desea que llevemos fruto – que amemos personas hacia el reino. Así que promete hacer por nosotros (como un amigo fuerte y confiable) lo que no podemos hacer por nosotros mismos. ¿Y cómo lo glorificamos? Jesús nos responde en Juan 15:7, “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho.” Oramos. Pedimos a Dios que haga por nosotros a través de Cristo lo que no podemos hacer por nosotros mismos – dar y llevar fruto. Entonces el verso 8 muestra el resultado que buscamos: “En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto…” Entonces, ¿cómo es glorificado Dios mediante la oración? La oración es admitir abiertamente que sin Cristo nada podemos hacer. La oración es apartarnos de nosotros mismos a Dios, en la confianza de que Él proveerá la ayuda que necesitamos. La oración nos humilla cual necesitados y exalta a Dios como acaudalado.

Otro texto en Juan que muestra cómo la oración glorifica a Dios es Juan 4:9-10. Jesús le había pedido a una mujer un vaso de agua:
“La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (Porque los judíos no tienen tratos con los samaritanos.) Respondió Jesús y le dijo: Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a El, y El te hubiera dado agua viva.”

Si fueras un marinero severamente afectado por el escorbuto y un muy generoso hombre viniera a bordo de tu barco con sus bolsillos rebosantes de vitamina C y te pidiera una rodaja de naranja, quizá se la dieras. Pero si tú supieras que él es generoso y que lleva consigo todo lo que necesitas para ser curado, cambiarías los papeles y le pedirías ayuda.

Jesús le dice a la mujer, “Si tú conocieras el don de Dios, y quién soy yo, orarías a mí.” Hay correlación directa entre no conocer bien a Jesús y no pedir mucho de él. Falla en nuestra vida de oración es generalmente falla en conocer a Jesús. “Si supieras quién habla contigo, ¡me pedirías!” Un cristiano que no ora es como un conductor de autobús tratando de empujar su vehículo fuera de una grieta por sí solo, porque no sabe que Clark Kent (Superman) está en el autobús. “Si supieras, pedirías.” Un cristiano que no ora es como tener las paredes de tu cuarto cubiertas con certificados de regalo en una tienda lujosa pero siempre comprar en la subasta de trapos porque no sabes leer. “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te habla, pedirías – ¡TÚ PEDIRÏAS!”

Y la implicación es que aquellos que piden – cristianos que invierten su tiempo en oración - lo hacen porque ven que Dios es un grandioso dador y que Cristo es sabio y misericordioso y poderoso por sobre toda medida. Sus oraciones glorifican a Cristo y honran su Padre. El principal fin del hombre es glorificar a Dios. Así pues, cuando nos convertimos en lo que Dios creó para ser, nos convertimos en personas de oración.

Pero el principal fin del hombre es también disfrutar de Dios por siempre. Y esto nos lleva de vuelta a Juan 16:24, “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo.” ¿No es esta una invitación al Hedonismo Cristiano? ¡Procuren la plenitud de su gozo! ¡Oren! De esta palabra sagrada y de la experiencia inferimos una regla simple: entre cristianos profesantes, la falta de oración siempre producirá falta de gozo. ¿Por qué? ¿Por qué una profunda vida de oración lleva a plenitud del gozo pero una vida superficial de oración produce descontento? Jesús da al menos 2 razones.

Una se halla en Juan 16:20-22. Jesús advierte a sus discípulos que sufrirán en su muerte, pero se regocijarán nuevamente en su resurrección: “En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, pero el mundo se alegrará; estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. Cuando la mujer está para dar a luz, tiene aflicción, porque ha llegado su hora; pero cuando da a luz al niño, ya no se acuerda de la angustia, por la alegría de que un niño haya nacido en el mundo. Por tanto, ahora vosotros tenéis también aflicción; pero yo os veré otra vez, y vuestro corazón se alegrará, y nadie os quitará vuestro gozo.” ¿Cuál es la fuente del gozo en los discípulos? Respuesta: la presencia de Jesús: “Yo os veré otra vez, y vuestro corazón se alegrará…” Ningún cristiano tendrá plenitud de gozo sin una comunión vital con Jesucristo. El conocer sobre él no será suficiente y trabajar para él tampoco. Debemos tener una comunión personal, vital con él; de otra manera, el cristianismo se volverá una carga sin gozo. En su primera carta, Juan escribió, “…y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos estas cosas para que nuestro gozo sea completo.” (1 Juan 1:3b-4). La comunión con Jesús compartida con otros es esencial para la plenitud del gozo.

La primera razón del por qué la oración lleva a plenitud de gozo es que la oración es el nervio central de nuestra comunión con Jesús. Él no está aquí físicamente para que le veamos. Pero en oración hablamos con Él como si estuviera aquí. Y en la quietud de esos momentos sacros escuchamos sus pensamientos y vertimos en Él nuestros anhelos. Quizá Juan 15:7 es el mejor resumen de esta comunión bipartita: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho.” Cuando las palabras de Jesús permanecen en nuestra mente oímos aún los pensamientos del Cristo vivo, pues Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Y del profundo escuchar del corazón viene el lenguaje de oración como incienso dulce frente al trono de Dios. Una vida de oración lleva a plenitud de gozo porque la oración es el nervio central de nuestra vital comunión con Jesús.

La otra razón porque la oración produce plenitud de gozo es que la oración provee el poder para hacer lo que amamos hacer, pero que no hacemos sin la ayuda de Dios. El texto dice, “Pedid y recibirán, para que su gozo sea completo.” La comunión con Jesús es esencial para el gozo pero hay algo implícito que nos impele a compartirlo con otros. Un cristiano no puede ser feliz y mezquino, porque es más bendito dar que recibir. Así, la segunda razón por la que una vida de oración lleva a plenitud de gozo es que nos da el poder de amar. Si la bomba del amor se seca, es porque la tubería de la oración no es lo suficientemente profunda.

En resumen: la Biblia enseña claramente que la meta de todo lo que hacemos debe ser glorificar a Dios. Pero así mismo enseña que en todo lo que hacemos hemos de buscar la plenitud de nuestro gozo. Algunos teólogos han tratado de forzar la separación de estas 2 búsquedas haciendo preguntas como, “¿Estás dispuesto a ser condenado por la gloria de Dios?” Pero la Biblia no nos obliga a elegir entre la gloria de Dios y nuestro gozo. De hecho, nos prohíbe elegir. Y lo que hemos visto del evangelio de Juan es que la oración, quizá más claramente que cualquier otra cosa, personifica la unidad de estas 2 búsquedas.

La oración busca el gozo en la comunión con Jesús y en el poder de compartir su vida con otros. Y la oración procura la gloria de Dios al tratarlo como la reserva de toda esperanza. En la oración admitimos nuestra pobreza y la prosperidad de Dios, nuestra bancarrota y su botín, nuestra miseria y su misericordia. Así pues, la oración exalta grandemente y glorifica a Dios, precisamente al procurar todo lo que deseamos en Él y no en nosotros mismos. “Pedid y recibiréis, que el Padre sea glorificado en el Hijo para que vuestro gozo sea completo.”

Cierro con una seria exhortación. A menos que esté muy equivocado, una de las principales razones por la que muchos de los hijos de Dios no tienen una vida de oración significativa, no es tanto porque no lo deseemos, sino porque no lo planificamos. Si queremos tomar unas vacaciones de 4 semanas, no te despiertas una mañana de verano y dices, “¡Hey! ¡Vámonos hoy!”. No tienes nada listo, no sabrías dónde ir, nada ha sido planificado. Pero así es como muchos tratamos la oración. Nos levantamos un día y nos damos cuenta que ciertos tiempos de oración significativos deben ser parte de nuestras vidas, pero nada está listo nunca. No sabemos dónde ir. Nada ha sido planeado. No hay tiempo. No hay lugar. No hay procedimiento. Y sabes tan bien como yo que lo opuesto de planificar no es una ola de experiencias profundas y espontáneas de oración. Lo opuesto de planificar es la grieta. Si no planificas vacaciones, probablemente te quedes en casa y veas TV. El flujo natural, no planificado de vida espiritual se hunde hasta el más bajo nivel de vitalidad. Hay una carrera que correr y una batalla que librar, si quieres una renovación de tu vida de oración, debes planificar tenerla.

Mi sencilla exhortación es la siguiente: te urjo a que tomes 10 minutos esta tarde para pensar tus prioridades y cómo entra la oración en ellas. Haz nuevas resoluciones. Prueba alguna nueva ventura con Dios. Fija un tiempo. Fija un lugar. Escoge una porción de las escrituras como guía. Todos necesitamos correcciones a medio camino. Haz hoy un gran día de volver a la oración – para la gloria de Dios y la plenitud de tu gozo.