La fama de Su nombre y la libertad de misericordia

¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. 15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 16 Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. 17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. 18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.

Retomamos el tema donde lo dejamos hace tres semanas. Repasemos lo que vimos en Romanos 9:14-16. El cuestionamiento de la justicia de Dios surge en el capítulo 14 debido a que Pablo enseña en Romanos 9:6-13 que Dios decide—elige—incondicionalmente quien creerá e inmerecidamente será salvo, y quien se revelará y perecerá porque lo merece.

La terrible realidad de las personas que estaban pereciendo había sido planteada en el versículo 3, donde Pablo estaba angustiado por sus parientes judíos que, como él dice, están “malditos y separados de Cristo”. ¿Cómo puede mantenerse la palabra y el pacto de Dios con Israel, si hay tantos israelitas que no están creyendo y por lo tanto están pereciendo?

Pablo responde en el versículo 6 que no todos aquellos que físicamente pertenecen a Israel son verdaderos israelitas. Después explica con el ejemplo de Isaac e Ismael por un lado, y con el de Jacob y Esaú por el otro; que dentro de Israel ha habido un remanente “escogido por gracia” (Romanos 11:5). Isaac no, sino Ismael fue elegido. Jacob no sino Esaú fue escogido. Esa fue la explicación que Pablo da a porqué habían tantos parientes suyos que no estaban creyendo, y por tanto estaban malditos y separados de Cristo. Ello era definitivamente debido que Dios escoge libre e incondicionalmente a unos sí y a otros no.

De esta forma Pablo deja esto claro en Romanos 9:11-13. “(pues no habían [Jacob y Esaú] aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal[aquí es donde vemos la incondicionalidad], para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), 12se le dijo[a Rebeca]: El mayor servirá al menor. 13Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”. Dios escoge a Jacob y rechaza a Esaú. Y lo hizo desde antes que nacieran o hubiesen hecho bien o mal alguno. Es a eso a lo que nos referimos por elección incondicional.

Pablo sabía que en sus días, y en los nuestros, las personas tropezarían con esto. Dirían que Dios es injusto—o amoral—cuando decide, libre e incondicionalmente, quien creerá e inmerecidamente será salvo, y quien se revelará y perecerá porque lo merece. Así que Pablo plantea la pregunta que, sin duda alguna, había escuchado muchas veces en respuesta a sus enseñanzas. Él pregunta en el versículo 14, “¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios?” Y responde: “En ninguna manera” Dios no es injusto al llevar a cabo una elección incondicional.

¿Qué por qué no? Es sobre eso que empezamos a hablar hace tres semanas, comenzando con los versículos 15-16. Trataré de resumirlo y añadir la parte que les prometí. La parte que examinamos la vez pasada fue como la cita de éxodos 33:19 funcionaba en el versículo 15. “Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca”. Esto es dado como un argumento para la justicia, o la injusticia en la elección incondicional. “¿Que hay injusticia en Dios?” ¡En ninguna manera! porque, Dios le dice a Moisés, “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca”. ¿Cómo funciona ese argumento?

La Primera Clave: La gloria de Dios Incluye Su Absoluta Libertad en la Elección

El contexto de éxodos 33:19 es de total importancia. Esta declaración acerca de la libertad que tiene Dios para tener  misericordia, es dada por Moisés como una Expresión o una manifestación del nombre de Dios, de su carácter, de su gloria. (Eso lo vimos la vez pasada). Es por ello que Pablo decide citar lo que parece una simple reafirmación del problema: él tiene misericordia de quien quiere tener misericordia. Dios es libre y no es constreñido por nada a no ser por él. En el contexto, esta libertad se muestra como la misma esencia de lo que significa ser Dios. Es una expresión de su nombre: Jehová: Yo soy el que soy. Yo tengo misericordia de quien quiero tener misericordia. Ese es mi nombre. Esa es mi gloria. Eso es lo que significa ser Dios.

La Segunda Clave: La Esencia de la Justicia de Dios es Su Compromiso de Defender y Reflejar el Infinito Valor de Su Gloria y de Su Nombre.

Esa fue una de las claves par entender el argumento de Pablo para la justicia de Dios en su libertad para elegir. La otra es la forma en que Pablo interpreta la justicia de Dios. La ves pasada solamente les di esa interpretación y les prometí que en esta ocasión les daría algún respaldo. Dije que, “La justicia de Dios es esencialmente su indisoluble alianza a su propio nombre y a su propia gloria. Dios es justo hasta el grado que él defiende y refleja el honor de su nombre. Él es justo cuando valora más lo que es más valioso”. Ahora bien, ¿Es esta la forma en que Pablo interpreta la esencia de la justicia de Dios?

Si. Y un lugar en el que podemos ver esto es Romanos 3:23-25. “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Noten que el pecado aparece definido en relación con la gloria de Dios. Desear algo mas que a Dios hace que Dios parezca menos valioso. Después Pablo describe el remedio para esa humillación a la gloria de Dios. Versículo 24: ...siendo [ellos] justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”.

Lo que vemos aquí es que Dios envió a Jesús a morir (“por su sangre”), y que al morir la justicia de Dios podía ser vindicada, su ira propiciada, y los pecadores que habían menospreciado la gloria de Dios podían ser justificados solamente por fe. ¿Por qué la justicia de Dios necesitaba ser vindicada de esta forma? Porque (v.25b) él había pasado por alto los pecados. Es decir, había actuado como si la humillación de su gloria no tuviera importancia, y así su justicia, su alianza a esa gloria, quedaba cuestionada. Él actuó como si su gloria tuviere poco valor. Pero es infinitamente valiosa. Y así Dios no sería verdadero, sería injusto, al no defender y reflejar el verdadero valor de su gloria. Por tanto, para justificar a los pecadores (¡como nosotros!) que menospreciamos su gloria, y sin embargo él mismo no menosprecia su propia gloria (al actuar como si no tuviera importancia), el muestra el infinito valor de su gloria al vindicarla con la muerte de su propio hijo que murió por la gloria de su padre (Juan 12:27-28).

Por lo tanto, lo que muestra Romanos 33:23-25 (igual que en 3:1-8 y otros lugares) es que la justicia de Dios es, en esencia, la indisoluble alianza de Dios al infinito valor de su propia gloria—su propio nombre. En su indisoluble compromiso de defender y demostrar su gloria y su nombre.

La Conclusión de Pablo: No Hay Injusticia Alguna en Dios Cuando Lleva a Cabo Una Elección Incondicional

Ahora con estas dos claves: abrimos el argumento de Pablo. La primera clave de la cita de Éxodos 33:19 en Romanos 9:15, es que la gloria de Dios, su nombre, incluye su absoluto ser y su absoluta libertad en la elección. “Yo soy el que Soy” “Yo tendré misericordia de quien tendré misericordia”. Esa es su gloria, su nombre. Eso es lo que significa ser Dios.

La segunda clave es que la justicia de Dios es su indisoluble compromiso a siempre defender y reflejar el infinito valor de su gloria y de su nombre.

La conclusión que Pablo saca es esta: Por lo cual no hay injusticia alguna en Dios cuando elige incondicionalmente. Cuando Dios actúa de esta forma, escogiendo libremente a los beneficiarios de su misericordia, sin que voluntad o acción humana alguna lo constriña, él está defendiendo y reflejando su nombre y su gloria. Y esta es la mismísima esencia de su justicia.

Y de esta forma él vuelve a exponer la incondicionalidad de la elección en romanos 9:16 “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”. La decisión final de Dios acerca de quien creerá y sin merecerlo será salvo, y quien se revelará y mereciéndolo perecerá; no está basada en la voluntad humana o en el comportamiento humano.

Luego Pablo se dirige a otro pasaje del Antiguo Testamento para dar apoyo adicional a su convicción. En Romanos 9:17 Pablo cita Éxodos 9:16. Y después expone otra ves su convicción en el versículo 18. El versículo 18 dice, “De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece”. Pueden ver cuan similar es esto al versículo 15, “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia”. Pero aquí se menciona también lo opuesto a la misericordia, o sea, endurecer. “Él tiene misericordia de quien quiere, y endurece a quien quiere”.

Aquí pueden ver que es lo que Pablo está haciendo. Él no solo había dicho en Romanos 9:13, “A Jacob amé”, sino también, “a Esaú aborrecí”. Uno es escogido y el otro abandonado para que se vuelva impío. (Vean el sermón de 12-8-02 y el contexto de Romanos 9.13 en Malaquías 1:4, “impío”). Dios elige en dos formas, y el versículo 18 las remarca: “de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece”. Si la misericordia es definitivamente incondicional, también el endurecimiento es definitivamente incondicional. Eso es lo que añade el versículo 18, repitiendo simplemente lo que había dicho el versículo 11, “pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal” cuando Dios ya había elegido cual sería el beneficiario de su misericordia y cual no.

Finalmente, Dios no salva o condena porque esté coaccionado por la voluntad o las acciones de los hombres. Dios es libre. Actúa conforme a sus propios y sabios propósitos, para defender y reflejar la plenitud de su gloria.

Dios Endurece a Quien Quiere

Para mostrar desde las escrituras que “Dios endurece a quien quiere”, Pablo se remite a la grandiosa y antigua historia del Éxodo de Egipto. Y selecciona un versículo de aquellos diez capítulos, Éxodos 9:16, y lo cita en el versículo 17: “Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra”.

¿Por qué este versículo, de todos los que podía haber escogido que hablan de endurecimiento? ¿Por qué escoger uno que ni siquiera habla del endurecimiento, y luego sacar la conclusión: “Él endurece a Quien quiere” (v.18)? Hay razones muy profundas. Razones que están relacionadas con la libertad de Dios y con el grandioso propósito global de Dios, de la evangelización del mundo. Pero esas las dejaremos para la próxima semana. Quiero dedicar el mensaje completo de la semana que viene, a retroceder con ustedes a la historia de Éxodo, y a ver que nos ensaña el Antiguo testamento acerca del propósito de Dios al endurecer al Faraón.

Pero para sacar una conclusión esta mañana y movernos hacia la cena del Señor, quiero retroceder, tomar la ilustración completa y hacer algunos comentarios aclaradores. La elección incondicional no significa que nuestra salvación, o condenación final, sean incondicionales.

La Elecció Incondicional No Está en Conflicto Con Las Condiciones Reales

Es por fe que somos salvos (Romanos 10:9), y es por tener corazones duros e impenitentes que recibimos la ira y perecemos (Romanos 2:5). Hay una condición real que debe cumplirse para alcanzar la salvación—específicamente la fe en Jesús Cristo. Y hay condiciones reales que deben estar presentes para merecer condenación, específicamente, dureza de corazón e incredulidad. Hay una decisión real que tomamos que nos une a Cristo, a fin de que seamos vestidos con su justicia, y tengamos vida eterna. Y una decisión real que tomamos—presente en Adán y en nosotros mismos—que se resiste a la verdad y es merecedora de la condenación.

La elección incondicional que Pablo enseña aquí, no se contradice con nada de eso. Lo que la elección incondicional enseña es que Dios decide quien estará en esos dos grupos—quien creerá e inmerecidamente será salvo, y quien se revelará y mereciéndolo perecerá.

Implicaciones

Hay dos enormes implicaciones para nosotros en esta mañana.

1) Debemos creer en Jesús como nuestro Señor, nuestro Salvador, y nuestro Tesoro. “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10.9). No sea más sabio que la palabra de Dios. No diga: Dios escoge a quien le place, yo no necesito escogerlo a él”. La Biblia dice, “escogeos hoy a quién sirváis” (Josué 24:15). No diga, “¿Para qué me voy a asir a Cristo si él se va a asir a mí?” Más bien diga lo que dice Pablo, “a ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús” (Filipenses 3:12). No sea mas sabio que la palabra de Dios. “Dios ha enloquecido la sabiduría del mundo” (1 Corintios 1:20). Humíllese y vuélvase a Cristo y sea salvo.

2) Tenga cuidado, una vez que halla creído, no jactarse, como si su credulidad fuese finalmente producto de su propia obra. Mas  bien esté agradecido y diga como el apóstol Pablo, “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados” (Romanos 6:17).

La Biblia deja claro que Dios nos salva de una forma que pone fin a toda jactancia. La jactancia queda doblemente excluida. Queda excluida por el principio de la fe, y por la veracidad de la elección incondicional.

La jactancia excluida por la FE. Romanos 3:27, “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe”. La fe pone fin a la jactancia porque aparta la vista de toda característica humana (incluyendo al mismo ser) y recibe gracia gratuita.

La jactancia excluida por la elección INCONDICIONAL. 1 Corintios 1:27-29, “Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29a fin de que nadie se jacte en su presencia”. Las decisiones de Dios, la libre e inescrutable elección de Dios, elimina la jactancia de aquellos que realmente sienten lo preciada que es la incondicional elección de Dios.

Por lo tanto, crea en Cristo, y cuando lo haga, dele las gracias. Que el que se gloríe se gloríe en el Señor.