En Ningún Otro Hay Salvación


Mientras ellos hablaban al pueblo, se les echaron encima los sacerdotes, el capitán de la guardia del templo, y los saduceos, indignados porque enseñaban al pueblo, y anunciaban en Jesús la resurrección de entre los muertos. Les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Pero muchos de los que habían oído el mensaje creyeron, llegando el número de los hombres como a cinco mil. Y sucedió que al día siguiente se reunieron en Jerusalén sus gobernantes, ancianos y escribas; estaban allí el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes. Y habiéndolos puesto en medio de ellos, les interrogaban: ¿Con qué poder, o en qué nombre, habéis hecho esto? Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes y ancianos del pueblo, si se nos está interrogando hoy por causa del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste ha sido sanado, sabed todos vosotros, y todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos, por El, este hombre se halla aquí sano delante de vosotros. Este Jesús es la piedra desechada por vosotros los constructores, pero que ha venido a ser la piedra angular. Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos.

Demandas Radicalmente Contradictorias en Nuestras Vidas

El diario Star Tribune reportó el viernes sobre un cambio en la retórica de Saddam Hussein, que pasaba de ser la de un estratega secular a la de un fanático musulmán : “Con el comienzo de la guerra, algunos detectaron un tono casi mesiánico, sobre todo en su discurso del jueves, luego de la primera ola de bombardeos aliados, utilizando imágenes del presidente Bush como Satanás e iraquíes valientes como ‘descendientes de los profetas y creyentes’”.

Lo que quiere decir esto es que cada vez es más evidente que en esta aldea global llamada tierra, donde podemos seguir minuto a minuto los acontecimientos de una guerra que está casi al otro lado del mundo, existen demandas radical y enormemente contradictorias en nuestras vidas ¿Es nuestro presidente Satanás? ¿Son los fanáticos y patriotas musulmanes iraquíes los verdaderos hijos de los profetas y los verdaderos creyentes? Esta es otra manera de decirlo: ¿es Alá, como se lo conoce en el Islam, el único dios verdadero, y es Mahoma un verdadero profeta, cuyas escrituras son la revelación final y contundente para la fe y la vida? U otra manera de decirlo: ¿es la religión musulmana otro camino válido para obtener la salvación y el cielo?

Una Era Completamente Pluralista

Para ser claro, no estoy diciendo que esta guerra sea un conflicto entre el Cristianismo y el Islam. No veo a los Estados Unidos como una nación cristiana. No veo a al cristianismo arraigado en ninguna nación ni en ninguna etnia. Una de las mejores características de nuestra fe es que no tiene un centro geográfico. No tiene un lugar sagrado. No tiene una identidad nacional. Somos extranjeros y exiliados en la tierra, desalineados con las autoridades humanas e instituciones, aun cuando nos sometemos a ellas por Cristo. Y venimos de todas las razas, de todas las clases sociales y de todas las naciones. Esta no es una guerra de los cristianos en contra de los musulmanes.

Pero es una guerra con fuertes impulsos religiosos. El presidente Bush sí llamó a Billy Graham. Hussein sí se arrodilló en la alfombra de oración. Y él sí quiere librar esta guerra como una guerra santa. Sin embargo, todo lo que estoy diciendo aquí es que este hecho hace más evidente que el mundo es radicalmente pluralista. Hay religiones contradictorias que piden absoluta lealtad.

Este pluralismo también se hace cada vez más manifiesto en nuestro propio país (Estados Unidos). El antiguo consenso que nos permitía funcionar con algo de coherencia en las expectativas morales de nuestro sistema legal y social está desapareciendo muy rápidamente. Se puede observar que esta nueva atmósfera de pluralismo no tolera todos los puntos de vista, sino que es una nueva ortodoxia secular. En su demanda por la tolerancia hay una discriminación enfática en contra de los antiguos puntos de vista que amenazan el relativismo carente de moral de la actualidad. Esta es la atmósfera, una atmósfera hostil, en la que tendremos que vivir más y más como cristianos y testificar a Jesús, la singularidad absoluta de Jesús, la singularidad y supremacía globales de Jesús.

De esto trata el texto de hoy. Y es realmente importante ¡Mundialmente importante! En este momento.

Una Sanidad con Consecuencias Mundiales

Recapitulemos lo que sucede en Hechos. En el capítulo 3, el Jesús resucitado sana a un hombre mediante la fe y las palabras de Pedro y Juan. El hombre era cojo de nacimiento, pero se levanta y salta por el templo alabando a Dios. Una multitud se reúne y Pedro predica. Mientras él predica, entendemos que lo que está en juego aquí no es meramente un fenómeno religioso local, sino que es pertinente a todo el mundo.

Por ejemplo, Pedro dice cosas como estas: el Jesús que sanó a este hombre es “el Autor de la vida” (3:15); a quien Dios ha resucitado de los muertos (3:15); Él es la realización de 1500 años de profecía (3:22); Él está esperando ahora en el cielo hasta el día en que venga y restaure todas las cosas a lo que Dios quiso que sean (3:21); y mientras tanto “ serán benditas todas las familias de la tierra” a través de Él (inclusive las familias de Iraq, Arabia Saudita, Israel, Estados Unidos y la URSS). Esta increíble sanidad que tuvo lugar en Jerusalén tiene un significado mundial. Jesús no es el Dios de una tribu. Él es el autor de toda vida y el Señor del universo.

Pedro y Juan Arrestados e Interrogados

A estas alturas, Hechos 4:1 dice que los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, vinieron y arrestaron a Pedro y Juan, encarcelándolos hasta el día siguiente. Estaban enojados porque Pedro y Juan estaban contándole a todos que Jesús estaba vivo y que ellos también podían resucitar de los muertos si creían en Jesús. De hecho, en el versículo 4 dice que el número de discípulos aumentó a 5000 (esto es lo que puede pasar después de dos prédicas cuando el poder del espíritu santo se revela por completo).

De lo Local a lo Universal

A la mañana siguiente se reúnen los gobernantes, los ancianos y los escribas para interrogar a Pedro y Juan. Versículo 7: “¿Con qué poder, o en qué nombre, habéis hecho esto (la sanidad del hombre)?” Ahora vean cómo Pedro se traslada de lo local a lo universal. Versículo 10: “Sabed todos vosotros”, dice Pedro, “Que en el nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos, por El, este hombre se halla aquí sano delante de vosotros”. Entonces Pedro comienza con el hecho ofensivo de que Jesús es de una ciudad local particular de la que nadie hubiese esperado nada bueno: Nazaret. “¿Se puede esperar algo bueno de Nazaret?” Peor aún, este Jesús era menos que un desconocido local. Era una gran amenaza a quien ustedes crucificaron como criminal. Él tiene un nombre común, Jesús; viene de una ciudad de poca importancia, Nazaret; murió como un delincuente común. Es el que sanó a este hombre. Este mismo Jesús.

Porque él está vivo. Y ahora se muestra el hecho más insólito: “Dios lo levantó de los muertos”. Eso ya no es muy local. Porque Dios no es local. Dios es universal. Dios sabe todo y está en todos lados y gobierna el mundo. Si Dios se fijó en este hombre y lo levantó de los muertos, entonces hay algo que no es local, que no es provincial, algo muy global sobre quién es Él y qué hace.

Luego (versículo 11) Pedro utiliza las palabras del Salmo 118:22 para decir lo mismo con una descripción visual: “Es la piedra desechada por vosotros los constructores, pero que ha venido a ser la piedra angular”. Si comparamos al reino de Dios con una construcción, entonces los edificadores son los líderes religiosos. Ellos estudiaron la piedra llamada Jesús de Nazaret para ver si podía ser el ladrillo de la muralla de la verdad. Lo negaron, lo rechazaron y lo desecharon como inútil. Pero Dios, el arquitecto principal, se presentó y vio a la piedra reposando en la tumba, lo levantó y lo hizo no solo un ladrillo en la muralla, sino la cabeza del ángulo—la piedra más importante de la construcción. Los hombres rechazaron a Jesús como una mera amenaza local sin importancia más allá del monte de la matanza en el Gólgota. Sin embargo, Dios convirtió a Jesús en la cabeza universal sobre toda su casa. Como dice Hechos 2:36: “Dios le ha hecho Señor y Cristo”.

Jesús como la Única Salvación

Pedro continúa hablando de este señorío universal de Jesús en el versículo 12: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. Porque Dios levantó de los muertos a Jesús de Nazaret y ya que Dios lo puso como cabeza sobre toda su casa (sobre todo el reino y sobre todos los redimidos) ahora Jesús es el único camino al cielo, y en la confesión de Su nombre está la única esperanza de salvación del pecado y del juicio.

Necesitamos sentir la fuerza de esta demanda universal en nuestra era pluralista. “¡Y en ningún otro hay salvación!” ¿En verdad quieres decir que en nadie más, Pedro? ¿O solo te estás refiriendo a un contexto judío limitado, solo entre los judíos es que no hay otro camino al cielo que no sea su verdadero Mesías? “No”, dice, la razón por la que no hay salvación en ningún otro es que “no hay otro nombre bajo el cielo” (no solamente “no hay otro nombre en Israel”, sino “no hay otro nombre bajo el cielo”, incluidos el cielo de Iraq y el de los Estados Unidos) “dado a los hombres (no solamente “a los judíos”, sino a los humanos) en que podamos ser salvos”.

No Hay Otro Nombre

Hay más cosas aquí que aún debemos observar. A veces la gente dirá: “Sí, Jesús es la única fuente de salvación, pero no es necesario conocerlo para recibir la salvación que Él ofrece”. En otras palabras, “si eres un fiel musulmán, hindú, judío o animista, Jesús te salvará. En ningún otro hay salvación, pero no tienes que creer en Él para ser salvo por Él”.

Pero eso no es lo que quiso decir Pedro. Pedro se concentró en el NOMBRE de Jesús. “No hay otro NOMBRE bajo el cielo, en que podamos ser salvos”. Está diciendo algo más que el hecho de que no hay otra fuente de poder para ser salvos. Pedro dice “no hay otro NOMBRE” para demostrar que somos salvos cuando nombramos al Señor Jesús. Su nombre es la puerta de entrada a la amistad con Dios. El camino de la salvación por fe es el camino que glorifica al nombre de Jesús. Pedro dice en Hechos 10:43, “Por su nombre, todo el que cree en El recibe el perdón de los pecados”. El nombre de Jesús es el centro de la fe y el arrepentimiento. Para creer en Jesús y obtener el perdón de nuestros pecados, debemos creer en Su nombre. Esto es, debes haber oído de Él y saber quién es, un hombre especial que realizó un trabajo de salvación especial y resucitó de los muertos.

Pablo lo dice así en Romanos 10:13-15: “Porque todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados?”. En ningún otro hay salvación, y esto significa que debe haber misioneros que den a conocer Su nombre y así, la gente pueda creer y acudir a Su nombre para recibir la salvación. Jesús es el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por Él (Juan 14:6).

Una Verdad Que Produce Conversos o Enemigos

Pedro expandió la universalidad de Jesús desde la insignificante ciudad de Nazaret hasta tan lejos como pudo. Jesús es absolutamente único. Es absolutamente supremo sobre todos los dioses y señores de las religiones del mundo. Conocerlo y creer en Él es totalmente necesario para obtener la salvación. Si no es por la cruz y la resurrección, no hay otra manera de llegar a Dios y al cielo. Por tanto, como dijo Pablo en Hechos 17:30-31, “Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan, porque El ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos”.

Este es un hecho bíblico fundamental que debemos aceptar si queremos ser cristianos bíblicos dentro de una nación y un mundo pluralistas. Es la clase de verdad que produce conversos o enemigos. No es una verdad que permite “vivir y dejar vivir”.

¿A qué es a lo que nos llama en nuestras vidas?

1. Entendimiento

Requiere entendimiento, el entendimiento de nuestra fe. Si no hay muchos caminos que nos lleven a Dios, sino solo un camino, entonces la mayor prioridad en nuestra vida es entender cuál es el camino y seguirlo. Si todos los caminos sinceros nos llevan al cielo, entonces el entender el camino en el que estamos para asegurarnos de que sea el correcto no es muy importante. La supremacía de Cristo como el único camino a Dios requiere entendimiento.

2. Valentía

Requiere valentía. La singularidad y la supremacía de Jesucristo son las causas de los martirios de cristianos. No tiene ningún sentido morir por una fe si otra fe te llevará a Dios. Lo que te mata es creer que la realidad es de una manera y no de otra. De esta manera, cuando el estado dice: “Confiesa que César es Señor”, o: “Confiesa que Alá es el único dios verdadero y Mahoma su profeta”, los cristianos dicen, “No debo y no lo haré”. ¿Por qué? Porque César no es Señor y Mahoma no es un verdadero profeta. Jesús y solo Jesús es Señor.

3. Una Interpretación Radical Sobre la Guerra de Medio Oriente

Esta verdad de la singularidad y supremacía de Jesús requiere una interpretación radical sobre la guerra de Medio Oriente ¿Hay una guerra en Arabia Saudita, Irak e Israel? No, hay dos.

En una hay misiles de crucero, misiles Scud, soldados y bombarderos. No es una guerra entre cristianos y musulmanes. La gran mayoría de los estadounidenses y tropas aliadas son relativistas seculares que creen menos en Jesucristo de lo que los musulmanes creen en Mahoma. Es una guerra entre un estado musulmán y estados seculares. Una guerra sobre los límites nacionales, los derechos de las naciones, la seguridad de los estados y la disponibilidad de recursos naturales. No es una confrontación entre el cristianismo y el Islam.

No obstante, hay otra guerra en marcha. Una mucho más importante. Una guerra por los corazones de los hombres y las mujeres. Es mucho más importante lo que está en juego: la vida o el juicio eternos. La guerra no se batalla con soldados, misiles ni tanques ni ninguna otra arma física. Se batalla en el área cristiana con las armas del amor: la oración, la fe, la sabiduría espiritual, el sacrificio y las gloriosas buenas nuevas de Jesucristo. El objetivo cristiano es la salvación del pueblo árabe. La guerra se está batallando desde el bando musulmán en Iraq y Arabia Saudita con las opresiones y sanciones del estado contra el cristianismo.

En Iraq, Patrick Johnstone dijo, “Es prácticamente imposible que un musulmán confiese a Cristo y viva” (en Operation World [Operación Mundo], pág. 242). La testificación abierta de Cristo no está permitida. En 1969, se expulsaron misioneros y entre 1972 y 1977, 14000 cristianos huyeron del país. Hay 12 millones de árabes, 2,8 millones de kurdos y numerosos grupos minoritarios en Iraq sin Cristo y sin esperanza.

Arabia Saudita es una de las naciones menos evangelizadas del mundo. No hay creyentes cristianos entre los saudíes, los obreros cristianos no tienen permitido ingresar al país y ningún cristiano puede pisar la ciudad de La Meca. La literatura cristiana y la Biblia están prohibidas, y los cristianos expatriados viven bajo vigilancia estricta. Diez millones de musulmanes en Arabia Saudita viven sin Cristo y sin la esperanza de la vida eterna.

Porque Jesucristo es la única esperanza del mundo y “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Hay dos guerras librándose en Oriente Medio. Una amenaza la vida terrenal de miles. La otra busca la vida eterna de millones. ¿No querrá Dios que consideremos lo tan preocupados que estamos con una de ellas, y lo relativamente ignorantes e indiferentes que estamos con respecto a la otra?