El aborto: la sangre inocente de nuestros hijos e hijas

También le hicieron enojarse en las aguas de Meriba, y le fue mal a Moisés por culpa de ellos, 33 puesto que fueron rebeldes contra su Espíritu, y él habló precipitadamente con sus labios. 34 No destruyeron a los pueblos, como el Señor les había mandado, 35 sino que se mezclaron con las naciones, aprendieron sus costumbres, 36 y sirvieron a sus ídolos que se convirtieron en lazo para ellos. 37 Sacrificaron a sus hijos y a sus hijas a los demonios, 38 y derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, a quienes sacrificaron a los ídolos de Canaán, y la tierra fue contaminada con sangre. 39 Así se contaminaron en sus costumbres, y fueron infieles en sus hechos. 40 Entonces se encendió la ira del Señor contra su pueblo, y El aborreció su heredad. 41 Los entregó en mano de las naciones, y los que los aborrecían se enseñorearon sobre ellos. 42 Sus enemigos también los oprimieron, y fueron subyugados bajo su poder. 43 Muchas veces los libró; ellos, sin embargo, fueron rebeldes a su consejo, y se hundieron en su iniquidad. 44 Sin embargo, El vio su angustia al escuchar su clamor; 45 y por amor a ellos se acordó de su pacto, y se arrepintió conforme a la grandeza de su misericordia. 46 Les hizo también objeto de compasión en presencia de todos los que los tenían cautivos Sálvanos, oh Señor, Dios nuestro, y reúnenos de entre las naciones, para dar gracias a tu santo nombre, y para gloriarnos en tu alabanza. 48 Bendito sea el Señor, Dios de Israel, desde la eternidad y hasta la eternidad. Y todo el pueblo diga: Amén. ¡Aleluya!

El Salmo 106 es un resumen de la historia de Israel con un énfasis en sus pecados reiterados y en los reiterados juicios y misericordias de Dios. Es una imagen del Antiguo Testamento en miniatura. Este salmo clama pidiendo algo determinante, final, algo más permanente. Los últimos versos (vv. 47-48) dicen: “Sálvanos, oh Señor, Dios nuestro, y reúnenos de entre las naciones, para dar gracias a tu santo nombre, y para gloriarnos en tu alabanza. 48 Bendito sea el Señor, Dios de Israel, desde la eternidad y hasta la eternidad. Y todo el pueblo diga: Amén. ¡Aleluya!”.

Sí a todo lo que ha sido dicho antes. Una y otra vez, el pueblo clamó al Señor para que les salvara, durante el tiempo de los jueces, por ejemplo. Y Dios les salvó. Él fue misericordioso, y lleno de gracia, y lento para la ira. Pero, entonces, una y otra vez, ellos volvieron a la incredulidad y la desobediencia. Igualmente, la última parte del salmo, igual que todo el Antiguo Testamento, pide algo más. Este salmo, y todo el Antiguo Testamento, son incompletos, Israel gime por algo más. El salmo, y el Antiguo Testamento, ambos, apuntan hacia el futuro, no son un fin en sí mismos. Son narraciones y libros de promesas.

Jesús: El Sí y el Amén Decisivos de Dios

Y por eso existe el Antiguo Testamento. Porque el acto final de Dios, supremo, completo, decisivo, e imperecedero, ocurrió cuando Jesús, el Mesías, vino al mundo. Él fue el último Adán (Romanos 5:12-21) y el Profeta final, como Moisés (Hechos 3:22; 7:37), y el Israel final (Mateo 4:1-11), y el último Sumo Sacerdote (Hebreos 7:23-24), y el Sacrificio final de la pascua (1ra a los Corintios 5:7), y el último Maná del cielo (Juan 6:31-32), y el siervo sufriente final de Isaías 53 (Marcos 10:45), y el último Hijo del Hombre según Daniel (Mateo 24:30). Su sangre fue la sangre prometida del nuevo pacto final, según Jeremías 31:31 (Lucas 22:20). Por tanto, Jesús fue el Fin, el Sí y el Amén decisivo de todas las promesas de Dios (1ra a los Corintios 1:20).

De esta forma, cuando leemos las narraciones del Antiguo Testamento, como la del Salmo 106, y sentimos el peso opresivo de los pecados que nunca parecen tener un desenlace final, deberíamos pensar: todo apunta hacia Cristo. No, no somos cristianos reinterpretando las Escrituras judías. Dios es quien muestra la consumación de las Escrituras judías. Y el propósito de las Escrituras judías y de la larga historia de Israel no estaba en sí mismo, sino en Cristo.

Dios ha Venido, Su Nombre es Jesús

Por tanto, cuando este texto termina, en el verso 47, con el clamor: “Sálvanos, oh Señor, Dios nuestro”, debiéramos comprender que dice: «Oh, Dios de Abraham, Isaac, y Jacob, rescátanos de la cautividad, dondequiera que nuestros enemigos tengan ventaja, y apresura la venida del Rey, quien nos liberará de una vez y por todas del peor de los enemigos, y haz expiación por nuestros pecados de una vez y por todas, y escribe su ley en nuestros corazones para que podamos temerle siempre y nunca nos rebelemos contra el Rey».

Y cuando escuchamos ese clamor, y comprendemos sus implicaciones, nos regocijamos porque ya ha venido el Cristo, su nombre fue Jesús. Y ha revelado el misterio (durante tantos años oculto en las Escrituras), que por su muerte y resurrección, no solo los judíos, sino todas las naciones del mundo serían perdonadas y justificadas, y lavadas, y reconciliadas solo por fe.

La Estandarte de la Cruz

En otras palabras, ondeando sobre este salmo y sobre todos sus horrores y fracasos (que son tan relevantes para nuestra época moderna), está el estandarte de Jesús como el Salvador final del mundo, quien murió por los pecados y conquistó la culpa, la condenación, la muerte, y el infierno, para todo aquel que clamare de corazón: “Sálvanos, oh Señor, Dios nuestro”.

Ondeando sobre este mensaje acerca del aborto, está el estandarte de la cruz de Cristo. Su color es el carmesí. Porque la sangre de Cristo quita el pecado del aborto y el pecado de la indiferencia hacia el aborto. Así que hoy no solo terminaré haciendo un llamado al arrepentimiento y ofreciendo perdón, también comenzaré haciendo el llamado al arrepentimiento y ofreciendo el perdón. Quiero que este llamado y esta oferta permanezcan en sus mentes mientras analizamos este texto.

Los Pecados de Israel

Tengamos una perspectiva más amplia de este texto, y luego enfoquémonos en los sacrificios de sangre inocente. Primero, aparecen los pecados de Israel, después aparece la ira y el juicio de Dios, y más adelante, el clamor de salvación. Primero los pecados:

Versículo 32: En Meriba, Israel murmuró contra Moisés porque no había agua, y le hicieron golpear la piedra en lugar de hablarle, y Dios se enojó porque Moisés no santificó su nombre al creerle (Números 20:11-12).

Versículo 34: Los israelitas no destruyeron los pueblos de Canaán como Dios les había ordenado. Esto demuestra que la oposición al sacrificio de niños que veremos en un momento, no se debía a una oposición general a matar. Había un momento para matar. Y la explicación para este horrible momento en la historia de Israel es dada en Deuteronomio 9:4, donde Dios dice:

No digas en tu corazón cuando el Señor tu Dios los haya echado de delante de ti: “Por mi justicia el Señor me ha hecho entrar para poseer esta tierra”, sino que es a causa de la maldad de estas naciones que el Señor las expulsa de delante de ti.

En ese período de la historia de Israel, Dios los utilizó como el brazo de su juicio. Quizás no estemos de acuerdo con este tipo de juicio porque las cosas han cambiado fundamentalmente con la venida de Jesús. Jesús dijo: “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí” (Juan 18:36). Pero quiero decir que la ira de Dios por el asesinato de los infantes no se debía a un rechazo sentimental hacia la violencia o a la fuerza física. Dios se opone por otra razón. Dentro de un momento veremos cuál es.

Verso 35: “se mezclaron con las naciones, aprendieron sus costumbres”. El problema fundamental no eran los matrimonios mixtos. Esta fue nuestra enseñanza el año pasado en el mensaje de armonía racial. El problema era que esa mezcla significaba aprender las costumbres paganas.

El verso 36 hace una declaración general explicando qué sucedía. Y el Verso 37 especifica el pecado que mejor expresaba la corrupción del pueblo. Verso 36: “y sirvieron a sus ídolos que se convirtieron en lazo para ellos”. Por esta razón general, Dios prohibió la mezcla con las naciones paganas. Les hacía idolatrar –abandonar al verdadero Dios y adorar a los ídolos. Y estos ídolos, dice el salmo, se volvieron “lazo”. Fueron una trampa hacia la destrucción.

Entonces, los versos 37 al 39 especifican los comportamientos pecaminosos provocados por esta idolatría: “ssacrificaron a sus hijos y a sus hijas a los demonios, 38 y derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, a quienes sacrificaron a los ídolos de Canaán, y la tierra fue contaminada con sangre. 39 Así se contaminaron en sus costumbres, y fueron infieles en sus hechos”.

La Ira y el Juicio de Dios

Estas son palabras fuertes, son las palabras de Dios. Él está muy enojado. Verso 40-41: “Entonces se encendió la ira del Señor contra su pueblo, y El aborreció su heredad. 41 Los entregó en mano de las naciones, y los que los aborrecían se enseñorearon sobre ellos”. La idolatría se volvió un lazo y el lazo era el sacrificio de sus propios hijos en rituales religiosos. Y estos pecados eran como prostitución [infidelidad] espiritual ante los ojos de Dios; y así provocaron la ira de Dios, así vino el juicio de Dios.

Necesitamos sentir el horror de estas palabras: “sacrificaron”, “demonios”, “sangre inocente”, “contaminada”, “infieles”, “ira del Señor”, “Él aborreció su heredad”. Necesitamos sentir la fuerza de estas palabras para que cuando las usemos en la actualidad, no comuniquemos sino lo que comunicó el salmista: que no hay esperanzas para los culpables. Esta es la enseñanza más sorprendente de este salmo.

El Clamor de Salvación

Verso 44: “Sin embargo, El vio su angustia al escuchar su clamor 45 y por amor a ellos se acordó de su pacto, y se arrepintió conforme a la grandeza de su misericordia”. Sublime Gracia del Señor que un infeliz salvó. Necesitamos escuchar esas terribles palabras para que la gracia que recibamos sea tan sorprendente como es.

Y así como el salmista enfrentó de pleno el sacrificio de los niños, así también nosotros necesitamos estudiar el aborto. Necesitamos acciones directas, tan directas como las palabras de este salmo. Necesitamos mirar los videos en Abort73, y necesitamos ver en beautiful pictures of the unborn. Necesitamos las estadísticas de más de 40 millones de bebés asesinados por aborto desde 1973, solo en nuestro país. En nuestro país el 90 % de las clínicas de aborto están en los centros urbanos que, por tanto, y como una especie de limpieza étnica de la que no se atreven a pensar los que están “a favor de la elección”, exterminan grandes cantidades de bebés pertenecientes a las minorías (más de la mitad de todos los abortos). Necesitamos conocer los procedimientos (succión-aspiración, dilación y raspado, abortos por soluciones salinas, dilación intacta y extracción, RU-486, descompresión intrauterina craneal, o aborto de nacimiento parcial).

Algunos Pecados Necesitan Palabras Ásperas

El salmo es tan áspero como le fue posible, siglos antes de la invención de la fotografía y el DVD. La idea es: hay algunos pecados que no pueden ser comprendidos sin un lenguaje áspero o imágenes duras. Una vez leí en el Star-Tribune que si todos los estadounidenses pudieran ver una ejecución en vivo (como la silla eléctrica o la inyección letal), la pena capital sería abandonada. No sé si es cierto. Pero si lo es, lo mismo se aplica, en mayor sentido, con relación al aborto. Si nos hicieran mirar cómo un doctor arranca las piernecitas y brazos de un bebito, uno a uno, y poniéndolos sobre la mesa como el dentista que saca un algodón de la boca, si todos los estadounidenses tuvieran que ver cómo es realmente, estuviéramos mucho más cerca de lograr que la meta “a favor de la elección” del aborto fuera impensable (no solo ilegal).

Cuatro Paralelos con el Aborto

Así que este salmo es áspero cuando habla del sacrificio de infantes. En él hay, al menos, cuatro paralelos con el aborto.

1) El Sacrificio de Infantes Es Llamado Sacrificio

Un paralelo es que es llamado sacrificio, verso 37: “Sacrificaron a sus hijos y a sus hijas”. Sacrificio significa que usted renuncia a algo ordinariamente considerado valioso (una oveja o un toro) para ganar algo mejor –generalmente de alguna deidad. El aborto en los Estados Unidos no es realizado conscientemente con un deseo de obtener alguna bendición de una deidad. Pero es realizado para ganar algo “mejor” que el bebé –de esto trata todo el debate ¿Es mayor la ganancia que lo que perdemos? Necesitamos asegurarnos de verlo en esos términos: la vida de un niño es sacrificada por algo. El “algo” define la barbarie de nuestra cultura, y lo digo conociendo a cabalidad cuán inimaginablemente difíciles son los embarazos no planificados, no los tomo a la ligera. El asunto es: ¿cuán precioso es el niño? Y, ¿confiaremos en Dios para que nos dé una solución? Para eso existen los Centros de Crisis en el Embarazo.

2) Son Hijos e Hijas

Segundo, el sacrificio de niños en este salmo es descrito como el sacrificio de nuestros hijos e hijas. Verso 37: “Sacrificaron a sus hijos y a sus hijas”. El salmista pudo haber dicho “niños”. Pero dijo “sus hijos y a sus hijas”. Esto nos llama la atención hacia dos verdades.1) Eran sexualmente diferentes. Eran pequeños niños y niñas. 2) Eran familia. Este bebé que es sacrificado, es familia. Así mismo sucede con el aborto. Siempre es una pequeña niña o un pequeño niño. Y siempre es familia.

3) Había Sangre Inocente

Tercero, el salmo llama “sangre inocente” a los sacrificios de infantes. Verso 38: “derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas”. Esta es la diferencia entre los canaanitas quienes debían ser castigados y los bebés que debían ser protegidos. No es una declaración acerca del pecado original, o la ausencia de pecado. Es la declaración legal ordinaria de la que todos dependemos en la corte: « ¿Hice algo para merecer el castigo que otros están a punto de imponerme?» Los bebés, eran inocentes con relación a las naciones. No merecían ser maltratados por otros seres humanos.

Dios mismo tiene un derecho absoluto para dar la vida y tomarla. Y pudiéramos estar seguros de que si él toma la vida de los más pequeños, él lidiará con ellos según el conocimiento que tengan (Romanos 1:18-20). Creo que son salvos, sin embargo, hoy no tenemos el derecho de tomar sus vidas. Son inocentes en comparación a nosotros. Y somos culpables si tomamos sus vidas.

(Inserto aquí una pequeña salvedad para que ustedes sepan cuál es mi posición. No hay tiempo para desarrollarla completamente. Si Dios ya está tomando la vida del bebé dentro de su madre –por medio de alguna anomalía catastrófica, o alguna adversidad, y si es evidente que el bebé no puede vivir fuera del útero y que dejar al niño pondrá en peligro la vida de la madre- bajo esas circunstancias, no creo que pequemos contra el bebé o contra Dios al tomar la vida del bebé y salvar a la madre. Pero ese no es el caso en más del 99 % de los abortos).

4) Es a los Demonios

Cuarto, el salmo dice que esta sangre inocente es sacrificada a los demonios y a los ídolos. Verso 37-38: “Sacrificaron a sus hijos y a sus hijas a los demonios, 38 y derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, a quienes sacrificaron a los ídolos de Canaán”. En 1ra a los Corintios 10:19-20, Pablo lidia con la relación existente entre los ídolos y los demonios. Dice: “¿Qué quiero decir, entonces? ¿Que lo sacrificado a los ídolos es algo, o que un ídolo es algo? 20 No, sino que digo que lo que los gentiles sacrifican, lo sacrifican a los demonios y no a Dios; no quiero que seáis partícipes con los demonios”.

En otras palabras, Pablo no ve al Dios verdadero detrás de todos los ídolos, sino a un mundo de demonios que promueve la idolatría y quienes, por tanto, recibían tributo de sus sacrificios sin que los adoradores siquiera lo supieran. Hace dos años, un grupo de católicos y protestantes produjeron un documental llamado “Para que Tengan Vida”. En él decían acerca del aborto:

La ceguera de tantas personas ante esta atrocidad moral, tiene muchas fuentes, pero su origen puede trazarse hasta los caminos seductores de la maldad de Satanás. Jesús dijo: “El fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira” (Juan 8:44).

Creo que tienen razón. Lo que significa que el sacrificio de nuestros hijos e hijas en la actualidad es, en un sentido muy real y profundo, un sacrificio a los demonios. Quizás la parte religiosa del paganismo decayó ante nuestro moderno mundo occidental y el diablo actúa así en nuestro mundo secular. De otra forma, pudiéramos despreciar su obra. Y por supuesto, él quiere que nosotros seamos los despreciados, no él. Así que el aborto aparenta ser muy secular, muy racional, muy científico, muy grandilocuente, cuando en verdad es muy demoníaco.

El Aborto: Sacrificando Nuestros Hijos e Hijas a los Demonios

El aborto es el sacrificio de nuestros hijos e hijas a los demonios. Y algún día lo veremos. Y nos sorprenderemos de que hubiera durado tanto tiempo, de la misma forma en que hoy nos sorprendemos de que la esclavitud africana durara tanto. Este problema es tan obvio ahora, como lo fue una vez la esclavitud. Y ahora somos tan ciegos, como entonces lo fueron los que apoyaban la esclavitud. La gran diferencia es que los bebés no pueden correr para escapar. La ruta de escape depende totalmente de ustedes, no de ellos.

La fortaleza para pararnos y hacer la diferencia en este asunto no proviene fundamentalmente de los crudos horrores del aborto, sino de la sublime gracia en los versos 44-45: “Sin embargo, El vio su angustia al escuchar su clamor; 45 y por amor a ellos se acordó de su pacto, y se arrepintió conforme a la grandeza de su misericordia”. Esto es lo que Jesús vino a alcanzar para todos los que le recibirían.

Acepta el Reto

Oro para que los horrores del aborto y la gloria de la gracia de Dios les hagan aceptar los retos de oración en la contraportada del Worship Folder, y les reten a esforzarse para vivir la vida de un modo práctico, tanto en un sentido temporal, como eterno. Amén.

Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso. Rescatad al débil y al necesitado; libradlos de la mano de los impíos. (Salmo 82:3-4)

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