Batallando la incredulidad de la vergüenza inapropiada

Por lo cual te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, prisionero suyo, sino participa conmigo en las aflicciones por el evangelio, según el poder de Dios, quien nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según nuestras obras, sino según su propósito y según la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad, y que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien abolió la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio, para el cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro. Por lo cual también sufro estas cosas, pero no me avergüenzo; porque yo sé en quién he creído, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día.

La Definición y Las Causas de La Vergüenza

Empezamos con una definición del diccionario de la palabra vergüenza. Vergüenza es una emoción dolorosa causada por una conciencia de culpa o deficiencia o indecencia.

Déjame ilustrar cada uno de estos casos:

  1. Primero, la causa de culpa. Digamos que actúas en contra de tu conciencia y ocultas información en la declaración de la renta. Durante un par de años no sientes nada porque lo has olvidado y no te atraparon. Luego Hacienda te llama para rendir cuentas y se hace público el hecho de que mentiste y robaste. Tu culpa sale a la luz y ahora sientes el dolor de la vergüenza.
  2. O miramos la causa de deficiencia. En los Juegos Olímpicos, suponemos que vienes de un país pequeño donde eres uno de los mejores en 3000 m lisos. Luego compites delante de miles de personas en Seúl y la competencia es tan dura que cuando vas por la última vuelta estás una vuelta detrás de todos los demás y tienes que seguir corriendo solo mientras todo el mundo te observa. Aquí no hay culpabilidad. Sin embargo, la humillación y la vergüenza pueden ser muy grandes.
  3. O en el caso de indecencia. Estás invitado a una fiesta y descubres cuando llegas, que te vestiste mal. De nuevo, no hay maldad ni culpabilidad. Solamente un error social, una impropiedad que te hace sentir tonto y avergonzado.

Vergüenza Apropiada Vs. Inapropiada

Una de las cosas que destacan de esta definición de culpabilidad es que hay culpabilidad justificada y culpabilidad no justificada. Existen situaciones en las que deberías sentir culpa y otras en las que no deberíamos sentirlo. La mayoría de las personas diría que el mentiroso debería avergonzarse y probablemente diría que el corredor no debería avergonzarse ya que hizo lo mejor que pudo. Decepción sería apropiado, pero no vergüenza.

Déjame que te ilustre estos dos tipos de vergüenza en las Escrituras. La Biblia deja muy claro que existen una vergüenza que deberíamos sentir y otra que no. Llamaré una vergüenza inapropiada y la otra vergüenza apropiada.

Vergüenza inapropiada (la que no deberíamos sentir) es la vergüenza que sentimos cuando no hay una razón verdadera para sentirlo. Bíblicamente esto significa que de lo que tú te avergüenzas no es una deshonra para Dios; o que ES una deshonra de Dios pero tú no tenías nada que ver con eso. En otras palabras, vergüenza inapropiada es vergüenza por algo bueno—algo que no deshonra a Dios. O es vergüenza de algo malo pero que tú no tenías nada que ver con ese pecado. Es el tipo de vergüenza que no deberíamos sentir.

Vergüenza apropiada (la vergüenza que deberías sentir) es la vergüenza que sientes cuando hay una razón buena para sentirlo. Bíblicamente esto significa que nos avergonzamos de algo porque lo que hicimos deshonró a Dios. Deberíamos avergonzarnos cuando hemos hecho algo para deshonrar a Dios con nuestras actitudes o acciones.

Quiero asegurarme de que entiendas la importancia Dios tiene en esta diferenciación entre vergüenza inapropiada y vergüenza apropiada. Tener o no tener algo que ver en el honrar o deshonrar a Dios es lo que marca la diferencia. Si queremos combatir la vergüenza desde la raíz tenemos que saber qué relación tiene con Dios. Y DEBEMOS combatir la vergüenza desde la raíz—toda la vergüenza. Porque tanto vergüenza inapropiada como apropiada nos puede paralizar si no sabemos como tratarla desde la raíz.

Miramos algunos pasajes de la Biblia que ilustran vergüenza inapropiada y otras que ilustran vergüenza apropiada.

Vergüenza Inapropiada

2 Timoteo 1:8

Por tanto, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, prisionero suyo, sino participa conmigo en las aflicciones por el evangelio, según el poder de Dios.

Lo que este texto dice es que si te avergüenzas de testificar de Jesucristo tienes vergüenza inapropiada. No deberíamos avergonzarnos de eso. Honramos a Cristo cuando hablamos bien de él. Y lo deshonramos cuando nos callamos por miedo. Así que no es vergüenza testificar de él, sino algo vergonzoso no hacerlo.

En segundo lugar, el texto nos dice que si te avergüenzas de que un amigo está en apuros (en este caso la cárcel) por causa de Cristo, entonces tu vergüenza es inapropiada. El mundo lo puede ver como señal de debilidad y derrota, sin embargo, los cristianos sabemos que no es así. Dios es honrado por el valor de que sus siervos van a la cárcel por causa de su nombre. No deberíamos avergonzarnos por relacionarnos con algo que honra a Dios de esta manera, no importa cuánto desdén da el mundo.

Marcos 8:38

Porque cualquiera que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

La vergüenza es inapropiada cuando la sentimos por causa de la persona o de las palabras de Jesús. Si Jesús dice “Amad a vuestros enemigos” y otros se ríen y lo llaman irrealista, no debemos avergonzarnos. Si Jesús dice “La fornicación es un mal” y yuppys liberales lo llaman anticuado, no debemos avergonzarnos. Eso sería vergüenza inapropiada porque las palabras de Jesús son verdaderas y honran a Dios, y da igual que el mundo las hace parecer tontas.

1 Pedro 4:16

Pero si alguno sufre como cristiano, que no se avergüence, sino que como tal glorifique a Dios.

El sufrimiento y el ser burlado como cristiano no es una vergüenza porque es una oportunidad de glorificar a Dios. En otros pasajes de la Biblia, el criterio de lo que es vergüenza apropiada e inapropiada no es cuan estúpido pareces a los hombres, sino si de hecho honras a Dios o no.

¡Es muy importante entender esto! Porque mucho de lo que nos avergonzamos no es que hemos deshonrado a Dios mediante nuestras acciones, sino que hemos fallado en mostrar la apariencia que otra gente admira. Mucha de nuestra vergüenza no se centra en Dios sino en nosotros mismos. Hasta que no controlamos esto no seremos capaces de combatir el problema de la vergüenza desde la raíz.

Romanos 1:16

Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree.

La razón por la cual la vergüenza en el evangelio sería vergüenza inapropiada es que el evangelio es el poder de Dios para salvación. El evangelio magnifica a Dios y humilla al hombre. Por eso, para el mundo, el evangelio no parece un poder para nada. Parece debilidad (pidiendo las personas ser como niños y depender de Jesús en vez de depender de ellas mismas). Pero para los que creen es un poder del todopoderoso Dios para salvar a los pecadores.

2 Corintios 12:9-10

Jesús dijo (a Pablo),

"Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad." Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Ahora bien, debilidad e insultos ordinarios son razón de vergüenza. Sin embargo, para Pablo fue razón para exaltación. Pablo opina que vergüenza por su debilidad y por los insultos y persecuciones sería vergüenza inapropiada. ¿Por qué? Porque el poder de Cristo se perfecciona en la debilidad de Pablo.

De todos estos textos llego a la conclusión de que el criterio bíblico para vergüenza inapropiada es radicalmente centrado en Dios. El criterio bíblico dice, no te avergüences de algo que honra a Dios, piensen lo que piensen los no creyentes de ti.

Vergüenza Apropiada

Los pasajes que vamos a ver ahora ilustran la vergüenza apropiada y también se centran en Dios.

1 Corintios 15:34

Sed sobrios, como conviene, y dejad de pecar; porque algunos no tienen conocimiento de Dios. Para vergüenza vuestra lo digo.

Aquí Pablo dice que estas personas deben avergonzarse. “Para vergüenza vuestra lo digo.” Su vergüenza sería apropiada si vieran su deplorable ignorancia de Dios y cómo se desarrolló a doctrinas falsas (no resurrección) y pecado en la iglesia. En otras palabras, vergüenza apropiada es vergüenza de lo que deshonra a Dios—ignorar a Dios, pecar contra Dios, falsas creencias acerca de Dios.

1 Corintios 6:5

Los cristianos fueron a tribunales seculares para resolver sus disputas entre ellos mismos. Pablo les reprende.

Para vergüenza vuestra lo digo. ¿Acaso no hay entre vosotros algún hombre sabio que pueda juzgar entre sus hermanos?

De nuevo dice que deberían avergonzarse: “Para avergonzaros lo digo.” Su vergüenza sería apropiada porque su comportamiento acredita a su Dios cuando pelean entre sí y buscan ayuda de los impíos para resolver sus disputas. Una vergüenza apropiada es la vergüenza que sientes porque lo que has hecho es una deshonra para Dios.

Y debemos observar esta implicación: esta gente hacía todo lo que podía para parecer fuertes y correctos. Querían ser vindicados por los hombres. Querían ganar en los tribunales. No querían que nadie les atropellara como si no tuvieran derechos. Eso parecería débil y vergonzoso. Así que para evitar situaciones que al mundo le parece vergonzoso, cayeron en un comportamiento que es de vergüenza para Dios.

La conclusión es: cuando deshonras a Dios debes avergonzarte, a pesar de lo fuerte, sabio o correcto que parezcas desde el punto de vista de los hombres.

Ezequiel 43:10

Y tú, hijo de hombre, describe el templo a la casa de Israel, para que se avergüencen de sus iniquidades, y tomen las medidas de su plano.

Dios dice que Israel debería avergonzarse de sus iniquidades. Pecado es siempre una razón apropiada para avergonzarse ya que con el pecado deshonramos a Dios.

(Ver también Romanos 6:21, 2 Tesalonicenses 3:14 para más ejemplos de vergüenza apropiada.)

La conclusión que podemos sacar de todos estos textos es que los criterios bíblicos para vergüenza inapropiada y vergüenza apropiada son radicalmente centrados en Dios.

Los criterios bíblicos para vergüenza inapropiada dice, no te avergüences por algo que honra a Dios, sin importarte lo débil o tonto que parezcas a los hombres. Y no te avergüences de circunstancias malas en las que no tienes parte el deshonrar a Dios.

Los criterios bíblicos de vergüenza apropiada dice, SÍ avergüénzate si has deshonrado a Dios, a pesar de lo fuerte, sabio o correcto que parezca desde el punto de vista de los hombres.

Y ahora, ¿cómo combates este sentimiento tan desagradable llamado vergüenza? La respuesta es que la combatimos al combatir la incredulidad que da lugar a la vergüenza. Y luchamos por fe en la promesa de Dios que supera la vergüenza y nos alivia el dolor.

Tres Ejemplos de Batallar la Vergüenza Inapropiada

Déjame que lo ilustre con tres ejemplos.

1. Cuando la Vergüenza Apropiada Perdura Demasiado Tiempo

En el caso de vergüenza apropiada por pecado el dolor debe estar allí pero no debe quedarse allí. Si lo hace, es debido a la incredulidad en las promesas de Dios.

Por ejemplo, una mujer viene a Jesús en casa de un fariseo llorando y lavando sus pies. Sin duda sintió vergüenza cuando Simón, mediante su mirada, informó a todos los presente que esa mujer era una pecadora y que no tenía derecho a tocar a Jesús. Efectivamente, era una pecadora. La vergüenza era apropiada. Pero no por mucho tiempo. Jesús le dijo, ”Tus pecados te son perdonados” (Lucas 7:48). Y cuando los que estaban presentes empezaban a murmurar sobre esto, Él fortaleció su fe otra vez diciendo: “tu fe te ha salvado, ve en paz” (v. 50).

¿Cómo la ayudó Jesús a combatir los efectos agobiantes de la vergüenza? Le dio una promesa: “Tus pecados te son perdonados. Tu fe te ha salvado. Tendrás un futuro de paz.” Así el dilema que tenía ella ahora era qué creer. ¿Creería las condenaciones fulminantes de los allí presentes? ¿O creería en las palabras tranquilizantes de Jesús de que su vergüenza era suficiente ya? Estaba perdonada. Estaba salvada. Podía ir en paz.

Esta es la manera que cada uno de nosotros debemos combatir los efectos de la vergüenza apropiada que amenaza con durar demasiado tiempo y agobiarnos. Debemos combatir la incredulidad cogiéndonos a las promesas tales como,

Pero en ti hay perdón, para que seas temido. (Salmos 130:4)

Buscad al SEÑOR mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cerca. Abandone el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al SEÑOR, que tendrá de él compasión, al Dios nuestro, que será amplio en perdonar. (Isaías 55:6-7)

Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9)

Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero. (1 Timoteo 1:15)

Todo el que cree en El recibe el perdón de los pecados por su nombre. (Hechos 10:43, 13:39)

2. Avergonzarse de Algo Que Glorifica a Dios

El segundo ejemplo de combatir la vergüenza es en los casos cuando nos avergonzamos por algo que ni siquiera es malo sino de hecho glorifica a Dios—como Jesucristo o el evangelio.

Nuestro texto muestra como Pablo batallaba contra esta vergüenza inapropiada. En el versículo 12 dice: “Por lo cual también sufro estas cosas, pero no me avergüenzo; porque yo sé en quién he creído, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día.”

Pablo lo hace muy claro aquí que la batalla contra la vergüenza inapropiada es una batalla contra la incredulidad. “No me avergüenzo PORQUE SÉ EN QUIEN HE CREÍDO Y ESTOY SEGURO DE SU PODER.” Luchamos contra los sentidos de vergüenza en Cristo y el evangelio y la ética cristiana cuando combatimos la incredulidad de las promesas de Dios. ¿Creemos que el evangelio es el poder de Dios hasta la salvación? ¿Creemos que el poder de Cristo se perfecciona en nuestra debilidad? La lucha contra la vergüenza inapropiada es la lucha contra la incredulidad de las promesas de Dios.

3. Avergonzarse de Algo Que No Hicimos

Finalmente, el último caso de combatir la vergüenza es el caso cuando otros intentan hacernos sentir vergüenza de circunstancias pecaminosas cuando realmente no teníamos nada que ver en el deshonrar a Dios.

Esto le pasó a Jesús. Le llamaron bebedor de vino y comilón. Le llamaron destructor de templo. Le llamaron hipócrita: Ayudó a otros, pero no fue capaz de ayudarse a sí mismo. El propósito de todo esto era cargarle con una vergüenza que no era suya.

Lo mismo pasó con Pablo. Le llamaron loco cuando se defendió a sí mismo ante el tribunal. Le llamaron enemigo de las costumbres judías y un trasgresor de la ley mosaica. Dijeron que él enseñaba que pecaras para que abundara la gracia. Todo esto para cargarle con una vergüenza que no era suya.

Y esto te ha pasado a ti. Y pasará de nuevo. ¿Cómo batallas esta vergüenza inapropiada? Creyendo las promesas de Dios que al final todos los esfuerzos por avergonzarnos fallarán. Puede que estemos luchando ahora para saber cuándo sentir vergüenza y cuándo no. Pero Dios tiene una promesa para nosotros para ambos casos:

Israel ha sido salvado por el SEÑOR con salvación eterna; no seréis avergonzados ni humillados por toda la eternidad. (Isaías 45:17; 49:23)

TODO EL QUE CREE EN EL NO SERA AVERGONZADO. (Romanos 10:11; 9:33)

En otras palabras, por todo juicio y crítica malos y engañosos que otros puedan utilizar para cargarnos con una vergüenza que no es nuestra, y por toda angustia malestar espiritual que conlleva, la promesa asegura que no lo lograrán al final. Todos los hijos de Dios vencerán. La verdad saldrá a la luz. Y nadie que pone su esperanza en las promesas de Dios será avergonzado.

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