Miren, crean, sean resucitados

Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre os dará,  porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios: que creáis en el que El ha enviado. Le dijeron entonces: ¿Qué, pues, haces tú como señal para que veamos y te creamos?  ¿Qué obra haces?  Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo.” Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: no es Moisés el que os ha dado el pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo.  Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo. Entonces le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.  Pero ya os dije que aunque me habéis visto, no creéis.  Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.  Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que El me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final.  Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final.

Él próximo jueves es de Acción de Gracias. Los cristianos debiéramos ser el pueblo más humilde y agradecido del planeta, porque Dios ha abierto nuestros ojos para ver cuán poco merecemos y cuánto Dios ha hecho por nosotros, y cuánto se hizo él por nosotros, en Cristo. Uno de mis propósitos en este mensaje de Juan 6, es que sobreabundemos de fe en Jesús y gratitud a Dios por lo que vemos aquí.

Permítanme darles algunas declaraciones breves sobre lo que veremos en este pasaje. Y luego las veremos juntos y dejaremos que las palabras de Jesús las aclaren y les den autoridad y poder.

Dos Partes Para Esta Sección

Juan 6:30-40 tiene dos partes, los versículos 30-36, y los versículos 37-40. Ésta es una forma de resumir el mensaje de cada una de estas secciones: en la primera (vv. 30-36), el don de Dios en Jesús a estas personas no es recibido y se pierde. En la segunda (vv. 37-40), el don de Dios en su pueblo para Jesús es recibido y permanece para siempre.

Otra forma de decirlo sería que la primera sección (vv. 30-36) describe el aparente fracaso de Dios al enviar su Hijo para dar vida eterna, y la segunda sección (vv. 37-40) describe el éxito invencible del propósito de Dios en dar vida eterna.

Viendo al Mundo Desde Dos Perspectivas

U, otra forma de decirlo: siempre podemos describir lo que sucede en el mundo desde dos puntos de vista; desde el punto de vista del hombre y su responsabilidad de recibir lo que Dios ofrece, y desde el punto de vista de Dios y su soberanía para hacer realidad sus propósitos salvadores. En los versículos 30-36, estamos viendo todo desde la perspectiva de la responsabilidad humana. En los versículos 37-40, estamos viendo todo desde la perspectiva de la soberanía de Dios.

Así que, el propósito fundamental en las dos secciones, cuando se contrastan entre sí, es que el propósito de Dios en dar vida mediante Jesús, no fracasa. Ahora, mucho más interesante y más convincente que estas declaraciones generales, son las declaraciones específicas de este texto. Veámoslas.

Nuevamente con Sus Estómagos Vacíos

Jesús aun habla a la multitud que le siguió a través del lago porque él había llenado sus estómagos con alimento (v. 26). Dirigió la atención de la multitud, desde la comida que perece, hacia el pan "que permanece para vida eterna" (v. 27). Entonces, en el versículo 29, dijo que la manera de trabajar para este alimento eterno es creer en aquel a quien Dios ha enviado: en Jesús el Mesías.

Así que la multitud le dice en los versículos 30-31: "¿Qué, pues, haces tú como señal para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces?  Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo."  Ésto es lo que percibo como razón por la cual dijeron estas palabras:

Aunque le habían visto alimentar a cinco mil, éste era otro día, y sus estómagos ya no estaban llenos. Recordaron que en el desierto Moisés dio maná de Dios cada día. No tuvieron el milagro del pan un sólo día.  Sino cada día, durante cuarenta años. "Entonces, Jesús, si quieres que veamos y creamos, sigue trabajando. Sigue haciendo tus señales."

Una Doble Negación y Una Oferta Sorprendente

Jesús les responde con una doble negación y con una sorprendente oferta. Dice, en el versículo 32: "En verdad, en verdad os digo: no es Moisés el que os ha dado el pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo."  Primero niega que Moisés haya sido el personaje clave para dar el maná; Dios lo fue.  Fue el Padre de Jesús.  "... no es Moisés el que os ha dado el pan del cielo, sino que es mi Padre."

La segunda negación en el versículo 32 es que el pan que Dios dio mediante Moisés, no era el mensaje principal de aquel milagro. Señalaba algo mayor. El mensaje era que hay un "verdadero pan del cielo," es decir: Jesús (como veremos en sólo tres versículos).

Y la sorprendente oferta en este versículo es la última cláusula: "es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo."  No ignoren este detalle. Ésto es lo que quise expresar cuando dije que estamos mirando las cosas desde la perspectiva de la oferta de Dios y la responsabilidad humana. No olviden la palabra "os."  "Mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo."  La mayoría de ellos no lo recibirán. Pero Jesús dice: Dios lo está dando.  Así es como vamos al mundo. Así es como hablamos al mundo. Dios les ha dado el pan de vida.  Es decir, él lo ofrece.  Es gratuito. Tómenlo. Cómanlo.

Aumentando la Responsabilidad

En el próximo versículo 33, Jesús refuerza la naturaleza del "verdadero pan" y el rango de la oferta.  "Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo." Es el "pan de Dios," y es ofrecido aquí, no sólo a unos pocos, sino, más explícitamente, para la vida del mundo. Este pan desciende del cielo y "da vida al mundo." Aquí tenemos una oferta global, y la responsabilidad del hombre continúa aumentando, la responsabilidad de ver y creer y comer el pan de Dios.

La respuesta de aquella multitud fue similar a la de la mujer en el pozo, en Juan 4:15: "Señor, dame esa agua, para que no tenga sed ni venga hasta aquí a sacarla."  Ellos dijeron en el versículo 34: "Señor, danos siempre este pan."  Sé como Moisés, continúa dándonos el pan de Dios, el maná que llena nuestros estómagos.

Nuestra Hambre, en Realidad, es de Jesús

Ahora, por primera vez, Jesús dice, explícitamente, en el versículo 35, que está hablando acerca de sí mismo: "Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.”  Me es difícil poder exagerar la importancia de este versículo para mí. Durante muchos años (especialmente desde que escribí el libro Gracia Venidera) este versículo ha definido dos inmensas realidades en mi vida. Una es el objeto de mi hambre y de mi sed. Y la otra es la naturaleza de la fe salvadora.

Jesús, Jesús mismo y todo lo que Dios es para mí en él, es lo que anhelo con hambre y sed. Él ha sido misericordioso conmigo, y con la mayoría de ustedes, al revelarse a sí mismo como el Tesoro supremo de nuestras vidas. "Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.”  Ello no significa que el hambre y la sed en nuestras almas desaparezcan cada día. Significa que ahora sabemos su naturaleza. Ahora sabemos a dónde acudir. Ahora sabemos qué beber y qué comer. Bebemos completamente a Jesús. Ingerimos la gloria de Jesús. Y en él hay reservas inagotables. Para ésto es que fuimos hechos. Los demás tesoros, los demás placeres señalan a éste. Jesús es el fin de cada anhelo, el fin que satisface todo.

Fe Salvadora: Satisfacción en Jesús

Y la otra verdad que este versículo me ha mostrado es la naturaleza de la fe salvadora. Vea el paralelo entre venir a Jesús para ser satisfechos y creer en Jesús. "Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre."  Ésta es la primera declaración. Venimos a Jesús para que nuestra hambre sea saciada.

Ahora, paralelo a ello, y repitiendo el significado, llega la próxima declaración: "y el que cree en mí nunca tendrá sed.”  Es lo mismo venir a Jesús para ser satisfechos en él, que creer en él para no tener sed. Así que, defino a la fe salvadora como estar satisfechos con todo lo que Dios es para nosotros en Jesús.

La Batalla de la fe es la Batalla por el Gozo

Éste es un gran descubrimiento. Usted nunca leerá la Biblia de la misma forma de nuevo. Nunca más pensará de la misma forma en la obediencia que proviene de la fe. Nunca peleará por la pureza y la santidad de la misma forma. Cuando ve que la fe salvadora es satisfecha con todo lo que Dios es para usted en Jesús, la "buena batalla de la fe" (como la llama Pablo en 1 Timoteo 6:12), se vuelve una batalla por el gozo. Y desde entonces, todo es diferente.

La batalla de la fe es la batalla por el gozo. Y la batalla por el gozo es hacer todo lo que necesitemos para ver a Jesús como es, y para disfrutar a Jesús por encima de todas las cosas.

Viendo no Vieron

Pero, en el versículo 36, Jesús dice que ellos no creyeron. "Pero ya os dije que aunque me habéis visto, no creéis."  Viendo no vieron. Y no creyeron.  Es decir, no vinieron ni comieron para satisfacción de sus almas.

Por tanto, la primera sección del texto termina con el rechazo del don de Dios. Dios ofrece su pan, su Hijo, para su propio pueblo, y los suyos no le recibieron. Así es como se ve el propósito salvador de Dios desde la perspectiva humana y su responsabilidad. Dios ofrece a su Hijo, y el hombre es responsable de ver y creer. Pero no ve ni cree.

Cinco Declaraciones de la Obra Soberana de Dios

¿Ha fallado, entonces, el propósito de Dios? Si no, ¿por qué no?

No, no ha fallado. Y los versículos 37-40 explican claramente por qué. Dios es soberano sobre la obra de salvación de una persona, y no dejará que sus propósitos supremos para alguien fracasen. En los versículos 37-40, hay cinco poderosas afirmaciones de la soberanía de Dios en su obra. Es muy importante que usted las vea y no tome mi palabra como infalible. Son demasiado preciosas para basarlas en la opinión de cualquier hombre. Son nuestra vida y esperanza y seguridad en esta vida y en la venidera. Les señalaré las cinco.

1. Dios entrega sus escogidos a Jesús.

Versículo 37: "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí."  Versículo 39: "Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que El me ha dado yo no pierda nada.”  Lo veremos nuevamente en el versículo 44 y en el versículo 65. Dios no espera a que sus escogidos vengan a Jesús. Si lo hiciera, nunca vendrían. Él los da a Jesús. Él los escoge para sí. Y los da a su Hijo.

2. Vienen a Jesús porque Dios los da a Jesús.

Versículo 37: "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí." O, como hemos visto en el versículo 35, creen en Jesús. No es al revés. Jesús no dice que Dios los entregue al Hijo porque ellos vinieron y creyeron a Jesús. No. Los que el Padre ha entregado al Hijo, son los que vienen al Hijo. Él se asegura de que vengan. Él hace que vengan. Él garantiza que vengan. Cuando usted vino a Cristo, Dios le trajo. Cuando usted creyó, fue porque Dios estaba abriendo sus ojos. Cuando Jesús fue comprensible para usted, no fue porque usted lograra que Jesús pareciera totalmente satisfactorio en su corazón. Dios lo hizo. Y cuando lo hizo, usted vino, libremente, habiendo vencido toda resistencia.

3. Los que son entregados a Jesús y vienen a Jesús, son omnipotentemente y eternamente guardados por Jesús. Ninguno se pierde.

Versículo 37: "Todo lo que el Padre me da vendrá a mí; y al que a mí viene, jamás lo echaré fuera" (RVA). La dádiva y la venida son la obra soberana del Padre, y la permanencia es la obra soberana del Hijo. Usted será guardado. Versículo 39: "Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado yo no pierda nada.”  Jesús no perderá ni uno de los que vienen a él. Ni uno. Si el Padre nos entrega, y por tanto venimos al Hijo, el Hijo nunca nos perderá, ni nos rechazará. La vida que tenemos en el Hijo, como dice el versículo 40, es "vida eterna," no es vida temporal. No puede perderse. Estamos tan seguros como que el Padre y el Hijo son Dios.

El Padre no sólo entrega sus escogidos al Hijo, para que vengamos infaliblemente al Hijo y permanezcamos seguros en el Hijo, también. . .

4. Jesús nos resucitará en el día final

Versículo 39: "Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que El me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final.” Versículo 40: "que todo aquel que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final."

Jesús sabe que la muerte parece una derrota para todos, una pérdida. Parece como si nuestros cuerpos estuvieran perdidos. Pudiéramos pensar que Jesús nada pierde de todo lo que se le ha dado (como dice le versículo 39), pero parece como si él, al final, perdiera nuestros cuerpos. Y por ello, Jesús dice dos veces, para que quede claro como el cristal. "Lo resucitaré en el día final.”  Ni siquiera sus cuerpos se perderán.

5. Finalmente, el fundamento inconmovible de toda esta obra soberana de Dios (su dádiva, nuestra venida, su guarda, nuestra resurrección), el inconmovible fundamento de todo esto (¡mencionado tres veces para que no lo ignoremos!) es la voluntad de Dios.

Nada es más seguro en este mundo que la soberana voluntad de Dios. El versículo 38 da el fundamento del por qué Jesús no echará fuera a ninguno que el Padre le haya dado: "Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.”  Es la voluntad soberana de Dios que ninguno de los suyos se pierda.
El versículo 39 lo dice de nuevo: "Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final.”  Jesús no fallará en guardarnos y resucitarnos, porque es la voluntad soberana de Dios.

El versículo 40 lo dice de nuevo: "Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final.”  La voluntad soberana de Dios es que aquellos que entrega a Jesús, para que vengan a Él, no tengan una simple bendición temporal, sino vida eterna. Y que resuciten de entre los muertos, para que ni siquiera sus cuerpos se pierdan. Ésta es la voluntad soberana de Dios.

Nunca, Nunca, Nunca

Ahora hemos visto las dos secciones de este texto. Los versículos 30-36, desde la perspectiva de la responsabilidad humana, describen la oferta de Dios al mundo, y cómo es rechazado el pan del cielo. Los versículos 37-40, desde la perspectiva de Dios y su soberanía, describen cómo Dios entrega sus escogidos a Jesús, para que vengan, y cómo Jesús los guarda, y los resucita de entre los muertos, según la voluntad soberana de Dios. La primera sección describe un aparente fracaso, pero la segunda describe un propósito salvador invencible.

Y el fundamento de ese propósito invencible, es la voluntad soberana de Dios. Nunca, nunca, nunca falla.

Yo soy Dios, 
y no hay ninguno como yo, 
que declaro el fin desde el principio 
y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. 
Yo digo: “Mi propósito será establecido, 
y todo lo que quiero realizaré" (Isaías 46:9-10).

Y esta revelación es hecha, sea en Isaías o en el Evangelio de Juan, para que seamos humildes y estemos temerosos y amorosos en la seguridad absoluta de Jesús.

Los Escogidos Vienen a Jesús

Y si usted pregunta: ¿cómo puedo saber si estoy entre los escogidos? ¿Cómo puedo saber si he sido entregado a Jesús, y que Él me guardará y resucitará? La respuesta es muy simple: "Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed," Juan 6:35.

Si viene al Hijo de Dios de esta manera, entonces ha sido entregado a Él. Y si el Padre le ha entregado al Hijo, y si es guardado, entonces resucitará en el día final. Venga. Venga ahora. Y venga cada hora de cada día. Amén.

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