Bendice, alma mía, al Señor

Salmos: pensando y sintiendo con Dios, parte 4

Salmo de David

Bendice, alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su santo nombre. 2 Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. 3 El es el que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades; 4 el que rescata de la fosa tu vida, el que te corona de bondad y compasión; 5 el que colma de bienes tus años, para que tu juventud se renueve como el águila. 6 El Señor hace justicia, y juicios a favor de todos los oprimidos. 7 A Moisés dio a conocer sus caminos, a los hijos de Israel sus obras. 8 Compasivo y clemente es el Señor, lento para la ira y grande en misericordia. 9 No contenderá con nosotros para siempre, ni para siempre guardará su enojo. 10 No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades. 11 Porque como están de altos los cielos sobre la tierra, así es de grande su misericordia para los que le temen. 12 Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones. 13 Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen. 14 Porque El sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos sólo polvo. 15  El hombre, como la hierba son sus días; como la flor del campo, así florece; 16  cuando el viento pasa sobre ella, deja de ser, y su lugar ya no la reconoce. 17 Mas la misericordia del Señor es desde la eternidad hasta la eternidad, para los que le temen, y su justicia para los hijos de los hijos, 18  para los que guardan su pacto y se acuerdan de sus preceptos para cumplirlos. 19 El Señor ha establecido su trono en los cielos,  y su reino domina sobre todo. 20  Bendecid al Señor, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su mandato, obedeciendo la voz de su palabra. 21 Bendecid al Señor, vosotros todos sus ejércitos, que le servís haciendo su voluntad. 22 Bendecid al Señor, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su dominio. Bendice, alma mía, al Señor.

Este es el cuarto mensaje en una serie de seis partes sobre los Salmos. La serie se llama: Pensando y Sintiendo con Dios. Hay una secuencia, el primer mensaje sobre el Salmo 1 dio una perspectiva: Los Salmos son la Palabra de Dios y son poemas, así que debiéramos sumergirnos en ellos para que se vuelvan nuestra instrucción y nuestro cántico. Deberían moldear nuestros pensamientos y sentimientos, en todo.

El segundo mensaje a partir del Salmo 42 tenía el propósito de ayudarnos a lidiar correctamente con el abatimiento: “¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios” (Salmo 42:5).

El tercer mensaje a partir del Salmo 51 tenía el propósito de ayudarnos a lidiar correctamente con nuestro arrepentimiento y quebrantamiento a causa del pecado: “Hazme oír gozo y alegría; que se regocijen los huesos que has quebrantado” (Salmo 51:8).

Por el Día de los Padres

Y el mensaje de hoy, a partir del Salmo 103, tiene el propósito de ayudarnos a lidiar correctamente con la bondad de Dios y nuestra gratitud. Hoy, en Norteamérica, y en casi otros cincuenta países del mundo, celebramos el Día de los Padres. Así que quiero dedicar este mensaje, especialmente, a los padres, y comenzar por tanto, en el versículo 13: “Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen”.

Buenos Aspectos de la Paternidad para Dios

Cuando este versículo dice: “Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen”, no quiere decir que el Señor aprende a ser Dios mirando a los padres humanos. No significa que Dios se pregunte si debiera compadecerse y luego nota que los buenos padres son compasivos con sus hijos y decide actuar de esa manera también.

No, lo que significa cuando dice: “Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen”,  es que cuando usted ve a un buen padre, está viendo una imagen de Dios. O para decirlo en otras palabras: Dios diseñó la paternidad humana para que fuera un retrato de sí mismo. Dios tenía un Hijo antes de crear a Adán. Él era Dios el Padre antes de ser Dios el Creador. Sabía lo que quería mostrar cuando creó la imagen.

Mostrando A Nuestros Hijos Cómo Es Dios

Lo que significa que en este Día de los Padres, la implicación obvia para todos los padres es que fuimos diseñados para mostrar la paternidad de Dios, especialmente (aunque no solamente) a nuestros hijos. Y ello implica que hoy aprendemos a ser padres, mirando a Dios cuidando paternalmente  a sus hijos. Lo que implica que los hijos hoy aprenden ampliamente cómo es la paternidad de Dios al mirarnos a nosotros.

Los Padres son como el Polvo

Así, la cadena de influencias se mueve desde Dios (como el Padre infinitamente perfecto sobre sus hijos imperfectos) quien nos muestra cómo es la buena paternidad para que podamos mostrarles a nuestros hijos y a otros cómo es la paternidad de Dios. Ese, hermanos, es nuestro llamado. Cuando David dice: “Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen”, quiere decir: Dios creó la paternidad a su propia imagen, y la buena paternidad señala a Dios.

Cuando David dice en el versículo 14 que los padres (y el resto de nosotros), son como polvo (“[Dios] sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos sólo polvo”), lo hace reflejando la pequeñez de la vida humana comparada con la vida de Dios, sin principio y sin fin, y en cómo se relaciona con nuestro hijos. Leamos los versículos 15-18:

El hombre, como la hierba son sus días;
como la flor del campo, así florece;
16 cuando el viento pasa sobre ella, deja de ser,
y su lugar ya no la reconoce.
17 Mas la misericordia del Señor es desde la eternidad hasta la eternidad, para los que le temen, y su justicia para los hijos de los hijos,
18 para los que guardan su pacto
y se acuerdan de sus preceptos para cumplirlos.
19 El Señor ha establecido su trono en los cielos,
y su reino domina sobre todo.

Así que los padres deben darse cuenta de que no siempre estarán cerca. Y sus hijos no siempre estarán cerca. El verso 17 se refiere a los “hijos de los hijos”. Y la pregunta que un padre debiera hacer es: ¿cómo pueden mis hijos beneficiarse eternamente del amor de Dios? ¿Cómo pueden volverse beneficiarios de la justicia de Dios en lugar de ser condenados por ella?

Los versos 17-18 dan tres respuestas a esa pregunta. Escúchelos mientras leo de nuevo: “Mas la misericordia del Señor es desde la eternidad hasta la eternidad, para los que le temen, y su justicia para los hijos de los hijos, 18 para los que guardan su pacto y se acuerdan de sus preceptos para cumplirlos”. La misericordia del Señor y la justicia del Señor seguirán a nuestros hijos de generación en generación si se cumplen tres requerimientos:

  1. Si ellos le temen (v. 17).
  2. Si ellos guardan su pacto (v. 18).
  3. Y si ellos cumplen sus mandamientos (v. 18).

Guardando Hoy el Pacto de Dios

Enfoquémonos por un momento en este segundo requerimiento: “su justicia para los hijos de los hijos, 18 para los que guardan su pacto” ¿Qué significa guardar el pacto de Dios hoy? El mundo ha cambiado desde que vino el Mesías.

En la Última Cena, Jesús levantó la copa presentando su propia sangre y dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por vosotros”. Con esto quiso decir que ahora hay un nuevo pacto entre Dios y su pueblo. Es tan obligatorio como el anterior. El Nuevo Pacto provee, de parte de Dios, la sangre de Cristo para cubrir nuestros pecados y el poder del Espíritu para capacitarnos a fin de caminar en novedad de vida. El Nuevo Pacto requiere de nosotros que estemos unidos a Cristo por el nuevo nacimiento y que recibamos a Cristo como nuestro Señor y Salvador y Tesoro de nuestras vidas. Así es cómo obra en nosotros la sangre y justicia de Cristo.

Así que cuando los versículos 17 y 18 dicen que el amor de Dios y la justicia de Dios bendicen a nuestros hijos si guardan el pacto de Dios, ello implica para la actualidad que nuestros hijos deben ser traídos para que reciban a Cristo como el Salvador supremamente valioso y Señor de sus vidas. Los otros dos requerimientos que David menciona son temer a Dios (v.17), y cumplir sus mandamientos (v.18).

Temer a Dios

Verso 17: “Mas la misericordia del Señor es desde la eternidad hasta la eternidad, para los que le temen”. Creo que temer a Dios significa que Dios es tan poderoso y tan santo y tan sorprendente para nosotros que no nos atreveríamos a huir de él, sino solo a correr hacia él por todas las promesas que tiene para nosotros. Así que temer a Dios no es diferente a ir hacia el Mesías, Jesús. Es la manera en que venimos: venimos reverentemente, venimos humildemente, venimos sin presumir que Dios nos deba algo, venimos con temblor, como vimos en el último mensaje, venimos contritos y humillados.

Verdadera Fe en el Redentor

Y el tercer requerimiento que David menciona para que nuestros hijos experimenten la justicia de Dios salvándoles no condenándoles, es el verso 18: “para los que […] se acuerdan de sus preceptos para cumplirlos”. Este texto significa que la fe en el Redentor debe ser real. Una confianza real en Cristo, una verdadera sumisión a su gobierno, cuando verdaderamente atesoramos su dignidad, nuestras vidas son cambiadas. Así que el requerimiento de la obediencia en el verso 18 es simplemente el requerimiento de que nuestro temor de Dios y nuestra confianza en Cristo deben ser reales, efectivos, fructíferos. Quien nos perdona y justifica es Cristo y su sangre y su justicia. Pero nuestra obediencia, nuestra justicia, imperfectas como son, muestran que Dios nos ha salvado, que nuestra fe es real. Verdaderamente somos guardadores del pacto. Y nos aferramos a nuestro atesorado sustituto: Jesucristo.

Por tanto padres, conozcan que todos somos como polvo. Somos como la hierba, florecemos como la flor del campo. El viento pasa sobre ellas dejan de ser y su lugar ya no les reconoce (vv. 15-16). Después de nosotros vendrán nuestros hijos y sus hijos. Y la pregunta que nos hacemos es: ¿temerán a Dios, guardarán su pacto, y obedecerán sus mandamientos? Si lo hacen, la misericordia y la justicia de Dios les bendecirán para siempre.

Guiando A Nuestros Niños Al Bendecir Al Señor

¿Cuál es entonces, el énfasis fundamental de este salmo con relación a lo que los padres debemos hacer para guiar a nuestros hijos hacia esta bienaventuranza? ¿Qué debiéramos hacer? Esto es para todos, pero como los padres son mencionados en el salmo, y como hoy es el Día de los Padres, le pregunto a los padres: ¿cuál es la principal recomendación de este salmo con relación a lo que debemos hacer por nuestros hijos? ¿Por nuestras esposas? ¿Por nuestras iglesias? ¿Por nuestra ciudad? ¿Por nuestras almas?

La Respuesta es: Bendigan al Señor

El salmo comienza y termina con la predicación del salmista a su alma para que ella bendiga al Señor, y la predicación a los ángeles y a las huestes celestiales y a la obra de las manos de Dios. El salmo está abrumadoramente enfocado en la bendición del Señor.

Versos 1-2: “Bendice, alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su santo nombre. 2 Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios”, entonces comienza a enumerar los beneficios. Y al final, en los versos 20-22 dice: “Bendecid al Señor, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su dominio. Bendice, alma mía, al Señor”.

Alabar al Señor

¿Qué significa bendecir al Señor? Significa hablar bien de su grandeza y su bondad. Es casi sinónimo de alabanza. El Salmo 34:1 une así los dos términos: “Bendeciré al Señor en todo tiempo; continuamente estará su alabanza en mi boca”. Y fíjese en la palabra boca: “continuamente estará su alabanza en mi boca”. Bendecir al Señor significa hablar o cantar acerca de las bondades y grandezas del Señor.

David está (en los primeros y últimos versos de este salmo, cuando dice: “Bendice, alma mía, al Señor”), diciendo que la proclamación de las bondades y las grandezas de Señor debe provenir del alma. Bendecir a Dios con la boca sin involucrar el alma sería hipocresía. Jesús dijo: “Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón esta muy lejos de mi” (Mateo 15:8). David conoce ese peligro, y está predicándose a sí mismo para que eso no suceda: «Ven alma, mira las grandezas y bondades de Dios. Únete a mi boca, y bendigamos al Señor con todo nuestro ser».

Padres Bendiciendo al Señor

Ahora, este es el mensaje principal para los padres. Me atrevo a decir que quizás nada hay más efectivo cuando queremos ayudar a nuestros hijos a temer a Dios y guardar el pacto con Dios y obedecer a Dios, que nuestra propia bendición continua al Señor en presencia de ellos.

Oh, cuán raro es este importante regalo a nuestros hijos: padres quienes abiertamente y desde sus almas bendigan al Señor. Oro con ustedes padres para que no hagan oídos sordos a este mensaje. Para que no sean fatalistas y digan: «Yo no soy así». Oh, quiera el Señor derramar un nuevo poder y una nueva plenitud y una nueva libertad en ustedes y en sus esposas y en todos nosotros como iglesia. Oh, que surja en nuestros corazones un deseo de bendecir al Señor.

Razones para Bendecir al Señor

Nos llevaría semanas hablar de todas las razones que David menciona por las cuáles su alma debiera bendecir al Señor. Este pudiera ser el salmo más rico en evangelio de todo el Libro de los Salmos. Pero solo mencionaré tres categorías de razones y les dejaré a ustedes los detalles.

1. Dios es Soberano

Primero, permitan que sus hijos le escuchen bendecir a Dios por su soberanía. Verso 19: “El Señor ha establecido su trono en los cielos,  y su reino domina sobre todo”. Permitan que sus hijos les escuchen decir: «Te bendigo Señor, porque tu reino domina sobre todo». Sobre todas las personas, sobre todos los gobiernos. Sobre todos los sistemas climáticos. Sobre todos los animales. Sobre todas las moléculas, sobre todas las galaxias.

David sabe que Dios ejerce su gobierno soberano mediante los ángeles y los seres celestiales, y por eso les invita a unirse a él en su bendición. «Vengan ángeles, bendigan al Señor mientras obedecen su palabra, huestes celestiales, bendigan al Señor mientras hacen su voluntad. Vengan todos, toda la obra de sus manos en todas los extremos de su dominio, bendigan al Señor» (vv. 20-22).

Permitan que sus hijos les escuchen bendecir al Señor por su poder grande, bueno y soberano, y por su autoridad sobre todas las cosas.

2. Dios es Justo

Segundo, permitan que sus hijos les escuchen bendecir al Señor por su justicia y su rectitud. Verso 6: “El Señor hace justicia, y juicios a favor de todos los oprimidos”. Permítanles escucharles mientras ustedes se gozan en la justa intervención de Dios por los oprimidos. Digan en la mesa y en los devocionales en la mañana o en la noche: «te bendecimos oh Dios, por tu justicia y rectitud, te bendecimos porque a pesar de que la maldad parece ser tan fuerte, aun tú eres el Rey. Te bendecimos porque se hará justicia en este siglo o en el venidero. Bendigan al Señor».

3. Dios es Misericordioso

Por último, permitan que sus hijos les escuchen bendecir al Señor por su misericordia y su perdón. Si este salmo celebra con claridad alguna característica del Señor, es su inmensurable misericordia al no atribuirnos nuestros pecados. Este es el evangelio. Sabemos que todo esto se debe a Cristo. Difícilmente se hayan escrito palabras más dulces que estas:

Verso 3: “El es el que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades”.
Versos 10-12: Bendigan a Dios porque “No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades. 11 Porque como están de altos los cielos sobre la tierra, así es de grande su misericordia para los que le temen. 12 Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones”.

Oh padres, permitan que sus hijos les escuchen bendecir al Señor por el evangelio. Permítanles escuchar sus almas gozándose en Cristo. Permítanles escuchar el palpitar de sus corazones en gratitud. Permítanles escuchar sus sentimientos por el Señor. Permítanles escuchar de su amor por Cristo y del gran amor de Cristo por ustedes. Permítanles escucharles decir: «oh, bendigo tu nombre, porque mis pecados han sido perdonados». Entonces, amen a sus esposas e hijos de la misma manera en qu.

Amén.

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