Cristo Jesús es El que murió, sí, más aún, El que fue resucitado

Domingo de resurrección

¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

“¿Y Es Posible?” Por Charles Wesley (última estrofa)

Ninguna condenación temo ahora;
¡Jesús, y todo en él, es mío!
Vivo en él, mi Señor viviente,
Y revestido de divina justicia,
Confiado me acerco al trono eterno,
Y reclamo la corona, por medio de Cristo me pertenece.

Cristianismo Básico En Pocas Palabras

Vea conmigo las palabras que acabamos de cantar –el último verso de “¿Y Es Posible?”. Este es un pequeño curso de cristianismo básico en una sola estrofa. Cada línea de esta estrofa es una profunda verdad tomada de la Biblia que habla sobre el significado de ser cristianos.

Ninguna condenación temo ahora

Romanos 8:1: “Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu”

¡Jesús, y todo en él, es mío!

Romanos 8:32: “El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con El todas las cosas?”. Pablo no quiere decir que toda comodidad o todo lo que nos gusta nos será concedido, sino a todo lo que es bueno para nosotros (mientras confiemos en él), y en el fin, a la vida eterna, a cada bendición posible, y a un gozo con Dios cada vez mayor.

Vivo en él [en Cristo], mi Señor viviente

Colosenses 3:3-4: “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria”. Si ustedes confían en Cristo, él se volverá vida en ustedes, y esta vida será tan eterna e indestructible como la suya. No importa qué acontezca mientras estamos aquí.

Y revestido de divina justicia

2da a los Corintios 5:21: “[Dios] hizo [a Cristo] pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El”. El fundamento de nuestra aceptación con Dios no es nuestra justicia, sino la justicia de Cristo considerada como nuestra por amor de Cristo, porque él murió por nosotros. Esta es nuestra esperanza y nuestra seguridad. Por tanto...

Confiado me acerco al trono eterno

Hebreos 4:16: “Acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna”. ¿Que los pecadores pueden sentir confianza ante el trono de Dios? Solo los que están revestidos de la justicia divina, y ello viene por fe en Cristo, no solo por nuestros esfuerzos imperfectos.

Y reclamo la corona, por medio de Cristo es mía

2da a Timoteo 4:8: “En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”. ¿Una corona? ¿Por qué una corona? ¿No son las coronas para los reyes? Sí, y para los hijos de los reyes –eventualmente. Después de una vida de fe y de servicio y de amor –quizás en Moralica, Honduras, o Tirana, Albania, o Tecate, California, en el garaje del vecino, o en la habitación de al lado en el hospital –después de una vida de fe en Cristo y amor por las personas recibimos la corona.

Un Juez Justo + Un Pecador Culpable = Ninguna Condenación

Todo esto –toda esta esperanza (“¡Jesús, y todo en él, es mío!”) –está fundamentada en la gran declaración: “no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1). Esta es esencia del cristianismo: Dios es un juez absolutamente justo y santo. Nadie escapa sin juicio en su corte, pero todos somos pecadores y culpables ante él (Romanos 3:23). Sin embargo, ninguna acusación en nuestra contra permanecerá. ¿Qué?, ¿nadie puede condenarnos? Todos los verdaderos cristianos cantan con gozo: “Ninguna condenación temo ahora” ¿Cómo puede ser esto? Un Juez justo + un pecador culpable = ninguna condenación. ¿Cómo funciona una ecuación tal? Esto es lo que el cristianismo debe responder.

En Romanos 8:33-34 Pablo hace esta pregunta: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios?”, y no responde diciendo: «bueno, mis enemigos pudieran, o quizás mi esposa, o mi consciencia, o peor aún, Dios pudiera acusarme, después de todo soy un pecador». En lugar de esto Pablo responde diciendo: “Dios es el que justifica”. En otras palabras, otros pudieran acusarnos, pero en la suprema corte del universo, a saber, Dios, ya me ha justificado. Es decir, él nos ha perdonado y reconocido como justos: « revestido[s] de divina justicia». Así que nadie puede acusarnos eficazmente. No importa quién nos acuse, o cuál sea su caso, si Dios nos ha justificado: “no hay ahora condenación”. Ese es el verso 33.

Un Juez Justo + Un Pecador Culpable + La Muerte de Cristo = Ninguna Condenación

Pero ¿cómo puede ser esto? ¿Cómo es posible que “un Juez Justo + Un Pecador Culpable = Ninguna Condenación”? Un juez no puede simplemente liberar a los criminales y seguir honrando la ley y protegiendo a la sociedad. Así que en el verso siguiente Pablo hace nuevamente la misma pregunta, pero en esta ocasión la responde con una respuesta más básica. Romanos 8:34: “¿Quién es el que condena?”. Esto es lo mismo que preguntar: ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? (v.33); en aquel caso la respuesta era: «No importa quién les acuse si Dios es por ustedes y les ha justificado: “Dios es el que justifica”». Aquí la respuesta es: «No importa quién les condene porque: “Cristo Jesús es el que murió”».

Este es el componente que falta en la ecuación, y el gran eje central del cristianismo, la muerte de Cristo en lugar de los pecadores. Así que ahora la ecuación se representa así: Un Juez Justo + Un Pecador Culpable + La Muerte de Cristo = Ninguna Condenación. La condenación que nos pertenecía por nuestro pecado fue depositada sobre Jesús, y la justicia que pertenecía a Jesús por su obediencia perfecta nos fue imputada.

Llevando mi vergüenza e insolente burla,
En mi lugar condenado permaneció,
Sellado mi perdón es con su sangre
¡Aleluya! ¡Qué gran Salvador!
"Hallelujah! What a Savior" [¡Aleluya! ¡Qué gran Salvador!] por Philip P. Bliss.

Por tanto: “no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).

¿Qué Se Puede Decir Acerca De La Resurrección Y Acerca De La Intercesión De Cristo Por Nosotros?

¿Pero qué podemos decir acerca del resto del verso 34? ¿Necesitamos añadirlo a la ecuación? “Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” ¿Que se puede decir de la resurrección de Jesús y su reinado actual a la diestra de Dios donde intercede por nosotros?

Pues bien, sí, estos son asuntos esenciales. Sin ellos habría condenación para todos nosotros, los pecadores culpables. Pablo dijo en 1ra a los Corintios 15:17: “si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados”.

Pero la resurrección de Jesús y su intercesión a nuestro favor en los cielos son esenciales porque demuestran la validez y eternidad del efecto eliminador de pecados que tuvo la muerte de Jesús. La resurrección no añade nada a los pecados que Jesús absorbió en su muerte. Y la intercesión de Jesús a nuestro favor no añade nada al evento de absorción de pecados que tuvo lugar en la muerte de Jesús.

En lugar de eso, la resurrección de Jesús prueba que Dios está satisfecho con la muerte de Jesús, como la remoción de toda nuestra culpa y condenación. Jesús no tenía que permanecer muerto para seguir pagando por nuestros pecados. Su sufrimiento y muerte fueron suficientes. La resurrección es la gran declaración de Dios: ¡Realmente consumado es! La deuda ha sido pagada. La justicia se ha cumplido, la culpa fue removida. La condenación del pecado se ha efectuado.

Y cuando Pablo dice en el verso 34 que Cristo está a la diestra de Dios intercediendo por nosotros no lo hace con la intención de afirmar que algo debe ser añadido a la suficiencia de la muerte de Cristo, sino para demostrar que esta muerte es eternamente efectiva ¿Cuál es el clamor que nuestro abogado intercesor levanta ante Dios? Su clamor es su propia sangre, su propia muerte. Él no tiene otro caso que presentar para defendernos que su propia muerte. Este es el significado de nuestra intercesión diaria. La muerte de Cristo es tan válida y tan eterna como la vida del Cristo resucitado, intercesor. Esa es su intención.

Así que pienso que podemos mantener nuestra ecuación sin más complicaciones: Un Juez Justo + Un Pecador Culpable + La Muerte de Cristo = Ninguna Condenación. Pero necesitamos recordar siempre: que debido a que Cristo resucitó de entre los muertos sabemos que su muerte fue totalmente suficiente y no necesita repetirse, ni necesita que se le añada algo a fin de que pueda remover toda nuestra condenación. Y porque Cristo intercede por nosotros, sabemos que su muerte mantendrá su efecto salvador mientras Cristo exista ¡Y él nunca podrá morir!

“Un Juez Justo + Un Pecador Culpable + La Muerte de Cristo = Ninguna Condenación”

Un énfasis en la resurrección de Cristo, y un énfasis en su intercesión a la diestra de Dios.

Este es el corazón y la esencia del cristianismo.

«Ninguna condenación temo ahora; ¡Jesús, y todo en él, es mío!»

Cuando la condenación es removida, en su lugar queda todo lo que Dios es para ustedes en Jesús. « ¡Jesús, y todo en él, es mío!» Todo lo que Dios es y todo lo que Dios promete les pertenece a ustedes cuando están en él.

¿Cómo es que la obra de Dios se vuelve mía?

Lo que hace que ahora surja la pregunta ¿cómo es que la obra de Dios para eliminar la condenación se vuelve nuestra? La respuesta bíblica es que somos justificados por fe: Romanos 5:1: “Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Así que podemos decir, añada su fe a esta ecuación: Un Juez Justo + Un Pecador Culpable + La Muerte de Cristo +Mi Fe = Ninguna Condenación. Y yo supongo que este sería un modo perfectamente legítimo de decirlo.

Pero me pregunto si no sería mejor decir: «Deje la ecuación tal como está: expresando todo lo que Dios está haciendo al enfrentar el pecado para remover la condenación; para luego preguntar ¿amamos esta gran obra de Dios?, ¿apreciamos esta a obra y a este Dios que obra así por nosotros? ¿Confiamos en este Dios y en su gran obra? ¿Recibimos todo lo que Dios es por nosotros en Jesús cuando él quita la condenación?

Quizás, el modo de lograr este objetivo sea dibujando un gran corazón alrededor de la ecuación. No solo para que comprendamos la ecuación a profundidad, sino para que ella penetre profundamente en nosotros. La comprendemos, la vivimos, la amamos. Dios hace la obra y nosotros creemos en la obra, y permanecemos en la obra. Y recibimos todo lo que Dios es para nosotros en la obra.

Poseyendo Todo Lo Que Dios Es Para Ustedes En Jesucristo

Cuando me preguntaba, el pasado miércoles, cómo abordar este tema para que ustedes lo comprendieran, leí una carta me escribió el 24 de marzo de 1999 un pastor en California a quien no conozco. Creo que esto nos lleva a todos a una conclusión adecuada.

Solo una palabra de agradecimiento a Dios... Yo ministro a una maravillosa congregación en un pequeño pueblo en California Central... el 14 de febrero de este año, Tony, un joven de 27 años que nos había estado visitando, se suicidó. Abandonó a una familia que le amaba, que incluía a 4 hermosos niños. Hoy me resuena la pregunta ¿Por qué?

Mientras miraba cómo los patólogos alaban su rígido cuerpo fuera de una camioneta, una sensación de pavor me inundó. Yo me preguntaba « ¿Qué fue lo que lo poseyó a tal punto que hiciera lo que hizo?». Esta pregunta hechizó mi corazón y mente durante las semanas que siguieron. Era como un viento frío que invadió mi familia y ministerio. Al final, esta situación me hizo salir de vacaciones de nuestra iglesia a fin de buscar respuestas.

Fue durante este tiempo que fui guiado casi providencialmente [a descubrir la verdad de vivir por fe en la gracia venidera, y]... la gracia de Dios y el poder de su Espíritu... [abrieron] una puerta en mi corazón a través de la cual yo podía contemplar la maravillosa belleza de Dios en Cristo Jesús. Esta belleza me ha ayudado a aferrarme mejor al propósito para el que fui creado: ¡Para glorificar a Dios y deleitarme eternamente en él!

Al final aprendí que no fue algo que poseyó a Tony lo que le hizo suicidarse, sino algo que no lo poseyó (que no comprendió): todo lo que Dios es por nosotros en Jesucristo. He depositado todas las preguntas respecto a este tema (como también sobre la vida de Tony) en la mano de soberana de Dios.

En medio de toda esta situación la gracia de Dios me ha sostenido; y aun más, me ha fortalecido para que yo pueda gozosamente: “aferrarme a aquello por lo que Cristo también se aferro a mí”. Este gozo ha permeado mi corazón y mente y ha sido derramado abundantemente en mi esposa, en mi hija, en mi iglesia y en mi comunidad.

Esta es mi oración por ustedes en esta mañana. Que «posean todo lo que Dios es por ustedes en Jesucristo». Que se “aferren a aquello por lo que Jesús también se aferró a ustedes”. Y que sobreabunden con gozo al conocer que no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, más bien Jesús y todo en él, les pertenece.

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