Muertos a la ley y sirviendo en el espíritu, parte 1

¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo a los que conocen la ley), que la ley tiene jurisdicción sobre una persona mientras vive? 2 Pues la mujer casada está ligada por la ley a su marido mientras él vive; pero si su marido muere, queda libre de la ley en cuanto al marido. 3 Así que, mientras vive su marido, será llamada adúltera si ella se une a otro hombre; pero si su marido muere, está libre de la ley, de modo que no es adúltera aunque se una a otro hombre. 4 Por tanto, hermanos míos, también a vosotros se os hizo morir a la ley por medio del cuerpo de Cristo, para que seáis unidos a otro, a aquel que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. 5 Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas despertadas por la ley, actuaban en los miembros de nuestro cuerpo a fin de llevar fruto para muerte. 6 Pero ahora hemos quedado libres de la ley, habiendo muerto a lo que nos ataba, de modo que sirvamos en la novedad del Espíritu y no en el arcaísmo de la letra.

Justificados Solo por la Fe, no por las Obras de la Ley

Hoy continuaremos nuestra feliz peregrinación a través de ese vasto territorio de árboles gigantes y majestuosas montañas que es la carta a los Romanos. Estaremos analizando los seis primeros versículos del capitulo siete de esta carta durante algunas semanas. Así que, sin apuros, dediquemos algunos minutos a reorientarnos una vez más, en especial, para aquellos que no han estado con nosotros durante este viaje que comenzó en abril de 1998, cuando empezamos a estudiar Romanos.

A través de Romanos 3:20 vimos cómo Pablo mostraba la condición de desesperanza en que vivimos todos los seres humanos a causa de nuestro pecado contra Dios. Hemos menospreciado su gloria (3:23), remplazándola por cosas que él mismo ha creado y estimando otras cosas antes que a él (1:23). Los seres humanos no solo pecamos, somos pecadores por naturaleza. Porque no hay justo, ni aun uno (3:10). Todos somos culpables y toda boca permanece cerrada (3:19). El Dios santo, justo y e invicto, ha derramado su ira sobre nosotros y sin alguna forma de salvación pereceremos bajo su eterna ira y enojo (2:8).

Sin embargo, comenzando en Romanos 3:21 y terminando en el capítulo 5, Pablo nos explica la manera en que podemos reconciliarnos con Dios ¡Esto es absolutamente increíble! Sería el toque de final para un programa de perfeccionamiento moral. Es lo ideal para que exista un mejor cumplimiento de las reglas y por tanto más disciplina; para que aprendamos a ser mejores personas, mejoremos nuestras relaciones humanas o encontremos la manera de triunfar en la vida. Es algo diferente a todo esto. Se llama justificación por la fe, o sea, ser contados como justos delante de Dios por la fe.

En estos capítulos Pablo nos expone el significado de la obra de Jesucristo en su vida, muerte y resurrección. Y este significado es que Jesús vino a hacer por nosotros lo que nunca hubiéramos podido hacer por nosotros mismos: sufrir un castigo incomparable en nuestro lugar, mostrando su perfecta justicia por nosotros. En otras palabras, para que podamos ser hallados justos ante Dios, nuestro pecado debe ser perfectamente perdonado y la ley de Dios perfectamente obedecida. Esa fue la gran transacción que ocurrió entre Dios Padre y Dios Hijo cuando Jesús vivió en la tierra. Él vino a morir por nuestros pecados y a vivir para nuestra justicia.

Es decir, la justificación está basada en una obra que fue hecha absolutamente sin nuestra intervención. He aquí lo maravilloso de esta obra. Es por eso que decía que no hay nada mejor para que exista un mejor cumplimiento de las reglas y por tanto más disciplina; para que aprendamos a ser mejores personas, mejoremos nuestras relaciones humanas o encontremos la manera de triunfar en la vida. Sin embargo, ser justificados no tiene nada que ver con eso. Es una obra realizada por otra persona: Jesucristo, el justo. El vivió y murió como nuestro substituto mucho antes de que pensáramos nacer. El fundamento de nuestra justicia ante Dios no está en nosotros, sino en el cielo, en Jesucristo.

La conclusión de esta verdad que Pablo se ha esforzado en explicar es que nos hacemos beneficiarios de esta gran obra al unirnos a Cristo solo por la fe y no por las obras de la ley (3:28). No podemos fingir que cumplimos la ley para así mostrar que nuestra justicia depende de nosotros. Por el contrario, debemos reconocer con alegría que todo el castigo lo sufrió Cristo en su muerte y agonía (3:24-25) y que toda nuestra justicia reside en su gran acto de obediencia (5:17-19), el cual recibimos como un tesoro gratuito y suficiente.

Por tanto, nuestra condición de justos ante de Dios (nuestra justificación) nos se basa en lo que hemos hecho, sino en la obra redentora de Cristo. Y el regalo eterno de la vida en él llega a ser nuestro cuando le aceptamos como lo más importante en nuestras vidas.

¿Perseveraremos en el Pecado para que la Gracia Abunde?

Así llegamos al capítulo seis y a una gran objeción. Lo mejor que tiene esta objeción es que prueba que estamos tras la pista, porque no tendría sentido si no estuviéramos en el camino correcto. Esta objeción se expresa dos veces, en Romanos 6:1 y 6:15.

Romanos 6:1 dice: “¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde?”. En otras palabras, alguien estaba diciendo: «Bueno, si la justificación es solo por la fe y no por las obras de la ley y si nuestro castigo pasó y nuestra justicia está en los cielos, entonces pequemos para que se muestre cuán grande es la gracia y la justificación». Esta es una objeción plausible que muestra que estamos tras la pista. Si Pablo hubiera dicho que la base de nuestra justificación es nuestro mejoramiento moral, esta objeción nunca hubiera tenido lugar.

En Romanos 6:15 se reitera esta objeción: ¿Entonces qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia?”. Hay quienes opinan que es en ese sentido exactamente hacia donde se dirige la enseñanza de Pablo; o sea, mostrarle a la gente que la justificación, que es solo por la gracia de Dios y a través de la fe, está incitando a las personas a seguir pecando y no a lo contrario. Este el punto de vista de sus oponentes.

La reacción de Pablo ante esta objeción es ¡NO! Tanto en el versículo 1, como en el 5. Aquellos que han sido justificados solo por la fe, no siguen pecando. El pecado no se tiene dominio sobre ellos (6:14). Y todo el pasaje dice Romanos 6-8 es una explicación de porqué ocurre así ¿Qué tipo de vida será entonces la nuestra, basada en la reconciliación con Dios por su gracia, través de la fe y sobre la cual el pecado ya no domina? Ese ha sido precisamente nuestro interés principal desde el 10 de septiembre de año pasado.

¿Cuál es pues la respuesta de Pablo a esta pregunta? ¿Por qué aquellos que ya han sido justificados no seguirán en el pecado, solo porque ya no están bajo la ley, sino bajo la gracia? Si Cristo, y no la obediencia a la ley, es toda la justicia para nuestra justificación (consultar el mensaje sobre Romanos 614-19 del 26/11/2000), ¿por qué entonces la gente se apasiona por batallar contra el pecado y ser más como Cristo?

Pablo tiene varias respuestas, al decir que al morir Cristo, todos lo que están unidos a él por la fe murieron con él, y los muertos no pecan (6:2-6). También dice que Dios mismo obra en nosotros para liberarnos de la esclavitud del pecado y traernos a la obediencia, lo cual nos guía a la vida eterna. Romanos 6:17 dice: “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, os hicisteis obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la que fuisteis entregados”. Versículo 22: “Pero ahora, habiendo sido libertados [por Dios] del pecado y hechos siervos de Dios [por Dios], tenéis por vuestro fruto la santificación, y como resultado la vida eterna”. Dios nos liberta de la esclavitud del pecado. Dios nos conduce a una obediencia interna del alma y no solamente externa. Y así Dios nos asegura la vida eterna. Los que han sido justificados no hacen las paces con el pecado, hacen la guerra. Esta es la voluntad de Dios.

Ahora bien, en Romanos 7, Pablo continúa tratando el mismo tema, dando respuesta a la objeción de Romanos 6:15: “¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ¿No debiera la libertad de la ley engendrar personas sin ningún tipo de ley? ¿No debiera ser esta una buena razón para que aquellos que has sido justificados pequen más y no menos?

En Romanos 6:16-23, la respuesta de Pablo estaba totalmente vinculada a la obra de Dios al liberarnos del pecado y no hace mención de la ley. Sin embargo, aun así, queremos más respuestas. Pablo, «ya nos dijiste en el versículo 15 que “no estamos bajo la ley”, pero al mismo tiempo estás negando que esta libertad produzca más pecado, e insistes en que produce una justicia práctica y un mayor servicio para la gloria de Dios. ¿No pudieras explicarte mejor?»

En Romanos 7:1-6, Pablo se explica a sí mismo. Estaremos analizando este texto en detalle en las próximas dos semanas, pero quiero que observen en esta mañana su esencia. Solo entonces querrán saber más.

No Estar Bajo La Ley Es Pecar Menos Y Amar Más

Pablo comienza Romanos 7:1-3 con una comparación detallada entre la función de la ley para un matrimonio y la función de la ley para el cristiano común. El principal punto de diferencia es que cuando alguno de los dos cónyuges muere, la ley que hace que el recasamiento sea correcto, el casamiento anterior pierde validez. De la misma manera, afirma Pablo, cuando el cristiano muere con Cristo, la ley que se imponía sobre el cristiano deja de ser lo que era. Es por eso que “no estamos bajo la ley”. Pero ya hablaremos de esto la próxima semana. Ahora la cuestión es: ¿en qué ayuda este conocimiento? Los que son justificados han muerto con Cristo a través de la fe y esta muerte representa la muerte a la ley, que pierde su validez ¿Y la invalidez de la ley no debería llevar a las personas a vivir sin ley y sin necesidad de amar a otros?

El apóstol responde en los versículos 4 y 6, y es lo que quiero que veamos en esta mañana, la razón suprema y concluyente por la cual no estar bajo la ley no trae esos resultados.

Versículo 4: “Por tanto, hermanos míos, también a vosotros se os hizo morir a la ley por medio del cuerpo de Cristo, para que seáis unidos a otro, a aquel que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”. Su respuesta es que cuando morimos a la ley fuimos unidos a Cristo. No fuimos libertados de la ley solo para flotar en este mundo aislados de todo cuanto existe. Somos libres de la ley, pero estamos unidos a Cristo. Cristo es nuestro “esposo”. Y noten que se habla de Jesús como de aquel “que resucitó de los muertos”. Y esta persona a quien estamos unidos está viva. No se trata de una lista de mandamientos o un sistema externo de leyes. Se trata de una unión espiritual con alguien que es totalmente glorioso, providente, suficiente y eterno. Y que es más real que la persona que tiene usted al lado.

Y el propósito de esta unión (de este matrimonio), según Pablo, es que “llevemos fruto para Dios”. Es ese y no otro. Si usted está en Cristo, ya ha sido justificado y “casado” con su Salvador, Jesús, usted lleva fruto para Dios. Esto quiere decir que muchas nuevas decisiones, deseos, actitudes y acciones crecerán como fruto de esta hermosa relación entre usted y su “esposo” viviente, Jesús.

Por tanto, ser libres de la ley no significa que seamos libres del amor y la justicia, sino que somos libres para unirnos a aquel que es amor, quien produce en nosotros el amor que fluye desde nuestro interior y alcanza a otros, como el fruto de una vid, no como el adorno de un árbol de Navidad.

Ahora es de adentro hacia fuera por el Espíritu, y no a la inversa como por la ley, ese es el mensaje principal del versículo 6: “Pero ahora hemos quedado libres de la ley, habiendo muerto a lo que nos ataba, de modo que sirvamos en la novedad del Espíritu y no en el arcaísmo de la letra" ¿Por qué hemos muerto a la ley? ¿Para qué hemos sido liberados de ella? ¿Para que sigamos pecando? ¡No! Para que “sirvamos”. Morir a la ley nos hace siervos, no pecadores.

Espíritu Santo, Y No La Letra De La Ley

Pero quizás podamos preguntarnos: ¿qué tipo de servicio surge al ser liberados de la ley? ¿Un servicio legalista? No. El versículo 6 dice que surge un servicio “en la novedad del Espíritu y no en el arcaísmo de la letra”. Me gustaría predicar un mensaje completo sobre este asunto en las próximas semanas. Pero por el momento, fíjese que el propósito de ser libertados de la ley al morir a ella, es dar un nuevo enfoque a nuestra vida, el enfoque del Espíritu, no de la letra.

He aquí la respuesta de Pablo a la objeción de Romanos 6:15. Estar bajo la ley y no bajo la gracia produce amor y no rebeldía, porque Dios ha derramado de su Espíritu en los corazones de aquellos que están justificados. Y la obra de ese Espíritu es renovar al individuo desde adentro hacia fuera. El Espíritu escribe la ley en el corazón, moldeando la voluntad y los sentimientos en un servicio cristiano y amoroso. Somos libres de la letra tallada en la piedra, o escrita en el papel, de la lista de deberes externos que presiona la voluntad desde afuera para doblegarnos cuando no hay corazón para hacerlo. Ya hemos muerto a eso.

Ahora bien, veamos en conjunto los versículos 4 y 6, y así podremos contemplar toda la vida de quien ha sido justificado ¿Por qué, entonces, la libertad de la ley produce amor y servicio en lugar de rebeldía y pecado?

El versículo 4 nos da la respuesta en términos de un matrimonio con el Cristo resucitado. El versículo 6 lo hace en términos de la obra renovadora del Espíritu Santo. El versículo 4 habla de llevar fruto para Dios. Ambos ponen como fundamento para la nueva vida, la muerte a la ley.

Versículo 4: “Por tanto, hermanos míos, también a vosotros se os hizo morir a la ley por medio del cuerpo de Cristo, para que seáis unidos a otro, a aquel que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”.

Versículo 6: “Pero ahora hemos quedado libres de la ley, habiendo muerto a lo que nos ataba, de modo que sirvamos en la novedad del Espíritu y no en el arcaísmo de la letra”.

Entonces, ¿qué es nuestra vida como cristianos justificados? Somos acaso un agente moral y neutral, que flota en el espacio y dice: «pequemos, pues, para que la gracia abunde»­? No. Si estamos justificados por la fe, hemos unidos a Cristo por la misma fe. Estamos casados con él. Él es el amor que satisface nuestras vidas. Y llevamos fruto por esa comunión con él. Dicho de otra manera, si hemos sido justificados por la fe, el Espíritu de Cristo mora en nosotros, y él no es ni neutral ni pasivo. Él está obrando en nosotros para renovar nuestra mente y corazón. Un corazón capaz de amar y servir.

Por tanto, no pecaremos para que la gracia abunde. El pecado no se enseñoreara de nosotros porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia.

Y si usted se preguntara qué debe hacer para ser parte de esta gran salvación, justificación y transformación progresiva, la respuesta está implícita en todo lo que he dicho: confíe en Cristo como su justicia, su castigo y su poder transformador. Recíbale como el Tesoro de su vida, y él será todo para usted.

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