Muertos a la ley, sirviendo en el espíritu, parte 4

¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo a los que conocen la ley), que la ley tiene jurisdicción sobre una persona mientras vive? 2 Pues la mujer casada está ligada por la ley a su marido mientras él vive; pero si su marido muere, queda libre de la ley en cuanto al marido. 3 Así que, mientras vive su marido, será llamada adúltera si ella se une a otro hombre; pero si su marido muere, está libre de la ley, de modo que no es adúltera aunque se una a otro hombre. 4 Por tanto, hermanos míos, también a vosotros se os hizo morir a la ley por medio del cuerpo de Cristo, para que seáis unidos a otro, a aquel que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. 5 Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas despertadas por la ley, actuaban en los miembros de nuestro cuerpo a fin de llevar fruto para muerte. 6 Pero ahora hemos quedado libres de la ley, habiendo muerto a lo que nos ataba, de modo que sirvamos en la novedad del Espíritu y no en el arcaísmo de la letra.

No Es Un Listado De Reglas, Sino Una Persona

Lo que vimos del versículo 5, la última vez que estuvimos juntos, fue que cuando la Ley se encuentra con la carne, en las manos de la carne, se convierte en el instrumento que destruye lo mismo que demanda. Leamos de nuevo ese versículo y pongamos esa verdad delante de nosotros. Versículo 5: “Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas despertadas por la ley, actuaban en los miembros de nuestro cuerpo a fin de llevar fruto para muerte”. Así, el  pecado tomó el mandamiento “justo y bueno” (Romanos 7:12) y lo convirtió en un instrumento que trae como fruto la muerte.

Argumentamos que esto ocurre porque la esencia del pecado —o la esencia de la carne— es la auto-deificación. Nosotros preferimos ser nuestro propio dios. No nos gusta que se  nos diga lo que tenemos que hacer. No solo somos quebrantadores de la ley; sino aborrecedores de la Ley. Amamos la autonomía y odiamos la sumisión. Es lo que somos por naturaleza desde la caída de Adán y Eva, quienes prefirieron su propia sabiduría a la de Dios. Así que cuando “la Ley de los mandamientos” (Efesios 2:15) llega a nosotros en nuestra carne (sin que tengamos el Espíritu Santo y sin fe) no se produce el fruto del amor—que Pablo dice es el cumplimiento de la ley (Romanos 13:10); Gálatas 5:14) —sino el fruto de la muerte (Romanos 7:5).

Por tanto, Pablo argumenta, si vamos a llevar fruto para Dios (versículo 4) -si vamos a ser transformados, en personas como Cristo— debemos morir a la Ley. NO solo debemos tener mayor fuerza de voluntad para obedecerla mejor, debemos morir a ella. Versículo 4: “Por tanto, hermanos míos, también a vosotros se os hizo morir a la ley por medio del cuerpo de Cristo, para que seáis unidos a otro, a aquel que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”.

Así que la clave para vivir la vida cristiana —la clave para llevar fruto para Dios— la clave para una vida de amor y sacrificio exaltadora de Cristo—es morir a la Ley y ser unidos no a una lista de reglas, sino a una  persona, Cristo resucitado. El sendero al amor, es el sendero de una relación personal, dependiente del Espíritu, y todo-suficiente con el Cristo resucitado; no es la resolución de guardar los mandamientos.

Libertados del Pecado, Muertos a la Ley

Ahora bien, permítanme ilustrar esta forma de vida —esta nueva, forma de santidad y amor que no está orientada hacia la Ley— comparando Romanos 7:4 y Romanos 6:22. Los pasajes paralelos son muy iluminadores. Romanos 6:22 dice, “Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como resultado la vida eterna”. Ahora comparemos este texto con Romanos 7:4.

Paralelo a “habéis sido libertados del pecado” en  6:22, es Romanos 7:4: “Por tanto, hermanos míos, también a vosotros se os hizo morir a la ley por medio del cuerpo de Cristo”.

Paralelo a  “hechos siervos de Dios” en 6:22 es “para que seáis unidos a otro, a aquel que resucitó de entre los muertos” en 7:4.

Paralelo a “tenéis por vuestro fruto la santificación” en el versículo 6:22, es “a fin de que llevemos fruto para Dios” en 7:4.

Romanos 6:22

Romanos 7:4

Libertados del pecado

Se os hizo morir a la ley

Hechos siervos de dios

Que seáis unidos a otro

Tenéis por vuestro fruto la santificación

A fin de que llevemos fruto para dios

¿Por qué pienso que “libertados del pecado” en 6:22 corresponde a “Se os hizo morir a la ley” en 7:4? Porque en 7:5 es “por medio de la Ley” que el pecado obraba en nuestros miembros llevando fruto para muerte: “las pasiones pecaminosas despertadas por la ley, actuaban en los miembros de nuestro cuerpo a fin de llevar fruto para muerte”. En otras palabras, la Ley y el pecado se asocian para arruinarnos nuestras vidas. Si vamos a ser libertados del pecado (6:22), debemos ser libertados de la Ley (7:4). Si vamos a morir al pecado, debemos morir a la Ley.

Pero, ¿No es Buena la Ley de Dios?

¿Cómo puedo hablar así de la buena y santa Ley de Dios? Porque Pablo habla así. No solo aquí en el versículo 5; también en 1ra a los Corintios 15:56: “el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley”. El poder del pecado, es la ley, porque la ley tiene la habilidad para condenar (Romanos 3:19-20), y la habilidad para esclavizar prácticamente (Romanos 7:5). La Ley y el pecado son socios en la tarea de arruinar vidas y matar personas.

Hablo así porque así habló Pablo en Gálatas 3:22-23, “Pero la Escritura [y el contexto deja claro que él se refiere a la Ley] lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por fe en Jesucristo fuera dada a todos los que creen. 23 Y antes de venir la fe, estábamos encerrados bajo la ley, confinados para la fe que había de ser revelada”. En otras palabras, Dios dio el mandamiento santo, justo, y bueno para que tuviera un efecto encarcelador temporal. La ley encarcela en el pecado. La ley hizo que “abundara la transgresión” (Romanos 5:20; ver Gálatas 3:19), e hizo que el pecado llegara “a ser en extremo pecaminoso” (7:13).

Y aquí está el mensaje más importante: la liberación del pecado a una vida de frutos para Dios no ocurre por medio de la ley, sino por la muerte a la Ley y a su socio, el pecado; a fin de que podamos pertenecer a otro—no al pecado [el primer esposo en Romanos 7:1-3], sino a un poderoso ser viviente, Jesucristo, el Hijo de Dios que fue levantado de los muertos, o a Dios el Padre como dice 6:22; o al Espíritu de Dios como dice en Romanos 8:9. Ya sea el Padre, el Hijo, o el Espíritu Santo—la esencia de la vida cristiana portadora de fruto para Dios no está en la Ley escrita, sino en el Dios vivo que nos define, nos moldea, nos guía, y nos satisface.

¿Y No Es Nuestro Objetivo El Amor, El Cumplimiento de la Ley?

Ahora tratemos de volvernos tan prácticos como podamos, para ver si entendemos lo que esto realmente significa para nuestra vida diaria. Y aquí está el texto para ver si comprendemos: ¿Por qué debemos morir a la Ley si nuestro objetivo es el fruto del amor, y el amor es el cumplimiento de la Ley? Si la ley se resume en el amor, y el amor es el fruto que quiere Dios, entonces, ¿por qué debemos morir a la Ley? Romanos 13:8, 10: “No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama a su prójimo, ha cumplido la ley. […] 10 El amor no hace mal al prójimo; por tanto, el amor es el cumplimiento de la ley”. Gálatas 5:14 dice, “Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: Amaras a tu prójimo como a ti mismo”. Entonces, ¿por qué morir a lo mismo que se quiere cumplir?

Porque Dios ha designado que el objetivo de la Ley se cumpla en nosotros mediante el amor a Cristo, no por la observancia de la Ley.

Trataré de decirlo con una ilustración. Les diré en el comienzo que la ilustración tiene una verdad en ella y una falsedad. La utilizaré para la verdad, y después la descartaré a causa del error.

Suponga que la Ley es como una casa con una puerta frontal y una posterior. Y dentro de la casa está el tesoro del amor, el cumplimiento de la Ley. Nosotros queremos estar allí. Queremos convertirnos en personas, radicales, amorosas, y sacrificadas como Cristo. En la puerta frontal, que está cerrada, están escritas las Leyes para entrar a la casa. Las leyes son la combinación del gran candado que está en la puerta. Girar a la derecha, no matarás; girar a la izquierda, no robarás; girar a la derecha, no mentiras; girar a la izquierda, no cometas adulterio; girar a la derecha, no codiciarás; y así sigue.

Pablo dice, si usted quiere entrar a esa casa —si quiere el tesoro del amor— debe morir a la puerta frontal como vía de entrada. Y cuando muera a la Ley como la vía de entrada, quedará unido a Cristo que lo recogerá, lo llevará a la puerta posterior, y lo entrará. Solo él tiene el poder para hacerlo. Usted solamente puede entrar a la casa creyendo en Cristo y confiando en él. Usted tiene que estar unido a Cristo si quiere obtener el tesoro del amor. En él y mediante él llevará fruto de amor y cumplirá la Ley.

En otras palabras, para cumplir la ley debe morir al intento de guardar la ley como una vía de entrada, y reemplazarla con el amor de Cristo. La clave para la vida y el amor es apegarse al Cristo viviente, no a la Ley escrita. Esta es la verdad en la ilustración: Si usted quiere cumplir la ley, no se acerque a ella por la puerta frontal del cumplimiento de la Ley, sino por la puerta trasera del amor a Cristo.

Ahora bien, ¿Qué está mal en esta ilustración?

La Ley Está Sirviendo A Cristo

Lo que está mal en esta ilustración es que se pone a la Ley en el centro y hace a Cristo parecer un siervo de la Ley, en lugar de poner a Cristo al centro y hacer que la ley sea la que está sirviendo a Cristo. O para decirlo de otra manera, la ilustración hace que la ley sea el objetivo de estar en Cristo, en lugar de hacer que el objetivo de la ley sea estar en Cristo. El peligro es que podemos desear entrar a la casa de la ley; y para ese fin Cristo se vuelve útil como una llave, un portero.

Oh, cuán fácil es llegar a estar tan cerca de entender correctamente la vida cristiana (la novedad del Espíritu —Cristo— en lugar del arcaísmo de la letra), y después, caer justo en la antigua forma de vida que es por la ley, al hacer de Cristo un nuevo legislador, y una nueva vía de entender correctamente la antigua Lista. Y así, terminar yendo de habitación en habitación en la casa, girando todas las combinaciones que aprendimos de Cristo. Y pensar que ese es el objetivo  de la vida cristiana.

No creo que esto sea lo que Pablo quiere decir en Romanos 7:4 cuando dice que “se os hizo morir a la ley por medio del cuerpo de Cristo, para que seáis unidos a otro”, Jesucristo. Él no quiso decir: «morir a la Ley para que puedan pertenecer al que realmente los puede ayudar a pertenecer a la Ley». Pablo estaba diciendo: «La Ley no es el objetivo de la historia; Cristo es el objetivo de la historia. La Ley no es el objetivo de sus vidas. Cristo lo es. Cristo no vino a la historia para llevarnos a la Ley; fue la ley la que entró a la historia para llevarnos a Cristo. La ley no es el objetivo de Cristo; Cristo es el objetivo de la ley. Los matrimonios no son por el bien de las promesas nupciales; las promesas nupciales son para los matrimonios».

¿Qué Hacen Los Cristianos Con La Ley De Dios?

¿Qué, pues, haremos nosotros como cristianos, con le mandamiento santo, justo, y bueno de Dios? Respuesta: Miraremos a este mandamiento con dos propósitos.

  1. Miraremos a esta ley para ver a Cristo, a fin de que podamos conocerlo, creer en él, y amarlo más.
  2. Miraremos a esta ley para probarnos a nosotros mismos, para ver si conocemos, creemos, y amamos a Cristo como debemos.

La ley de Dios nos revela a Cristo de muchas maneras, y podemos usarla para conocerle y derramar nuestro amor por él. Y la ley es un papel de tornasol para probar la autenticidad de nuestro amor por Cristo. Cristo es la llave para desentrañar el significado de la ley; y después la ley muestra a Cristo para la satisfacción de nuestros corazones —y para la transformación (ver Juan 5:39; Lucas 24:27).

Permítanme ilústrales esto llevándoles a 2da a los Corintios 3. Note primero que aquí está en juego el asunto del vivir por la ley o vivir por el Espíritu. Versículo 6: “el cual [Dios] también nos hizo suficientes como ministros de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida”. Luego, Pablo describe al Antiguo Pacto —la ley de Moisés— como a una ley venida con gran gloria en el Monte Sinaí. Después dice que el rostro de Moisés estaba reflejando la gloria de Dios cuando Moisés vino al pueblo, y que se puso un velo para que el pueblo no viera como la gloria se desvanecía. Luego trata este velo como un símbolo de la verdadera gloria, y el objetivo del Antiguo Pacto estaba oculto para la mayoría del pueblo de  Israel. Entonces, comenzando en 2da a los Corintios 3:14-17 Pablo muestra la relación de estos sucesos con Cristo:

Pero el entendimiento de ellos se endureció; porque hasta el día de hoy, en la lectura del antiguo pacto el mismo velo permanece sin alzarse, pues sólo en Cristo es quitado. 15 Y hasta el día de hoy, cada vez que se lee a Moisés, un velo está puesto sobre sus corazones; 16 pero cuando alguno se vuelve al Señor, el velo es quitado. 17 Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad.

Esto es lo que nos ocurre a los cristianos en el cumplimiento del Nuevo Pacto: el velo que ocultaba la gloria y el objetivo de la ley, es quitado, y vemos de qué se trata todo. Y al verlo, experimentamos su verdadero objetivo ¿Cuál es?: versículo 18: “Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor [¡el objetivo y la gloria del nuevo pacto!], estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu”.

Lo que vemos cuando el velo es levantado es la gloria del Señor Jesucristo: “Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor”. Es así como debemos mirar a la ley, para ver a Cristo. Hemos muerto a la ley como una vía para guardar la ley, para que el velo pueda ser levantado y podamos utilizar la ley para ver y amar a Cristo.

¿Y qué pasa cuando lo hacemos? ¿Cómo obra la vida cristiana para producir amor, si hemos muerto a la ley y nos hemos vuelto para ver a Cristo? “Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu”. Así es la vida cristiana. Vivir viendo y deleitándonos en Jesucristo, y siendo cambiados por esa visión y ese deleite, de un grado de gloria al siguiente, en su imagen.

Por tanto, por el bien de Cristo, y por el bien de su propia alma, entréguese totalmente al conocimiento de Cristo, a creer en Cristo, y a amar a Cristo, y entonces será cambiado de un grado de gloria al próximo, en la imagen de Cristo. Usted llevará fruto para Dios, no en el arcaísmo de la letra sino en la novedad del Espíritu.

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