La seguridad eterna es un proyecto comunitario

Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo. Antes exhortaos los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado.  Porque somos hechos partícipes de Cristo, si es que retenemos el principio de nuestra seguridad firme hasta el fin, en cuanto se dice: SI OÍS HOY SU VOZ, NO ENDUREZCÁIS VUESTROS CORAZONES, COMO EN LA PROVOCACIÓN.  Porque ¿quiénes, habiendo oído, le provocaron?  ¿Acaso no fueron todos los que salieron de Egipto guiados por Moisés? ¿Y con quiénes se disgustó por cuarenta años? ¿No fue con aquellos que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a los que fueron desobedientes? Vemos, pues, que no pudieron entrar a causa de su incredulidad.

Dos grandes condiciones

La semana pasada nos enfocamos en dos grandes condiciones en los versículos 6 y 14. Pongámoslas nuevamente delante nuestro y luego enfoquémonos en cómo nuestra vida juntos, en Bethlehem, puede ayudarnos a lograr esas grandes condiciones.

Versículo 6b: "cuya casa [de Cristo] somos nosotros [su hogar], si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza". Note cuidadosamente. No dice: nosotros seremos la casa de Cristo, si retenemos firme nuestra esperanza. Sí dice : nosotros somos la casa de Cristo, si retenemos firme nuestra esperanza. En otras palabras, la acción de retener firmemente nuestra esperanza es la demostración y evidencia de que ahora somos su casa.

Veamos entonces la condición del versículo 14: "Porque somos hechos partícipes de Cristo, si es que retenemos el principio de nuestra seguridad firme hasta el fin". Nuevamente note cuidadosamente la redacción. No dice: "Seremos hechos partícipes de Cristo en el futuro, si retenemos nuestra seguridad”. Dice: "Somos hechos partícipes [en el pasado] si retenemos nuestra seguridad". En otras palabras, la acción de retener nuestra seguridad verifica que nos ha ocurrido algo real y duradero, o sea, hemos sido hechos partícipes de Cristo. Realmente nacimos de nuevo. Realmente fuimos convertidos. Realmente fuimos hechos parte de la casa de Cristo.

¿Cuál, entonces, sería la conclusión si no retenemos nuestra seguridad? La respuesta no es que usted deja de ser partícipe de Cristo, sino que usted nunca fue partícipe de Cristo. Lea cuidadosamente: "Porque somos hechos partícipes de Cristo, si es que retenemos el principio de nuestra seguridad firme hasta el fin". Y por tanto: Si no retenemos nuestra confesión, entonces no hemos sido hechos partícipes de Cristo.

Hebreos enseña la seguridad eterna

La semana pasada dije, sobre la base de este texto, que este libro enseña acerca de la seguridad eterna. Es decir, enseña que si usted realmente fue hecho partícipe de Cristo, siempre lo será. Él obrará en usted para preservar su fe y esperanza. Otra manera de decirlo es que si usted es hijo de Dios, no podrá dejar de ser hijo de Dios. Pero todos sabemos que hay muchas personas que comienzan en la vida cristiana, y luego se apartan y olvidan al Señor. Ése no es el tipo de persona que está en la mente del escritor. Él sabe que sucede y lidia con ello en este texto, y con cómo evitar que suceda. Pero cuando sucede, su explicación no es que la persona fue partícipe de Cristo, sino que nunca había sido hecho un verdadero participador de Cristo. Si retenemos nuestra seguridad, hemos sido hechos participadores de Cristo; si no, entonces no hemos sido hechos partícipes de Cristo.

En otras palabras, perseverar en la fe y en la esperanza, y retener la esperanza en Dios no es una manera de evitar perder nuestra posición en Cristo; es una manera de mostrar que tenemos una posición en Cristo. Esa posición nunca puede perderse, porque usted la tiene por la gracia gratuita de Dios, y porque Cristo prometió, con un pacto y con un juramento (Hebreos 6:17-19) mantener a los que son suyos (Hebreos 13:5; 20-21). En otras palabras, mi seguridad y esperanza no es una decisión o una oración que recuerdo haber hecho en el pasado; mi seguridad y esperanza está en la fidelidad y el poder de Dios para mantenerme esperando en él en el futuro. Mi seguridad es que "el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús" (Filipenses 1:6).

¿Cómo puede usted "apartarse de Dios" si nunca ha sido un creyente?

Ahora, este asunto da lugar a muchas preguntas. Una es: Bien, si nuestro fracaso en retener nuestra esperanza y confianza significa que nunca fuimos partícipes de Cristo realmente, ¿de qué nos estamos apartando en el versículo 12?

Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse [o distanciarse] del Dios vivo.

¿En qué sentido puede haber un distanciamiento o un alejamiento de Dios, si nunca pertenecimos realmente a Dios?

Una respuesta simple es que puede ser real y doloroso distanciarse de una prometida pero no es como el distanciamiento de una esposa. Creo que la manera en que el escritor quiere que pensemos sobre este asunto se muestra en el ejemplo del pueblo israelí en los versículos 7-11 (=Salmo 95). Él enfatiza, en el versículo 9, que los israelitas vieron las obras de Dios "por cuarenta años", y aun así endurecieron sus corazones contra Dios (v.8), y se desviaron en sus corazones (v.10). En otras palabras, ellos habían visto a Dios dividir el Mar Rojo, y mostrarles gran misericordia al salvarles de Egipto. Ellos le habían visto dar agua de una roca, maná del cielo, le habían visto guiarles con una columna de nube y de fuego, liberación de los enemigos, buenas leyes para vivir, indulgencia de su rebeldía. Pero a pesar de todo esto, endurecieron sus corazones y dejaron de tener esperanza en Dios. Querían regresar a Egipto, hicieron ídolos y murmuraron. Esto es lo que el escritor quiere decir con "apartarse del Dios vivo".

Ellos habían estado envueltos en las poderosas obras de Dios. Habían probado su poder y se habían beneficiado de su Espíritu y bondad. Habían sido mucho más iluminados por la revelación de Dios que cualquier persona sobre la Tierra. Y se habían apartado. Así ocurrió con algunas personas en los tiempos del Nuevo Testamento. Y así ocurre hoy. Estas personas habían estado envueltas en las señales y maravillas mencionadas en Hebreos 2:4. Habían probado el poder del siglo venidero. Habían sido incluidas en un pueblo amoroso y habían experimentado las medidas de la obra del Espíritu en medio de ellos y en sus vidas. Habían vislumbrado la luz del evangelio. Habían sido bautizados y habían comido en la mesa de la comunión, y habían escuchado la predicación, y probablemente habían hecho ellos mismos algunas obras sorprendentes.

Pero, como Israel, sus corazones se habían endurecido, y un corazón perverso de incredulidad había ganado prioridad, y comenzaron a poner su esperanza en otras cosas y no en Cristo, y con el tiempo se apartaron de todas las bondades con que habían sido rodeados. Y Hebreos dice que la explicación es que "no habían sido hechos partícipes de Cristo". Habían participado de ciertas medidas de la iluminación y el poder y el gozo; pero (para usar las palabras de Jesús) no había raíz en la planta y se secó, mientras que otros eran impactados con penas y riquezas y placeres de esta vida (Lucas 8:13-14).

En otras palabras, usted puede apartarse de Dios según el grado en que usted estuvo cerca de la obra de Dios (el amor de su pueblo, la luz de su Palabra, el privilegio de la oración, la fuerza moral de su ejemplo, los dones y milagros de su Espíritu, las bendiciones de su providencia, y la revelación diaria del sol y la lluvia). Es posible probar esas cosas, estar profundamente afectado por ellas, y perderse en la incredulidad, porque no es Cristo mismo el deleite de tu corazón y confianza y esperanza y recompensa.

Jesús enseñó estas cosas una y otra vez para advertirnos contra la falsa seguridad. Por ejemplo, en Mateo 7:21-23 dijo:

No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.  Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”  Y entonces les declararé: “Jamás os conocí; apartaos de mi, los que practicáis la iniquidad.”

Profetizar, echar fuera demonios, y hacer milagros en el nombre de Jesús no prueban que Jesús nos "conozca", o que seamos partícipes de Cristo. Es posible hacer estas obras con un corazón endurecido y no transformado. La evidencia de haber sido conocido por Jesús es que Jesús es nuestra esperanza, nuestra confianza, nuestro tesoro, nuestra recompensa (Hebreos 10:24; 11:25-26). Él es la realidad interior que transforma nuestras vidas.

Esa es una pregunta. ¿Cómo puede usted "apartarse de Dios" si nunca ha sido hecho partícipe de cristo? Y la respuesta es: hay muchas formas de participar de la cercanía de Dios sin confiar en él, ni esperar en él, ni amarle. Y por tanto, hay muchas maneras de apartarse de Cristo sin haber sido alguna vez partícipe de Cristo mismo.

¿Cómo Podemos estar Confiados de Nuestra Seguridad Eterna?

Así, la segunda pregunta es: ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo podemos conocer y disfrutar y estar confiados de nuestra seguridad eterna? Los versículos 12 y 13 dan dos respuestas: una más general, y otra más específica.

Primero, la respuesta general en el versículo 12: "Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo”. La respuesta general es ¡"tened cuidado"! o ¡Presten atención! o ¡Miren! En otras palabras, no sean descuidados o despreocupados o negligentes en cuanto a la condición de sus corazones. Vigílenla. Como dice Pablo en 2da a los Corintios 13:5, pónganse a prueba para ver si están en fe. O como dice Pedro en 2da de Pedro 1:10: " sed tanto más diligentes para hacer firme vuestro llamado y elección”. No se deslicen o desvíen, o den por sentada su perseverancia en la fe. Cada día hay todo tipo de pasiones alternativas que hacen la guerra en su alma para robar su fe y reemplazar a Cristo con otros tesoros. ¡Cuidado! ¡Manténgase en guardia! ¡Sé ferviente! Vigila tu corazón. Como dice Proverbios 4:23: "Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida”. Esa es la respuesta del versículo 12. ¡Presta atención!

Alguien pudiera decir: "Bien, si soy un verdadero partícipe de Cristo, como creo que lo soy, ¿por qué tengo que prestar atención y ser tan vigilante si tú has dicho que estoy eternamente seguro y que no puedo perder mi posición en Cristo?" Creo que la pregunta asume que algo que el Nuevo Testamento dice que no es cierto. Asume que el camino de Dios para sus escogidos es llegar al cielo sin vigilar y sin estar alertas, y sin autoevaluarse, y sin el uso diligente de los medios. Pero, de hecho, en Lucas 13:24, Jesús dice: "Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán". Y Pedro dice: "Sed de espíritu sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar" (1ra de Pedro 5:8). La verdad no es que los cristianos no tienen que ser vigilantes y cuidadosos con sus corazones; sino que ustedes pueden saber si son cristianos siendo vigilantes y cuidadosos con sus corazones.

Son los cristianos arrogantes los que necesitan preocuparse sobre su posición. Son los que fueron bautizados y caminaron y se aislaron, u oraron una oración y tomaron la comunión y vinieron a la iglesia, pero que no aman a Jesús ni le tienen a Él como a su tesoro más querido, o ponen su esperanza en Él y buscan verle y decir: "el vivir es Cristo y el morir es ganancia". Estos, los seguros-de-sí-mismos, son quienes necesitan sentirse inseguros (vea Deuteronomio 29:19). Hay personas, a menudo en la iglesia, que tratan a su salvación como a una vacunación. Recibieron su vacuna hace algunos años y asumen que todo está bien dejando de pensar en los daños de la incredulidad que les rodea. Dicen: "Fui inoculado contra el infierno cuando tenía ocho años -o seis años". Y por tanto, llegar al cielo no es cuestión de estar atento al corazón para que no se endurezca y se vuelva incrédulo. Es simplemente una cuestión de asegurarse de que ocurrió la vacunación. Ellos son los que están en tremendo peligro.

Esa es la primera respuesta a cómo mantenernos confiados de nuestra seguridad eterna. Preste atención a su corazón. Protéjalo de la incredulidad. Es decir, manténgase atento con el fin de mantener su confianza y esperanza en Cristo y no en los tesoros de la competencia.

La segunda respuesta es más específica, versículo 13: "Antes exhortaos [o anímense] los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado". La segunda respuesta es que esa seguridad eterna es un proyecto comunitario. ¿Qué debemos hacer en Bethlehem para evitar un "corazón malo de incredulidad" y no ser endurecidos por el engaño de los pecados que nos tientan para que cada día los atesoremos más que a Jesús?

¿Cómo nos Ayuda la Iglesia a Evitar un "Corazón Malo de Incredulidad"?

La respuesta es que debemos ser la iglesia para cada uno de nosotros. ¿Y qué es lo principal que hace la iglesia para cada uno de nosotros? Nos hablamos unos a otros de modo que nos ayudemos a no ser engañados por la atracción del pecado. O, para decirlo categóricamente, nos hablamos unos a otros de maneras que nos hagan tener corazones de fe en el valor supremo de Cristo sobre todas las cosas. Peleamos para mantener la fe los unos de los otros, hablando palabras que señalen la verdad y el valor de Jesús. Así que como usted se protege contra un corazón malo de incredulidad. La incredulidad significa no descansar en Jesús como en tu mayor tesoro. Así que ayudarnos unos a otros a creer, significa mostrarnos las razones por las que Jesús  es más amado, deseado y fiel que cualquier otra cosa.

Aquí mismo hay una explicación al por qué Dios ordenaría que la vida cristiana fuera una vida de vigilancia individual y comunitaria, y por qué él planificó que la seguridad eterna fuera un proyecto comunitario. La explicación es que esta manera de vivir la vida cristina hace que la gloria de Cristo sea el centro de toda nuestra interacción. Si la seguridad eterna fuera como una vacunación, entonces Cristo debiera ser honrado el día de la vacunación, pero después podría ser olvidado, de la misma forma en que olvidamos las vacunaciones. Pero no sería así si la seguridad eterna incluyera una batalla diaria contra la incredulidad, donde las armas de la victoria son exhortaciones de fe sobre cuán digno de confianza es Cristo y sobre la grandeza de Cristo y sobre el valor de Cristo por encima de todas las cosas. Si debemos hablarnos unos a otros cada día de esta forma para asegurarnos de que todos seguimos confiando en Él, entonces Él es exaltado cada día. Siempre se estará hablando de Él y siempre será el centro de nuestra atención. Por tanto, Dios ordena que la seguridad eterna sea un proyecto comunitario porque no quiere que su Hijo sea olvidado como una vacunación, sino que sea celebrado cada día como el mayor tesoro del universo.

Ahora, en los versículos 12 y 13 se puede ver con claridad que el escritor está pensando en algo más que en la predicación. Yo trato de hacerlo en mi predicación (exhortarles semanalmente a que no tengan un corazón malo de incredulidad). Pero este texto añade dos detalles. Uno (en el versículo 13) es que esta exhortación debe ocurrir "cada día", no solo una vez a la semana. Y el otro es que deben hacerlo "unos a los otros" (versículo 13), es decir, deben hacerlo los unos a los otros, no solo deben obtener esta exhortación del predicador.

Esta convicción (que un ministerio de unos-a-los-otros es absolutamente crucial para nuestra perseverancia en la fe y para nuestra salvación) es la razón por la que los ancianos han decidido interconectar a los ministerios de grupos pequeños, en Bethlehem, en este otoño. Creemos que no hay mejor forma, en una iglesia de este tamaño, de animar este tipo de lucha unida por la fe, que hacer más lugar para los grupos pequeños y trabajar para que más creyentes participen. Es por esa razón que, comenzando en Septiembre, cada noche de domingo se separará para los grupos pequeños, y cada noche de miércoles será dedicada para relacionarse unos a otros en una comida de mediados de semana, adorando juntos como iglesia, contando historias, que edifiquen la fe, sobre lo que Dios está haciendo en los grupos, y enseñando la Palabra de Dios a nuestros hijos, jóvenes, y adultos para que en ninguno de nosotros haya un corazón de incredulidad que nos aparte del Dios vivo.

Estoy emocionado por el potencial ministerial de estos dos movimientos -1) la interconexión de los grupos pequeños al hacer que todo domingo en la noche esté disponible, con la esperanza de que muchos grupos se vuelvan más y más como equipos ministeriales que se exhortan unos a otros cada día; y también 2) el modelo de comunión del miércoles en la noche, adorando, enseñando y contando anécdotas del poder actual de Dios.

Les insto, con todo mi corazón, a que tomen seriamente este pasaje de las Escrituras mientras meditan en si sus vidas igualan a este modelo de vida cristiana. ¿Acaso la reunión regular con un grupo pequeño de creyentes, quienes están resueltos a pelear cada uno por la fe del otro, no les hará deleitarse en la esperanza y en la seguridad más allá de cualquier cosa que hayan conocido, y les dará libertad para ser testigos valientes y para ministrar en el mundo? Creo que ésto es lo que Dios nos pide hacer.

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