¿Ha desechado Dios a Su pueblo? parte 1

Digo entonces: ¿Acaso ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! Porque yo también soy israelita, descendiente de Abraham de la tribu de Benjamín.2 Dios no ha desechado a su pueblo, al cual conoció con anterioridad. ¿O no sabéis lo que dice la Escritura en el pasaje sobre Elías, como suplica a Dios contra Israel: 3 Señor, han dado muerte a tus profetas, han derribado tus altares; yo solo he quedado y atentan contra mi vida? 4 Pero, ¿qué le dice la respuesta divina?: Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla a Baal. 5 Y de la misma manera, también ha quedado en el tiempo presente un remanente conforme a la elección de la gracia de Dios. 6 Pero si es por gracia, ya no es a base de obras, de otra manera la gracia ya no es gracia.

Antes de comenzar el estudio del capítulo11de Romanos, instruyámonos sobre esta carta que es considerada la más importante de todas. Ninguna carta en la historia del mundo ha tenido un impacto tan grande como la epístola de Pablo a los Romanos. Existen razones para hacer esta afirmación. La primera es que esta carta es la Palabra de Dios expresada a través de un portavoz inspirado por Jesucristo, el apóstol Pablo, a quién Cristo había llamado y apartado antes de nacer (Gálatas 1:15). La segunda razón es que esta carta es la declaración más completa, en la Biblia, del evangelio de Cristo, el cual es poder de Dios para salvación a todo el que cree (Romanos 1:16).

Martín Lutero en el Insuperable Valor de Esta Carta

Por  esta carta fue posible, en los años 1500, el impacto masivo de Martín Lutero para lograr el retorno de la iglesia al evangelio. Él dijo:

En esta epístola… encontramos de manera más abundante todo lo que un cristiano debe conocer, o sea, qué es la ley, el evangelio, el castigo, la gracia, la fe, la justicia, quién es Cristo, quién es Dios, qué son las buenas obras, el amor, la esperanza, la cruz; y también cómo debemos comportarnos con los demás, cómo saber si somos justos o pecadores, fuertes o débiles, amigos o enemigos aún de nuestro propio interés personal. Además, todo está hábilmente apoyado con la Escritura y probado con el propio ejemplo del apóstol San Pablo y el de los profetas, para que no deseemos nada más. Por tanto, parece que Pablo quiso resumir brevemente en esta epístola toda la doctrina cristiana y evangélica, y preparar una introducción para el Antiguo Testamento. Porque, sin lugar a dudas, quienquiera que tenga esta epístola bien dentro de su corazón, tiene consigo la  luz y el poder del Antiguo Testamento. Por tanto, cada cristiano debe familiarizarse con esta carta y ejercitarse en ella continuamente. Para terminar, que Dios nos dé su gracia. Amén” (Luther's Works, Vol. 35, 1960, p. 380).

Lutero va aún más lejos y dice unas palabras que quizás pocos de ustedes entenderán:

Esta epístola es realmente la parte principal del Nuevo Testamento, y es verdaderamente el evangelio más puro. Es digna de que cada cristiano la conozca palabra por palabra, de corazón, y que se ocupe de practicarla cada día, como el pan diario del alma. (Obras de Lutero, Vol. 35, 1960, p.365).

Un Repaso a Romanos 9-11

Entonces, con ese recordatorio del valor insuperable de esta carta de Dios para su iglesia, y para nuestras propias almas, situémonos en la carta  hasta llegar al capítulo 11. El capítulo 9 comienza con el problema lamentable de que la mayor parte del pueblo de Israel ha rechazado a su Mesías y por tanto están maldecidos y separados de Cristo. Así que Pablo dice: “Porque desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo por amor a mis hermanos, mis parientes según la carne”.

Este problema tan lamentable levanta uno todavía mayor. Entonces, ¿qué sucede con la promesa de fidelidad de Dios para su pueblo? ¿Qué ocurre con  la palabra de Dios? Pablo responde de esta manera en Romanos 9:6: “Pero no es que la palabra de Dios halla fallado”. No estaría mal decir que los versículos restantes de Romanos 9-11 son el apoyo de Pablo a esta afirmación. La Palabra de Dios no ha fallado a pesar de que, en los tiempos de Pablo y en los nuestros, la gran mayoría de Israel ha rechazado al Mesías, está maldecida y separada de Cristo.

Su argumento se expresa en tres declaraciones.

Primera Declaración: La Promesa Es para Aquellos que Constituyen el Israel Verdadero por Elección, No por Nacimiento Físico

Primero, Pablo declara que la palabra de la promesa salvadora de Dios no ha fallado, porque solo se refiere a los que verdaderamente constituyen el pueblo de Israel por la promesa y la elección, y no solo por el nacimiento físico. Romanos 9:8: “Esto es, no son los hijos de la carne los que son hijos de Dios, sino que los hijos de la promesa son considerados como descendientes”. En otras palabras, Dios no está comprometido a salvar a una persona solo porque sus ancestros o sus parientes sean judíos o gentiles. Dios es libre y cumple su promesa a Israel salvando a aquellos a quiénes elige, para que, como dice Romanos 9:11: “El propósito de Dios conforme a su elección permaneciera, no por las obras, sino por aquel que llama”. Así que la primera declaración con respecto al argumento de Pablo de que la palabra de Dios no ha fallado, es que no todo el Israel físico es un Israel espiritual, y que las promesas salvadoras son para los que constituyen el Israel espiritual por la virtud de la promesa y la elección de Dios.

Segunda Declaración: Los Gentiles También Están Incluidos en la Promesa de Salvación

La segunda declaración referente al argumento de que la palabra de Dios no ha fallado, es que los gentiles también están incluidos en la promesa de salvación y de hecho están siendo salvos por gracia. Romanos 9:24: “Es decir, nosotros, a quienes también llamó, no solo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles”. Pablo explica que este hecho es posible, porque la salvación es por gracia mediante la fe aparte de las obras de la ley. Romanos 9:30: “Los gentiles que no iban tras la justicia, alcanzaron justicia, es decir, la justicia que es por fe”. Jesucristo es el “fin de la ley para justicia a todo el que cree” (Romanos 10:4). La Palabra de Dios permanece porque se cumple en aquellos que tienen fe, incluyendo a los “gentiles”.

Tercera Declaración: Un Día Todo Israel Será Salvo

La tercera declaración de Pablo en defensa de la Palabra de Dios, es que un día “todo Israel será salvo”. En Romanos 11:25-26 Pablo nos dice, a nosotros los gentiles, que nos cuidemos de jactarnos ante los judíos o de llegar a enorgullecernos; él dice: “Porque no quiero, hermanos que ignoréis este misterio, para que no seáis sabios en vuestra propia opinión: que a Israel le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. 26 Y así, todo Israel será salvo”.

Esta tercera declaración con respecto al argumento de Pablo, está basada en Romanos 11 donde comenzamos hoy. Al principio del capítulo esta declaración no aparece ampliada completamente. Pablo comienza declarando que Dios tiene un remanente del Israel físico que es cristiano (que cree en el Mesías), que es heredero de la promesa. Y luego amplia su declaración expresando que un día este remanente llegará a ser una totalidad. Romanos 11:15: “Porque si el excluirlos a ellos [a Israel] es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?”. Hubo un rechazo, y un día habrá una aceptación. Hubo un “endurecimiento parcial” (11:25), y un día el velo será levantado y “todo Israel será salvo” (11:26). Así se desarrolla este capítulo hasta que llega a su clímax de alabanza en 11:33-36.

Usted puede ver cuán extraordinariamente importante será este capítulo durante los próximos meses. Vivimos en un mundo donde el principal problema político posiblemente sea, cómo el mundo  comprende a Israel y se relaciona con él. Pienso que el mensaje de Romanos 11 es un mensaje extremadamente esencial tanto para el bien de Israel como para el bien de los palestinos, y de los cristianos gentiles, quienes necesitamos hacer juicios sobre Israel, mucho más cuidadosos de los que frecuentemente hacemos.

Una Visión General de Romanos 11

Ahora regresemos al texto de hoy y consideremos adónde llegaremos las próximas semanas, y luego volvamos atrás y preguntémonos por qué una persona debe preocuparse por estos mensajes sobre Romanos 9-11. Romanos 11:1: “Pregunto, entonces, ¿ha desechado Dios a su pueblo?” Esta pregunta es absolutamente importante a causa de los capítulos precedentes y del versículo que le antecede, Romanos 10:21: “Pero en cuanto a Israel, dice: Todo el día he extendido mis manos a un pueblo desobediente y rebelde”. En otras palabras, parece ser que Israel está resistiendo a Dios y por consiguiente ha sido desechado.

Por tanto, Pablo pregunta en el versículo 1: “¿Ha desechado Dios a su pueblo?” Y responde: “¡De ningún modo!” Entonces expone su argumento, su razón: “Porque yo también soy israelita, descendiente de Abraham, de la  tribu de Benjamín”. ¿Ve usted cuán diferente resulta este argumento de cualquier otro que haya dicho hasta ahora en Romanos 9-11? Aquí Pablo está declarando que la fidelidad de Dios hacia su pueblo está confirmada precisamente en el hecho de que él es judío. « ¡Dios no ha desechado a su pueblo! ¡Miren! Soy un judío. Soy un israelita, un “miembro de la tribu de Benjamín”». La razón por la que menciona la tribu de la cual desciende, muestra que no está meramente pensando de sí mismo como un descendiente espiritual de Abraham, sino también como un descendiente físico. «Dios no ha desechado a su pueblo, porque yo no he sido desechado y formo parte del Israel físico». El argumento visto hasta ahora es nuevo en estos tres capítulos. Aquí llegamos a un nivel nuevo de esta argumentación.

A partir de este momento Pablo argumenta que hay un remanente que lo incluye a él mismo (que incluye a todos los judíos seguidores de Jesús); un remanente que dirige nuestra atención hacia una plenitud: la abundancia de los primeros frutos que nos anuncia la cosecha. Necesitaremos seguir este argumento cuidadosamente. Pero lo dejaremos para la próxima semana. Ahora quiero volver a la pregunta de por qué, mientras emprendemos Romanos 11. ¿Por qué una persona debe preocuparse por esta carta antigua? ¿Por qué una persona que está hoy aquí por primera vez, debe molestarse en remitirse a esta carta?

Verdaderamente, esta pregunta se refiere a si necesitamos estar seguros de que la Palabra de Dios para Israel no ha fallado. Pablo debe pensar que este tema es tremendamente importante ya que durante tres capítulos defiende la fidelidad de Dios a su Palabra dada Israel. ¿Por qué hace esta defensa? ¿Por qué debe prestarle atención?

Mencionaré dos razones. Por favor medite seriamente en ellas.

1. Si la Palabra de Dios Falla a Israel, Dios No Es Glorioso, y Dios No Es Dios.

Si la Palabra de Dios falla a Israel, Dios no es glorioso. Y si Dios no es glorioso, Dios no es Dios. Y si Dios no es Dios, nuestro más grande Tesoro es quitado de nosotros, y nos convertimos en bestias al igual que los monos y las marsopas, y todo nuestro amor y nuestros sentimientos no son más que productos químicos, y debemos pasar toda nuestra vida jugando a “imaginar” que todo vale la pena.

Pero Pablo está apasionado por la gloria de Dios, por la bondad de Dios y por el inexpresable significado de nuestras vidas. Y es entonces que escribe estos capítulos y los termina así:

¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! 34  Pues, ¿quién ha conocido la mente del señor?, ¿o quién llegó a ser su consejero?, 35¿o quién le ha dado a él primero para que se le tenga que recompensar? 36 Porque de él, por él y para él son todas las cosas. A él sea la gloria para siempre. Amén. (Romanos 11:33-36).

La gloria de Dios, el hecho de ser Dios, y la importancia de nuestras vidas, dependen de la fidelidad de Dios a la Palabra dada a su pueblo Israel.

2. Si la Palabra de Dios Falla a Israel, No Podemos Creer que las Promesas de Romanos 8 Sean Verdaderas para Nosotros

La segunda razón por la cual usted debe preocuparse por la fidelidad de Dios a la Palabra dada a su pueblo Israel, es que si Dios no mantiene su promesa a Israel, entonces es destruida toda nuestra esperanza de que mantendrá las promesas de Romanos 8.

¿Qué le parece la promesa de Romanos 8:38: “Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida… nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro”? ¿Podrá la muerte separarnos del amor de Dios? No si confiamos en Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, y no si Dios es fiel. Pero si Dios no cumple sus promesas a Israel, ya no es fiel, y la promesa de Romanos 8:38 es poco confiable;  igualmente la experiencia de Frances Ridley Havergal es falsa y usted nunca sabrá nada al respecto. Frances escribió la obra Like A River Glorious y murió a la edad de 42 años. Ella escribió:

No le temo a la muerte. A menudo despierto en la noche y pienso en ella, miro hacia ella con una sensación de anticipación y expectación gozosa, lo que podría convertirse en impaciencia, sino fuera porque Jesús es mi Señor y mi Salvador. Siento que tengo trabajo que hacer para él, que no evadiré, y además, que su tiempo de llamarme a casa será el mejor y el más correcto; por tanto estoy contenta de esperar. [Like A River Glorious: Prose, Poetry, and Music by Frances Ridley Havergal, Rio, Wisconsin: The Havergal Trust, 2003, p. 710].

Esta clase de esperanza, confianza, y aún de gozo ante la muerte, es posible si Dios mantiene sus promesas a Israel, y por consiguiente, en la carta a los Romanos, mantiene su promesa a aquellos que confían en su Hijo Jesús.

Y  así sucede con todas las otras promesas por las que vivimos si somos cristianos. “¿Quién nos separará del amor de Cristo?  ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” (Romanos 8: 35). Si se ha quemado su hogar en el Sur de California, ¿ha sido usted separado del amor de Cristo?  Si sobre usted ha caído una rampa del parqueo en New Jersey, ¿ha sido usted separado del amor de Cristo? Si su hijo, o esposo, han sido asesinados en Bagdad, ¿ha sido usted separada del amor de Cristo? Si la semana pasada usted se enteró de que tiene cáncer del páncreas, el cual no se puede operar, ¿ha sido usted separado del amor de Cristo? Si su niñera deja caer un televisor sobre tu hijo recién nacido y muere, ¿ha sido usted separado del amor de Cristo? No si usted confía en Cristo, y si Dios mantiene sus promesas a Israel.

Si Dios le falla a Israel en sus promesas, entonces es infiel y no podemos decir: “En todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37). Pero yo digo junto con el apóstol Pablo: “Dios no ha rechazado a su pueblo al cual conoció con anterioridad” (Romanos 11: 2). La Palabra de Dios no ha fallado. Y si usted lo desea confíe en él y dependa de su Hijo Jesús, y todas las promesas de Dios para la vida y la muerte serán suyas. Y usted estará seguro y disfrutará de la paz de Dios, como un río glorioso.

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