¿Ha desechado Dios a Su pueblo? parte 2

Digo entonces: ¿Acaso ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! Porque yo también soy israelita, descendiente de Abraham de la tribu de Benjamín.2 Dios no ha desechado a su pueblo, al cual conoció con anterioridad. ¿O no sabéis lo que dice la Escritura en el pasaje sobre Elías, como suplica a Dios contra Israel: 3 Señor, han dado muerte a tus profetas, han derribado tus altares; yo solo he quedado y atentan contra mi vida? 4 Pero, ¿qué le dice la respuesta divina?: Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla a Baal. 5 Y de la misma manera, también ha quedado en el tiempo presente un remanente conforme a la elección de la gracia de Dios. 6 Pero si es por gracia, ya no es a base de obras, de otra manera la gracia ya no es gracia.

Si queremos conocer a Dios profunda y personalmente, debemos entenderlo en sus propios términos. No podemos imponerle a Dios la manera  en que debe darse a conocer o revelarse. No podemos decir: « ¡Dame un sueño!» o, « ¡Dame una guía!» o, « ¡Dame autoridad humana!» Dios dirá: «Les he dado la Biblia; léanla y lleguen a conocerme. No me digan cómo debo darme a conocer. Les diré cómo pueden conocerme. Vayan a sus Biblias y me conocerán».

Pero aún cuando vamos a la Biblia para conocer a Dios, tenemos que tomar su revelación en sus propios términos. Y lo que descubrimos cuando tomamos la revelación divina en su totalidad, es que hay una historia en ella. Esta historia va desde de la predestinación  y recorre toda la creación; el llamado de Abraham, Isaac y Jacob; la esclavitud de Israel en Egipto; el éxodo, la entrega de la ley y  la peregrinación por el desierto; la tierra prometida, los jueces y la monarquía de Saúl, David y Salomón; el reino dividido de Judá e Israel; el exilio en Babilonia y el regreso a la tierra natal; el silencio entre el  Antiguo y el Nuevo Testamento; la venida del Mesías – Cristo Jesús – y el rechazo de Cristo por su pueblo; la crucifixión, resurrección y ascensión; el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés; la caída de Jerusalén en el 70 DC.; y el asombroso esparcimiento del señorío de Cristo entre más y más naciones del mundo, incluyéndonos a nosotros.

De esta manera Dios se ha revelado. Nosotros no decimos: «Dame un sueño». Decimos: «Dame una Biblia». Y cuando tenemos nuestra Biblia, no decimos: «Dame una guía sistemática de atributos divinos». Decimos: «Muéstrame tu gloria, oh Dios, por la manera en que has actuado en la historia, y la manera en que has hablado sobre tus obras». Así es como conocemos a Dios. Nos llegamos a él en sus propios términos. O sea, nos llegamos a Dios porque él ha obrado en la historia y porque nos ha dado un libro para contar esa historia y para explicar lo que ella significa.

Romanos 11: La Revelación de Dios y Su Obra en la Historia

Ningún capítulo en el Nuevo Testamento revela a Dios y a su obra más que Romanos 11. Este capítulo aborda la manera en que Dios ha actuado y actuará hacia Israel y hacia las demás naciones en la historia. Por tanto, habla acerca de quién es Dios y cómo es él.

Por esta causa la historia es sumamente importante. Por esta razón hay historia. La historia existe para revelar a Dios. Dios no existe para revelar la historia. Él es el primero, el último y el intermedio en relación a la historia. Todo trata sobre él, de principio a fin. El universo existe para mostrar la plenitud de la gloria de las perfecciones de Dios.

  • La Biblia dice que “los cielos cuentan la gloria de Dios” (Salmo 19:1).
  • La Biblia dice que el pueblo de Israel existe para la gloria de Dios. “Así hice adherirse a mí a toda la casa de Israel – declara el Señor –, a fin de que fueran para mí por pueblo, por renombre, por alabanza y por gloria” (Jeremías 13:11).
  • La Biblia dice que Cristo vino al mundo para morir y así dar a conocer la gloria de Dios. En víspera de su muerte dijo: “Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: Padre, sálvame de esta hora? Pero para esto he llegado a esta hora. Padre glorifica tu nombre” (Juan 12: 27.28).
  • La Biblia dice que la existencia y el progreso de la iglesia cristiana durante siglos están para demostración de la gloria del Padre. “A él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos”. (Efesios 3:21).
  • La Biblia dice que todos los gobernantes seculares y las instituciones existen por decreto de Dios (Romanos 13:1), para mostrar su poder y sus perfecciones, incluyendo su juicio y su ira. “Porque la escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para demostrar mi poder en ti, y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra” (Romanos 9:17). Y cuando el rey Nabucodonosor descubrió esta verdad se recuperó de su locura y dijo: “Y todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, más él actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra;  nadie puede detener su mano ni decirle: ¿Qué has hecho?” (Daniel 4:35).

Toda la historia – incluyendo todo lo que está sucediendo alrededor  nuestro – es un lienzo que está siendo pintado por un artista infinitamente glorioso y misterioso. Y la parte más importante de esta pintura es la revelación de su gloria – incluyendo todo el dolor, todo el terror y toda la injusticia que son como un telón de fondo para la ira santa de Dios, para su justicia inviolable y para su gracia soberana.

¿Cómo es Dios? Aquí tenemos la parte más importante de la historia. Lo que ahora vemos principalmente es la obra en progreso, como dijo Pablo: “Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido” (1ra a los Corintios 13:12).

Pero los eventos decisivos para entender a Dios en la historia ya han sucedido. Jesucristo es el centro de la historia. Él es la representación más importante y la revelación más clara de Dios. La Biblia es el registro y la interpretación de los eventos decisivos de la historia, con Jesús en el centro. Este registro nos guía a la hora de interpretar cada pincelada hecha, sobre el lienzo que miramos en este tiempo.

Romanos 11 es espectacular  respecto a su visión de la obra de Dios en la historia. No es un accidente el hecho de que termine con las palabras: “¡Oh, profundidad de las riquezas  y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!”. Oro porque el Señor le dé un sentido humilde de asombro y admiración por lo que vemos aquí. Porque algunas de estas verdades resultan extrañas para los oídos humanos caídos, seculares, centrados en sí mismos, sin un humilde sentido de reverencia; y al escucharlas  pueden simplemente enojarse, pero también pueden descarriarse.

Romanos 11:30-32: Un Sumario de Tres Versículos del Capítulo.

Para darles solo una visión de hacia dónde está yendo Pablo y de lo extraño que resulta el control de Dios sobre la historia, veamos los versículos 30-32. Esta frase es lo último que dice antes de entonar su doxología. Él está resumiendo el trato de Dios con los gentiles y con los judíos en la historia:

Pues así como vosotros [gentiles] en otro tiempo fuisteis desobedientes a Dios, pero ahora se os ha mostrado misericordia por razón de la desobediencia de ellos [Israel], 31 así también ahora estos han sido desobedientes a Dios, para que por la misericordia mostrada a vosotros, también a ellos ahora les sea mostrada misericordia. 32 Porque Dios ha encerrado a todos en desobediencia para mostrar misericordia a todos.

Podemos distinguir cuatro etapas en la historia:

  1. Los gentiles fueron desobedientes a Dios. Hubo un período largo en la historia, en el cual se permitió que las naciones siguieran sus propios caminos, mientras Dios centraba su obra redentora en Israel.
  2. Entonces ocurrió la desobediencia decisiva de Israel a medida que rechazaba al Mesías y caían ante la “piedra de tropiezo” (Romanos 9:32-33).
  3. Esta desobediencia condujo a misericordia para los gentiles a medida que el evangelio se iba esparciendo entre las naciones. Como vemos en el versículo 31, estas etapas no son una mera secuencia. Pertenecen a un plan divino: Ellos (Israel) ahora han sido desobedientes “para que” por la misericordia mostrada a nosotros (gentiles), también ahora ellos puedan recibir misericordia.
  4. Israel recibe misericordia por la misericordia de Dios mostrada a los gentiles. Dios  planeó mostrar misericordia a ambos: judíos y gentiles. Por tanto (v.32), él destinó la desobediencia para ambos de tal manera que pudiera tener misericordia de ellos.

Este sumario de tres versículos pertenecientes a Romanos 11, es realmente asombroso. Lo que explica por qué conduce directamente al versículo 33: “¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!” ¡Que el Señor nos haga humildes y deseosos para seguirle en sus caminos “inescrutables” e “insondables”, y lleguemos a conocerle! Ese es mi propósito. Creo que conociendo a Dios, de la manera que él se revela en este capítulo, será bueno para nosotros y para nuestras familias, bueno para nuestra ciudad y para las naciones del mundo. Dios no habría soportado semejantes dolores para mostrarse de esta manera, si no fuera bueno para nosotros. Yo confío en él.

Los Caminos Inescrutables de Dios en Romanos 11:1-6

Veamos los caminos de Dios en los versículos del 1-6:

Primero, el versículo habla de lo que Dios no hace: él no desecha a su pueblo. Versículo 1: “Digo entonces: ¿A caso ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo!”

Luego habla de lo que Dios hace: él los conoció con anterioridad. Versículo 2: “Dios no ha desechado a su pueblo, al cual conoció con anterioridad”.

A continuación, habla de lo que Dios hizo y hace: él mantuvo un remanente para sí de personas leales en el tiempo de Elías y también lo hace en el tiempo de Pablo. Versículo 4: “Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla a Baal”. Y el versículo 5: “Y de la misma manera, también ha quedado en el tiempo presente un remanente”.

Y finalmente nos dice (al final del versículo 5) cómo Dios lo hizo: los escogió por gracia.

La próxima semana nos extenderemos un tiempo considerable en el significado de la gracia, y en la manera en que Dios ha mantenido un remanente para sí mismo según la elección. Aquí tenemos preguntas formidables: ¿Cómo se relaciona la elección con la gracia? Y, ¿cómo el hecho de que Dios haya mantenido un remanente de personas fieles se relaciona con la gracia? Guardaremos estas preguntas para la próxima semana.

Miremos hoy, al hecho de que Dios no ha desechado a su pueblo, y lo que significa que Dios lo conociera con anterioridad.

Dios No Ha Desechado a Su Pueblo

El argumento de Pablo en el versículo 1 de que Dios no ha desechado a su pueblo, se refiere a que él mismo es un judío. “Digo entonces: ¿Acaso ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! Porque yo también soy israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín”. Así que las personas por las que Palo estaba interesado en el versículo 1 deben ser las del pueblo étnico, físico, de Israel, no de la iglesia de judíos y gentiles. «Dios no ha desechado al Israel étnico porque yo también soy un israelita étnico, de la tribu de Benjamín».

Pero alguien me preguntó la semana pasada: ¿Ese versículo quiere decirnos que todo el pueblo judío que ha existido será salvo? La respuesta es no. Jesús y Pablo tienen el mismo pensamiento sobre este asunto (así como los profetas judíos, ej. Ezequiel 18:20; Daniel 12:1-2). Jesús dice: “Y os digo que vendrán muchos [gentiles] del oriente y del occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Pero los hijos del reino [los israelitas] serán arrojados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes” (Mateo 8:11-12). ÉL dijo a los fariseos: “¡Serpientes! ¡Camada de víboras! ¿Cómo escaparéis del juicio del infierno?” (Mateo 23:33).

Y Pablo dice en Romanos 2: 8-9: “Pero a los que son ambiciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia: ira e indignación. Habrá tribulación y angustia para toda alma humana que hace lo malo, el judío primeramente y después el griego”. Por tanto no hay razón para pensar que toda persona judía será automáticamente salva por el hecho de ser judía. “No son los hijos de la carne los que son hijos de Dios” (Romanos 9:8). Ese principio no ha cambiado. Ningún individuo judío o gentil es salvo por su trasfondo u origen étnico.
Bien, si no habla de toda persona judía, ¿a qué se refiere Pablo cuando dice en el versículo 2: “Dios no ha desechado a su pueblo al cual conoció con anterioridad”?

Podemos argumentar que simplemente se refiere al “remanente” mencionado en el versículo 5: “Y de la misma manera, también ha quedado en el tiempo presente un remanente conforme a la elección de la gracia de Dios”. En otras palabras, Pablo y otros judíos de su tiempo eran creyentes en el Mesías, y por esa razón existe un remanente fiel que heredará las promesas hechas a Israel. Por ese motivo Dios no ha desechado a su pueblo, es decir, a su remanente, al cual conoció con anterioridad.

Aquí casi llegamos a la respuesta correcta. Pero hay un problema: Esa pregunta no es la que Pablo hace en el versículo 1 cuando dice: ¿“Acaso ha desechado Dios a su pueblo?” El problema que surge en el versículo 1 no se refiere a la ausencia de un remanente. Los capítulos del 9 al 10 fueron claros al referirse a la existencia de un remanente judío que sería salvo. (Romanos 9:24, 27, “el remanente será salvo”). La ausencia de un remanente no era el problema.

El problema en estos capítulos se presenta como que el Israel unificado, considerado en sentido general, vivo en cualquier generación dada, está, en su mayoría, pereciendo y siendo separado de Cristo. Este es el problema originado en el versículo 1. Pablo se refiere a este asunto cuando dice que Dios no ha desechado a su pueblo. Dios no ha desechado al pueblo de Israel unificado en sentido general en cualquier generación dada. En  las próximas semanas compartiremos al menos 6 argumentos para la comprensión este asunto. (Romanos 11:15, 16, 24, 25, 28f, 31).

Dios Ha Conocido a Su Pueblo Con Anterioridad

Pero por ahora vinculemos la frase anterior con la idea del conocimiento anticipado de Dios  respecto a su pueblo. Pablo dice en el versículo 2: “Dios no ha desechado a su pueblo al cual conoció con anterioridad”. Pablo quiere decir que si Dios los conoció con anterioridad, entonces no los puede desechar. La idea de conocerles con anterioridad implica un compromiso con ellos. Y este compromiso no se puede romper. Es por esa razón que Pablo está seguro de que Dios no ha desechado a su pueblo en sentido general. Él los conoció con anterioridad. En el pasado, él los “conoció”.

Entonces, ¿qué representa este conocimiento con anterioridad? La ilustración más clara sobre este asunto en relación a todo el pueblo de Israel se encuentra en Amós 3:2. Dios le dice a Israel: “Solo a vosotros os he escogido de todas las familias de la tierra”. Casi todo el mundo concuerda en que esta expresión quiere decir: «Solo a ustedes he escogido. Solo en ustedes he pensado, solo a ustedes los he hecho míos y solo a ustedes he conocido de la manera en que el esposo conoce a la esposa». Considero que aquí tenemos el conocimiento con anterioridad expresado en Romanos 11:2. Israel es el conocimiento con anterioridad por parte de Dios, es decir, un pueblo escogido.

En Romanos 11:28-29 encontramos una confirmación al respecto: “En cuanto al evangelio, [los israelitas] son enemigos por causa de vosotros [los gentiles]; pero en cuanto a la elección de Dios, son amados por causa de los padres; 29 porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables”.

Estos versículos no se refieren al remanente. Los integrantes del remanente que cree, no son “enemigos de Dios” por causa de los gentiles. Ellos no son parte de la desobediencia que conduce a la misericordia para los gentiles (11:31-32). Romanos 11:28 se refiere al Israel agrupado en sentido general, vivo en cualquier generación, que es la nación visible y unificada, de personas llamadas judíos. Ellos, por haber desechado a Cristo, en el presente, son enemigos de Dios (lo digo con temor y anhelando su fe), y están separados de Cristo (Romanos 9:3). Pero aquí no termina esta historia. Hay un futuro para el Israel unificado, porque ellos existen como un pueblo que ha sido agrupado (no todo individuo que vivió) “elegido”. O sea, ellos han sido conocidos “con anterioridad”. Dios hizo un pacto con sus antepasados: “Solo a vosotros he escogido de todas las familias de la tierra” (Amos 3:2).

En la mente de Pablo, el hecho de que Dios haya guardado para sí un remanente de judíos que creen en el Mesías (versículos 4 y 5),  muestra que Dios no ha concluido con el Israel unificado. A partir de aquí retomaremos el tema la próxima semana, Dios mediante. Dios ha guardado para sí un remanente conforme a la elección por la gracia.

Pregunta de aplicación: « ¿Ha Desechado Dios a los Gentiles?»

Ahora, para terminar por hoy, considere esta pregunta de aplicación para usted. Suponga que hoy alguien levantó una objeción opuesta. Suponga que alguien preguntó: « ¿Ha desechado Dios a los gentiles?» No digo que esta pregunta sea paralela a la referida a Israel; sino parecida: ¿Qué pasa si alguien dijo: « ¿Ha desechado Dios a todos los gentiles?»? Y suponga que prestaron mucha atención a su manera de responder a la pregunta ¿Haría usted lo que hizo Pablo en esta última parte del versículo 1?

Pudiera usted decir: «No, Dios no ha desechado a los gentiles. Porque yo mismo soy gentil, y no estoy rechazado. He sido aceptado no fundamentalmente por los antepasados de los judíos, sino por Cristo, quien me amó y se dio a sí mismo por mí. Mis pecados están perdonados. Su justicia para mí se mantiene. Mi condenación ha sido quitada. Mi culpa fue llevada. He nacido de nuevo en la familia de Dios, no por nacimiento natural o alguna conexión étnica, sino por el Espíritu Santo quien cambió mi corazón y despertó mi fe. No soy un enemigo de Dios, sino su amigo. Ya nunca más seré rebelde ni estaré endurecido, sino quebrantado y dependiente. No, Dios no ha desechado a los gentiles porque en Cristo, él no me ha rechazado».

¡Oh! Cuánto oro para que usted diga así. Porque este Cristo murió y resucitó, para ser el Señor de Judíos y gentiles. ¡Que el Salvador reciba la recompensa de su sufrimiento aún en nuestros días!

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