Como Dios da a conocer las riquezas de Su gloria a los vasos de misericordia

Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? 20Mas antes, OH hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? 21¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? 22¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, 23y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria.

Una de las grandes ventajas de ser un pastor, de trabajar para entender la palabra de Dios,  de exaltarse en ella, y de predicarla; es que semana tras semana tengo que pararme frente a personas cuyos hijos han fallecido, o peor, están muertos espiritualmente; cuyas esposos (o esposas) están críticamente enfermos, o peor, endurecidos espiritualmente; personas cuya salud está fallando; cuyos trabajos están en peligro;  cuyas finanzas están peladas; personas que luchan contra la depresión, o que aman a alguien que lo hace; y a personas que saben por experiencia propia, que el mundo—el mundo real donde viven—está atestado de pecado, sufrimiento, y vanidad. Digo que es una gran ventaja para mí, como pastor que es llamado a interpretar, enseñar, y exaltar la palabra de Dios; hacerlo en este contexto de la vida.

Es una ventaja, porque no puedo darme el lujo de aplicar ningún juego académico aquí. No puedo estar continuamente dejando sin terminar enseñanzas que son cruciales. No puedo ser neutral con las grandes verdades que son de gran importancia para la vida de las personas. Hay demasiando en juego aquí cada semana, como para permitirnos el lujo de distraernos con trivialidades. La vida es dura, y ustedes no vienen aquí a oírme especular, o a oírme dar mi opinión, y ofrecer charlas estimuladoras que desvíen su atención de los problemas reales que tienen.

Y es una ventaja, porque en este contexto de la vida real de personas que atraviesan sufrimientos reales cada semana, las grandes verdades de la Biblia puede que las ayuden, o puede que no. Y un pastor las escucha. Es una bendición para mi el hacer teología en el contexto público de personas sufridas que están dentro de la comunidad del pacto. El Problema del dolor, y el problema del mal, y la verdad de la soberanía de Dios nunca se acaban.

Testimonios de la Soberana Bondad de Dios

Ahora, tengo cerca de 125 entradas en mi sistema de archivos, bajo el titulo, “La soberanía de Dios”. Muchas de ellas son cartas. Cartas de ustedes y cartas de personas de todo el país; acerca que hablan del practico, poderoso, y precioso efecto que tiene la verdad de que Dios, el Padre de nuestro Señor, Jesús Cristo, es absolutamente soberano por encima de todo el sufrimiento y el pecado que pueda haber.

Una de las razones por las que no me sustraigo de la visión de Dios en Romanos 9, es porque casi después de treinta años, hasta la fecha, de enseñar  y predicar desde la convicción de la supremacía y soberanía de Dios en todas las cosas, pienso que esto no es solo Bíblicamente fiel, sino también profundamente practico, alentador, y vivificador. He visto la pura, absoluta, y santa, majestuosidad de la soberanía de Dios; por encima de todo el mal, y de toda voluntad o acción humana, volverse un ancla para las almas que están siendo zarandeadas por la tormenta, y convertirse en un refugio para los que tienen miedo, y en una roca estable cuando parecía que todo se desvanecía, y tornarse una esperanza cuando se ha perdido la cosa más preciada terrenalmente, y convertirse en la certeza de que la peor de las miseria en, realidad será transformada en bien.

La madre de un hijo universitario de 22 años de edad, que no ha despertado todavía de un coma de más de dos años que sufrió en un accidente de esquí (en el cual mi hijo Barbanas estaba), me escribió, “Su declaración de que, ‘en realidad nuestro dolor y nuestras perdidas son siempre una prueba de cuanto atesoramos al todo sabio, y gobernador de todo, Dios, en comparación con lo que hemos perdido’, me hizo caer de rodillas de nuevo. Ha sido muy duro devolverle mi ‘tesoro’ al Señor. Como usted dice, ‘este es un descubrimiento muy precioso, porque nos hace capaces de arrepentirnos y buscar valorar a Cristo como debemos’”. ¡No es asombroso!

Una de las razones por las que menciono algunas de estas cartas, es para ayudarle a percatarse de que a menudo, las respuestas de las personas a la soberanía de Dios por encima de todas las cosas, no son las que usted espera que sean. El hecho es que: las perspectivas acerca de Dios que usted o yo, en nuestra limitada experiencia, pensemos que sean necesaria tener en una situación dolorosa, puede que no lo sean en lo absoluto. ¿Alguna vez se ha sorprendido usted, como me ha ocurrido a mí, de cuan asombrosa y poderosamente relevante es la pura y absoluta bondad de Dios? Esta bondad de Dios resulta ser exactamente lo que algunas personas necesitan, cuando pensamos: seguramente lo que necesitan es un suave y blando colchón, no teológico, y emocionalmente agradable, donde recostarse. Para asombro nuestro, los encontramos diciendo, aunque en medio de tal sufrimiento no puedan siquiera articular palabra alguna, “Estoy tan profundamente estremecido en la totalidad de mi ser, que nada, excepto una dosis masiva de divina majestad y soberanía, me haría bien”.

Un padre me dijo en Marzo, después de tres horribles meses de revelaciones concernientes al abuso que sufrió su hija por un tío, que fue la verdad de la santidad y soberanía de Dios predicada en Enero, la roca que lo sostuvo durante los últimos tres meses.

Hace algunos años conocí a una joven mujer de la India que me dio las gracias por la verdad que había escuchado en algo que yo había dicho, y me preguntó si podía escribirme. Cuando nació, una enfermedad tratable le fue mal diagnosticada, y quedó paralítica. A los 14 ya le habían hecho 21 cirugías y los demás muchachos la trataban cruelmente llamándola “lisiada”. Se volvió cristiana estando en la secundaria. Se casó, tuvo cuatro abortos, y su segundo hijo murió en los brazos de su esposo a los dos meses de nacido. La carta concluía,

“He leído muchos libros acerca del sufrimiento, pero a menudo están demasiados centrados en el hombre y...invalidan, o por lo menos atenúan la gloria, la majestad, y la soberanía de Dios. Es radical pensar decir que Dios rige y ordena nuestro sufrimiento, y no solo lo permite pasivamente; esperando sacar de ello lo mejor para nosotros. A medida que crezco en mi andar, puedo ver que nada en este mundo ocurre sin la soberana voluntad de Dios”.

Enfrentando el Siglo 21

¿Ha considerado alguna vez—y le estoy pidiendo que lo haga—que lo que se nos avecina en el siglo 21 puede ser tan catastrófico, y tan sin precedentes en este país, que todo lo que alguna vez conocimos acerca de la seguridad terrenal fallará? ¿Y que este Dios, el Dios de Romanos 9—el Dios que, en nuestros tres siglos de seguridad, comodidad, y lujuria americana pudo ser marginado tan fácilmente—que este Dios puede ser precisamente el Dios perfectamente apropiado para enfrentar el desafío del islamismo, y para protegernos de las falsas enseñanzas dentro de la iglesia, y que puede ser lo suficientemente grande como para darle esperanza cuando el mundo completo parezca colapsarse y levantarse en rebelión contra Cristo? ¿Está seguro de que el Dios que heredó es el Dios bíblico? ¿Es su Dios lo suficientemente grande, majestuoso, y soberano, como para ser el Dios del siglo 21 y del mundo que estamos viendo desarrollarse en derredor nuestro?

Una Objeción Contra Esta Forma de Ver a Dios

En Romanos 9:19, Pablo oye a alguien levantar una objeción contra su manera de ver a Dios. Dicen, “¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?” Pablo acababa de decir en los versículos 17-18, “Porque la Escritura dice a Faraón: “Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. 18De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece”. Fue esta última frase la que levantó la objeción. Si el endurece a quien quiere endurecer—si Dios tiene el derecho de decretar quien se volverá rebelde—entonces “¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?”

Pablo ha retratado a Dios como absolutamente soberano. Él decide quien creerá e inmerecidamente será salvo y quien se revelará y mereciéndolo perecerá. Antes de que hubiesen nacido aún o hubiesen hecho mal o bien alguno, Dios ama a Jacob y entrega a Esaú a la iniquidad y a la destrucción (9:11-13). Dios es libre y nada fuera de él lo restringe cuando decreta quien recibirá misericordia y quien no (9:11-13).

¿Por qué es correcto para Dios hacer esto? Pablo ha dado respuestas en los versículos 14-18 y ahora da dos más. Las resumiré muy brevemente y haré una muy pequeña defensa de mi parte. Las dejaré reposar y leeré una cita muy poderosa de un resumen hecho por Jonathan Edwards, que me ayudó a ver la enorme implicación de este pasaje.

Primer Argumento: La Diferencia Cualitativa Entre el Alfarero y el Barro Hacen que Carezcan de Sentido las Criticas del Barro

Primero Pablo argumenta que el alfarero tiene la autoridad y el derecho sobre el barro para hacer una amplia gama de vasos de la misma masa. Versículo 21: “¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” El argumento aquí es básicamente que: El alfarero sabe más que el barro acerca de los que es sensato hacer. Esto lo digo porque Pablo pregunta en el versículo 20, “Mas antes, OH hombre, [o sea, un mero hombre, una mera pieza de barro] ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?” En otras palabras, el argumento es simplemente este: Nosotros, los humanos no sabemos lo suficiente como para elevar nuestros valores y nuestros estándares y nuestro entendimiento hasta el punto de juzgar a Dios y decir: Usted usó su soberanía de manera insensata, injusta. Ese es el argumento número uno. Hay una diferencia cualitativamente infinita, entre el alfarero y el barro, que hace que sea necio e incorrecto de parte del barro el criticar las decisiones del alfarero.

Segundo Argumento: El Propósito es Reflejar la Gloria de Dios para los Vasos de Misericordia

El segundo argumento profundiza más. Creo que es el argumento más profundo en toda la Biblia para porqué Dios es justo al escoger incondicionalmente a quien amar y a quien aborrecer;  a quien mostrar misericordia y a quien endurece; a quien hacer un vaso para honra y a quien para deshonra. La razón más profunda, Pablo dice, es que ello refleja más completamente la gloria de Dios, incluyendo su ira contra el pecado y su poder al juzgar, para que los vasos de misericordia puedan conocerle más completamente y adorarlo con la mayor intensidad por toda la eternidad.

Se los leeré desde los versículos 22-23 y ustedes decidan si pensar que es una reafirmación justa del argumento de Pablo. ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira—[está mal insertar “aunque” antes de “queriendo” como lo hace la NASB, diciendo, “Aunque decidió mostrar su ira...eso es una paráfrasis que interpreta el significado exactamente al revés. Está mal porque desde el versículo 17 sabemos que no es aunque Dios decidió mostrar su ira y su poder que él levantó al Faraón y soportó su rebelión durante 10 plagas; más bien es porque él decidió mostrar su poder y su ira, que trató con el Faraón en la manera en que lo hizo (Éxodos 7:3; 8:10; 10:1; 14:4)]--¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, 23y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria”.

Los Tres Propósitos en los Versículos 22-23

Hay tres propósitos mencionados y los primeros dos sirven al tercero. Primero (v.22) Dios actúa para mostrar su ira contra el pecado—que él es un Dios santo que aborrece el pecado. Segundo (v.22) Dios actúa para mostrar su poder al juzgar. Tercero, (v.23) toda esta auto revelación es para hacer notorias las riquezas de su gloria (incluyendo su santa ira y su enorme poder) para los vasos de misericordia. En otras palabras, al argumento final y más profundo que Pablo da a por qué Dios actúa con soberana voluntad, es que esta manera de actuar muestra mas completamente la gloria de Dios, incluyendo su ira contra el pecado y su poder al juzgar, para que los vasos de misericordia puedan conocerle más completamente y adorarle con la mayor intensidad por toda la eternidad.

Edwards en Porque Dios Ordenó que Existiese el Mal

Escuchen ahora a uno cuya perspicacia y entendimiento de estas cosas va mucho más allá de la mía, Jonathan Edwards, respondiendo a la pregunta ¿Por qué un Dios bueno y santo decretaría que existiera el endurecimiento y el mal? Escuchen cuidadosamente. Piensen fuerte. Esto no es la Biblia. Este es un hombre que yo creo que entendió la Biblia correctamente en este punto:

Es apropiado y excelente para la gloria infinita brillar hacia delante; y por la misma razón, es apropiado que el brillo hacia delante de la gloria de Dios debe ser completo; es decir, que todas las partes de su gloria deben brillar hacia delante, que toda belleza debe ser proporcionalmente brillante [=radiante], que el observador pueda tener una noción correcta de Dios. No es apropiado que una gloria deba ser excedidamente manifestada, y otra no...

Así que es necesario, que la temible majestad de Dios, su autoridad y su despeluznante grandeza, justicia, y santidad deba ser manifestada. Pero esto no podría ser posible, a menos que el pecado y el castigo hubieran sido decretados; así que el brillo hacia delante de la gloria de Dios sería muy imperfecto, por ambas cosas, porque estas partes de la gloria divina no brillarían hacia delante como las otras, y también la gloria de su bondad, amor, y santidad sería apenas visible sin ellas; escasamente podrían brillar si acaso.

Si no fuese correcto que Dios debiera decretar, permitir, y castigar el pecado, no pudiese haber manifestación de la santidad de Dios en su aborrecimiento al pecado, o en mostrar alguna preferencia, en su providencia, de piedad ante el pecado. No habría manifestación de la gracia o de la verdadera bondad de Dios, si no hubiese pecado para que fuese perdonado, ni miseria de la cual ser salvado. Cuanta felicidad como sea que él la conceda, su bondad, no sería tan apreciada y admirada, y el sentido de la misma no sería tan grande...

Así que el mal es necesario, en pos de la más elevada felicidad de la criatura, y de la complementación de esa comunicación de Dios, para la que él hizo al mundo; porque la felicidad de la criatura consiste en el conocimiento de Dios, y en el sentido de su amor. Y si el conocimiento de Dios es imperfecto, la felicidad de la criatura debe ser probablemente imperfecta. (Jonathan  Edwards, “Concerning the Divine Decrees”, en las obras de Jonathan Edwards (Edinburgh: Banner of Truth, 1974,p. 528)

Resumen

Entonces pregunto, “¿Es Dios menos glorioso porque ordenó que existiese un mal real y una culpa real y un castigo justo?” La respuesta de Pablo es, no, todo lo contrario. La gloria de Dios brillará más verdadera y brillantemente por haber decretado y gobernado este universo como lo conocemos. El esfuerzo por rescatar a Dios de su soberanía negando su precognición del pecado, o negando su definitivo control sobre el pecado, es destructivo para la fe, para la esperanza, y para la adoración. Es una gran deshonra a su palabra y a su sabiduría. Cristianos si aman la gloria de Dios, examinen bien las enseñanzas de su iglesia y de su escuelas. Pruébenlas. Pero más que todo examinen bien sus propias almas.

Que la majestad de Dios y el peso de su gloria, y la gracia de su agonizante y ascendente Hijo descansen sobre ustedes. Amen.

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