¿Cómo serán salvadas las personas? parte 1

Porque: Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo. 14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? 15 ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien! 16 Sin embargo, no todos hicieron caso al evangelio, porque Isaías dice: Señor, ¿quien ha creído a nuestro anuncio? 17 Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo. 18 Pero yo digo, ¿acaso nunca han oído? Ciertamente que sí: Por toda la tierra ha salido su voz, y hasta los confines del mundo sus palabras. 19 Y añado: ¿Acaso Israel no sabía? En primer lugar, Moisés dice: Yo os provocare a celos con un pueblo que no es pueblo; con un pueblo sin entendimiento os provocare a ira. 20 E Isaías es muy osado, y dice: Fui hallado por los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mí. 21 Pero en cuanto a Israel, dice: Todo el día he extendido mis manos a un pueblo desobediente y rebelde.

La relevancia de este texto es crucial para que entender cómo usted llegó a ser salvo de la ira de Dios, y de la culpa y dominio del  pecado y alcanzó la esperanza del gozo eterno en Dios. Es crucial para­ entender cómo sus hijos o padres, hermanos o hermanas, vecinos o compañeros, o los pueblos que no han sido alcanzados en el mundo serán salvos. Aquí se muestra magistralmente cómo es el proceso de venir a la fe y a la salvación. Hoy nos enfocaremos en una parte de los versículos 14-17.

Antes de leer estos versículos, recuerde lo que Pablo dijo. Él acaba de enfatizar que, con respecto al disfrute de las riquezas de la gloria de Dios, no hay distinción entre el judío y el gentil. Ambos, sin distinción alguna, disfrutarán la plenitud de la salvación de Dios, «si invocan el nombre del Señor». Romanos 10:12-13: “Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan; 13 porque: Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo”.

Tenga presente que el problema con que está tratando Pablo en Romanos 9 y 10 es principalmente la incredulidad de Israel, ¿por qué surgió esta incredulidad y por qué esta incredulidad no menoscaba la fidelidad y la credibilidad de Dios? Entonces lo que Pablo hace en los versículos anteriores de Romanos 10 es mostrar que la mayoría de Israel no tiene parte en la salvación, porque no cree en el Mesías, Jesús. Esto es lo que Pablo explica en los versículos 16 y 21.

Sería bueno leer esos dos versículos. Versículo 16b: “Porque Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?” en otras palabras, él le pide a Isaías que testifique desde el capítulo 53 versículo 1, que pocos están creyendo lo que él anunció (y recuerde,  lo que él proclamó en ese capítulo es la venida de Cristo y sus sufrimientos, su  resurrección y la doctrina de la justificación). Entonces, su mensaje en el versículo 16b es que pocos judíos están creyendo. De manera similar, en el versículo 21 Pablo cita Isaías 65:2a donde Dios dice: “Extendí mis manos todo el día hacia un pueblo rebelde”.

Regresaremos a este tema la próxima semana y hablaremos de la incredulidad de Israel, considerando la soberanía de Dios y la doctrina de la elección que Pablo enseñó en el capítulo 9. Pero por ahora, observe solamente que el objetivo principal de Romanos 10:14-21 es resaltar nuevamente que la incredulidad impide que Israel disfrute de las bendiciones de la salvación.

Pero pudiéramos objetar diciendo que Dios no estableció los prerrequisitos de la salvación. Tal vez Israel (y por consiguiente también los gentiles) no han creído porque no tienen lo que tienen que tener para creer. Entonces, Pablo rechaza esa objeción explicando detalladamente los pasos para la salvación, que se aplican tanto a los judíos como a cualquiera que esté dispuesto a creer. Y argumenta que los gentiles, de hecho, fueron puestos en el lugar de Israel.

Pero hoy nos enfocaremos en los pasos para la salvación, a fin de saber qué debemos hacer para ser parte del plan salvador de Dios para nosotros, para nuestra familia, amigos y para las naciones que no tienen el evangelio.

Leamos nuevamente los versículos 14-17:

¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? 15 ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien! 16 Sin embargo, no todos hicieron caso al evangelio, porque Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? 17 Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo.

Cuando Pablo dice: “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!”, cita a Isaías 52:7. Lo hace con dos propósitos.

Los Portadores de Buenas Nuevas Son Valiosos y Hermosos

Primero, los predicadores del evangelio (los portadores de las buenas nuevas de Dios) son tan valiosos que incluso sus pies sangrientos y sucios nos parecen hermosos. Los pies hermosos no son los suaves, arreglados, pintados, bronceados; los pies hermosos son los sucios, desgastados, arrugados, callosos, llenos de cicatrices por las muchas millas de travesía para llevar las buenas nuevas hacia lugares remotos, las que no habrían sido oídas de alguna otra manera. Entonces, el primer propósito al citar a Isaías 52:7 es: los portadores de las buenas nuevas son personas valiosas -personas de las que el mundo no es digno- hermosos por sus cuerpos desgastados a causa del servicio al Rey Jesús. Paul Brand, el médico misionero a la India, dijo que su madre misionera botó todos los espejos de la casa cuando él le dijo que ella había envejecido. Contaba con setenta años de edad; y durante los últimos 20 años de su vida misionera (estando ya en sus noventa) nunca tuvo un espejo en su casa de las montañas de la India. Cuando ella murió las aldeas de todas las montañas se juntaron para enterrar a una mujer hermosa.

Dios Ha Enviado a Su Pueblo Con Las Buenas Nuevas

Otro propósito al decir: “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!”, es mostrar que Dios, ciertamente, ha enviado a su pueblo con las buenas nuevas. Dios preparó las condiciones necesarias para que Israel fuera responsable de creer e invocar al Señor para salvación.

Enfoquémonos entonces en las condiciones que Dios estableció por causa de Israel y que deben existir dondequiera que alguien vaya a ser salvo. Ahora bien, tenemos cinco pasos que Pablo menciona. Veámoslos en orden inverso a la forma en que los menciona en los versículos 14-15 y enumerémoslos en el orden real en que suceden:

  1. Un predicador debe ser enviado;
  2. El predicador enviado debe predicar las buenas nuevas;
  3. Las buenas nuevas predicadas deben ser escuchadas;
  4. Las buenas nuevas escuchadas deben ser creídas;
  5. Deben ser creídas de modo que se invoque el nombre del Señor para salvación.

Enviar, predicar, escuchar, creer, invocar al Señor.

Todo está en los versículos 14 y 15, pero el versículo 17 añade algo más específico. Después de citar Isaías 53:1 en el versículo 16 (“Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?”), Pablo repite tres de los cinco pasos de la salvación, y explica uno de ellos más detalladamente. Dice: “Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo”. De manera que tenemos tres pasos que se repiten: creer, oír y predicar. Pero aquí se define que es predicar: la predicación es “la Palabra de Cristo”. Asumo que Pablo se refiere a la Palabra acerca de Cristo. Este el mismo evangelio que Pablo ha estado predicando en todo el libro de Romanos. Es la enseñanza de Romanos 10:9: “Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo”.

De manera que tenemos cinco pasos fundamentales:

  1. Enviar a predicar
  2. Predicar el evangelio acerca de Jesucristo
  3. Escuchar el evangelio de Cristo
  4. Creer en este Cristo
  5. Invocar al Señor para salvación.

Analicemos estos pasos uno a la vez y, si podemos, apliquémoslos a nuestra situación. Veámoslos en orden inverso. En el día de hoy solo analizaremos dos de ellos.

Invocar al Señor

Porque: “Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo” (Romanos 10:13) ¿Por qué Pablo dice que invocar al Señor es algo que necesariamente tiene que suceder después de creer en el Señor? ¿No somos justificados solo por la fe?

Creo que Pablo menciona «invocar al Señor» después de «creer en el Señor» porque tiene en mente una salvación más grande que la simple justificación. Creo que se refiere a la experiencia completa de la liberación, no solo de la culpa del pecado, sino del poder de esta culpa y de muchas tentaciones, de los juicios, del infierno y de la ira de Dios en los últimos días. Dios ha ordenado que seamos justificados por fe, pero que expresemos de mil maneras posibles esa fe en nuestra vida, invocando al Señor para liberación y ayuda.

Usted puede ver esta verdad repetida en los Salmos y en los evangelios. Salmos 18:3: “Invoco al Señor, que es digno de ser alabado, y soy salvo de mis enemigos”. Salmos 50:15: “Invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás”. Salmos 91:15: “Me invocará, y le responderé; yo estaré con él en la angustia; lo rescataré y lo honraré”. Salmos 145:18: “El Señor está cerca de todos los que le invocan, de todos los que le invocan en verdad”.

Y por solo mencionar un ejemplo de la vida de Jesús. El ciego Bartimeo escucha que Jesús viene y comienza a gritar: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” Y Jesús le dice: “¿Qué deseas que haga por ti?” Y el ciego le dijo: “Raboní, que recobre la vista”. Entonces Jesús dice: “Vete, tu fe te ha sanado” (Marcos 10:46-52). De manera que Jesús ve el llamado de Bartimeo como una consecuencia o una evidencia de su fe e incluso afirma que su fe es decisiva.

Entonces, Pablo ve la salvación como la bendición perfecta que recibimos al tener a Jesús como Señor en nuestra vida y en la eternidad. Es la salvación de Romanos 8:28 -todas las cosas obran para bien– siempre. Y dice que las bendiciones las recibimos al invocar al Señor. Así debiéramos vivir nuestras vidas. Debemos invocar continuamente al Señor.

Ciertamente, en 1ra a los Corintios 1:2, Pablo define así a un cristiano: “A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con todos los que en cualquier parte invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. Esto es ser cristiano: “…todos los que en cualquier parte invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo…” ¿Usted lo invoca? Algunas veces las personas preguntan si está bien orar a Jesús. Bueno, Pablo define un cristiano como la persona que continuamente ora a Jesús. «Señor Jesús, te estoy fallando, ayúdame». «Señor Jesús, estoy débil, fortaléceme». «Señor Jesús, estoy perdido y confundido, guíame». «Señor Jesús, estoy atrapado en una red de tentación y pecado, redímeme». Eso es ser un cristiano.

Esto nos lleva hacia el segundo de los cinco pasos de la salvación – en orden inverso…

Creer en el Señor

Versículo 14a: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído?”. Usted pudiera responder: «Bueno, muchas personas invocan al Señor en emergencias a pesar de no creer en él». En las dos ocasiones que más se suele escuchar el nombre de Dios o el de Jesucristo, fuera de la comunidad religiosa, es cuando una persona se martilla un dedo o se encuentra en un accidente grave. Estos llamados no provienen de fe. Provienen de la ira y de la emergencia. No hay verdadero amor hacia Jesucristo. «Él es solo un buen paramédico que quisiera que desapareciera después de curarme».

Pero Pablo nos aclara, bien rápido, esta ambigüedad; ciertamente, ya lo ha hecho. El llamado que tiene en mente es para invocar a Jesucristo como Señor –nuestro Señor, no como el extraño que aparece para sacarnos de un apuro y luego desaparece en medio de la noche. Romanos 10:9 lo aclara: “… si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo”. De manera que el llamado que salva es el que invoca a Jesús por Señor. Por esto es que Pablo dice: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído?”, mientras no crea en Jesús como Señor, no podrá invocarlo como Señor.

Este sería un buen momento para hacer cuatro observaciones acerca de la fe y al mismo tiempo, para reservar el resto del texto para la próxima semana.

La primera observación que acabamos de ver, y que es sumamente importante para quienes han sido enseñados erróneamente acerca de su conversión y crecimiento es:

La fe salvadora, desde el principio, cree en Jesús como Señor y lo invoca como Señor.

Usted puede ver eso fundamentalmente en Romanos 10:9: “Si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo”. Si no confiesa a Jesús como Señor, usted no es salvo. Romanos 10:9 explica claramente que el “Señor” a quien invocamos para ser salvos en los versículos 12 y 13 es el Señor Jesús. Eso es lo que hace la fe salvadora, invoca a Jesús como Señor.

A algunos les han enseñado que su experiencia debiera ser interpretada de la siguiente manera: «Acepté a Jesús como mi Salvador, y no hubo muchos cambios. Luego me rendí a él como Señor, y hubo más cambios». Esta no es una descripción bíblica de lo que realmente ha sucedido. Sería más bíblico decir: «Confié en Cristo pero no entendí mucho de su gran salvación y de su control soberano en mi vida; era inmaduro en mi fe y en mis sentimientos por Cristo. Después tuve experiencias que abrieron más y más mi corazón a la riqueza de Cristo como Señor poderoso y bello Salvador, y mi vida se adaptó cada vez más a él.

Para algunos esto sucede en una serie de momentos de crisis; para otros sucede gradualmente y sin crisis. Pero es incorrecto decir que hay fe salvadora donde no hay sujeción a Jesús como Señor. La fe salvadora es la fe en el «Señor Jesucristo» aunque al principio comprendamos muy poco.

La segunda observación: la fe cree en hechos. Es más que creer en los hechos, pero no menos.

Esto está claro en Romanos 10:9: “Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo”. La resurrección de Jesús de entre los muertos es un hecho histórico. Realmente sucedió en el espacio y tiempo de la historia. La fe salvadora lo cree así. Es por esto que la fe en Jesús como Señor y Salvador puede estar tan debilitada en muchos, porque la fe está fundamentada en los hechos, y los hechos no son conocidos por muchos. Los evangelios están aquí para mostrarnos los hechos preciosos con toda su significancia personal y poderosa. Estos hechos son fundamentales y esenciales. La fe salvadora cree en los hechos, y los ve como hechos revelados gloriosamente.

La fe salvadora es más que creer en los hechos; es también una confianza personal en que Cristo nos ha salvado y cumplirá en nosotros todas las promesas salvadoras de Dios, incluyendo el eterno gozo con él.

Santiago 2:19b dice: “También los demonios creen, y tiemblan”. Los malvados creen que el Hijo de Dios fue encarnado, y que vivió una vida perfecta como el inmaculado Cordero de Dios, y que murió por los pecadores, y que se levantó de entre los muertos, que reina y que un día los lanzará en el lago de fuego. El hecho de creer no los hace buenos en lo absoluto, porque son enemigos de Jesús. Creen y tiemblan.

La fe salvadora se apoya en los hechos ¡Se apoya! Descansa. Nos hace sentir como en casa y seguros. La fe salvadora experimenta un despertar de la confianza en nuestras almas, pues estos hechos han pagado mi deuda, han provisto mi justicia y han abierto para mí, el camino al paraíso. De modo que la fe salvadora es descansar confiados en estos hechos, que Dios nos ha salvado.

La semana que viene hablaremos de cómo surge esta confianza. Pero aquí está claro que surge por medio de la Palabra. Versículo 17: “Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo”. De modo que si usted está resistiéndose, póngase a sí mismo en el camino de la palabra, en el camino de escuchar el mensaje de la cruz. El evangelio de Jesucristo crucificado y levantado es el medio que Dios utiliza para darnos la confianza de que somos salvos gracias a ese hecho glorioso.

Finalmente, la fe salvadora incluye una satisfacción espiritual por todo lo que Dios es para no
sotros en Jesús.

Usted puede llamar a esto «el elemento emocional», o un «elemento afectivo», o un «placer espiritual» que deleita nuestro corazón con Cristo. O usted puede decir que este aspecto de la fe es una forma de apreciar o atesorar a Cristo. Como quiera que usted lo llame, esta satisfacción es una parte esencial de la fe.

Yo pudiera llevarle a varios textos para que vea más claramente esta satisfacción. Por ejemplo, podríamos ir a Filipenses 3:7-9 donde Pablo dice que lo estima todo como basura comparado con el inigualable valor de conocer a Jesús como Señor. Esta es una forma de atesorar a Cristo. Una forma de apreciar su belleza y su valor. Esto es parte de la fe salvadora. Para estar seguros, debemos crecer en esta actitud, siempre hay una semilla de aprecio en la fe salvadora.

O pudiéramos ver Juan 6:35 donde Jesús dice: “Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”. Esto significa que creer en Jesús es descubrirle como el pan de la vida y el agua viva que satisface las añoranzas más profundas de nuestras almas.

De manera que la fe salvadora no cree solo en los hechos ni confía en que todo va a obrar para bien siempre, también es una emoción espiritual de que este «bien» es el mismo Cristo y que tenerlo a él es mejor que la vida.

Vamos a la Cena del Señor

De manera que reservaremos el resto del texto para la semana que viene y vamos a la Cena del Señor. Y aquí es donde tomamos con nuestros labios los emblemas de la sangre y el cuerpo de Jesús: el pan y la copa de vino. Él ha ordenado que del mismo modo en que comemos y bebemos físicamente, también debemos comer y beber espiritualmente. Quiere que probemos y veamos a través de estos elementos que él es bueno y que toda su obra salvadora es gloriosa y que él es un tesoro. Vayamos a la mesa y disfrutemos de Cristo juntos.

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