¿Cómo serán salvadas las personas? parte 2

Porque: "Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo." 14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? 15¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: "¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!" 16 Sin embargo, no todos hicieron caso al evangelio, porque Isaías dice: "Señor, ¿quién ha creido a nuestro anuncio?" 17 Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo. 18 Pero yo digo, ¿acaso nunca han oído? Ciertamente que sí: "Por toda la tierra ha salido su voz, y hasta los confines del mundo sus palabras." 19 Y añado: ¿Acaso Israel no sabía? En primer lugar, Moisés dice: "Yo os provocare a celos con un pueblo que no es pueblo; con un pueblo sin entendimiento os provocare a ira." 20 E Isaías es muy osado, y dice: "Fui hallado por los que no me buscaban; me manifeste a los que no preguntaban por Mí." 21 Pero en cuanto a Israel, dice: "Todo el dia he extendido mis manos a un pueblo desobediente y rebelde”.

Hoy espero terminar un mensaje que empecé en Romanos 10:13-21. En el mensaje anterior enfaticé que después de la muerte y resurrección de Jesucristo por nuestros pecados, Dios comenzó a preparar 5 elementos cruciales para que las personas puedan ser salvas. Pablo menciona estos cinco elementos en los versículos 13-15: “Porque: Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo. 14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? 15 ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!”. De modo que la salvación viene al:

  1. Invocar a Cristo.
  2. Creer en Cristo.
  3. Escuchar el evangelio.
  4. Predicar el evangelio.
  5. Enviar al predicador.

En el mensaje anterior describí lo que significa creer e invocar al Señor. Dentro de unos pocos minutos, volveré a hablar acerca de los tres últimos pasos de los cinco estudiados. Pero primero hay dos cuestiones que debemos considerar en este texto. Una es la incredulidad del pueblo de Israel, y la otra es la soberanía de Dios en relación a la responsabilidad del hombre. De manera que abordaremos estas dos cuestiones y luego, para concluir, analizaremos los tres elementos: escuchar, predicar y enviar.

La Incredulidad de Israel

La incredulidad de Israel ha sido un tema doloroso y decepcionante en los capítulos 9 y 10 de Romanos, precisamente a partir de Romanos 9:3, Pablo dice: “Porque desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo por amor a mis hermanos, mis parientes según la carne”. Esta es la terrible realidad con que Pablo lucha en Romanos 9 y 10 ¿Cómo entender, cómo explicar, cómo sentirse y cómo responder a la incredulidad y pérdida del pueblo escogido de Dios, Israel? Ellos son condenados y echados de la vida eterna por rechazar a Jesús como su Salvador, su Mesías, su Señor y su Tesoro.

Pablo aborda de este tema una y otra vez. Romanos 9:27: “Isaías también exclama en cuanto a Israel: Aunque el número de los hijos de Israel sea como la arena del mar, sólo el remanente será salvo”. Romanos 10:1-2: “Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por ellos es para su salvación. 2 Porque yo testifico a su favor de que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento”. Entonces en Romanos 10:16 Pablo dice: “Sin embargo, no todos hicieron caso al evangelio, porque Isaías dice: Señor, ¿quien ha creído a nuestro anuncio?” y en el versículo 21: “Pero en cuanto a Israel, dice: Todo el día he extendido mis manos a un pueblo desobediente y rebelde”.

Y esta es la misma preocupación de Pablo durante el capítulo 11. Observe como comienza el capítulo 11: “Digo entonces: ¿Acaso ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! Porque yo también soy israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín”. En otras palabras, la incredulidad y la rebelión de Israel no son toda la historia ni el fin de la historia. Vea la advertencia en Romanos 11:25 para nosotros los cristianos gentiles: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis sabios en vuestra propia opinión: que a Israel le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; 26 y así, todo Israel será salvo; tal como está escrito: El Libertador vendrá de Sion; apartará la impiedad de Jacob”. Entonces la preocupación de Pablo en Romanos 9-11 es: ¿Qué significa que Israel sea incrédulo y rebelde contra el Mesías? ¿Y qué significa que Israel esté maldecido y separado de Cristo?

¡Uno de los argumentos principales que Pablo quiere dar en estos versículos es que la incredulidad y la perdición de Israel no significan que la Palabra de Dios haya fallado! Romanos 9:6 acierta en el blanco: “Pero no es que la palabra de Dios haya fallado. Porque no todos los descendientes de Israel son Israel”. Su primer argumento para esta verdad crucial está basado en la doctrina de la elección soberana e incondicional de Dios en el capítulo 9. En otras palabras, la incredulidad y la pérdida de Israel no socavan los planes de Dios, porque él es soberano sobre la incredulidad de ellos y la incluyó en sus planes desde el principio. “Porque El dice a Moisés: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga compasión. 16 Así que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia (Romanos 9:15-16)”.

Algunos de nosotros, durante nuestra existencia, nos hemos estremecido hasta lo más profundo de nuestro ser con esta verdad de la soberanía de Dios sobre la incredulidad y la fe los hombres. Hemos huido de ella, suponiendo que no estaba allí, hemos discutido con ella, hemos llorado por ella, y finalmente hemos inclinado nuestra cabeza y nuestro corazón ante ella, y luego hemos descubierto que esta soberanía es uno de los cimientos más profundos y más preciosos de la casa de nuestra frágil fe. Ahora vemos, con gozo estremecedor, que sin esta soberanía no hubiéramos creído, y no hubiéramos resistido hasta el final para ser salvos, esta verdad la vemos especialmente en Romanos 9.

La Soberanía de Dios En Relación con la Responsabilidad Del Hombre

Ahora, en este texto, sin perder de vista esta verdad (Pablo la volverá a mencionar en unos momentos en el capítulo 11 y por consiguiente nosotros también), Pablo nos dice algo crucial e inusual para equilibrar nuestra forma de pensar sobre la soberanía que Dios ejerce sobre la incredulidad de Israel. Y en este momento comienzo a desarrollar el segundo punto del mensaje. El primero fue la incredulidad de Israel. El segundo es la soberanía de Dios en relación con la responsabilidad del hombre. Pablo dice: «Israel no es incrédulo porque le falten elementos que le hagan responsable para creer».

Este es el propósito principal de estos cinco pasos en los versículos 14-15. Para ser salvo usted debe invocar a Cristo. Para invocarlo usted debe creer en él. Para creer en él, usted debe escuchar la Palabra de Cristo. Para escucharla, usted necesita alguien que proclame el mensaje de Cristo. Y para proclamar con autoridad divina, usted debe ser enviado por Dios. Y su propósito en estos versículos es acentuar que: ¡estos hechos han ocurrido por causa de Israel! Y por lo tanto Israel no es incrédulo porque le falten elementos que le hagan responsable para creer.

Observe el versículo 18: “Pero yo digo, ¿acaso nunca han oído?”. En otras palabras, ¿no se han cumplido las condiciones de enviar, predicar y escuchar?  Y Pablo responde: “Ciertamente que sí”. Luego utiliza las palabras del Salmo 19:4 para enfatizar su posición: “Por toda la tierra ha salido su voz, y hasta los confines del mundo sus palabras”. No estoy seguro de que la intención de Pablo sea que comprendamos esas palabras en el contexto del Salmo (la revelación general en la naturaleza), o que él sencillamente esté utilizando esas palabras (sin pretender citarlas en el contexto) para acentuar la expansión mundial del evangelio con el fin de que Israel crea. Sin embargo, su objetivo principal está claro: El mensaje de Cristo ha sido predicado a Israel e Israel lo ha escuchado, por tanto es responsable de su incredulidad.

Luego, Pablo subraya la responsabilidad de Israel en los versículos 19 y 20: “Y añado: ¿Acaso Israel no sabía? En primer lugar, Moisés dice: Yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo; con un pueblo sin entendimiento os provocaré a ira”. Para decirlo de otra manera, el hecho de que esos gentiles paganos, incircuncisos, inmundos, faltos de instrucción crean en el Mesías y hereden las promesas hechas a Israel, fue predicho por Moisés. Esto está sucediendo frente a los ojos de Israel para mostrarles la verdad del evangelio que rechazan. La responsabilidad de Israel es mayor porque los gentiles están respondiendo al evangelio.

Pablo en el versículo 20 dice nuevamente: “E Isaías es muy osado, y dice: Fui hallado por los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mi”. En otras palabras, los gentiles están encontrando la salvación en Jesucristo, el Mesías judío, tal y como Isaías profetizó. Ellos son salvos por fe, no por las obras de la ley. Todo esto fue una proclama para que Israel entendiera el mensaje de la gracia a través del Mesías Jesús.

Pero Pablo describe el resultado negativo en el versículo 21: “Pero en cuanto a Israel, dice: Todo el día he extendido mis manos a un pueblo desobediente y rebelde”. En otras palabras, la mayor parte de Israel escuchó las profecías y su cumplimiento, escuchó el evangelio y no lo creyó.

Observe cómo Pablo describe la incredulidad de Israel, (una descripción muy diferente a Romanos 9:15-16, donde Dios dice: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga compasión. 16 Así que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”, v.15. Dios está dotado de absoluta soberanía sobre la voluntad humana y sobre su incredulidad). Observe y pregúntese cómo Romanos 10:21 describe la relación de Dios con la incredulidad de Israel y la nuestra, Dios dice: “Todo el día he extendido mis manos a un pueblo desobediente y rebelde”. De modo que aquí vemos una representación del corazón de Dios, de su llamado, de su exhortación a través de profetas y predicadores. Pero los oidores no creen; son “desobedientes y rebeldes”.

Mi meta en esta mañana no es analizar como es posible que Israel sea desobediente y rebelde, sino instarnos a abrazar la paradoja de la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre. Lo más triste es que algunos abrazan la soberanía de Dios sobre la voluntad humana y dicen: «No debemos dejar a Dios con las manos extendidas, invitándonos y llamándonos». Y otros abrazan la responsabilidad del hombre y dicen: «Si Dios nos invita, nos llama, y nos hace señas, entonces él no es realmente soberano sobre la voluntad del hombre, sino que es el hombre quien realmente tiene la autodeterminación suprema y Dios no tiene realmente el control de todas las cosas».

Ambos son errores lamentables. Es triste que un grupo rechace algo tan profundo y tan precioso que Dios ha revelado acerca de sí mismo para fortalecer nuestra esperanza, gozo y amor, es decir, su absoluta soberanía. ¡Oh cuán agradable es cuando todo a nuestro alrededor se desploma, y necesitamos una roca firme en un mundo que algunas veces parece tan desmesuradamente fuera de control, insignificante y cruel! ¡Oh, cuán agradable es saber que Dios en estos tiempos no es bueno e inútil, sino bueno y soberano! Y el otro grupo (quienes abrazan la soberanía de Dios) algunas veces rechazan algo altamente crucial para entender la justicia de Dios en relación con las personas, y no ven como suplicamos a las personas y las persuadimos, las invitamos con lágrimas en los ojos a venir a Cristo y por Cristo.

De manera que mi meta en esta mañana no es explicar la paradoja, sino simplemente subrayarla con tres ejemplos (aunque hayan muchos más), con la esperanza de que Dios hará que nuestra mente se someta a su Palabra, ya sea que la entendamos o no.

En Mateo 11:25 Jesús dice: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños”. Y luego en el versículo 28 dice: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar”. Él ha escondido la verdad de algunos, pero invita a todos.

En Juan 6:35 Jesús dice: “Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”. Y un versículo después dice: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera”. Todos están invitados a Cristo, pero solo algunos son entregados a Cristo por el Padre.

En Hechos 13:38 Pablo dice a la sinagoga en Antioquía: “Por tanto, hermanos, sabed que por medio de El os es anunciado el perdón de los pecados; 39 y que de todas las cosas de que no pudisteis ser justificados por la ley de Moisés, por medio de El, todo aquel que cree es justificado”. Y en el versículo 48 Lucas dice: “…y creyeron cuantos estaban ordenados a vida eterna”. Todos están invitados a creer y a ser perdonados. Y creyeron los que estaban ordenados para vida eterna.

Esta mañana no estoy explicando, simplemente estoy proclamando. Esta es la esencia de Dios, el hombre no es soberano sobre su propia vida. Dios lo es. Dios es el alfarero. Nosotros somos el barro. Pero por otra parte, Dios “…quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad” (1ra a Timoteo 2:4). El extiende sus manos todo el día hacia los gentiles y judíos de las Twin Cities. Él les llama, les hace señas y les invita.

Enviar, Predicar, Escuchar

Esto nos lleva hacia nuestro tema final. Dije que terminaría regresando a los tres pasos de los cinco que se muestran en los versículos 14-15 que no fueron totalmente abarcados en el mensaje pasado. “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? 15 ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!”

Los primeros dos temas del mensaje de hoy se unen y generan el tercero. Primero, está la incredulidad y la pérdida de Israel –y del mundo sin Cristo. Segundo, está el hecho de que Dios es soberano sobre la voluntad humana creamos o no; él extiende sus manos hacia las Twin Citiesdurante todo el día a su pueblo judío y a su pueblo gentil, a sus estudiantes, a sus ancianos y a sus jóvenes, solteros y casados,  y a todos los grupos étnicos que están cerca y lejos.

Estos dos temas se unen y nos impulsan a hacernos la siguiente pregunta: ¿cómo se puede oír la voz de Dios? ¿Cómo se pueden ver sus manos extendidas? ¿Cómo se puede conocer su paciencia? La respuesta está en el tercer tema: Él envía mensajeros y les encomienda el mensaje de la reconciliación (2da a los Corintios 5:19). Estos mensajeros hablan diciendo: “…en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios!”  (2da a los Corintios 5:20). Y las personas escuchan el evangelio. Y en el evangelio escuchan a Cristo llamándoles, invitándoles y atrayéndoles a él.

Ahora necesitamos otro mensaje, pero dejo que el Espíritu Santo predique a sus corazones. Los mensajeros efectivos del evangelio son enviados por Dios. Hablar en el nombre de Cristo no es un simple impulso humano. Dios bendice a los mensajeros que envía. Pero tenga cuidado no sea que se diga a sí mismo: «No soy un enviado, así que no hablaré del evangelio». Más bien diga: «Aquí estoy Señor, envíame. Envíame a un pueblo que no haya sido alcanzado aún. Envíame a las regiones urbanas de Minneapolis. Envíame a donde sea, al otro lado de la calle donde está mi suburbio que perece. Envíame más allá de esta oficina, envíame al teléfono, envíame más allá de esta iglesia cuando finalice el servicio».

Sí, Dios nos envía y nos llama de una manera oficial y profesional. Cuando digo profesional me refiero, por ejemplo, a mi desempeño como pastor de esta iglesia. Dios llamará a algunos de ustedes. Pero todavía Dios nos llama y nos envía de una manera más espontánea y más ocurrente. Si tiene a Cristo, experimentará este llamado. Por tanto, oremos para que Dios nos llame más y más: «Señor, aquí estoy, envíame. Abre mi boca para predicar el evangelio, para que muchos escuchen y crean, te invoquen y sean salvos. ¡Oh, cuán hermosos son los pies de los que traen las buenas nuevas de salvación!

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