Cómo matar el pecado, parte 3

Y si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, sin embargo, el espíritu está vivo a causa de la justicia. 11 Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros. 12 Así que, hermanos, somos deudores, no a la carne, para vivir conforme a la carne, 13 porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. 15 Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, 17 y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con El a fin de que también seamos glorificados con El.

Hace tres semanas prometí un tercer mensaje acerca de cómo hacer morir el pecado partiendo del verso 13. “Porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”. Obtuve la frase hacer morir el pecado de este versículo: “… hacéis morir las obras de la carne…”. Este versículo afirma que si usted desea vivir tiene que matar. Haga morir el pecado, o él le hará morir.

La Violencia Contra Nuestra Carne

Hay una veta de maldad en la vida Cristiana. Hay violencia. Hay conflicto. Pero esta violencia es opuesta a la egoísta contra las personas. Es una violencia contra la “carne” o contra “las obras de la carne”, - de nuestra carne y nuestro cuerpo. El cristiano no es violento hacia los demás, sino hacia su propio pecado- de nuestra propia carne.

Hemos visto el significado de “carne” en Romanos 8:7, “ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo”. Estamos en la carne cuando somos rebeldes, insubordinados y hostiles hacia la dirección de Dios en nuestros cuerpos y nuestras mentes. Para hacer morir “las obras de la carne” debemos cortar el suministro de aire con que respiran las obras pecaminosas, estrangular la carne, quitarles la vida, detener el flujo de sangre que les sostiene. Las obras pecaminosas deben morir antes de cometerse, cortando la raíz de la desconfianza, hostilidad e insubordinación hacia Dios.

“Por el Espíritu” y Pensando en las “Cosas del Espíritu”

Así que nos preguntamos, ¿cómo podemos hacer morir las obras de la carne?, “por el Espíritu”, dice Pablo. El versículo 13b dice: “si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” ¿Qué quiere decir Pablo?: hacer morir las obras de la carne “por el Espíritu” es hacer morir el pecado “por el Espíritu”. Esta es la clave de la vida cristiana.

Entonces, ¿qué significa hacer morir el pecado “por el Espíritu”? Hacer morir al pecado “por el Espíritu” probablemente está relacionado con Romanos 8:5 que habla  acerca de “poner la mente en las cosas del Espíritu”. “Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu”. En otras palabras, podemos hacer morir el pecado “por el Espíritu” al pensar “en las cosas del Espíritu”.

Entonces preguntamos: ¿cuáles son las “cosas del Espíritu”? Contestaremos esta pregunta apoyándonos en 1ra a los Corintios 2:13-14 que dice: “lo cual también hablamos,  no con palabras enseñadas por sabiduría humana,  sino con las que enseña el Espíritu. […] Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios,  porque para él son locura”. Aquí tenemos misma frase que aparece en Romanos 8:5: “cosas del Espíritu” ¿A qué se refiere al mencionar las “cosas del Espíritu”?: a la Palabra de Dios hablada por los apóstoles, inspirada por el Espíritu y no por humana sabiduría.

Así que para hacer morir las obras de la carne (como dice Romanos 8:13) “por el Espíritu” debemos pensar en “las cosas del Espíritu”. Por la relación que tiene esta frase con el texto en Efesios 6:17, donde Pablo dice que en nuestra batalla contra el mal debemos tomar “el yelmo de la salvación,  y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”, sabemos que esta frase implica que debemos pensar en la Palabra de Dios y en las Escrituras.

La espada es el arma ofensiva utilizada en la armadura espiritual que debemos “tomar” para pelear nuestras batallas ¿Qué es esta espada? La Biblia la describe de dos formas que están estrechamente relacionadas con Romanos 8:13:

  1. La describe como la espada “del Espíritu”. Si queremos hacer morir las obras de la carne “por el Espíritu”, el único arma letal en nuestra armadura, es la espada, llamada también “la espada del Espíritu”. Tenemos buenas razones para pensar que el medio para hacer morir al pecado “por el Espíritu” es esta espada.
  2. La segunda descripción, Efesios 6:17, dice que esta espada es “la palabra de Dios”, confirmándonos la conexión que existe con 1ra a los Corintios 2:14. La espada  que hace morir al pecado es la palabra de Dios. Y hacemos morir el pecado “por el Espíritu” al pensar en “las cosas del Espíritu”, pensar en la Palabra de Dios contenida en las Escrituras, que es la Espada del Espíritu.

La Paradoja de Quién Hace la Obra

La pregunta que formulamos y tratamos de contestar esta noche es: ¿cómo puedo convertir el poder del Espíritu Santo en un contundente golpe de muerte contra el pecado en mi vida?

¿Puede ver la paradoja que hay en Romanos 8:13, verdad? Por una parte, según Pablo somos nosotros quienes debemos hacer morir al pecado. Es nuestro deber. Nosotros hacemos “morir las obras de la carne”. Pero, por otro lado, Pablo dice que hacemos morir las obras de la carne “por el Espíritu”. El Espíritu no es una herramienta, ni tampoco un arma. Él es una persona, él es Dios. Debemos hacer morir las obras de la carne por medio de Dios, el Espíritu. Evidentemente el Espíritu es quien mata, decisivamente, las obras de la carne. Esa es la paradoja: nosotros hacemos morir las obras de la carne, pero debemos hacerlo de modo que sea Dios quien actúe. Esta es la diferencia entre la vida cristiana y un programa de auto-ayuda moral.

Pablo, en Romanos 15:18 dice, “Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí”. Lo dice también en 1ra a los Corintios 15:10b “antes he trabajado más que todos ellos;  pero no yo,  sino la gracia de Dios conmigo”. He trabajado, pero no yo, sino la gracia de Dios – el Espíritu de Dios – en mí y conmigo.

Por esta razón es totalmente correcto que preguntemos, ¿cómo puedo convertir el poder del Espíritu Santo en un contundente golpe de muerte contra el pecado en mi vida? Si vamos a vivir una vida cristiana –no solo una imitación de ella– debemos experimentar Romanos 8:13, debemos hacer morir decisivamente al pecado, y hacerlo de modo que sea el Espíritu quién lo haga. Aquí se arriesga la gloria de Dios pues quien extermine decisivamente al pecado será quien obtenga la medalla de honor ¿Quién obtendrá la medalla? ¿Usted o Dios?

¿Por las Obras de la Ley o por el Oír con Fe?

El mensaje anterior lo concluimos examinando un texto clave que se encuentra en Gálatas 3:5. En este texto Pablo contesta la pregunta que ya nos hemos planteado. ¿Cómo puede usted hacer que el poder del Espíritu Santo sea un contundente golpe de muerte contra el pecado? Pablo pregunta, “Aquel,  pues,  que os suministra el Espíritu,  y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?” En otras palabras, ¿cómo fluye el Espíritu Santo con milagros y cómo obra con poder en nuestras vidas? ¿Cómo se convierte el Espíritu en una poderosa obra de muerte contra el pecado en nuestras vidas?

El apóstol hace mención de dos opciones: por las obras de la ley, o por el oír con fe. La respuesta que supone es clara: no es por las obras de la ley, sino por el oír con fe. Ahora, ¿por qué Pablo dice “por el oír con fe” en lugar de decir simplemente “por fe”? El Espíritu obra en nuestras vidas poderosamente haciendo morir al pecado, no solo “por fe”, sino por “oír con fe” ¿Por qué decirlo así? La respuesta es la siguiente: la espada del Espíritu es la Palabra de Dios, y es la palabra que ha sido escuchada y creída. Cuando la Palabra de Dios –la espada del Espíritu– es escuchada y creída, el Espíritu se vuelve un arma de muerte contra el pecado.

En otras palabras, la conexión entre el Espíritu Santo y nosotros es la Palabra de Dios y la fe. Son como el enchufe y el conector. Cuando el enchufe de su fe es conectado a la Palabra de Dios, el Espíritu fluye y al fluir hace morir al pecado.

Antes de ofrecerles algunas ilustraciones prácticas, debemos mencionar dos verdades importantes.

Nosotros Matar el Pecado de la Misma Manera que Obtenemos la Salvación

Primero, como pueden ver, hacemos morir el pecado de la misma manera en que obtenemos salvación. Efesios 2:8-9 dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe;  y esto no de vosotros,  pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. Por la fe hacemos lo correcto con Dios, no por las obras. Por la fe y no por las obras hacemos que el Espíritu Santo dé muerte al pecado. Si usted está aquí y aún no es cristiano, sepa que en este sermón no está escuchando acerca de alguna extraña forma  modernizada (muy por debajo de la verdadera madurez cristiana) de vivir el cristianismo. Así es como usted se convierte en cristiano. Así alcanza el crecimiento como cristiano.

Para llegar a ser cristiano necesita creer en las promesas de Dios, por ejemplo: “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor,  será salvo” (Romanos 10:12). Y como cristiano, para combatir el pecado, necesita creer en las promesas de Dios, ejemplo: “No te desampararé,  ni te dejaré” (Hebreos 13:5). Por la fe obtenemos la justificación y santificación que Cristo compró con su sangre. Debo decirle que siempre necesitará vivir por fe. Siempre confiaremos en el regalo que la justicia de Dios nos ha otorgado, y en el poder que hay en la gracia de Dios para hacer morir al pecado e impartirnos una justicia práctica.

La Gloria De Cristo está en Juego Cuando Vivimos en esta Forma

La segunda cosa que hay que decir es que si vive un cristianismo descuidado, las personas cuestionarán la gloria de Cristo. Toda nuestra vida tiene un gran significado para Jesucristo. Todas las cosas que hacemos deberían exaltar su grandeza. Ahora, si necesitamos convertir el poder del Espíritu Santo en un arma contundente y de muerte contra el pecado, ¿por qué simplemente no oramos para que Dios lo haga? ¿Por qué simplemente no le pide a Dios que haga morir el pecado que hay en su vida? “Pedid, y se os dará” (Lucas 11:9, 13).

Bueno, sin duda debemos pedir. La oración es fundamental, pero no es todo lo que significa “hacer morir las obras de la carne por el Espíritu”. Pablo dijo, que quien nos suministra el Espíritu y obra milagros entre nosotros, lo hace por el oír con fe. No es solo pedir, también es oír. No es solo oír, es oír con fe. Pero, ¿por qué quiso Dios que el oír con fe fuera el camino para alcanzar su victoria?

Porque si solo destruyera el pecado cuando se lo pedimos, sin hacer que nuestro oír con fe fuera parte del proceso, entonces Jesucristo no obtendría la gloria por nuestra santidad. Jesús dijo: “Pero cuando […] el Espíritu de verdad, venga, […] El me glorificará” (Juan 16:13-14). La obra del Espíritu, al matar nuestro pecado, buscará glorificar a Cristo. ¿Cómo puede ser posible? Porque el Espíritu solo fluye a través del “oír con fe”, y lo que oímos es, en esencia, el evangelio de Jesucristo.

“Oír con fe” incluye a todas las promesas de Dios. Como dice 2da a los Corintios 1:20, “Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo” [NVI]. En otras palabras, Jesús pagó cada promesa para aquellos que confían en él. Por tanto, cada promesa de Dios que usted escucha y cree trae gloria a Jesucristo. Si solo oramos a Dios y le pedimos que haga morir el pecado que hay en nuestras vidas y no escuchamos el evangelio de Cristo, o ninguna de sus promesas, entonces Jesús no será glorificado en nuestra santidad. Y Dios, por medio de su hijo, es glorificado en nuestra justificación y santificación. Dios no quiso que nuestra santificación ocurriera solo por la oración, también por oír las promesas de Dios que exaltan a Cristo, compradas por su sangre y creerlas así como pedirle que haga morir nuestro pecado.

Esta es la segunda verdad que debe ser dicha: hacer morir al pecado en nuestras vidas debe glorificar a Jesús. Cuando hacemos morir el pecado, por el Espíritu, cuando escuchamos y creemos las promesas que compró y aseguró con su sangre, Jesús es glorificado.

Algunas Ilustraciones Que Muestran Cómo Obra Dios

Permítanme terminar este mensaje con algunas ilustraciones. Precisamente ahora tres de nuestras familias misioneras en Tanzania están siendo forzadas a abandonar el país en un plazo de 30 días. La esposa de uno de los misioneros compara su situación con la de los discípulos en el tiempo que transcurrió entre la muerte de Jesús y su resurrección: «Los discípulos están sentados, callados y quietos, en la casa de alguien… ignorantes de que la resurrección se acerca. Así nos sentimos en estos momentos, el futuro es oscuro e incierto, entristecidos empacamos nuestras pertenencias para dejar este país que ha sido nuestro hogar en los últimos siete años y el único que han conocido nuestros niños».

Ahora, ¿cuáles son los riesgos que nos harían pecar? ¿Cuáles son los pecados que necesitan morir antes que lleguen a concretarse? La ira, la desesperación, la autocompasión y el miedo, la impaciencia y la irritabilidad ¿Cómo podemos hacer morir estos pecados y las obras de la carne que pudieran resultar de ellos?

Esta es la respuesta de la esposa misionera extraída del mismo correo electrónico:

«Nos estamos aferrando a que Dios es bueno, Dios está al control, Dios nos ama más de lo que podemos comprender, Dios quiere darnos esperanzas y un futuro, él quiere prosperarnos (Jeremías 29:11). Es comprensible que nos sintamos desanimados, estamos exhaustos física y emocionalmente. PERO… “las misericordias del SEÑOR jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡grande es tu fidelidad!” (Lamentaciones 3:22-23)».

En otras palabras, ellos están haciendo morir las obras de la carne –están haciendo el pecado- por el Espíritu. Están escuchando las promesas de Dios y creyendo en ellas. Y el Espíritu Santo está fluyendo, sustentándoles, y santificándoles porque están escuchando y creyendo en las promesas de Dios.

Aquí les traigo otra ilustración. Trata acerca de una pareja de misioneros que estuvieron el año pasado con nosotros ministrando a los refugiados en nuestra ciudad. Ahora se encuentran en un país de África con tres niños pequeños, lo que les resulta tan preocupante que no pueden ni mencionarlo. La carta de oración que nos escribieron en febrero es uno de los ejemplos más claros que yo haya visto de cómo se hace morir el pecado por medio del Espíritu.

Ellos hacen un listado de los pecados con que están lidiando y entonces le asignan, a cada uno, la promesa de Dios correspondiente con que van a hacerlo morir.

La constitución de este país puede limitarnos en muchas aspectos, pero la Palabra de Dios dice, “mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo” (1ra. de Juan 4:4).

Cuando el miedo dice « ¿y si… llegará a ocurrir?» La fe nos dice, “No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10).

Cuando la preocupación emerge, la fe responde, “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

Cuando la duda y la frustración se burlan diciendo: « ¡esto es una pérdida de tiempo, ellos nunca van a cambiar!», Jesús nos mira a los ojos y dice: “Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque todas las cosas son posibles para Dios” (Marcos 10:27).

Aprenda de nuestros misioneros. Aprenda del apóstol Pablo. Haga morir las obras de la carne por el Espíritu. No por las obras de la ley. Mate al pecado por el Espíritu, no por las obras de la ley. Glorifique a Jesús tomando la espada del Espíritu, las promesas de Dios compradas por la sangre de Cristo y afírmese en ellas. Cuente con las promesas de Dios, satisfágase en ellas. El poder del pecado ha sido quebrantado, el pecado no tiene dominio sobre usted ¡Jesucristo será glorificado en usted! Amen.

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