Cómo llegamos a conocer el pecado

Romanos 7:7-12

¿Qué diremos, entonces? ¿Es pecado la ley? ¡De ningún modo! Al contrario, yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la ley; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: No codiciarás. Pero el pecado, aprovechándose del mandamiento, produjo en mí toda clase de codicia; porque aparte de la ley el pecado está muerto. Y en un tiempo yo vivía sin la ley, pero al venir el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí; y este mandamiento, que era para vida, a mí me resultó para muerte; porque el pecado, aprovechándose del mandamiento, me engañó, y por medio de él me mató. Así que la ley es santa, y el mandamiento es santo, justo y bueno.

Romanos explica el Domingo de Ramos

El Domingo de Ramos marca el día en que Jesús entró a Jerusalén casi al final de su vida, mientras el pueblo batía ramas de palmeras y los niños gritaban "Hosanna [salvación], hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en el nombre del Señor". Pero esta entrada triunfal a Jerusalén obtiene toda su importancia de la razón por la que Jesús está viniendo a Jerusalén; a saber, viene para morir. Marcos 10:33-34: "He aquí, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles. Y se burlarán de Él y le escupirán, le azotarán y le matarán, y tres días después resucitará".

Por eso es que vino a la ciudad. Lucas 13:33: "Debo seguir mi camino, hoy, mañana y pasado mañana; porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén". El Domingo de Ramos trata, totalmente, sobre la muerte voluntaria de Jesús. Él vino para morir. Él planificó morir. Él tenía la intención de morir. ¿Y por qué tenía la intención de morir? Esto es lo que dijo en Marcos 10:45: "Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos". Dijo que vino a dar su vida en rescate. Es decir, estábamos esclavizados al pecado y la muerte y el infierno, y para librarnos de esta esclavitud, Jesús paga un rescate por nosotros, su vida.

De esto trata el libro de Romanos, de explicar por qué necesitamos un rescate, por qué tuvo que ser Jesús el Hijo de Dios, y cómo, mediante el Espíritu, la vida y muerte de Jesús demuestran la justicia de Dios y nos liberan de la atadura de la culpa y el poder del pecado. Así que Romanos es un comentario sobre el significado del Domingo de Ramos, y sobre por qué Jesús estaba viniendo a Jerusalén.

Anteriormente, y durante el capítulo 5 de Romanos, Pablo defiende la justificación del impío por la gracia mediante solo la fe sin las obras de la ley. En otras palabras, él muestra que por lo que Cristo hizo como Siervo sufriente de Dios, los pecadores impíos pueden tener paz con Dios solo por gracia mediante la fe sin las obras de la ley. Romanos 4:5: "mas al que no trabaja, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia".

Ahora, al final del capítulo 5, Pablo está turbado por lo que dice uno de sus oyentes acerca de la gracia y la ley. Está turbado por la gracia, como él dice que justifica al impío, así parece abrir la puerta al consentimiento y al libertinaje. Y está turbado por la ley, pues parece que guardar la ley no es necesario para la justificación, y como la ley incluso une manos con el pecado para derrotar sus propias demandas.

Así que en el capítulo 6 (6:1-7:6), Pablo defiende la gracia. Y en en el capítulo 7 (7:7-25), defiende la ley.

La gracia es el fundamento de una guerra vitalicia contra el pecado

¿Cómo defiende él a la gracia? Bien, la acusación es que si somos justificados por gracia, solo por fe, entonces bien pudiéramos decir: Continuemos en la gracia para que sobreabunde el pecado (6:1). O: Pequemos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia, (6:15). La respuesta de Pablo, en el capítulo 6, es: No, la justificación por gracia, mediante la fe, no nos lleva a pecar más. Por el contrario, es la única base de operaciones segura y esperanzadora, a partir de la que podemos lanzar nuestra batalla contra el pecado.

Todos los bombarderos que salieron a arrojar bombas sobre las fortalezas de pecado que permanecen en nuestras vidas levantan el vuelo desde las autopistas de la justificación solo por fe.

Los misiles que lanzamos contra los ataques de la tentación son lanzados desde la base de justificación solo por fe.

La triunfante ofensiva de toda la vida, llamada: "operación santificación", por la cual salimos a la guerra contra toda la corrupción restante en nuestras vidas es sustentada por la línea de suplementos del Espíritu, que viene de la base inexpugnable, segura, de la justificación solo por fe. Y será una operación exitosa, pero solo por la base inexpugnable.

En otras palabras, la defensa de la gracia por Pablo, en el capítulo 6, es que esta justificación por gracia, solo por la fe, nunca lleva hacia una vida de incremento de pecado, más bien se convierte en la base triunfante, segura, inexpugnable para una batalla vitalicia contra el pecado en nuestras vidas. Ésa es la defensa de la gracia: El pecado no tendrá dominio sobre nosotros.

La ley expone el pecado

¿Cuál es, entonces, su defensa de la ley? Bien, la acusación es que Pablo hace que la ley se vuelva pecado porque no solo no es necesario guardar la ley para ser justos ante Dios (eso ocurre solo por fe), sino que la ley parece dar lugar al pecado y se vuelve compañera del pecado al derrotar su propias demandas (5:20; 7:5). Su defensa comienza en Romanos 7:7, y es ahí donde comenzamos la semana pasada.

El único énfasis que desarrollamos desde este texto, la semana pasada, es que es importante y bueno que conozcamos nuestro pecado y que no tengamos que experimentar pecando para conocer nuestro pecado.

Ahora, hoy iremos un paso más allá en la comprensión de la defensa de Pablo de la ley en Romanos 7:7-8. Leámosla:

¿Qué diremos, entonces? ¿Es pecado la ley? ¡De ningún modo! Al contrario, yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la ley; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: No codiciarás. Pero el pecado, aprovechándose del mandamiento, produjo en mí toda clase de codicia; porque aparte de la ley el pecado está muerto.

Su argumento es que la ley no es pecada, porque nos hace conocer el pecado. Expone al pecado como pecado. En el proceso, el pecado puede llamear aun más que antes de ser expuesto (es lo que dice el versículo 8), pero eso no hace que quien le expone sea pecaminoso.

La mayoría de ustedes lo ha experimentado, si se preocupan en ayudar a otros a combatir el pecado. Ven algún pecado en la vida de una persona por quien se preocupan. Se humillan como dice Gálatas 6:1 que deben hacer y reconocen que tienen sus propias fallas pecaminosas. Sacan la paja de su propio ojo como dice Jesús que deben hacer (Mateo 7:3-5). Entonces, después de mucha oración, van humildemente y confrontan a su amigo sobre este pecado. Y algunas veces el mismo pecado que están tratando de que él venza se enciende aún más y ustedes son culpados por ello. Y se sienten injustamente culpados.

Así es con la ley. La ley, dice Pablo, es injustamente culpada como pecaminosa cuando su exposición del pecado como pecado resulta en un avivamiento del pecado. La ley no debe ser culpada o acusada de pecaminosa. El versículo 8 dice: "Pero el pecado, aprovechándose del mandamiento, produjo en mí toda clase de codicia”. El pecado es el delincuente. El pecado debe ser culpado. La ley presionó su punto débil y él se encendió. Pero ella no pecó.

¿Cómo es que la ley nos ayuda a conocer nuestro pecado?

Preguntemos entonces hoy, ¿cómo es que la ley nos ayuda a conocer nuestro pecado? Pregunto porque quiero beneficiarme tanto como es posible de los buenos propósitos de la ley. No quiero perder esta bendición. No quiero que usted la pierda. Creo que será una bendición dolorosa, ser expuesto por la ley como pecador, pero la semana pasada vimos que esto es totalmente bueno para nosotros. Las cirugías exploratorias, las biopsias, los diagnósticos, los tratamientos, pueden ser todos dolorosos, pero son totalmente buenos para nosotros en manos de un médico hábil. Y Dios es el Médico más hábil.

Por tanto, ¿cómo es que la ley nos ayuda a conocer nuestra condición pecaminosa? Note que pregunto acerca de nuestra "condición pecaminosa", no de nuestros "pecados". Lo hago por algo que pueden ver en el versículo 8: "Pero el pecado, aprovechándose del mandamiento, produjo en mí toda clase de codicia”. El pecado produjo codicia. Espera, yo pensaba que la codicia era pecado. Pero en la mente de Pablo hay algo detrás del pecado de codicia, que está produciendo codicia. Y éso es algo que él llama pecado. Lo trata como un poder - casi como una persona. Busca oportunidades, incluso en la santa ley de Dios, y entonces utiliza esas oportunidades para producir pecados como la codicia.

Ese deseo profundo, que produce pecados, es lo que estoy llamando nuestra "condición pecaminosa". Usted puede llamarla nuestra depravación. Usted puede llamarla nuestro estado caído. Los creyentes pueden llamarlo nuestra "restante corrupción". Pablo solo lo llama pecado. Pero deja en claro que es más profundo y penetrante y productivo que los pecados que produce, como la codicia.

Esta condición pecaminosa es lo que necesitamos conocer. Y según el versículo 7, llegamos a conocerla al saber qué produce y cómo la expone la ley. "Yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la ley; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia [que es lo que esta condición pecaminosa produce, según el versículo 8], si la ley no hubiera dicho: No codiciarás”. Así que llegamos a conocer el pecado, nuestra profunda condición pecaminosa, al conocer los pecados que nuestra condición pecaminosa produce. Y es mediante la ley que llegamos a conocer esos pecados y esa conexión con el pecado.

Ahora, ¿cómo funciona eso? ¿Cómo es que la ley nos muestra nuestra condición pecaminosa y lo que realmente es?

Utilizando la codicia como ejemplo

Pablo toma el último de los Diez Mandamientos (vea Romanos 13:9): "No codiciarás" y lo utiliza como su ilustración. ¿Por qué este? Creo que la razón es que es el mandamiento que más claramente lidia con el deseo de nuestro corazón, oponiéndose al comportamiento externo. Los otros mandamientos asumen los deseos que les siguen: "No robarás" (el deseo de algo que no es nuestro); "no adulterarás" (el deseo de sexo ilícito); "no matarás" (el deseo de venganza o dinero o algo similar), y así con los demás. Pero "no codiciarás" es el mandamiento más claro que se relaciona directamente con los deseos de nuestro corazón.

La palabra "codiciarás" en el versículo 7 (epithumēseis) significa simplemente "deseo", pueden ser deseos que debiéramos tener (Hebreos 6:11), o deseos que no debiéramos tener. La codicia es el deseo que no debiéramos tener, deseo que muestra que hemos perdido nuestro contentamiento en todo lo que Dios es para nosotros en Cristo. Muchos deseos reflejan cuán valioso es Dios para nosotros. Y ésos son buenos. Pero algunos deseos muestran que hemos perdido nuestra satisfacción en Dios y en lo que Él es para nosotros, y que estamos anhelando otras cosas para compensar el hecho de que Dios no es el tesoro que debiera ser para nosotros.

Ahora Pablo dice: "yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: No codiciarás”. Y así yo no hubiera conocido mi condición pecaminosa que produjo esta codicia si la ley no hubiera dicho: "No codiciarás". Ahora, ¿por qué es esto? ¿Significa que antes de escuchar que la ley dice: "no codiciarás", no estoy codiciando en realidad? No, usted puede pensarlo por las palabras al final del versículo 8: "porque aparte de la ley el pecado está muerto" Pero sabemos, por todo el capítulo 6 y lo que se ha dicho en los capítulos 2 y 5, que Pablo no quiere decir que no hay pecado ni codicia antes de escuchar el mandamiento a no codiciar (vea Romanos 5:13). Pienso que lo que quiere decir cuando dice: "porque aparte de la ley el pecado está muerto", es que el pecado es imperceptible como pecado, antes de que la ley lo llame pecado al prohibirlo. Está ahí. Funciona. Lo experimentamos. Pero no lo vemos como pecado. Está muerto en nuestras mentes como pecado. No vemos nuestra condición pecaminosa. No vemos que nuestros deseos sean ilegítimos, a menos que la ley venga y nos cuestione. Así que esta muerto para nosotros como pecado.

Por tanto, ¿cómo es que la ley nos ayuda a conocer nuestra codicia y nuestra condición pecaminosa? Hace algo muy profundo.

Nos dice que nuestros propios deseos no son la medida del bien y del mal. Nuestros propios deseos no son la medida de lo que es bueno y malo. Nuestros propios deseos no son la medida de lo que es verdadero y falso. La ley viene y dice: hay un modelo aparte de nosotros y por encima de nosotros, a saber: Dios y su voluntad revelada. Dios es la medida de lo bueno y lo malo. Dios es la medida del bien y del mal. Dios es la medida de lo verdadero y lo falso.

La medida de lo correcto e incorrecto es Dios, no nuestro deseo

Éso es lo que hace la ley. Nos lo dice. Contradice la soberanía, la deidad de mis deseos. Hasta que llegue la ley, nuestros deseos serán ley. Venimos al mundo asumiendo que debemos obtener lo que queremos tener. Hasta que llegue la ley el "queremos" será igual a "debemos" y el "deseo" igual a "merezco". Esto es muy obvio en los niños, y deben aprender que hay otra ley más allá de la ley de su propio deseo.

Esto es lo que hace la ley de Dios: expone, tal como es, a la condición pecaminosa oculta bajo nuestros deseos. Es independencia de Dios, rebelión contra Dios. En su raíz, nuestra condición pecaminosa es el compromiso a ser nuestro propio dios: Yo seré dios para mí. O me aseguraré de que el dios que tenga es el tipo de dios que nunca anule mi legislación. Es decir, yo seré la autoridad suprema en mi vida. Decidiré lo correcto e incorrecto para mí, y lo bueno y malo para mí, y lo verdadero y falso para mí. Y mis deseos expresarán mi soberanía, mi autonomía y, aunque generalmente no lo decimos, mi deidad.

Necesitamos conocer esta verdad sobre nosotros mismos. No estoy señalando a alguien ahora. O a algún grupo de personas. Estoy diciendo que esto es lo que significa ser seres humanos caídos. Es con esto que lidiamos en nosotros y en el mundo. Es por esto que la iglesia es como es y el mundo es como es.

Y nuestra única esperanza es que el Espíritu de Dios nos humille, de modo que podamos ver la necedad de tratar de ser nuestro propio Dios y de tratar a nuestros deseos como ley: "Si lo quiero, debo tenerlo". De esto debemos ser liberados. Es por esto que necesitamos un Gran Médico. Es por esto que vino Jesús a Jerusalén en el Domingo de Ramos. Es por esto que murió en nuestro lugar y resucitó, y envía al Espíritu Santo al mundo y nos ofrece perdón por nuestra rebelión, y nos justifica por fe en Jesucristo.

Es tan dulce confiar en Jesús,

Y tomarle en Su Palabra;

Confiando solo en Su promesa,

Y conocer: "¡Así dice el Señor!"

Jesús, Jesús, ¡cuánto confío en Él!

Cuánto le he probado una y otra vez

¡Jesús, Jesús, precioso Jesús!

¡Oh, por gracia quiero confiar más en Él!

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