El Espíritu es el que da vida

El sexto capítulo del Evangelio de Juan, que casi terminaremos hoy, comienza con 5000 hombres que siguen a Jesús. Y termina con once. Andreas Köstenberger dice en su comentario: "El capítulo seis termina con una nota de fracaso." (Juan, 218). Desde un punto de vista, es cierto. La resistencia a Jesús, en este capítulo, se vuelve más y más fuerte, hasta que casi todos le abandonan. Así que parece que la resistencia está ganando. Parece un fracaso.

El Propósito de Juan 6

Entonces, ¿cuál es el propósito del capítulo? Creo que es algo como esto: Cada vez que parece que la resistencia a Jesús está ganando en este mundo, el pueblo de Dios necesita una visión robusta y clara de la soberanía de Dios sobre todas las cosas, incluyendo la resistencia a Jesús.

Generalizaré esta declaración: Cada vez que en nuestras vidas parezca que Jesús no está ganando, cada vez que parezca que Él no está triunfando sobre nuestros enemigos, en ese mismo sentido, y en ese mismo momento, necesitamos una visión clara y robusta de la soberanía de Dios sobre nosotros y sobre los horrores de nuestras vidas.

No es lo Que Yo Esperaba

Cuando comencé estos mensajes sobre el capítulo 6, no tenía la intención de decir que éste fuera el propósito principal de este capítulo. Ni siquiera estaba cerca. Pero he trabajado fuerte y duro en los versículos 52-71, y no puedo obviar esta verdad.

Así que voy a decirles lo que veo, según lo veo, y confío que el Señor use mis palabras, aunque no es el tipo de mensaje optimista que la mayoría queremos escuchar. Y ésta es mi esperanza: En el versículo 63, Jesús dice: "las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.” Y el versículo 68, Pedro dice: "Señor, ¿a quién iremos?  Tú tienes palabras de vida eterna.” Así que creo que si les digo lo que realmente hay en este texto, con el tiempo, y en general, ustedes serán guiados a vida y no a muerte.

Judas le Traicionaría

Uno de los descubrimientos que más perplejo me dejó en el texto de hoy (versículos 52-71), es que Judas desempeñó un rol muy prominente. Judas no hizo nada en este capítulo. No dice o hace algo. Pero Juan lo menciona en el versículo 64, y Jesús lo menciona en el versículo 70. No tienen que hacerlo. ¿Por qué lo hacen? Porque es necesario para enfatizar el mensaje principal del capítulo: una visión profunda y robusta de la soberanía de Dios sobre la incredulidad y sobre la resistencia de Jesús.

Piense en Juan 6:64-65.

Pero hay algunos de vosotros que no creéis. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que le iba a traicionar. Y decía: Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre.

En otras palabras, 'Judas no vino a mí sin que le fuera concedido por el Padre. Judas es rebelde, codicioso, egoísta, e incrédulo. . . "Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre.”

Judas es un Diablo

Después, piense en los versículos 66-71.

Como resultado de esto muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él.  [éste fue el mayor abandono, los mismos discípulos le dejaban llenos de incredulidad] Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Acaso queréis vosotros iros también? Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos?  Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que Tú eres el Santo de Dios. Jesús les respondió: ¿No os escogí yo a vosotros, los doce,  y sin embargo uno de vosotros es un diablo? Y Él se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste, uno de los doce, le iba a entregar.

Ése es el final del capítulo. Fin de la historia. Y cuando usted lea el versículo 70: "¿No os escogí yo a vosotros, los doce,  y sin embargo uno de vosotros es un diablo?, no olvide el versículo 64: "Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que le iba a traicionar" ¿Por qué, entonces, Jesús menciona nuevamente a Judas? ¿Y por qué llamarlo diablo? ¿Y por qué terminar la historia aquí? Creo que sé por qué.

¿Por qué Judas?

La incredulidad en este capítulo es penetrante. Y se intensifica según avanza la historia. Miles de personas, en este capítulo, son incrédulas, casi todos los que comieron los panes y los peces. La mayoría de los discípulos abandonaron a Jesús (versículo 66). Y al final,queda un pequeño remanente creyendo: los once. La pregunta más natural del mundo sería: ¿está ganando el diablo? El calumniador, el acusador, el mentiroso, el dios de este siglo quien ciega las mentes de los incrédulos, ¿está ganando? Parece como si estuviera ganando.

Y la respuesta de este capítulo es: No está ganando. Jesús lo tiene agarrado por la nariz. Lo enlazó, lo lanzó a tierra, y le puso exactamente en medio de los doce, donde hará exactamente lo que Dios planeó que hiciera.

Los Caminos se Dividen

Justo aquí se dividen los caminos de las personas que leen la Biblia. Usted puede leer el versículo 70 y ver sólo problemas (¿por qué escogió Jesús a un hombre que sabe que le traicionará? Y, si sabía que le traicionaría, entonces, Judas tiene que traicionarle, entonces ¿cómo podrá ser libre? ¿Y por qué llamarlo diablo? ¿Está condenado como el Diablo? Y si está condenado, ¿es él responsable?). Usted puede dedicar el resto de su vida a ver sólo problemas cuando lee el versículo 70.

O puede leer el versículo 70 y ver un santuario de la soberanía de Dios, un santuario para su alma cuando todo el infierno se desate contra su vida, y se sienta como si todo estuviera fuera de control, y como si el Diablo estuviera ganando. En lugar de ver sólo problemas, usted puede ver lo que Jesús le ofrece: "Sí hay un diablo en las filas. Pero yo lo puse allí. Yo lo escogí. Él hará lo que yo diga. Nadie toma mi vida de mí. De mi propia voluntad yo la pongo (Juan 10:18). Él no está a cargo. Yo estoy a cargo."

La Lección General del Capítulo

Creo que ése es el propósito principal del capítulo. No es el único propósito. Pero es la gran lección general del capítulo como un todo. Para verlo más claramente, volvamos ahora y caminemos por el texto (versículos 52-71). Veamos la magnífica oferta que Jesús hacía, y cómo se fortalecen más y más la incredulidad y la resistencia, y cómo, con el incremento de esa resistencia, Jesús hizo más clara la soberanía de Dios sobre esa resistencia.

La Oferta de Jesús para Nosotros

La esencia de la oferta de Jesús para nosotros en los versículos 52-58, es hecha negativamente en el versículo 53, y positivamente en el versículo 54. Versículo 53: "Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros." Y en el versículo 54: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.”

Así que si ustedes no comen la carne del Hijo del Hombre, y beben su sangre, no tendrán vida eterna (versículo 53). Pero si lo hacen, tendrán vida eterna, y Jesús les resucitará de entre los muertos en el día final (versículo 54). En otras palabras, la manera de tener vida eterna es alimentarnos de Jesús.

Comer y Beber - Unión con Jesús

Los versículos 55 y 56, dan dos razones. Versículo 55: "Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida." Verdadera comida y verdadera bebida, significan que la comida y la bebida que ordinariamente tomamos en nuestros cuerpos no nos darán la verdadera vida de que se habla aquí. Sólo Jesús es el tipo de comida y bebida que da verdadera vida.

Y el versículo 56 explica el por qué: "El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él.” Este tipo de comida y bebida significa que Jesús está en nosotros y nosotros estamos en Él. Es decir, esta acción de comer y beber es la forma en que tenemos comunión con Cristo, para que su vida cuente por la nuestra. Por eso es que tenemos vida eterna cuando nos alimentamos de Jesús: su vida viene a nosotros, y nosotros vamos a Él. Hay una unión que nos hace parte de su vida y que le hace a Él parte de nuestras vidas. No hay vida eterna sino es en unión con Jesús.

Un Lenguaje Increíblemente Ofensivo

Pero, ¿qué significa comer la carne y beber la sangre de Jesús? Éste era un lenguaje increíblemente ofensivo. Sonaba a canibalismo. Y era especialmente ofensivo para los judíos contemporáneos de Jesús, porque la ley mosaica prohibía comer cualquier carne con su sangre, y mucho menos beber la sangre misma (Levítico 19:26).

La respuesta es la misma que vimos e Juan 6:35. Allí dijo Jesús: "Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.” Venir a Jesús como el pan de vida para satisfacer el hambre de nuestra alma, es lo mismo que creer en Él. Ése es el significado de creer. Es estar satisfechos con todo lo que Dios es para nosotros en Jesús.

Ahora vemos lo mismo en el lenguaje más gráfico de la carne y la sangre. Fíjese en el mismo paralelo cercano entre los versículos 40 y 54.

Versículo 54: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.

Versículo 40: "que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final."

Este paralelo (igual que el paralelo en la primera y  segunda mitad de Juan 6:35), muestra que, en la mente de Jesús, comer su carne y beber su carne son una forma figurada de decir: crean en mí, confíen en mí, recíbanme, obtengan de mí sus nutrientes. Obtengan vida de mí. San Agustín dijo: "Crean, y ya han comido” (In Johan. Tract. xxvi. 1).

Así que la oferta penetrante en este capítulo, de principio a fin, es: cualquiera puede tener vida eterna si recibe a Jesús, y confía en Jesús, y atesora a Jesús, y está satisfecho con todo lo que Dios es para él en Jesús. El que come mi carne (es decir, el que cree en mí) tiene vida eterna. Yo habitaré en él y mi vida se volverá su vida, para siempre.

Señalando Hacia la Cruz

Y podemos ser más específicos acerca de cómo Jesús da vida eterna. Cuando dice en el versículo 51: "el pan que yo también daré por la vida del mundo es mi carne," se refiere a dar su carne como sacrificio por el mundo. Él está hablando de su carne y sangre entregadas como sustitución por el mundo. En otras palabras, está señalando hacia la cruz.

Recuerde que ya había se referido a la cruz, en Juan 3:14-15, donde dijo: "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo aquel que cree, tenga en Él vida eterna." Así que cuando habla, en el capítulo 6, de comer y beber la carne y sangre de Jesús, se refiere a confiar en Él como el que muere por nosotros. Recíbale como a aquel que dio su vida por usted. Atesórele como a aquel que lleva la ira de Dios por usted (Juan 3:26). Aliméntese de todo lo que Dios es para usted en Él, por el sufrimiento de Jesús en la carne y por su derramamiento de sangre.

Reciba a Jesús

La vida eterna es posible para pecadores como nosotros, no sólo porque recibimos a Jesús, sino porque el Jesús que recibimos sufrió en su carne y derramó su sangre para que nuestros pecados pudieran ser borrados, gracias a Él que tomó nuestro lugar. Le recibimos como nuestra perfecta sustitución (sustitución como nuestro castigo, y como nuestra justicia).

Esa es la gran oferta de este capítulo. Reciba a Jesús como el pan del cielo que todo lo satisface, quien da vida al mundo, porque pudo morir en nuestro lugar y resucitar nuevamente.

Como si el Diablo Estuviera Ganando

Ahora, la resistencia a Jesús se incrementa a medida que avanza el capítulo. En el versículo 41, ellos están quejándose por lo que Él había dicho. En el versículo 52, están discutiendo y cuestionando. En el versículo 60, muchos de sus discípulos dijeron: "Dura es esta declaración; ¿quién puede escucharla?" En el versículo 64, Jesús dijo: "Pero hay algunos de vosotros que no creéis.” Y en el versículo 70, uno de los del círculo interior es un diablo.

Parece como si el diablo estuviera ganando. Desde otra perspectiva, si usted deja al diablo fuera del análisis, parece como si prevalecieran los propósitos decisivos del hombre autónomo e incrédulo. Parece como si Dios llamara a la fe en su Hijo, y el hombre dijera "no," y se alejara. Así que el hombre frustra los propósitos de Dios. El hombre tiene la llave de su alma y la cierra desde adentro, y Dios no puede entrar. El hombre da el paso decisivo, y se aleja de Jesús. Fracasan los propósitos de Dios. Y el diablo gana. ¿Es así como ocurre?

La Resistencia Está en las Manos de Dios

Terminaré donde comencé. La lección general de este capítulo es: "No. No es así como funciona. Y Juan muestra cada vez con más claridad, que, según crece la resistencia, esa misma resistencia está en las manos de Dios. Él puede vencerla cuando quiera. El diablo no está a cargo. El hombre no está a cargo. Dios está a cargo.

Lo vemos cuatro veces.

La Lección es Enseñada 4 Veces

Versículo 44: No se quejen. "Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió." Sus quejas y disputas no son decisivas; la atracción de mi Padre sobre ustedes es decisiva.

Versículos 61-63: En el versículo 61, los discípulos se quejan nuevamente, y, en lugar de decir: "Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió," Jesús dice en el versículo 63: "El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha." En otras palabras, Dios gobierna sobre quien tiene vida, nosotros, en nuestra carne, no podemos crearla.

Versículos 64-65: "Pero hay algunos de vosotros que no creéis. ... Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre.” La incredulidad no es prueba de que ustedes sean soberanos sobre Dios. Por el contrario. Ustedes permanecerán en incredulidad hasta que mi Padre les conceda lo contrario.

Versículos 67-70: Jesús pregunta si los doce quieren abandonarle como todos los demás. Ellos le dicen: "Señor, ¿a quién iremos?  Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios."

Por fin alguien cree en este capítulo. ¿Qué dirá Jesús? Versículo 70: "Jesús les respondió: ¿No os escogí yo a vosotros, los doce...?" Del mismo modo en que advirtió a los incrédulos a no presumir autonomía (en los versículos 44 y 65), ahora advierte al creyente a no presumir autonomía. Ten cuidado, Pedro, de presumir que eres la causa decisiva de tu fe. Fui yo quien te escogí a ti. Ustedes no me escogieron primero (Juan 15:16). "yo conozco a los que he escogido" (Juan 13:18).

Y luego, dice a los doce: Y para asegurarme de que todos se percaten de cuán supremo soy sobre todo este asunto que parece un fracaso. Uno de ustedes es un diablo. Y yo lo escogí (versículo 64). Y así es como termina. Y así es como terminaré yo.

La Soberanía de Dios: Un Santuario para el Alma

Quiera el Señor concederles estar entre los que encuentran en Jesús una roca de refugio y no una piedra de tropiezo, cuando parezca que Dios ha fallado. Quiera Dios que ustedes estén entre los que ven en la soberanía de Dios un santuario para sus almas cuando el pecado y la enfermedad y las penas crezcan como las olas del mar.

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