El matrimonio, soltería, y la virtud cristiana de la hospitalidad

Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

Lo que impulsa a este mensaje es el deseo de que Cristo sea magnificado en la forma en que la gente casada y soltera muestra su hospitalidad hacia los demás. O para ponerlo de otra forma, si es verdad, como lo enseñé en el estudio de la soltería, que la familia de Dios que es creada por el Nuevo Nacimiento y por la fe de Cristo, es más central y duradera que las familias que son creadas a través del matrimonio, la procreación y la adopción, ahora, cómo esa familia eterna y espiritual—la iglesia—se relaciona entre ella misma—casados y solteros—es un testimonio crucial para el mundo de que nuestras vidas están orientadas en la supremacía de Cristo y que nuestras relaciones no solamente sean definidas por naturaleza, sino por Cristo. Yo espero ver a Cristo magnificado a través de gentes casadas que incluyen a gentes solteras en sus vidas, y gentes solteras que incluyen a gentes casadas en sus vidas por el amor de Cristo y el evangelio.

“Porque Él Es Un Discípulo”

Jesús dijo, “Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa” (Mateo 10:42). Por supuesto, Jesús también dijo que debemos amar a nuestro enemigo (Mateo 5:44), y Pablo dijo que le demos un vaso de agua a nuestro enemigo (Romanos 12:20). Ese tipo de amor recibirá su recompensa. Pero aquí Jesús dice que demostremos simple amabilidad a la gente precisamente porque somos seguidores de Jesús. Eso también recibirá su recompensa.

En otras palabras, cuando miras a los ojos a una persona soltera o casada y ves la cara de un seguidor de Jesús—un hermano o una hermana en tu propia familia eterna—esa relación que ves con Jesús, debería llamar a tu corazón a ser amable, como en la hospitalidad, por causa de Jesús. Jesús es el punto central en esto. Él dice, haz esto “por cuanto eres mi discípulo. Yo seré honrado en una forma especial si le das a mi discípulo un vaso de agua. Si lo aceptas en tu hogar, hazlo por mí causa.” Esto es lo que quiero decir cuando digo que espero ver a Cristo magnificado a través de la gente casada que incluye a gente soltera en sus vidas, y gente soltera que incluye a gente casada en sus vidas.

El Mundo Material—Para la Gloria de Dios

Solo unas palabras más de introducción antes de ver el texto en 1 Pedro. El pasado jueves impartí un mensaje en Deerfield, Illinois, sobre “El Triunfo del Evangelio en el Cielo Nuevo y en la Tierra Nueva.” Hubieron muchas preguntas las cuales contesté brevemente en el mensaje, como: ¿Por qué nos dio Dios cuerpos e hizo un universo material? ¿Por qué levanta nuestros cuerpos de entre los muertos y los renueva y luego libera esta tierra para que sea una tierra nueva en la cual podremos vivir para siempre en nuestros cuerpos nuevos? Si Dios quería ser alabado (“Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza,” Salmo 96:4), ¿Por qué no solo creó ángeles sin cuerpos pero sí con corazones que solo le hablen a Dios y no unos a otros? ¿Por qué todos estos cuerpos, y por qué pueden la personas comunicarse entre sí? ¿Y qué de los árboles, la tierra, el agua, el fuego, el viento, los leones, las ovejas, los lirios, los pájaros, el pan y el vino?

Hay varias respuestas profundas y maravillosas a estas preguntas, pero la que quiero mencionar es esta: Dios hizo los cuerpos y las cosas materiales porque cuando son usados correctamente, la gloria de Dios es mas notoria y manifestada.

  • El firmamento cuenta la gloria de Dios (Salmo 19:1)
  • Mira las aves del cielo y los lirios del campo y conocerás más de la bondad y el cuidado de Dios (Mateo 6:26, 28)
  • Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles (Romanos 1:20). Mira el matrimonio y veras a Cristo y la Iglesia (Efesios 5:23-25).
  • Tan seguido como comas de su pan y bebas de su copa, declaras la muerte del Señor hasta que Él venga (1 Corinitos 11:26)
  • Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. (1 Corinitos 10:31)

El mundo material no es el fin para sí mismo; está diseñado para proyectar la gloria de Dios y despertar nuestros corazones a conocerlo y valorarlo aún más.

La Santidad de la Comida y del Sexo

La realidad física es buena. Dios la hizo como una revelación de su gloria. Él tiene la intención de que lo santifiquemos y lo adoremos a través de ella—esto es, que la veamos en relación a él y que la usemos en una forma que le exalte y que a partir de eso nos provoque gozo. Todo esto tiene una conexión directa con el matrimonio y la soltería. Nos protege de hacer ídolos de la comida y del sexo.  No son dioses; están hechos por Dios para honrar a Dios. Y nos protege de pensar que el sexo y la comida son malos. No son malos; son instrumentos de adoración—son formas de exaltar a Cristo. Aquí está el texto clave: 1 Timoteo 4:1-5. Es uno de los pasajes más importante de la Biblia acerca del sexo y la comida.

Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.

El sexo y la comida—dos grandes ídolos en el siglo uno en Asia Menor y en el siglo veintiuno en Estados Unidos. La respuesta de Dios a aquellos que solucionan el problema de la idolatría del sexo y la comida con el simple hecho de la abstinencia es que estos maestros son demoniacos—“doctrinas de demonios” (v.1) ¿Cuál es la solución de Dios? Todo lo que es creado por Dios es bueno; nada debe ser rechazado si es recibido con acción de gracias y santificado a través de la palabra de Dios y la oración. Haces la comida santa al usarla de acuerdo a la palabra de Dios en una oración dependiente de Cristo. Haces el sexo santo cuando lo usas de acuerdo a la palabra de Dios en una oración dependiente de Cristo.

Exaltando a Cristo—Casado o Soltero

Todo lo anterior es simplemente una introducción para aclarar que lo que he dicho de la belleza del matrimonio como una parábola física del pacto de amor entre Cristo y su iglesia, y lo que he dicho acerca de la belleza de la soltería como una parábola física de la naturaleza espiritual de la familia de Dios que crece por medio de la regeneración y la fe, no por medio de la procreación y el sexo—para hacer claro en todas estas cosas que ni el matrimonio ni la soltería se deben ser temidos o idolatrados. El matrimonio y el celibato pueden ser ídolatrados. Una pareja casada se puede adorar a si misma o adorar el sexo o adorar a sus hijos o adorar el tener un doble sueldo sin hijos. Los solteros pueden adorar la autonomía y la independencia. Los solteros pueden ver al matrimonio como un compromiso de segunda clase con impulso sexual. La gente casada puede ver la soltería como una marca de inmadurez, irresponsabilidad, incompetencia o incluso homosexualidad.

Pero lo que intento dejar claro es que hay una forma de exaltar a Cristo en el matrimonio y  que hay formas de exaltar a Cristo en la soltería. Hay formas de usar nuestros cuerpos, nuestros apetitos en el matrimonio y en la soltería, que exaltan a Cristo.

La Frase Famosa en 1 Corintios 7:9

Creo que debería decir unas pocas palabras acerca de la frase en 1 Corintios 7:9: “pero si no tienen donde continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando.” Recuerden, esto este dirigido explícitamente a hombre y mujeres (v. 8).  Y aquí esta una de las cosas que quiero decir sobre esto: Cuando una persona busca casarse, sabiendo que, como soltero él o ella se está quemando “de pasión”, no significa que el matrimonio es meramente un lugar donde satisfacer el deseo sexual. Pablo nunca hubiera querido decir eso en Efesios 5.

En lugar de eso significa que cuando una persona se casa—simplemente usaré al hombre como ejemplo—él toma su deseo sexual y hace lo mismo que todos debemos hacer con nuestros deseos físicos si queremos que sean instrumentos de adoración:

  • Él lo hace conforme a la palabra de Dios;
  • Él se somete a un patrón más alto de amor y cariño;
  • Él transpone la música del placer físico a música de adoración espiritual;
  • Él escucha ecos de de la bondad de Dios en cada nervio;
  • Él busca duplicar su placer al hacer el gozo de ella el gozo de Dios,
  • Él le da gracias a Dios desde el fondo de su corazón porque él sabe y siente que nunca se mereció ni un minuto de ese placer.

Exaltando a Cristo al Mostrar la Hospitalidad

Ahora veamos el texto, 1 Pedro 4:7-11, y lo que impulsa a este mensaje, que es el deseo que Cristo sea magnificado en la forma en que la gente casada y soltera muestran su hospitalidad de unos a otros. Caminaremos por el texto rápidamente y con comentarios breves y después sacaremos las conclusiones obvias y simples—y oraremos para que Dios use su palabra poderosamente para cambiarnos para su gloria y nuestro gozo.

El Fin Está Cerca

Versículo 7a: “Mas el fin de todas las cosas se acerca.” Pedro sabe que con la venida del Mesías el final de las eras ha llegado (1 Corintios 10:12; Hebreos 12:2). El reino de Dios ha llegado (Lucas 17:21). Y por lo tanto, la consumación de todas las cosas podría arrastrar al mundo en muy poco tiempo.

Por eso, así como Jesús nos enseñó a ser vigilantes sobre nuestras vidas y a velar, Pedro dice (v. 7b), “sed, pues, sobrios, y velad en oración.” Eso es, cultiva una relación muy personal con el que planeas ver cara a cara en su venida. Familiarízate con Cristo. No te vayas a encontrar con él como con un extraño. Y busca en la oración toda la ayuda que necesites en estos últimos días para que soportes los días por venir (Lucas 21:36).

El Amor Es Supremo

Luego el versículo 8: “Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.” El amor es dominante y lo necesitará ser aún más mientras el fin se acerque. ¿Por qué? Porque las presiones, dificultades y tribulaciones de los últimos días pondrán las relaciones bajo un tremendo estrés. Pero en esos días nos necesitaremos los unos a los otros, y el mundo estará observando a ver si somos creyentes reales: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35). ¿Cubriremos y cargaremos las faltas y debilidades de otros, o dejaremos que el enojo reine en nuestros corazones?

La Hospitalidad Sin Murmurar

El versículo 9 da una forma de ése amor, pero, ¿será importante que mencione el hacerlo sin murmuraciones? “Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.” Si realmente amamos y el amor cubre una multitud de pecados, entonces no murmuraremos tan fácilmente, ¿o sí? El amor cubre mucho de lo que nos hace murmurar. Así que la hospitalidad sin murmuración es el llamado de los cristianos en los últimos días. En los días en que tu estrés esté alto, y hayan pecados que deban ser cubiertos y haya muchas razones para murmurar—precisamente en esos días, Pedro dice, es cuando debemos practicar la hospitalidad.

Nuestros hogares deben estar abiertos porque nuestros corazones están abiertos. Y nuestros corazones están abiertos porque el corazón de Dios está abierto hacia nosotros. ¿Recuerdas cómo el apóstol Juan conectaba el amor de Dios con el amor que tenemos los unos con los otros en relación a la hospitalidad? Él escribió en 1 Juan 3:16-17, “En esto hemos conocido el amor, en que él [Jesús] puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?”

Administradores de la Multiforme Gracia de Dios

Eso es lo que nos da tiempo de ver sobre este texto a excepción de simplemente apuntar a qué pasa cuando nos reunimos en nuestros hogares. Versículo 10: “. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” ¡Administradores de la multiforme gracia de Dios! Me encanta esa frase. Cada cristiano es un administrador—un tesorero, un director, un vigilante, un distribuidor, un sirviente—de la multiforme gracia de Dios. ¡Qué gran razón para estar vivo! Cada cristiano vive en la gracia. “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8). Si tienes miedo de la hospitalidad—de que no tienes suficiente fortaleza personal o suficiente dinero—mejor. Así no intimidaras a nadie. Dependerás aún más en la gracia de Dios. Mirarás al trabajo de Cristo y no al de tus propias manos. Oh, y que bendición obtendrá la gente en tu casa sencilla o en tu pequeño departamento.

Recibíos Los Unos A Los Otros Como También Cristo Nos Recibió

Ahí lo tienes: la virtud Cristiana de la hospitalidad—una estrategia de amor que exalta a Cristo en los últimos días. Ahora terminaré con unas aplicaciones. Primero, para todos. Si perteneces a Cristo, si por la fe has recibido su hospitalidad salvadora, por la cual pagó con su propia sangre, entonces extiende esta hospitalidad hacia otros. Romanos 15:7: “Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.” Vives en una gracia que no cuesta cada día. Sé un buen administrador de ella en la hospitalidad.

Segundo, a parejas casadas. Planeen que su hospitalidad incluya gente soltera—pequeños grupos, comidas de domingo, picnics, y celebraciones. Y no tienen que hacer una gran fiesta. Solamente sean naturales. No se olviden que hay solteros de ocho años y de sesenta y de cincuenta y cuarenta y treinta y solteros de veinte años, hombres y mujeres, que ya estuvieron casados o que nunca se han casado, divorciados o viudos. Piensen como cristianos. Esta es su familia, más eterna y profunda que tu familia terrenal.

Tercero, a gente soltera. Muestren hospitalidad a otra gente soltera y a parejas casadas. Tal vez parezca extraño. ¿Debería serlo? ¿No sería en vez una marca de madurez y estabilidad inusuales? ¿No sería una marca de la gracia de Dios en sus vidas?

Oro para que el Señor haga su hermoso trabajo en medio de nosotros—de todos nosotros. El fin de todas las cosas se acerca. Seamos sobrios en nuestras oraciones. Amémonos los unos a los otros. Seamos buenos administradores de la multiforme gracia de Dios, y mostremos hospitalidad sin murmuraciones. “Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.”

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