Mi angustia: mis parientes están malditos

Digo la verdad en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo, 2 de que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. 3 Porque desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo por amor a mis hermanos, mis parientes según la carne, 4 que son israelitas, a quienes pertenece la adopción como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgación de la ley, el culto y las promesas, 5de quienes son los patriarcas, y de quienes, según la carne, procede el Cristo, el cual está sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.

Hay una triste ironía en el aparente éxito de muchas iglesias y escuelas cristianas. La ironía es que mientras más usted acomoda y oscurece las doctrinas bíblicas para hacer que la realidad cristiana parezca más atractiva a los que no creen, menor es la realidad cristiana que hay cuando ellos llegan. Lo cual significa que lo que a la corta parece un éxito, a la larga prueba ser un rotundo fracaso. Si se altera u oscurece el la imagen bíblica de Dios en aras de atraer a los incrédulos para que se conviertan, lo que se obtiene no son conversos a Dios, sino conversos a una ilusión. Y eso no es evangelismo, eso, es desilusión.

Uno de los resultados de esta clase de “éxito” es que más tarde  o más temprano, el mundo despierta al hecho de que esta llamada iglesia cristiana se parece mucho a ellos, y a las razones por las que piensan que no hay motivo alguno para asistir a dichas iglesias. Si usted acomoda su doctrina para que se ajuste al mundo a fin de atraerlo, más tarde o más temprano el mundo se dará cuenta que ya tiene lo que la iglesia está ofreciendo. Esa fue la historia de muchos que formaban parte de las principales líneas del protestantismo en Europa y América en el siglo XX. Acomode la doctrina —o minimícela— para atraer al mundo, y en el mismo proceso de atraerlos, perderá la única verdad radical capaz de salvar al mundo.

Muchos observadores de hoy están tomando notas de lo que hacían las principales iglesias liberales de hace 60 años, y lo que las iglesias evangélicas están haciendo en la actualidad. Por ejemplo, Steve Bruce escribe en su libro, God is Dead: Secularization in the West, [Dios Está Muerto: La Secularización en Occidente]

Las principales iglesias cristianas están declinando en popularidad, y las iglesias conservadoras protestantes están perdiendo su doctrina y peculiaridad (Citado  en Philip Jenkins, "The Real Story of Secularization", in Books and Culture, 8/6 [Nov.-Dec., 2002]: 11)

Hay miles de pastores e iglesias en la actualidad, que piensan que no es necesario un punto de vista claro acerca de la doctrina bíblica en la vida de la iglesia, o de los creyentes. Creen que es posible hacer crecer una iglesia sana, dejando a las personas con pensamientos escasos y pocos definidos acerca de cómo es Dios. Pero la ignorancia acerca de Dios nunca es un queda vacía vacío. La cavidad creada por esta ignorancia siempre se llena con algo más.

Edward Norman, en su libro, Secularization: New Century Theology [La Secularización: La Teología del Nuevo Siglo], va directo al meollo del problema cuando describe qué es ese algo que llena el vacío creado por la ignorancia:

La cristiandad no está siendo rechazada en la sociedad moderna, lo que está causando el declive del apoyo público a la iglesia, es la insistencia que los lideres de las iglesias ejercen sobre ellos mismos en representar un entusiasmo secular por la humanidad como el centro de la cristiandad. (Ibid, p.10)

Al principio el mundo es arrastrado hacia una forma religiosa de “entusiasmo por la humanidad”, pero luego ese entusiasmo se desgasta, y se dan cuenta que pueden encontrar esta clase de entusiasmo más excitantemente en la televisión.

Romanos 9 es un gran antídoto contra tales enfermedades en la iglesia. Este capítulo no está basado en el “entusiasmo por la humanidad”, sino en la asombrosa, chocante, y profundamente satisfactoria soberanía de Dios. Mi ruego es que veamos a Dios como realmente es, con sus picos dentados y sus abismos insondables, y que por su gracia muchos vengan, no a celebrarse a sí mismos, sino a adorar a Dios.

Nuestro enfoque de hoy está en los versículos 1-3, y específicamente en la angustia y el dolor de Pablo —su angustia por el hecho de que sus parientes, toda la nación judía, está maldita  y separada de Cristo.

Examinaremos cuatro aspectos de la angustia de Pablo:

  1. La causa de su angustia;
  2. La intensidad de su angustia;
  3. La autenticidad de su angustia;
  4. El fruto de su angustia.

La Causa de la Angustia de Pablo

Leamos el versículo 3: “Porque desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo por amor a mis hermanos, mis parientes según la carne”. Esto quiere decir que los parientes de Pablo están malditos y separados de Cristo. Pablo suaviza la afirmación de que sus parientes están perdidos, expresándola en relación con su propia angustia. Pero la realidad es inequívoca. Ellos están malditos y separados de Cristo. Están perdidos. Van camino al infierno bajo el juicio de Dios. La palabra aquí para maldito es “anatema”, y es utilizada en 1ra a los Corintios 16:22 donde Pablo dice: “Si alguno no ama al Señor, que sea anatema”.

Ahora bien, ¿por qué están sus parientes malditos y separados de Cristo? Pablo da dos respuestas. Una es que tropezaron al no ver a Jesucristo como el fin de la ley, y al no dejarlo ser el portador de su maldición y de su justicia. Y la otra es que Dios no ha escogido a todos los israelitas étnicos para que sean el Israel espiritual.

Vean Romanos 9:30-33:

Qué diremos entonces? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, alcanzaron justicia, es decir, la justicia que es por fe; 31 pero Israel, que iba tras una ley de justicia, no alcanzó esa ley. 32 ¿Por qué? Porque no iban tras ella por fe, sino como por obras. Tropezaron en la piedra de tropiezo, 33 tal como está escrito: He aquí, pongo en Sion una piedra de tropiezo y roca de escándalo; y el que crea en El no será avergonzado.

En otras palabras, Pablo describe a Cristo como la justicia a la que señalaba hacia la ley. Los gentiles lo vieron, creyeron, y fueron justificados por la fe —la justicia de Dios imputada a ellos por medio de la fe. Pero Israel tropezó en Cristo. No lo vio como al Mesías, o como a su justicia, o como al único a quien señalaba toda la ley. Israel veía el camino hacia la justicia de Dios en las obras, no en la fe. Y así fracasó en su intento de alcanzar aquello que la ley anunciaba; tropezó en Cristo.

En Romanos 10:2-4 Pablo describe este fracaso de Israel de nuevo.

Porque yo testifico a su favor de que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento. 3 Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios. 4 Porque Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree.

En otras palabras, Israel en conjunto malinterpretó el significado de la ley y de Cristo. La ley era para guiarlos a Cristo, y Cristo estaba destinado a ser su justicia. Y el modo de estar a bien con la justicia de Cristo era la fe, no las obras. “Porque Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree”. Pero buscaron establecer su propia justicia mediante las obras en lugar de aceptar el regalo de la justicia de Dios provista por Cristo mediante la fe.

Entonces, ¿por qué están malditos? Porque rechazaron al único que podía salvarlos de la maldición de la ley. Gálatas 3:13 relaciona a Cristo a la maldición: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero)”. De modo que Cristo se volvió nuestra maldición, y nuestro pecado, y nuestra justicia. Pero ellos no lo tenían. Y por eso están malditos y separados de Cristo.

Esta es la primera respuesta a por qué Pablo siente dolor y angustia en su corazón.

Hay otra respuesta —mucho más profunda— a por qué sus parientes están malditos, explicada en los versículos del 6-29, específicamente, que Dios no ha escogido a todos los israelitas étnicos para que sean el Israel espiritual. La veremos después del día de acción de gracias. Pero en esta mañana será muy relevante cuando lleguemos al tercer punto.

Pero primero el punto dos:

La Intensidad de la Angustia de Pablo

Versículos del 2-3­ “de que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. 3 Porque desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo por amor a mis hermanos”. Noten la traducción “desearía yo mismo ser anatema”. El punto es que el dolor de Pablo por la perdida de Israel es tan grande, que es como si él estuviera al borde del abismo condenación listo para saltar a ella si fuera posible. Pero no lo es. Es por eso que dice: “desearía yo”. La razón por la que no es posible se encuentra cuatro versículos antes en Romanos 8:38-39: Nada absolutamente nada nos puede separar, incluido Pablo, del amor de Dios que es en Cristo Jesús nuestro señor.

En otras palabras, Dios no ha diseñado un mundo donde una persona pueda ser maldita debido al amor exaltador de Cristo. Si hubiera un mundo así, entonces no se aplicarían las normas bíblicas al mundo, y Pablo ya estaría en el infierno ocupando el lugar de Israel. Pero Pablo no puede. Dios no manda a las personas al infierno porque amen a otros lo suficiente como para  sacrificarse por ellos. Así que Pablo no puede tomar el lugar de Israel; solamente puede afligirse.

Oh, ¡cómo desearía que tuviésemos más del espíritu de Pablo aquí! ¿Sienten ustedes angustia? ¿Sienten dolor y angustia porque sus parientes están malditos y separados de Cristo? Sé que cientos de ustedes sí. Eso es bueno. Alimenten ese dolor con la verdad bíblica. Y recuerden, Jesús dijo que no solo debemos amar a los que nos aman, sino también a nuestros enemigos (Mateo 5:43-44). Entonces quisiera que Bethlehem fuera un lugar tanto de lágrimas como de gozo ¡Seamos cristianos hedonistas bíblicos! Como dijo Pablo en 2da a los Corintios 6:10, “como entristecidos, mas siempre gozosos”.

Y si alguien plantea la legítima pregunta: «¿Estaremos entonces tristes por toda la eternidad, debido a aquellos que están malditos y destinados al infierno? ¿Será el cielo un lugar de eterno dolor?»; la respuesta es no. “El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor” (Apocalipsis 21:4). ¿Por qué? Jonathan Edwards lo expresa así:

“Con respecto a cualquier dolencia que los santos hayan experimentado hasta la última condenación, el amor de Dios la enjugará completamente. Y hará que cese completamente” (The Works of Jonathan Edwards [Edinburgh: The Banner of Truth Trust], Vol. 2, p. 899).

Los que mueren en su pecaminosa rebelión, y lo decimos con gran pesar, no tendrán podrán retener con ellos, con su propia miseria; como rehenes a los herederos del cielo. Aquí gemimos y lloramos. Allá seremos consumidos con la gloria de Cristo.

Aprendamos de Pablo. Él sabe que sus parientes están perdidos y listos para ser arrojados a las tinieblas de afuera por siempre. Pero no lo dice con rabia o con inhumanidad. Pablo lo dice con angustia.

La Autenticidad de la Angustia de Pablo

Versículo 1: “Digo la verdad en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo”. Esta es la introducción de Pablo a las palabras del versículo 2: “de que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón”. En el versículo 1 hay una súplica admirable: «Créanme, Créanme. Estoy diciendo la verdad en Cristo. No estoy mintiendo». No puede probarlo, ¿cómo puede usted probar que su angustia es auténtica? Las lágrimas pueden ser fabricadas. Las voces temblorosas pueden aprenderse y ser artificiales. Pablo no puede probarlo. Solamente puede alegar que su consciencia es movida por el Espíritu Santo y que su testimonio está formado por Cristo.

Pero, ¿por qué es necesario todo esto? Porque algunos dudaban de su amor y de la autenticidad de su dolor ¿Por qué? Porque Pablo había dicho cosas que podían ser tomadas como anti-judías. Volviendo a Romanos 2:24, Pablo cita a los profetas: “Porque el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros”. En Romanos 3:9 dijo: “¿Somos nosotros mejores que ellos? De ninguna manera; porque ya hemos denunciado que tanto judíos como griegos están todos bajo pecado”. En otro versículo (v.3), está a punto de decir que Israel está maldito y separado de Cristo. Y luego, más asombrosamente, en el versículo 6 además está a punto de decir que no todos los que descienden de Israel son israelitas. El pacto de Dios no garantiza la salvación de todos los judíos. La razón definitiva por la cual algunos están malditos y separados de Cristo, es que no están entre los elegidos. Así, en Romanos 11:7, dice: “Aquello que Israel busca no lo ha alcanzado, pero los que fueron escogidos lo alcanzaron”.

Esta es la razón más profunda por la cual Pablo, virtualmente, tiene que jurar que está diciendo la verdad en cuanto a que su angustia es real. Siempre existirá este tipo de objeción que Pablo está enfrentando aquí: las personas dirán: «si Dios escoge libre e incondicionalmente a quien quiere salvar, entonces ­usted no puede sentir una verdadera angustia por los perdidos». Pablo sabe que esta es una objeción, y todo lo que puede hacer aquí es decir: «Estoy angustiado de veras por Israel, y creo de verdad que Dios es soberano al decidir quien se salvará y quien no­».

Tenga cuidado de simplificar excesivamente el corazón de Dios y el de los queridos santos. Hay más posibilidades emocionales en este mundo de las que puede imaginar. Pablo nos da un ejemplo a seguir. En el versículo 15 nos enseñó que Dios dice: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga compasión”. Y luego nos mostró cómo compadecernos de aquellos que no reciben la misericordia. Tenga cuidado con los pensamientos que exaltan al hombre por encima y en contra de la Palabra de Dios. Tenga cuidado de convertir sus actuales limitaciones emocionales en la norma de Dios.

Finalmente, el Fruto de la Angustia de Pablo

Esto se encuentra en Romanos 10:1: “Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por ellos es para su salvación”. El fruto de la angustia de Pablo por sus parientes que están malditos y separados de Cristo, es su deseo por la salvación de ellos y su oración para que sean salvos. Una vez más, les digo, no sigan los razonamientos de los escépticos aquí. No digan: «no hay motivo para orar por los pecadores si Dios es soberano para salvar». Mas bien digan, ya que Dios es soberano para salvar, oraré por los pecadores con esperanza. Oraré Porque Pablo oraba por la salvación de ellos. Oraré, porque Cristo oraba en la cruz por la salvación de ellos. Oraré, porque hay dolor y angustia en mi corazón. Y como dice 2da a Timoteo 2:25: “por si acaso Dios les da el arrepentimiento”. Para ese fin, oremos por Israel, y por las naciones, y por nuestros parientes, rogando por que sean salvos.

Que el Señor lo haga aún ahora. Aún si usted todavía se encuentra bajo la culpa de sus pecados y está maldito y separado de Cristo, no se quede ahí. Cristo ha sido hecho maldición por nosotros. Ha muerto por nuestros pecados y ha resucitado de la muerte. Confíe en Cristo como su única esperanza y su Tesoro que todo lo satisface y será salvo. Amén.

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