Espiritualidad Olímpica, parte 1

Tras el oro

1ra a los Corintios 9:23–27

Y todo lo hago por amor del evangelio, para ser partícipe de él. ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero sólo uno obtiene el premio? Corred de tal modo que ganéis. Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado.

Cuando Pablo escribió estas palabras a los cristianos corintos, asumió que todos sabían sobre los juegos. Los juegos olímpicos tenían lugar en Grecia cada cuatro años sin interrupción desde el 776 a.C., hasta que fueron prohibidos por el emperador Teodosio en el 393 d.C. Son 1169 años. Todos sabían sobre los juegos. Así que Pablo no tenía que explicar los juegos. En aquella época todos estaban conscientes de los juegos. Y todos están conscientes de los juegos hoy.

Transponiendo los juegos olímpicos a una clave diferente

Lo que Pablo hizo con los juegos, exactamente como él (y Jesús) hicieron con todos los demás aspectos de la vida, fue verlos en relación a Dios. Pablo estaba tan saturado con Cristo y el evangelio que no podía ver algo sin pensar en cómo se relacionaba con la eternidad y los grandes aspectos de la vida cristiana.

Así que tomó los juegos y enseñó a los cristianos a transponerlos a un nivel diferente, y ver, en los juegos, una realidad muy diferente a la que todos los demás ven. Dijo, en efecto: "Los juegos se realizan en este nivel de realidad. Ellos corren en este nivel. Boxean en este nivel. Entrenan y practican y se niegan en este nivel. Ponen la vista en el oro, en este nivel".

"Ahora quiero que lo vean todo a otro nivel. Quiero que transpongan las batallas temporales y los triunfos de los juegos olímpicos a un nivel de realidad diferente, al nivel de la vida espiritual y de la eternidad de Dios. Cuando usted vea a los atletas corriendo, vea otro tipo de carrera. Cuando los vea boxeando vea otro tipo de boxeo. Cuando los vea entrenando y negándose, vea otro tipo de entrenamiento y abnegación. Cuando los vea sonriendo con una medalla de oro alrededor del cuello, vea otro tipo de premio".

Éso es lo que Pablo estaba tratando de hacer en este texto para los corintos cristianos, y es la razón por lo que trato de hacer lo mismo en esta mañana. Quiero que ustedes transpongan lo que ven y escuchan, hacia una clave diferente. Cada vez que usted encienda la televisión, quiero que escuche a Dios hablándole a través de los juegos. Si entiendo a Pablo en este texto, entonces los juegos en Barcelona deben verse y escucharse, por los cristianos, como un tremendo impulso a pelear la batalla de la fe, y correr la carrera de la vida, con nada menos que una pasión y perseverancia olímpicas.

Dos detalles importantes en este texto

Tomo dos semanas para abordar este texto, no solo porque los juegos duren tanto, también porque hay, al menos, dos detalles tremendamente importantes que demandan nuestra atención en este texto.

  1. Uno es el premio, la corona, la meta, el triunfo. ¿Qué es? ¿Qué está en juego en la carrera de la vida cristiana? ¿Por qué debemos correr y pelear? Y, ¿está bien hacerlo? ¿Tener en mente un gran premio mientras peleamos la batalla de la fe?

  2. El otro detalle en este texto que necesita nuestra atención es la carrera misma. Entonces, ¿cómo debemos correr? ¿Qué es ejercitar el auto-control? ¿Debemos abofetear y golpear nuestros cuerpos, y esclavizarlos? ¿Cómo sería esto en la vida real? ¿Y cómo hacerlo si se es débil y se yace en la unidad de cuidados coronarios en el hospital Abbott-Northwestern, o se está atado a una cama con la cadera fracturada a los 95 años de edad en Augustana?

Hoy veremos la primera cuestión: ¿Qué está en juego esta carrera? ¿Cuál es el premio y la corona?

¿Qué está en juego esta carrera?

Pablo responde esta pregunta en cuatro modos diferentes, en cuatro versículos diferentes. En dos de ellos habla sobre lo que está en juego en el modo en que él corre su propia carrera. Y en dos de ellos habla sobre lo que está en juego en el modo en que los corintios corren la carrera. Es lo mismo para ambos. Él quiere que vean que el premio está en juego. Y se usa a sí mismo como ejemplo. Él está en la carrera con ellos.

1. Volviéndonos partícipes del evangelio

Primero, en el versículo 23, llega al final de la descripción (en los versículos 19-22) de cómo está dispuesto a hacerse todo para todos, a fin de salvar a algunos (v.22), y resume así su pasión por las personas y por el evangelio: (v.23) "Y todo lo hago por amor del evangelio, para ser partícipe de él".

Ésta es la primera descripción de lo que está en juego en el modo en que Pablo corre la carrera de su vida. ". . . para ser partícipe de él [del evangelio]". ". . . para tener una parte en el evangelio". ". . . para poder obtener lo que promete el evangelio".

Ahora, lo que el evangelio promete es salvación: salvación del pecado y de la muerte y del infierno. "El evangelio es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree" (Romanos 1:16; compare con 1ra a los Corintios 15:1-2). Así que lo que Pablo está diciendo es: "Vivo por amor del evangelio, lo predico y me hago de todo para todos, no solo para que ellos puedan ser salvados, sino para heredar yo la misma salvación que ellos". Lo mismo dijo a Timoteo en 1ra a Timoteo 4:16: "Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan”.

Dios llamó a Pablo a predicar el evangelio. Si obedece o no es evidencia de su relación viva con Cristo. Es evidencia de si ha nacido de Dios y si ha recibido un nuevo corazón de amor para Cristo. Y por tanto, lo que está en juego en el camino de la carrera de obediencia de Pablo y en su batalla de la fe, es la realidad de su propia posición en la gracia, de su propia participación en el evangelio.

Si deja de correr, si dijera: "He tenido suficiente de esta vida de servicio; me cansé de seguir el sendero de la obediencia a mi llamado celestial; trataré de depender de Cristo para el perdón de mis pecados, pero ya no puedo seguir haciendo lo que Él dice", si Pablo renuncia de ése modo, y nunca regresa, estaría perdido. No obtendría el premio de la salvación. Sería descalificado de la carrera y expulsado en vergüenza, como un corredor culpable de esteroides ilegales.

2. Descalificación

Éso es lo que Pablo dice en el versículo 27, que es el segundo modo en que describe lo que está en juego en la carrera de la vida. Dice: "golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado".

"¡Descalificado!"

En el siguiente capítulo (10:12), Pablo advierte a los corintos: "el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga". Ahora Pablo se lo aplica a sí mismo. "Si no tengo cuidado, si me rindo a los impulsos de mi cuerpo, me encontraría en el terreno resbaladizo de la desobediencia lejos de Cristo, y llegaría al final de mi vida y escucharía el juicio de la carrera: '¡Descalificado! Sí, tú profetizaste en mi nombre. Sí, en mi nombre echaste fuera demonios. Sí, muchas obras poderosas hiciste en mi nombre. Pero abandonaste la carrera de la fe y el amor y la justicia. Estás descalificado. Apártate de mí, nunca te conocí (Mateo 7:22-23)'".

La mejor evidencia, quizás, de que ésto es lo que Pablo quiere decir, es el uso de la palabra "descalificado" (adokimos) en 2da a los Corintios 13:5. Pablo dice: "Poneos a prueba para ver si estáis en la fe; examinaos a vosotros mismos ¿O no os reconocéis a vosotros mismos que Jesucristo está en vosotros, a menos de que en verdad no paséis la prueba [que seáis descalificados]? La palabra es exactamente la misma de 1ra a los Corintios 9:27.

Ser descalificado significa que Cristo no está en usted. La carrera se ha corrido en vano. Fue una farsa.

¿Cómo veía Pablo su propia vida?

Ahora, Pablo no cree que esto sea cierto para su propio corazón. Y quiere hacer que toda su vida sea una demostración viva de que Cristo está en Él y de que Cristo es poderoso para salvar. Él corre y pelea así, no porque no tenga a Cristo y espere tenerlo, sino porque tiene a Cristo y quiere mostrarlo al mundo.

El hermoso modo en que lo explica en Filipenses 3:12 es: "No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús".

La carrera y batalla de la vida cristiana es una carrera y una batalla para la vida eterna (1ra de Timoteo 6:12: "Pelea la buena batalla de la fe; echa mano de la vida eterna"). Pero es una carrera y una batalla en la confianza de que hemos sido tomados por Cristo para ésa misma vida. Nuestra carrera, nuestra batalla, con todo su dolor, es prueba de que Cristo, quien corrió Su carrera y peleó Su batalla y soportó Su cruz por el gozo (el premio) puesto delante Suyo, está vivo y es real en nuestros corazones.

Así que Pablo se usa a sí mismo y a su propia carrera dos veces a fin de mostrar qué está en juego en el modo en que corre y pelea. Ahora dice lo mismo que ha mencionado dos veces ya cuando explica qué está en juego en el modo en que corren su carrera los corintos.

3. El premio del cielo

Versículo 24: "¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero sólo uno obtiene el premio? Corred de tal modo que ganéis". Corran para ganar el premio.

La palabra para "premio" es usada solo otra vez en el Nuevo Testamento, a saber, Filipenses 3:14. "Prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. No obtener el premio es no ir al cielo.

Así que cuando Pablo dice: "Corran de modo que ganen el premio", quiere decir que de esta carrera depende la llegada al cielo. Por éso es tan crucial el mensaje de la próxima semana. ¿Qué es? ¿Cómo lo hacemos?

4. La corona incorruptible de justicia

La cuarta descripción de lo que está en juego en nuestra carrera se menciona en el versículo 25. "Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible". El premio es una "corona incorruptible".

La palabra es stefanos, corona, y el paralelo más cercano a este uso de corona es 2da a Timoteo 4:7-8, donde Pablo menciona la carrera y la pelea del mismo modo en que lo hace aquí en el versículo 26. "He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida".

La "corona incorruptible" es la justicia que finalmente nos capacita para el cielo. Todavía no la tenemos. Todavía pecamos. Nos arrepentimos. Dios perdona. Pero peleamos y corremos en la búsqueda de la justicia (Hebreos 12:14). Tenemos hambre y sed de justicia, con la confianza, dice Jesús, de que seremos "saciados" (Mateo 5:6). ¡No corremos en vano!

Conclusión

Y por tanto, la conclusión de esta mañana es: la vida cristiana es un asunto sorprendentemente serio y los riesgos son infinitamente elevados. Lo que usted haga con su vida, el modo en que usted corra su carrera y pelee su batalla, hará la diferencia entre compartir las promesas del evangelio o ser descalificado. Hará la diferencia entre alcanzar el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo, o no. Hará la diferencia entre la recepción de la corona imperecedera de justicia o no. La vida es un negocio serio.

En esta semana, en Barcelona, verá el camino de la obediencia y dolor que están dispuestos a perseguir los atletas a fin de alcanzar una medalla de oro y una hora en la gloria de la alabanza humana. Le animo, mientras mira, a transponer lo que ve en los juegos hacia una realidad suprema. Por encima de todo, recuerde esto: lo que Dios le ofrece y promete en el evangelio y en el premio y en la corona, es 10 mil veces más valioso que todo el oro en Barcelona.

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