De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva

Entonces algunos de Jerusalén decían: ¿No es éste al que procuran matar?

Y ved, habla en público y no le dicen nada. ¿No será que en verdad los gobernantes reconocen que este es el Cristo?
Sin embargo, nosotros sabemos de dónde es éste; pero cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es.
Jesús entonces, mientras enseñaba en el templo, exclamó en alta voz, diciendo: Vosotros me conocéis y sabéis de dónde soy. Yo no he venido por mi propia cuenta, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis.
Yo le conozco, porque procedo de El, y El me envió.
Procuraban, pues, prenderle; pero nadie le echó mano porque todavía no había llegado su hora.
Pero muchos de la multitud creyeron en El, y decían: Cuando el Cristo venga, ¿acaso hará más señales que las que éste ha hecho?
Los fariseos oyeron a la multitud murmurando estas cosas acerca de El, y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para que le prendieran.
Entonces Jesús dijo: Por un poco más de tiempo estoy con vosotros; después voy al que me envió.
Me buscaréis y no me hallaréis; y donde yo esté, vosotros no podéis ir.
Decían entonces los judíos entre sí: ¿Adónde piensa irse éste que no le hallemos? ¿Será acaso que quiere irse a la dispersión entre los griegos y enseñar a los griegos?
¿Qué quiere decir esto que ha dicho: “Me buscaréis y no me hallaréis; y donde yo esté, vosotros no podéis ir”?
Y en el último día, el gran día de la fiesta, Jesús puesto en pie, exclamó en alta voz, diciendo: Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba.
El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva.”
Pero El decía esto del Espíritu, que los que habían creído en El habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado.

Jesús está en Jerusalén, enseñando a una multitud de oyentes divididos. Algunos quieren que él sea arrestado. Versículo 30: "Procuraban, pues, prenderle". ¿Por qué? Porque le veían como un pretencioso que no podía ser el Mesías. Fíjese lo que le dijeron en el versículo 27: "Sin embargo, nosotros sabemos de dónde es éste; pero cuando venga el Cristo [=Mesías], nadie sabrá de dónde es". Había un concepto popular entre el pueblo de que el Mesías aparecería repentinamente, como salido de la nada. Pero aquí estaba Jesús, un hombre de Nazaret, sin una aparición súbita, y para nada luciendo como un Mesías.

Pero otros pensaron que él era el Mesías, al menos era una buena posibilidad. Versículo 31: "Muchos del pueblo creyeron en él y decían: "Cuando venga el Cristo, ¿hará más señales que las que hizo éste?"" En otras palabras: estaban verdaderamente asombrados por sus milagros. Quizás su fe era real; quizás no lo era (como la de sus hermanos en el versículo 5).

Una multitud dividida, una oposición intensificándose

Así que estaban divididos. Pero la oposición se intensificó en el versículo 30 ("procuraban prenderle") no solo porque él no lucía como un Mesías, sino por lo que decía, y la parte más ofensiva (y aun sigue siendo ofensiva después de 2000 años), fue que lo que dijo acerca de ellos, no de sí mismo. Vea los versículos 28-29.

Entonces Jesús alzó la voz en el templo, enseñando y diciendo [hablando aquí con cierta ironía, creo]: —A mí me conocéis y sabéis de dónde soy. Y yo no he venido por mí mismo; más bien, el que me envió, a quien vosotros no conocéis, es verdadero. Yo le conozco, porque de él provengo, y él me envió".

No pase por alto las palabras "a quien vosotros no conocéis". Ustedes, los más religiosos, los más privilegiados, las personas más intelectuales del mundo, las personas con los mismos oráculos de Dios (las Escrituras judías), ustedes no conocen a Dios. Por eso es que quieren matarme. Yo conozco a Dios. Yo vengo de Dios. Dios me envió. Y como ustedes no le conocen, no me pueden reconocer a mí.

Si usted rechaza a Jesús, rechaza a Dios

Una y otra vez en este evangelio, Jesús dice claramente que si usted le rechaza como Hijo de Dios, su Mesías, y como el Tesoro supremo de su vida, entonces no conocerá a Dios o le honrará o amará o le tendrá como su Padre, no importa cuál sea su religión, y no importa cuál diga usted que es su relación con Dios. Aquí hay algunos ejemplos:

  • Juan 5:23: "El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió".
  • Juan 5:42-43: "pero os conozco, que no tenéis el amor de Dios en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís".
  • Juan 6:45: "Todo el que ha oído y aprendido del Padre, viene a mí".
  • Juan 8:19: "No me conocéis a mí ni a mi Padre. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre”.
  • Juan 8:42: "Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais".

Si quieren ayudar a alguien a discernir si realmente conoce o no a Dios, sea musulmán, budista, hindú, o judío, preséntele a Jesucristo, el Hijo de Dios, crucificado por los pecadores como la única esperanza del mundo. Lo que ellos digan de él mostrará si verdaderamente conocen a Dios, honran a Dios, aman a Dios, o tienen a Dios como Padre. Si no tienen a Jesús como Señor y Salvador, no tienen a Dios como Padre

La Respuesta de Jesús: calmada y autoritaria

Esta es la razón por la cual las mutitudes querían prenderle en el versículo 30 (y por la que usted no será popular, en este nuestro mundo pluralistico, si habla la Palabra de Cristo). Pero algunos pensaron que él podía ser el Mesías. Y cuando los sacerdotes se percataron de esa respuesta positiva, el versículo 32 dice que decidieron actuar: "Los fariseos oyeron que la multitud murmuraba estas cosas acerca de él, y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron guardias para tomarlo preso".

No se nos dice, hasta los versículos 45-46, qué ocurrió con esos guardias (ése será el mensaje de la próxima semana), pero lo que nos dice aquí es que Jesús les respondió, en los versículos 33-34, con palabras tranquilas y de autoridad: "Entonces Jesús dijo: Por un poco más de tiempo estoy con vosotros; después voy al que me envió. Me buscaréis y no me hallaréis; y donde yo esté, vosotros no podéis ir”.

En otras palabras, ustedes pueden tratar de arrestarme, pero yo decido a dónde ir, y quién seguirá. Ustedes no me pueden tomar prematuramente. Cuando yo decida irme, no me retendrán. Y no me podrán seguir después. Sus planes conmigo son insignificantes. He venido a hacer la voluntad de mi Padre, no la de ustedes. Y será hecha exactamente en su tiempo. Y en la forma en que él lo determinó.

Una respuesta desorientada

Como respuesta a esta tranquila autoridad, ellos quedan desorientados. Versículo 36: "¿Qué quiere decir esto que ha dicho: “Me buscaréis y no me hallaréis; y donde yo esté, vosotros no podéis ir”?"

Así que la situación que tenemos es que las multitudes le han oído decir que ellos no conocen a Dios, y los fariseos le han oído decir ellos que carecen de poder en sus conspiraciones. ¿Ahora qué? ¿Qué hará Jesús? ¿Qué dirá? Casi termina la Fiesta de los Tabernáculos, que fue lo que le trajo a Jerusalén en primer lugar. Queda un día más. Él está rodeado por personas que quieren arrestado. Los fariseos han enviado guardias para arrestarle.

Nadie habla como Jesús

Quizás esos aguaciles están aquí en frente de él, esperando un desliz. Da esa impresión. Los aguaciles que los fariseos enviaron en el versículo 32 regresan a los fariseos en los versículos 45-46. Escuche lo que ocurre: "Entonces los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis? Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre habla!”

De hecho. Nadie habló jamás como este hombre. Así que lo que Jesús está a punto de hacer en este momento delante de los fariseos y de los principales sacerdotes y multitudes hostiles y aguaciles que querían arrestarle, es hablar una palabra que nunca alguien habló. Y este es el enfoque principal de nuestro mensaje. Versículos 37-39:

Y en el último día, el gran día de la fiesta, Jesús puesto en pie, exclamó en alta voz, diciendo: Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva.” Pero El decía esto del Espíritu, que los que habían creído en El habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado.

¿Por qué debe importarnos si Jesús es verdadero?

La semana pasada, las maravillosas palabras de Jesús en el templo fueron diseñadas para decirnos cómo podemos saber que él es verdadero. Recuerde, él dijo:

Si alguien quiere hacer su voluntad, sabrá si mi enseñanza es de Dios o si hablo de mí mismo. El que habla de sí mismo busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero y no hay injusticia en Él. (Juan 7:17–18)

El problema allí era: ¿Es él verdadero? ¿Cómo puede usted saberlo? El problema de hoy es: ¿Por qué debiera importarle a usted? Hay muchas verdades que en realidad no importan. Usted puede creer en ellas, o no, y no harían mucha diferencia. ¿Por qué, entonces, debiera importarnos si Jesús es verdadero? ¿Qué diferencia habrá si venimos a él como verdadero o no? Eso es lo que él nos dice ahora.

Así que ustedes no solo deben preguntar: ¿Es él verdadero? ¿Él es real? ¿Cómo puedo saberlo? También deben preguntarse: ¿Le querría yo si fuera verdadero? ¿Qué significaría si yo viniera a él? ¿Cómo sería? ¿Valdría la pena? Esas son las preguntas que Jesús está respondiendo ahora.

Extendiendo una invitación abierta a sus enemigos

Y espero que ustedes vean que parte de la respuesta a si él es el tipo de persona a que ustedes querrían ir es que él está hablando estas palabras a sus enemigos. Él está extendiendo una invitación totalmente abierta a todo el que alcance a escuchar el sonido de su voz, y el sonido de mi voz, para que venga a él y beba. Y la única calificación que menciona es la sed. Versículo 37: "Si alguno [alguno, un fariseo, principal sacerdote, aguacil, cualquier persona ofendida, Si alguno] tiene sed, que venga a mí y beba".

¿Recuerda usted cómo al final de su vida Jesús miró a esta ciudad y lloró?:

"¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste!"(Mateo 23:37)

¡Cuántas veces he estrechado mis manos hacia ti! Esta es una de esas veces. ¿Cuántas veces en su vida ha escuchado usted a Jesús diciéndole esto? "Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba". ¡Sorprendente! Él está diciendo estas palabras a sus enemigos. Y se lo está diciendo a usted.

Lo que significa venir a Él

¿Y qué significaría para usted si viniera a él?

Respondamos mirando cinco elementos: la sed, la decisión de venir a beber, los ríos que fluyen del corazón, la referencia al Espíritu viniendo después que Jesús sea glorificado, y el hecho de que esto fue profetizado en las Escrituras.

1) Tres aspectos implícitos en la sed

Versículo 37: "Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba". Me parece a mí que hay tres detalles maravillosos implicados en las palabras "si alguno tiene sed". Primero, el don del agua es gratuito. La condición que usted debe satisfacer es una necesidad: "Si alguno tiene sed". Esa es la condición. Y la acción que le corresponde a usted es beber. Recibir el don. No hay un pensamiento aquí de ganar o merecer. Si alguno. Alguno que sepa que su propia sed está invitada.

Segundo, el alma humana tiene sed. Sabemos que él no está hablando de sed física. Eso es claro. Pero lo que él dice es que el alma tiene algo parecido a la sed física. Cuando usted se queda sin agua, su cuerpo tiene sed. Y el alma, cuando se queda sin Dios, tiene sed. Nuestro cuerpo fue hecho para vivir con agua. Nuestra alma fue creada para vivir en Dios.

Esto es lo más importante que usted debe saber sobre sí mismo. Usted fue creado para vivir en Dios Tenemos un alma, un espíritu. Hay un "usted" que es más que un cuerpo. Y si ese "usted" no bebe de la grandeza, sabiduría, poder, bondad, justicia, santidad, y amor de Dios, morirá de sed.

Tercero, en la palabra "sed" se implica que la oferta de Jesús satisface. El propósito de toda teología, de todo estudio, de todo aprendizaje bíblico, y de toda predicación, es esparcir el banquete satisfactorio para que usted coma con gozo, y proteger la cocina de cualquier veneno. El propósito de cocinar es comer. El propósito de excavar pozos y de limpiar manantiales es beber. Todo lo que Jesús vino a hacer y a enseñar tiene el propósito de proveer alimento y bebida al alma, una provisión que satisface para siempre.

Y eso es lo que veo en la palabra "sed". El agua es gratis. El alma tiene una sed. Y Jesús quiere satisfacer para siempre al alma.

2) Tres observaciones sobre nuestra decisión de venir a Jesús para beber

Versículos 37-38: "Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva.” Tres observaciones:
Jesús es lo que bebemos. "que venga a mí y beba". Jesús no solo tiene" lo que necesitan nuestras almas, él es lo que nuestras almas necesitan. Recuerde Juan 6:35: "Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed". Él es el Pan de vida. Él es el Agua viva. Nuestras almas fueron hechas para Jesús. El dolor en nuestros corazones es, en esencia, un dolor por Jesús. Así es como vive el alma en Dios. Vive en Jesús.

Segundo, el alma puede beber. Puede tragar. Cuando dice, "que venga  a mí y beba", está hablando espiritualmente, no materialmente. Esta acción de beber no es algo que usted hace con su boca y garganta. Lo hace con su alma. Lo hace espiritualmente. Usted fue creado para hacerlo. Usted no es un simple animal. Usted fue creado para esto -para venir a Jesús, no físicamente, sino espiritualmente, y beber, tragando el agua que él es para tu alma.

Tercero, este acercamiento y bebida son el significado de creer en Jesús. Versículos 37-38: "Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí. . .". Esa última frase es otra forma de decir ven y bebe. Lo que ocurre cuando creemos es que venimos y bebemos de Jesús. Ése es el significado de creer.

Lo vimos en la estructura paralela de Juan 6:35: "Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed". Creer en Jesús es venir a él para comer y beber para la más profunda satisfacción de nuestra alma.

Dé fin, por tanto, a la triste noción de que la fe salvadora -creer en Jesús- es una simple decisión de creer en los hechos. No, es venir a un festín, a un tesoro, a un banquete, a una primavera en el desierto cuando estamos muriendo de sed. Esto es lo que el apóstol Juan quiso decir cuando relacionó la acción de creer a Jesús con la acción de recibir a Jesús en Juan 1:12. Creer es recibirle como el agua, la comida, la vida para el alma.

Por ello son esos tres aspectos: Jesús es el agua que necesitamos, el alma bebe, y eso es lo que significa creer, venir a Jesús a beber para la satisfacción de nuestra alma.

3) Los ríos que brotan del alma

Versículo 38: El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva.” Dice literalmente, "de su vientre". Pero el énfasis está en nuestro ser interior, llámelo vientre, corazón, alma, espíritu. ¿Qué significa?

Significa que cuando usted viene a Jesús para beber, no solo recibe un sorbo, sino un manantial, una fuente, un pozo. Usted recibe a Jesús. Los ríos de agua brotarán porque en usted está el Hacedor-de-Ríos. Ese es el mensaje. Nunca tendrá que buscar nuevamente otra fuente de satisfacción para el alma. Cada río que necesita fluir para el gozo de su alma, fluirá desde Jesús. Cuando usted viene a él, le recibe a él. Y él nunca se va.

4) El Espíritu Santo del Jesús glorificado

Versículo 39: "Pero El decía esto del Espíritu, que los que habían creído en El habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado”.

Había una experiencia del Espíritu que no podría disfrutarse hasta que Jesús muriera por nuestros pecados, siendo resucitado triunfante sobre los muertos, y ascendiendo a la diestra del Padre en gloria: estoy hablando de la experiencia de comunión con el Espíritu del Cristo glorificado, resucitado. Esto es lo que el Padre da a todo el que cree -- la presencia y poder y comunión del Espíritu del Cristo resucitado y glorificado.

Una vez Jesús estuvo con nosotros en un hombre encarnado, y ahora está en nosotros por su Espíritu. Vea Juan 14:16–17: "Y yo rogaré al Padre, y El os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce, pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros".

Y él está, de hecho, en todo el que cree en Jesús. ¿Recuerda lo que Pablo dijo en Romanos 8:9? "Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de El”. Si usted viene a Cristo para satisfacer su alma, recibe a Cristo. Y ahora vemos lo que quiso decir: Usted recibe al Espíritu - al Espíritu de Dios y de Cristo.

Cristo, como el Hijo encarnado de Dios está en el cielo. No podemos ver ahora su cuerpo. Caminamos por fe y no por vista. Pero él está en nosotros (Romanos 8:10). Tenemos el Espíritu del Cristo resucitado y glorificado, viviendo en nosotros. Lo que significa que Cristo está en nosotros.

5) La Escritura testifica de los planes de Dios

Versículos 38 de nuevo: El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva.”

Hay tantos textos en el Antiguo Testamento que señalan hacia esta realidad. Permítanme darles solo uno. Isaías 58:11: "Serás como huerto regado y como manantial cuyas aguas nunca faltan".

Pero esta es la forma en que debiéramos terminar: en la maravillosa implicación para nosotros de que Dios habló de esta realidad cientos de años antes de que ocurriera. Significa que Dios lo planificó todo para usted. Dios estaba planificando enviar a su Hijo. Él le creó a usted para tener una sed insaciable en su alma, una sed que le llevara a él. Él planificó que Jesús estuviera en Jerusalén, y que yo estuviera en este púlpito y clamara: "Si alguno tiene sed, que venga a mí [a Jesús] y beba".

Esta es una invitación de Dios para usted. No solo mía. No solo de Jesús, sino de Dios. Venga, beba, viva.

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