Fortalézcanse unos a otros en Dios

1ro de Samuel 23:15–18

Y se dio cuenta David que Saúl había salido para quitarle la vida; y David se encontraba en el desierto de Zif, en Hores. Y Jonatán, hijo de Saúl, se levantó y fue a donde estaba David en Hores, y le fortaleció en Dios. Y le dijo: No temas, porque la mano de Saúl mi padre no te encontrará, y tú reinarás sobre Israel y yo seré segundo después de ti; Saúl mi padre también sabe esto. Hicieron los dos un pacto delante del Señor; y David permaneció en Hores mientras Jonatán se fue a su casa.

El mensaje de hoy es una interrupción en la serie comenzada el domingo pasado, a partir de Efesios. La razón para la interrupción es la profunda convicción que sentimos de una necesidad de animar, a todos los miembros de Bethlehem, a formar parte de algún tipo de grupo pequeño, donde se ayuden unos a otros a pelear la batalla de la fe. Y por tanto, nuestro enfoque hoy está en fortalecernos unos a otros en Dios.

La seguridad eterna es un proyecto comunitario

Creemos que la seguridad eterna es un proyecto comunitario. Creemos que la perseverancia de los santos es una responsabilidad corporativa. El mismo Señor amoroso que dijo: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano" (Juan 10:27-28), también dijo: "el que persevere hasta el fin, ése será salvo" (Mateo 24:13).

En otras palabras, los que son nacidos de Dios están eternamente seguros en las manos de Jesús. Y los que son nacidos de Dios deben perseverar hasta el fin, a fin de ser finalmente salvados. Y entonces surge la pregunta: ¿Cómo ha ordenado Dios a Su hijos que perseveren en fe hasta el final, de modo que puedan cumplir infaliblemente la promesa de que están seguros y ninguno se perderá?

Esta mañana nos enfocamos en una parte crucial de la respuesta a esa pregunta, a saber: Dios ha ordenado que nos relacionemos con otros creyentes de modo que nos ayudemos unos a otros a pelear exitosamente la batalla de la fe, cada día hasta el fin. El fundamento bíblico para esta respuesta es Hebreos 3:12-14:

Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo. Antes exhortaos los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado. Porque somos hechos partícipes de Cristo, si es que retenemos el principio de nuestra seguridad firme hasta el fin.

Dios ha designado un medio por el cuál nos permite retener nuestra seguridad firme hasta el fin. Es este: Desarrollar el tipo de relaciones interpersonales cristianas en las que nos ayudamos unos a otros a aferrarnos a las promesas de Dios y escapar de los engaños del pecado. Exhortarnos unos a otros, cada día, a permanecer firmes y vestirnos de toda la armadura de Dios.

Ser parte de un grupo de cristianos

¡Niños, estudiantes de secundaria, estudiantes de preuniversitario, estudiantes universitarios, solteros, casados, viudas y viudos! ¿Son ustedes parte de un grupo de amigos cristianos comprometidos a ayudarse unos a otros a pelear la batalla de la fe y protegerse de las sutiles intrusiones del pecado?

No digo que no puedan ser salvos sin pertenecer a un grupo pequeño organizado. Pero sí digo, y creo que es la Palabra de Dios, que si usted no tiene un grupo así de amigos en la fe, entonces está negando uno de los medios diseñados por Dios para su preservación y perseverancia en la fe. Y negar los medios de la gracia es algo muy peligroso para su fe.

Así que mi meta en esta mañana es muy simple: motivarle a pertenecer a un grupo más pequeño de cristianos, donde puede exhortar y ser exhortado a pelear cada día la batalla de la fe. Al final del mensaje, Peter Nelson presentará brevemente una red de grupos pequeños disponible para su consideración en oración.

Cuatro lecciones del encuentro de Jonatán con David

El texto es 1ro de Samuel 23:15-18. Es una ilustración simple y profunda de qué necesita ocurrir en la continua batalla de la fe.

David está yendo de un lugar a otro en el desierto de Zif, a unas 30 millas al sur de Jerusalén, tratando de mantenerse lejos del camino de Saúl. Saúl, el rey de Israel, quiere matar a David porque piensa que es un rival peligroso para el trono. Jonatán, el hijo de Saúl, ama a David y escucha que él está en el desierto de Zif, y desciende para fortalecerlo en Dios.

Este encuentro entre Jonatán y David ilustra, al menos, cuatro lecciones sobre cómo ayudarnos unos a otros en la batalla de la fe.

1. Todos necesitan la camaradería cristiana

Los santos más profundos y los líderes más fuertes necesitan amigos cristianos que les fortalezcan en Dios. David era profundo, David era fuerte, y David necesitaba a Jonatán.

La camaradería cristiana no es solo para los nuevos reclutas. Es para cada creyente. Nunca dejamos de necesitar el ministerio de otros cristianos. Si usted piensa que está más allá de la necesidad de la exhortación diaria en la batalla de la fe, entonces probablemente su corazón ya ha caído presa del engaño del pecado.

David fue un hombre que iba tras el corazón de Dios. Era un gran guerrero. Sin lugar a dudas era superior a Jonatán en fortaleza e inteligencia y en entendimiento teológico. Pero el versículo 16 dice que Jonatán fue y le fortaleció en Dios.

Ni siquiera piense que un hombre es tan fuerte que no necesita ser fortalecido en Dios. Ni piense tampoco que alguien está muy por encima de él de modo que usted no podrá ser el instrumento de Dios para darle fuerzas.

Charles Spurgeon habló por muchos líderes cristianos cuando escribió:

Hace algunos años, fui sujeto de una temible depresión de espíritu. Varios eventos problemáticos me habían ocurrido; yo tampoco estaba bien, y mi corazón se hundió dentro de mí. Desde las profundidades fui forzado a clamar al Señor. Justo antes de ausentarme a Mentone para descansar, sufrí grandemente en mi cuerpo, pero mucho más en mi alma, porque mi espíritu estaba abrumado. Bajo esta presión, prediqué un sermón a partir de las palabras: "Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has abandonado?" Yo estaba tan calificado para predicar a partir de ese texto como siempre espero estarlo; de hecho, espero que algunos pocos de mis hermanos hubieran podido profundizar tan grandemente en esas palabras desconsoladas. Sentía toda la medida del horror de un alma olvidada por Dios. Ahora, ésa no fue una experiencia deseable. Tiemblo ante la sola idea de pasar de nuevo a través de ese eclipse del alma; oro para nunca sufrir de nuevo de ese modo. (Autobiography, vol. 2, p. 415)

Esto menciono para persuadirles de que los mayores santos, los guerreros más valientes, no están por encima de la necesidad de ser fortalecidos en Dios. De hecho, los ataques del diablo sobre ellos pueden hacer que su necesidad sea incluso mayor. Así que la primera lección de nuestro texto es que usted nunca superará su necesidad de una exhortación diaria. Los santos más profundos y los líderes más fuertes necesitan amigos que les fortalezcan en Dios.

2. Un esfuerzo consciente

La segunda lección es que fortalecer a una persona en Dios involucra un esfuerzo consciente.

Es algo intencional. Usted no solo lo hace de paso; al contrario, se levanta y desciende hasta Hores. Versículo 16: "Y Jonatán, hijo de Saúl, se levantó y fue a donde estaba David en Hores, y le fortaleció en Dios”.

¡Qué diferencia haría en nuestra iglesia si cuando todos nos despertáramos en la mañana PLANIFICÁRAMOS fortalecer a alguien en Dios! Jonatán no se encontró accidentalmente con David en Hores (¡aunque a veces eso es lo que ocurre!). Él PLANIFICÓ ir y fortalecerlo. La característica de la madurez cristiana es que usted edifica en su vida la intención y las ocasiones para fortalecer a alguien en Dios. ¿A quién fortalecerá usted en Dios hoy? ¿En esta semana? ¿Tiene usted un grupo de amigos comprometidos (¡intencionalmente!) a ayudarse unos a otros a pelear la batalla de la fe de este modo?

He estado leyendo las Memoirs of Samuel Pearce, uno de los pastores de grupos pequeños que fundó la primera Sociedad Bautista Misionera en 1972. Entre otros, estaba John Ryland y John Sutcliff y Andrew Fuller y Samuel Pearce y William Carey. Recientemente, algo resaltó por encima de todo lo demás: estos hombres se amaban unos a otros y se reunían juntos, y estaban profundamente comprometidos a fortalecerse unos a otros en Dios. Esto hicieron incluso cuando estaban separados entre sí.

Samuel Pearce esperó durante un año su primera carta de Carey después de haber partido hacia la India. Pero cuando llegó, esto es lo que escribió a Carey:

La narración que hiciste nos inspiró con nuevo vigor, y nos fortaleció grandemente en el Señor. Leímos, y lloramos, y alabamos, y oramos. Oh, ¿quién sino el cristiano siente tales placeres en lo relacionado con la amistad para nuestro querido Señor Jesucristo? (p. 58)

¿No es esa una gran frase: "Amistad PARA nuestro querido Señor Jesucristo"?

Lo que realmente ruego para esta mañana es que todos ustedes formen amistades PARA Jesucristo, que tengan un grupo de camaradas en la fe con el acuerdo mutuo de señalarse a Jesucristo unos a otros, para esperanza y fortaleza.

3. Fortaleciéndose unos a otros en Dios

Ésa es la tercera lección. La fortaleza que nos damos unos a otros es fortaleza en Dios, no en nosotros mismos. El versículo 16 no dice que Jonatan vino todo ese camino hasta Hores para fortalecer la autoconfianza de David. No lo hizo. Dice que se levantó y fue a David en Hores, y le fortaleció en Dios.

Esta es la diferencia entre la camaradería cristiana y todos los demás grupos de apoyo y grupos de terapia y grupos de autoayuda. La idea de la camaradería cristiana es señalarnos unos a otros hacia Cristo, no hacia el hombre, para recibir ayuda y ser fortalecidos.

Aquí hay una especie de paradoja: Por un lado digo: te necesito. Dios te ha escogido como medio de gracia para ayudarme a perseverar hasta el fin. Pero por otro lado, debo decir que el único modo en que realmente puedes ayudarme es diciendo algo o haciendo algo que me haga depender de Dios, y no de ti.

Aquí estamos de nuevo con nuestro tema más común: un Teocentrismo radical en todo lo que hacemos, incluso en nuestras uniones humanas, en nuestra camaradería, en nuestra amistad. Debo ser un amigo PARA Jesús. Cada grupo cristiano que existe debe existir para fortalecerse unos a otros en Dios, y no en el hombre. Ésa es la tercera lección en nuestro texto: "Y Jonatán, hijo de Saúl, se levantó y fue a donde estaba David en Hores, y le fortaleció en Dios”.

4. Recordándonos unos a otros las promesas de Dios

Finalmente, ¿cómo lo hizo? ¿Cómo lo hacemos? Jonatán dijo (versículo 17): "No temas, porque la mano de Saúl mi padre no te encontrará, y tú reinarás sobre Israel y yo seré segundo después de ti; Saúl mi padre también sabe esto".

¿Cómo sabía Jonatán que David sería rey sobre Israel? Eran amigos profundos, y por éso es difícil imaginar que David no hubiera hablado a Jonatán sobre el evento en el capítulo 16, cuando el profeta Samuel había ungido a David como muchacho para ser rey sobre Israel. Jonatán fortaleció a David en Dios recordándole una promesa que Dios había hecho (1ro de Samuel 16:12). Saúl no podría tener éxito contra David, porque Dios estaba con él. Así que Jonatán fortaleció a David al recordarle su destino en los propósitos de Dios.

Y así es con nosotros. Nos fortalecemos unos a otros en Dios al recordarnos unos a otros las promesas de Dios que son especialmente adecuadas para cada una de nuestras necesidades.

¿Qué necesitaría escuchar usted de sus amigos si fuera William Carey, a 15 000 millas del hogar, peleando la batalla de la fe con un solo amigo, rodeado de millones de incrédulos? Usted necesitaría algo como esto (las palabras de Samuel Pearce), un amigo precioso quien conocía como fortalecer a Carey en Dios. Escuche cómo las promesas de Dios saturan esta carta del 4 de Octubre de 1794.

Hermano, anhelo estar a tu lado, y participar en todas las vicisitudes del ataque, un ataque que nada puede hacer exitoso, sino la cobardía. Sí, el Capitán de nuestra salvación marcha delante nuestro. Algunas veces quizá Él retire Su presencia (pero no Su poder), para probar nuestra hazaña con nuestros brazos espirituales y nuestra armadura celestial. ¡Oh, qué no puede hacer la fe viva para el soldado cristiano! Traerá al Liberador desde los cielos; le vestirá como con una vestidura sumergida en sangre; le pondrá al frente de la batalla, y pondrá una nueva canción en su boca: "Estos pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá". Sí, lo hará, la victoria es segura desde antes de entrar en el campo; ya la corona está preparada para adornar nuestra frente, incluso ésa corona de gloria que no desaparece, y ya hemos resuelto qué hacer con ella, la pondremos a los pies del conquistador, y diremos, "No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria", mientras todos los cielos se unen a coro: "Digno es el Cordero". (Memoir, p. 66)

Bien, no todos tenemos el don de fortalecer con palabras semejantes a nuestros amigos. Pero si usted impregna su mente de la Palabra de Dios, y medita en ella de día y de noche, como dice el Salmo 1, entonces será una fuente de agua viva y fortalecerá a muchos en Dios. El llamado de Dios a ustedes en esta mañana es: ¡Vengan, fortalezcámonos unos a otros en Dios! Amén.

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