Sometimiento a Dios y sometimiento al estado, parte 3

1Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. 2De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. 3Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; 4porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. 5Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. 6Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. 7Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra

Al interactuar con algunos de ustedes he sido persuadido de que Romanos 13:1-7 requiere un sermón más después de este. Yo Había pensado que tres serían suficientes. Pero creo que debe haber uno más la próxima semana.

Resumen de las Partes Uno y Dos

Permítanme resumir donde hemos estado y luego explicar porque uno más parece ser requerido. En la primera parte enfaticé el bien positivo de la autoridad civil que Pablo acentúa en el versículo 4: “porque es servidor de Dios para tu bien”. Argumenté que somos muy bendecidos por Dios cuando el mal del corazón humano es controlado por la autoridad civil y la ley para que la anarquía, la ley de la calle y la justicia vigilante no tomen el dominio.

Entonces en la segunda parte traté de explicar porque Pablo hablaba con declaraciones tan generalizadoras y poco limitadas que sabía que tenían excepciones porque él mismo escribió sobre esas excepciones y fue un ejemplo vivo de dichas excepciones. Por ejemplo, él dice en el versículo 3, “Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella”. Pero en Romanos 8:35-36 él escribió, “5¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? [Esta es la misma espada a la que se hace referencia en Romanos 13:4 donde Pablo dice que el magistrado “porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo”] Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero.” Así que Pablo sabe que las autoridades civiles no son solo un terror para la mala conducta. Algunas veces son un terror para la buena conducta también. Matan a cristianos justo como Jesús dijo que harían, “seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre. [...] y matarán a algunos de vosotros” (Lucas 21:12-16).

Mis dos principales sugerencias para entender porque Pablo escribió en formas tan generalizadas y poco limitadas acerca del gobierno y del sometimiento al mismo fueron, primera, que quiso que el César captara el mensaje de que Dios estaba por encima de él y de que hay una ley moral de Dios que está por encima de las leyes del estado, y que los estados existen para actuar de este modo. De ese modo usamos el lenguaje: decimos lo que es para decir lo que debería ser. Por ejemplo, yo podría decir a uno de mis hijos que acaba de ser irrespetuoso con su madre, ‘en esta familia no se habla así’. Bien, él acaba de hablar así, y pertenece a la familia. Pero todos saben lo que quiero decir. Y así Pablo le echa el ojo a César cuando escribe y dice, ‘Los gobiernos recompensan la buena conducta y castigan la mala conducta, no al revés’. Y con eso quiere decir: Los gobiernos deberían actuar así.

La otra razón por la que Pablo habló tan clamorosamente acerca del sometimiento al estado, que yo sugerí, es que quiere que conozcamos que el peligro que representa para nuestra alma un gobierno injusto, ni siguiera se acerca al gran peligro que es el orgullo, que patalea contra el sometimiento. Ningún maltrato o ley injusta ha enviado alguna vez a alguien al infierno. Pero el orgullo y la rebelión es lo que envía a todo el que no tiene un Salvador al infierno.

Después prometí que, Dios mediante, esta semana retomaría la cuestión de la desobediencia civil, lo que espero hacer ahora. Pero fui persuadido de que especialmente en Norteamérica donde la forma de gobierno que Dios ha instituido es tan participativa, debemos preguntar como es el sometimiento cuando, en un sentido, el gobierno somos nosotros. O sea, ¿Cuál es el rol de los cristianos en la ruda revolución de la vida gubernamental y política, con especial enfoque sobre el incremento del pluralismo, hecho que complica aún más las cosas, a medida que el mundo con sus perspectivas y religiones llega a Norteamérica? Eso es la próxima semana, Dios mediante.

Una Doble Pregunta

Bueno,  hoy la pregunta es doble: 1) ¿Qué evidencia hay en la Biblia de que Dios alguna vez ha aprobado que su pueblo no se someta a todas las autoridades que él ha establecido? Es decir, ¿Cuál es la prueba de que la desobediencia civil  es aprobada por Dios? Y 2) ¿Cuándo es correcta tal desobediencia civil, y como debe ser? Estas son preguntas enormes y sobre ellas se han escrito libros completos. Pero si eso nos impidiera predicar, predicaríamos sobre algo en lo que no merece la pena pensar.

Ejemplo Bíblico de Desobediencia a Autoridades Civiles.

Considere unos cuantos textos de desobediencia a las autoridades civiles. La semana pasada hice referencia a Hechos 5:27-29 donde Pedro y los apóstoles dicen, “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.” En otras palabras, aun cuando Dios dijo que es necesario someterse a las autoridades, no significa: ‘Obedézcanlas cuando prohíban lo que yo ordeno o cuando ordenen lo que yo prohíbo’. El mandato de someterse al hombre no hace que el hombre se vuelva Dios. Ese mandato le da autoridad al hombre por debajo de Dios, y esa autoridad es cualificada por Dios.

Entonces vayamos a algunos ejemplos donde esa cualificación lleva a la desobediencia.

Daniel 6: 6-10

Entonces estos gobernadores y sátrapas se juntaron delante del rey, y le dijeron así: ¡Rey Darío, para siempre vive! 7Todos los gobernadores del reino [...] han acordado por consejo que promulgues un edicto real y lo confirmes, que cualquiera que en el espacio de treinta días demande petición de cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones.[...] Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición.

Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.

Percátese de cuán evidente es la desobediencia de Daniel. Es, como nosotros decimos, a la cara. Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, donde tenía ventanas abiertas en su cámara más alta que daban a Jerusalén -¡en la cámara más alta! Y se arrodillaba tres veces al día y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes. Este era un acto abierto de desobediencia a la autoridad civil. Fue un hecho público de poner a Dios antes que al decreto del rey. Tomó su lugar en una ventana alta, de modo que podía ser visto claramente. Y por ello fue lanzado a los leones. A lo que no se resistió. Recuerden que no hay un mandamiento explícito de que uno deba orar de rodillas tres veces al día frente a una ventana abierta. Esta era la convicción de Daniel acerca de la voluntad de Dios, no un mandamiento explícito en la Biblia.

Daniel 3: 9-18

El caso de los amigos de Daniel, Sadrac, y Mesac, y Abed-nego, fue ligeramente diferente. Se había hecho un decreto de que todos debían postrarse y adorar la estatua que era la imagen del rey. En otras palabras, a Daniel se le prohibió hacer algo, y a sus amigos se les ordenó que hicieran algo. Que ellos no harían. En vez de hacerlo, dijeron:

No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.

Esto era desobediencia civil sobre las bases de una conciencia religiosa. Y por ello fueron echados al horno. Y no se resistieron.

Éxodo 1: 15-20

Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas… “Cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y si es hija, entonces viva.” Pero las parteras temieron a Dios, y no lo hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida de los niños… Y Dios hizo bien a las parteras, y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera.

Las parteras desobedecieron la orden del rey de matar a los bebitos.

Una respuesta a estos dos últimos textos es que ellos retratan la desobediencia a un mandato que requiere pecado. ¿Y qué acerca de la desobediencia a leyes que no requieren que usted haga algo? Ellas están solo prohibiendo que haga algo que se siente moralmente obligado a hacer.

Además del caso de Daniel, la Biblia ofrece otros varios ejemplos (ej. Reyes 18: 4-13; Josué 2:3-4). Por ejemplo, la reina Ester es honrada por desobedecer la ley de acercarse al rey sin previa solicitud. El rey había decretado destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres (Ester 3: 13). Mardoqueo, tío de Ester le pide a Ester que interceda por los judíos para salvar sus vidas.

La respuesta de Ester fue recordarle a Mardoqueo que cualquier acercamiento no solicitado, hacia el rey, era contra la ley. Podrían matarla (4:11-12), a menos que el rey tuviere misericordia de ella y levantase su cetro. Mardoqueo respondió que quién sabía si quizás para esta hora ella había llegado al reino (4:14). Y Ester pide un ayuno de tres días. Finalmente resuelve, “entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca” (4: 16). El efecto de su intervención fue que los judíos fueron preservados.

Existen al menos tres elementos de la desobediencia de Ester que se destacan: 1) La ley que Ester rompió no requería ningún mal activo de su parte. Solamente le estorbaba para salvar a los judíos. 2) No había garantía de que su desobediencia tendría éxito. Podría solamente haber fortalecido la oposición del rey a los judíos. Ella se arriesgó a ello porque había mucho en juego. 3) Su acto de desobediencia al estado no es incidental al propósito principal del libro. Es el corazón de su fe de sacrificio: “¡Si perezco, que perezca!”

Pero aun si no existieran ejemplos explícitos de desobediencia civil en la Biblia, tendríamos que hacer algunas preguntas difíciles: ¿Es moralmente correcto cruzar la calle sin prudencia para detener una violación? ¿Es moralmente correcto pasar el límite de velocidad, para llevar a una esposa que está muriendo, a toda prisa al hospital? ¿Es correcto irrumpir en casa de un vecino para apagar un fuego, o para salvar a un niño?

¿Bajo que condiciones entonces, se podría acudir moralmente a la desobediencia civil? Uno pudiera decir con el apóstol Pedro: Obedezcan a Dios antes que al hombre (Hechos 5:29). En otras palabras, si la ley manda hacer lo que Dios prohíbe, o prohíbe lo que Dios manda hacer, entonces hay que romper la ley. Pero el problema con esa simple directriz es que mucha de la desobediencia civil en la historia ha involucrado hacer cosas que no están claramente mandadas por Dios. Sentarse en la acera frente a una clínica de aborto en 1989, no estaba explícitamente mandado por Dios en la Biblia. Comer en un restaurante de blancos solamente en St. Augustine, Florida en 1964 y marchar y orar en Montgomery, Alabama en 1965 no estaba explícitamente ordenado en la Biblia.

En otras palabras, algunos cristianos en la historia han llegado al punto donde creyeron que las leyes eran tan injustas y tan malvadas, y los medios políticos de cambio habían estado frustrados durante tanto tiempo, que una desobediencia civil pacífica y no violenta parecía correcta. ¿Qué factores debemos tomar a consideración para decidir si debemos hacer esa clase de desobediencia civil? A mí me parece que esa sería una combinación de al menos estas cuatro cosas.

  1. La gravedad de la acción sancionada por la ley. ¿Cuán atroz es? ¿Es una señal de tráfico que usted cree es innecesaria? ¿O es la ley que aprueba matar?
  2. La extensión del efecto de la ley injusta. ¿Es una persona la afectada aquí o allá? ¿O son millones? ¿La ley tiene una incoherencia incidental?  ¿O está sometiendo a un grupo completo de personas a la esclavitud debido a su origen étnico?
  3. El potencial de dicha desobediencia civil para servir de testigo claro y efectivo a la verdad. Esta es la cuestión de la estrategia, y seguramente que aquí, habrá sitio para diferentes juicios, acerca de si un hecho particular de desobediencia civil, será o no, una declaración clara y efectiva de lo que es justo.
  4. El movimiento del espíritu de coraje y de convicción en Dios en las vidas de las personas que indica que es el momento correcto. Históricamente, parece existir un momento de máxima tensión para la indignación moral. Un mal existe por años o quizás por generaciones y entonces algo extraño ocurre. Una persona y después decenas de miles de personas, no pueden ya más levantarse para ir a trabajar y  solo decir, ‘Ojala no fuera así’. ¡Se ha alcanzado el punto máximo de tensión y lo que había permanecido por años en el aire como un mal tolerable, explota con un aplastante sentido de que las cosas tal y como están no pueden seguir!

Y entonces cuando llegue ese momento ¿cómo debe ser llevada a cabo tal desobediencia civil? ¿Cómo debe ser?

Sin Ofrecer Ninguna Resistencia y con un Amor Activo por Nuestro Enemigo

Examinemos las exigencias del amor en Mateo 5: 38-48. Hay párrafos fuertes que hablan acerca de no ofrecer ninguna resistencia y de un amor activo por vuestro enemigo. Primero Jesús dice:

Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses (vv. 38-42).

Todos estos versículos tienen intención de mostrar obediencia a los deseos de quien maltrata o que pide algo. Esto parece opuesto a la resistencia. Ahora aquí en los versículos 43-48 viene algo un poco diferente: amor activo mejor que pasividad.

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos [...] 48Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto (vv. 43-48).

Aquí la nota música suena diferente. El énfasis cae sobre la búsqueda del bien del enemigo. Amen a su enemigo, oren por su enemigo, presumiblemente orar porque sean salvos y encuentren esperanza y vida en Cristo. Hagan bien a sus enemigos del mismo modo que Dios hace con la lluvia y con el sol.

Así en los versículos 38-42 es dada la nota de la sumisión (no se resista vuélvale la otra mejilla, vaya una milla más). Pero en los versículos del 43-48 Jesús da la nota de acción positiva en pro del bien de vuestros enemigos con vistas a que se les bendiga.

Ahora bien, esto da origen a una pregunta: ¿Son la pasividad y la sumisión del 38-42la mejor manera de amar a otros y hacerles bien como en los versículos 43-48? Uno se enfoca en la pasividad, no tomen represalias, estén dispuestos a sufrir injustamente. El otro se enfoca en actividad, busquen hacer el bien a vuestros enemigos. ¿Es la pasividad siempre la mejor forma de hacer bien?

La respuesta se vuelve más clara  cuando nos damos cuenta de que en la mayoría de las situaciones de injusticia o persecución no somos la única persona que está siendo herida. Por ejemplo, ¿Cómo ama usted a dos personas si una es el criminal y la otra es la víctima, si una hiere y la otra es herida? ¿Debe ser pasivo el amor cuando no es solo su mejilla la que está siendo abofeteada sino la de alguien más y esto ocurre repetidamente?

¿O qué hay acerca del mandato de ‘al que te pida dale’? ¿Es amor darle su abrigo a una persona que lo usará para estrangular a un bebé? ¿Y como ir una milla más (¡amorosamente!) con una persona que le está haciendo acompañarla para soportar su derramamiento de sangre?  ¿Va usted a ir una milla más con una persona que le está haciendo cómplice activo de su mal?

El propósito de estas preguntas es este: En estos versículos Jesús nos está dando una descripción del amor que corta de raíz nuestro egoísmo. Y nuestro temor. Si el egoísmo y el temor nos impiden dar y seguir una  milla más, entonces necesitamos ser ministrados por estas palabras. Pero Jesús no está diciendo que cumplir pasivamente los deseos de alguien en una situación de injusticia sea la única forma de amar. Ello podría ser una forma de cobardía.

Si el amor sopesa las reclamaciones de justicia y misericordia entre todas las personas involucradas, puede llegar un momento, un momento de máxima tensión, cuando el amor puede ir más allá de la pasividad y del paciente acatamiento y expulsar a los cambistas de dinero del templo (Marcos 11: 15).

Directriz Acerca de Cómo los Cristianos Deben Acoplarse en la Desobediencia Civil

Entonces, ¿qué directrices hay ahí para acerca de cómo un cristiano ha de llevar a cabo la desobediencia civil?

Las palabras de Jesús descartan todo afán de venganza y toda acción basada en la mera conveniencia de la seguridad personal. El Señor elimina nuestro amor por las posesiones, y nuestro amor por la conveniencia. Esa es la intención de Mateo 5: 38-42. No actuar meramente preocupado por el beneficio propio y privado; ya sea su  ropa, conveniencia, sus posesiones o seguridad.

En lugar de ello, actuar confiando en Cristo, convertirse en la clase de persona que está libre de estas cosas, para vivir por los otros (tanto por los oprimidos como por los opresores; tanto por el niño que está muriendo como por el abortista que está matando). La señal y la conducta de esta desobediencia civil cristiana será lo opuesto a las demostraciones de lo estridente, beligerante, será lo contrario de lanzar piedras, gritar, de las palabrotas, de lo violento.

Somos personas de la cruz. Nuestro Señor se sometió a la crucifixión voluntariamente para salvar a sus enemigos. Le debemos nuestra vida eterna a él, estamos perdonando a los pecadores. Esto elimina la vanagloria de nuestra protesta. Elimina la arrogancia de nuestra resistencia. Y si, después que todos los otros medios han fallado, debemos desobedecer por el bien del amor y la justicia, primero sacaremos la viga de nuestro propio ojo, lo que causará suficiente dolor y lágrimas como para suavizar nuestra indignación y convertirla en un humilde, tranquilo, pero inquebrantable, NO. La batalla más grande a que nos enfrentamos no es a vencer leyes injustas, sino a convertirnos en esta clase de personas.

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