La autoridad y naturaleza del don de profecía

Hechos 2:14-21

Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les declaró: Varones judíos y todos los que vivís en Jerusalén, sea esto de vuestro conocimiento y prestad atención a mis palabras, porque éstos no están borrachos como vosotros suponéis, pues apenas es la hora tercera del día; sino que esto es lo que fue dicho por medio del profeta Joel: Y sucederá en los últimos días—dice Dios— que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñaran sueños; y aun sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré de mi Espíritu en esos días, y profetizarán. Y mostraré prodigios arriba en el cielo y señales abajo en la tierra: sangre, fuego y columna de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día grande y glorioso del Señor. Y sucederá que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo.

La semana pasada traté de mostrar que 1ra a los Corintios 13:8-12 enseña que el don de profecía pasará cuando Jesús regrese, así como la imagen velada de un espejo dará lugar al rostro vivo. Y argumenté que, por tanto, el don de profecía es válido aún en la iglesia actual. Prometí que hoy veríamos las preguntas: ¿Qué es el don de profecía y cómo debe ser ejercitado?

La finalidad y suficiencia de las Escrituras

Permítanme comenzar afirmando el propósito y suficiencia de las Escrituras: los 66 libros de la Biblia. Nada de lo que digo sobre las profecías de hoy significa que tengan la misma autoridad, sobre nuestras vidas, que las Escrituras. Sea lo que sea que las profecías den hoy, no añaden a las Escrituras. Ellas son probadas por las Escrituras Las Escrituras están cerradas y han terminado; son un fundamento, no un edificio en progreso.

La mejor manera de verlo es viendo cómo la enseñanza de los apóstoles fue la autoridad final en la iglesia primitiva, y cómo otras profecías no tenían esta autoridad suprema. Por ejemplo, Pablo dice en 1ra a los Corintios 14:37-38: "Si alguno piensa que es profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo es mandamiento del Señor. Pero si alguno no reconoce esto, él no es reconocido". La implicación es obvia: la enseñanza del apóstol tiene autoridad suprema. Los reclamos de profecía en la iglesia, entonces y ahora, no tienen esta autoridad.

Usted puede ver lo mismo ocurriendo en 2da a los Tesalonicenses 2:1-3. Pablo dice aquí que incluso si alguien reclama dar información sobre la segunda venida, mediante un "espíritu", no debe creérsele si difiere de su enseñanza: "Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con El, os rogamos, hermanos, que no seáis sacudidos fácilmente en vuestro modo de pensar, ni os alarméis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera de nosotros, en el sentido de que el día del Señor ha llegado. Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía. . . ". En otras palabras, las profecías deben ser probadas por las palabras del apóstol.

Ahora, esta es la idea: Hoy, el Nuevo Testamento se yergue donde una vez estuvieron los apóstoles. La autoridad de los apóstoles es ejercida mediante sus escritos y los de sus asociados cercanos, como Lucas, Marcos, y Santiago (el hermano del Señor). Por tanto, del mismo modo en que Pablo hizo que la autoridad apostólica fuera la autoridad suprema en esos días, así nosotros hacemos que la enseñanza apostólica sea la autoridad final en nuestros días. Esto significa que el Nuevo Testamento es nuestra autoridad. Y como el Nuevo Testamento aprueba al Antiguo Testamento como Palabra inspirada de Dios, nosotro tomamos a toda la Biblia como nuestra regla y medida para todas las enseñanzas y profecías sobre lo que debiéramos creer y sobre cómo debiéramos vivir.

Lo que ocurrió en Pentecostés

Vayamos ahora a Hechos 2:16ss para ver qué podemos aprender sobre el don de profecía del Nuevo Testamento. La situación: es el día de Pentecostés, 50 días después de la resurrección de Jesús. Hay 120 cristianos, hombres y mujeres, esperando en Jerusalén para ser "investidos con poder de lo alto" (Lucas 24:49). Según Hechos 2:2, el Espíritu Santo viene con el sonido de una ráfaga de viento impetuoso. En el versículo 4, Lucas dice: "... Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas”. El versículo 11 es más específico sobre lo que estaban diciendo. Algunos de los extranjeros que les escucharon, dijeron: "les oímos hablar en nuestros idiomas de las maravillas de Dios". Note cuidadosamente el contenido de sus palabras. Esto será importante para entender la naturaleza del don de profecía.

El cumplimiento de la profecía de Joel

En el versículo 16, Pedro explica lo que ocurre. Dice que esto es lo que fue dicho por el profeta Joel. Este es el comienzo del cumplimiento de Joel 2:28. Entonces cita a Joel en los versículos 17-18: "Y sucederá en los últimos días—dice Dios— que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñaran sueños; y aun sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré de mi Espíritu en esos días, y profetizarán".

Joel había dicho que en los últimos días habría un derramamiento mundial ("sobre toda carne") del Espíritu, y la característica de ese derramamiento sería la profecía generalizada: en hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, en los de clase baja y los de clase alta. Joel dice que ocurrirá en los "últimos días". ¿Cuándo es éso? Pedro dice que estaba ocurriendo justo entonces. "esto es lo que fue dicho por medio del profeta Joel". Pero si los últimos días comenzaron entonces, ¿dónde estamos nosotros entonces?

Los últimos días

Estamos en los últimos días. Desde que Jesús vino, estamos viviendo los últimos días. Hebreos 1:2 dice: "Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo. . . ". Desde que vino el Hijo, vivimos en "estos últimos días".

Así que esto confirma lo que vimos la semana pasada, que la profecía es algo que debiéramos esperar hoy. En los últimos días (nuestros días) profetizarán los hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, de clase baja y alta, y esto será un fenómeno global, porque, como dice el versículo 17, Dios derramará Su Espíritu sobre TODA CARNE, no solo sobre los judíos. El sermón de Pedro termina en Hechos 2:39: "Porque la promesa (del Espíritu en el versículo 38) es para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame". Eso nos incluye a los gentiles llamados por Dios. No todos los que se arrepienten y creen profetizarán (1ra a los Corintios 2:29). Pero todos los que se arrepienten y creen recibirán el Espíritu Santo (v.38). Y una manifestación del Espíritu en los últimos días será la sorprendente generalización del don de profecía (vv. 17-18): "vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñaran sueños; y aun sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré de mi Espíritu en esos días, y profetizarán".

Autoridad divina apremiada por el Espíritu, pero no intrínseca

Ahora, hágase esta pregunta: ¿Acaso Joel y Pedro y Lucas pensaron que todos los hombres y mujeres (ancianos y jóvenes, siervos y siervas) se convertirían en profetas del mismo modo en que Moisés e Isaías y Jeremías eran profetas, es decir, personas que hablaban con inspiración verbal y con la autoridad del mismo Dios y quienes podrían escribir Escrituras infalibles? ¿Es la profecía de Hechos 2:17, ese tipo de profecía? ¿O hay una diferencia?

Creo que hay una diferencia. No pienso que el don de profecía hoy tiene la autoridad de los profetas del Antiguo Testamento, o la autoridad de Jesús y los apóstoles. O, para decirlo más positivamente, este tipo de profecía es apremiada y sostenida por el Espíritu, pero aún así no conlleva una autoridad divina intrínseca.

Una de las razones por la que este tipo de profecía es tan difícil de manejar hoy es que la mayoría de nosotros hoy no tenemos categorías en nuestro pensamiento para una declaración apremiada por el Espíritu que no tenga autoridad divina intrínseca. Suena como una contradicción. Tropezamos con un tipo de discurso que es apremiado y sostenido por el Espíritu Santo, y sin embargo es falible. Pero voy a tratar de mostrar, en esta mañana y en esta noche, que esto es lo que el don de profecía en el Nuevo Testamento es. Es una expresión apremiada y sostenida por el Espíritu que no conlleva una autoridad divina intrínseca y que puede estar mezclada con el error.

Ahora, si esto hace que el don de profecía parezca insignificante y desagradable, considere la analogía del don de enseñanza.

La analogía del don de enseñanza

¿No diría usted que, cuando se ejercita un don espiritual de enseñanza, la enseñanza es apremiada y sostenida por el Espíritu Santo y está enraizada en una revelación divina infalible, a saber, la Biblia? El don de enseñanza es el acto, apremiado y sostenido por el Espíritu, de explicar la verdad bíblica para la edificación de la iglesia. Y todos diríamos que es algo tremendamente valioso en la vida de la iglesia. Pero, ¿diría alguno de nosotros que el discurso del maestro, cuando ejercita el don de enseñanza, es infalible? No ¿Diríamos que tiene autoridad divina? Solo en sentido muy secundario lo diríamos. No en sí misma, no intrínsecamente, sino en su fuente: la Biblia.

¿Por qué es que un don apremiado y sostenido por el Espíritu, y enraizado en una revelación infalible (la Biblia), es sin embargo falible, y está mezclado con la imperfección, y solo tiene una autoridad secundaria, derivativa? Esta es la respuesta: La percepción de la verdad bíblica por un maestro es falible; su análisis de la verdad bíblica es falible; su explicación de la verdad bíblica es falible. No hay garantía de que el vínculo entre una Biblia infalible y la iglesia sea un vínculo infalible. El don de enseñanza no garantiza una enseñanza infalible.

Y sin embargo, aunque el don de enseñanza es falible e incluso carece de autoridad divina intrínseca, sabemos que es de un valor inmenso para la iglesia. Todos somos edificados y crecemos gracias a los maestros dotados. Dios está a cargo. Él lo usa. Es un don espiritual.

Ahora, compárelo con el don de profecía. Es apremiado y sostenido por el Espíritu Santo, y se basa en una revelación de Dios. Dios revela algo a la mente del profeta (algo que, de algún modo, está más allá de la percepción sensitiva ordinaria), y como Dios nunca comete un error, sabemos que esta revelación es verdadera. No tiene error en ella. Pero el don de profecía no garantiza la transmisión infalible de esa revelación. El profeta puede recibir imperfectamente la revelación, puede comprenderla imperfectamente, y puede entregarla imperfectamente. Es por eso que Pablo dice que vemos veladamente por un espejo (1ra a los Corintios 13:12). El don de profecía resulta en una profecía falible, así como el don de enseñanza resulta en una enseñanza falible. Así que yo preguntaría: "Si la enseñanza puede ser buena para la edificación de la iglesia, ¿podría no ser buena la profecía para edificar, también, justo como dice Pablo que es (1ra a los Corintios 14:3, 12, 26), aunque las dos sean falibles, y estén mezcladas con la imperfección humana, y necesiten ser probadas?

Creando una nueva categoría en nuestro pensamiento

La idea de lo que he estado diciendo es esta: necesitamos crear una categoría en nuestro pensamiento, para un tipo de discurso que sea apremiado y sostenido por el Espíritu, que tenga su raíz en la revelación y sin embargo necesite ser probado y cuidadosamente examinado. Necesitamos otra categoría de profeta además de la del verdadero profeta, por un lado, quien habla con inspiración verbal infalible (los autores bíblicos proféticos, y Jesús y los apóstoles), y el falso profeta, por otro lado, quien es condenado en Deuteronomio 13:3; 18:20 (consulte Jeremías 23:16). La enseñanza que encontramos en la Biblia sobre la profecía no es totalmente explicada simplemente por estas dos categorías. Necesitamos una tercera categoría para el "don espiritual de profecía" (apremiado y sustentado por el Espíritu, enraizado en una revelación, pero mezclado con la imperfección humana y con falibilidad, y por tanto, en necesidad de ser cuidadosamente examinado).

Digo "cuidadosamente examinado" porque éso es lo que ocurre en 1ra a los Tesalonicenses 5:19-22. No es el profeta quien es probado como verdadero o falso. Son las profecías quienes son cuidadosamente examinadas para lo que es bueno y malo. "No apaguéis el Espíritu; no menospreciéis las profecías. Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno”. Esta no es una situación de "uno u otro" donde usted o tiene un profeta verdadero, infalible, o un profeta falso, presuntuoso. Es una situación donde algo de la profecía es bueno y algo no.

Pablo dice que si la menospreciáramos a causa de esta imperfección, apagaríamos al Espíritu. Espero que usted quiera evitar esto con todo su corazón. ¿Cómo debiéramos hacerlo? Aún hay mucho que decir. Continuaré aquí esta noche, daré algunas razones adicionales, y algunas implicaciones prácticas. Que el Señor mismo nos enseñe, incluso en esta tarde.

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