La hermosa fe de la sumisión sin temor

Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa. Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.

Continuamos con nuestras series en el matrimonio, y hoy nos enfocamos en que significa que una esposa sea sumisa a su esposo. Estoy muy deseoso de que hombres y mujeres, solteros y casados, adultos y jóvenes (incluidos niños) escuchen esto como un llamado a algo fuerte y noble y hermoso y digno de los esfuerzos espirituales y morales más altos de una mujer.

Para poner el escenario con ese objetivo, hay que notar dos frases en 1 Pedro 3:1: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos.” Nótese la palabra vuestros en “a vuestros maridos.” Quiere decir que solamente hay un tipo de sumisión hacía tu propio esposo que no está en relación con otros hombres. No estás llamada a someterte a todos los hombres en la forma en que lo haces con tu esposo. Luego, nota la frase del principio: “Asimismo, vosotras mujeres.” Esto significa que el llamado a la sumisión de la esposa es parte de un llamado más grande de sumisión de todos los cristianos en diferentes formas.

1 Pedro 2:13-3:12

En 1 Pedro 2:13-17, Pedro nos incita a todos a someternos, por causa del Señor, a toda institución humana, ya sea al rey, como a un superior, o al gobernador como puesto por él. En otras palabras, obedece los límites de velocidad, paga tus impuestos, y se respetuoso con los policías y senadores.

Luego, en 2:18-25, Pedro se dirige a los siervos de la casa (oiketai) en la iglesia y los incita a someterse a sus amos con todo respeto, tanto a los amables como a los dominantes.

Luego, en 3:1-6, Pedro da instrucciones a las esposas de que sean sumisas a sus esposos, incluyendo a esposos no creyentes. Esta es la parte en la que nos estamos enfocando en nuestras series del matrimonio.

Luego, en el versículo 7, ordena a los esposos a vivir sabiamente con sus esposas como  con coherederas de la gracia de la vida.

Finalmente, en 3:8-12, Pedro le dice a toda la iglesia tenga unidad y simpatía y amor y compasión y humildad los unos con los otros, y que no devuelvan mal por mal. En otras palabras, sométanse los unos a los otros y sírvanse. Por lo tanto, como vimos en Efesios 5, la sumisión es una virtud cristiana la cual todos tenemos que buscar, y tiene sus únicas expresiones en varias relaciones. Hoy nos enfocamos en la relación de una esposa con su esposo. ¿Cómo se ve la sumisión ahí?

El Poderoso Retrato de Pedro Sobre las Mujeres

Antes de que describa lo que es la sumisión y lo que no es, miremos fijamente por algunos minutos al poderoso retrato que Pedro nos dibuja con estas palabras. Lo que vemos es la raíz de la feminidad debajo de los frutos de la sumisión. Es la raíz la que hace a la sumisión lo fuerte y bella que es.

Empieza con el versículo 5: “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos.”

La Raíz más Profunda de la Feminidad: Esperanza en Dios

La raíz más profunda de la feminidad cristiana mencionada en este texto es la esperanza en Dios. “Las mujeres santas que esperaron en Dios.” Una mujer cristiana no pone su esperanza en su esposo o en conseguir un esposo. No pone su esperanza en su apariencia. Ella pone su esperanza en las promesas de Dios. Ella es descrita en Proverbios 31:25: “Fuerza y honor son su vestidura; Y se ríe de lo por venir.” Se ríe de todo lo que el futuro traerá y pueda traer, porque espera en Dios.

Ella aleja su mirada de los problemas y las miserias y los obstáculos de la vida que hacen parecer al futuro inhóspito, y concentra su atención en el soberano poder y amor de Dios que reina en el cielo y hace en la tierra lo que le place. Ella conoce su Biblia, y conoce su teología de la soberanía de Dios, y ella conoce su promesa de que él estará con ella y la ayudará y fortalecerá no importa lo que pase. Esta es la profunda e inamovible raíz de la feminidad cristiana. Y Pedro la hace explícita en el versículo 5. Él no está hablando de cualquier tipo de mujer. Él está hablando de mujeres con las inamovibles raíces bíblicas de la soberanía de Dios—mujeres santas que esperan en Dios.

Sin Temor

La siguiente cosa que debemos ver acerca de la feminidad cristiana después de la esperanza en Dios es el temor que él quita de estas mujeres. El versículo 5 dice que las mujeres santas de otros tiempos esperaban en Dios. Y después el versículo 6 presenta a Sara, la esposa de Abraham, como un ejemplo y luego se refiere a todas las mujeres cristianas y a sus hijas. El versículo 6b: “de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.”

Por lo tanto este retrato de la mujer cristiana está marcado primero por la esperanza en Dios y luego por lo que crece de esa esperanza, que es la pérdida de temor. Ella no le teme al futuro; se ríe del futuro. La presencia de la esperanza en la soberanía invisible de Dios aleja ese temor. O para decirlo más cuidadosa y realísticamente, las hijas de Sara luchan contra la ansiedad que crece en sus corazones. Pelean una guerra contra el temor, y lo vencen con esperanza en las promesas de Dios.

Las mujeres cristianas maduras saben que seguir a Cristo significa sufrimiento. Pero ellas creen en las promesas como 1 Pedro 3:14, “Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis.” Y en 1 Pedro 4:19, “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.”

Eso es lo que las mujeres Cristianas hacen: Encomiendan sus almas al fiel Creador. Ellas tienen esperanza en Dios. Y triunfan sobre el temor.

Enfocándose en el Atavío Interno

Y esto nos lleva a la tercera característica del esbozo de Pedro sobre las mujeres, un enfoque al atavío interno, en lugar del externo. Primera de Pedro 3:5 empieza, “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios.” Este atavío se refiere a lo que fue descrito en los versículos 3-4:

Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.

Sabemos que esto no significa que toda la joyería y los peinados están excluidos porque si no toda la ropa estaría excluida también, porque dice, “Vuestro atavío no sea el externo…de vestidos.” Lo que él quiere decir es: No pongas tu atención y esfuerzo en cómo te ves por afuera; pon tu atención en la belleza que está adentro. Esfuérzate y preocúpate más con la belleza interna que con la externa.

Y él es específico en el versículo 4. Cuando una mujer pone su esperanza en Dios y no en su esposo y no en su apariencia, y cuando ella conquista el miedo con las promesas de Dios, esto tendrá un efecto en su corazón: Le dará una tranquilidad interna. Esto es a lo que Pedro se refiere en el versículo 4 “en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.”

Una Clase Única de Sumisión

Esto deja una última característica del retrato de la feminidad para observar. Primero, había esperanza en Dios. Eso entonces lleva a alejar el miedo de lo que el futuro pueda traer. Luego eso lleva a la mansedumbre y a la tranquilidad espiritual. Y, finalmente, ese espíritu se expresa a sí mismo en un tipo único de sumisión a su esposo. Versículo 1: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos.” Versículo 5: “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos.”

Ése es un vistazo muy rápido al retrato del tipo de mujer que Pedro tiene en mente cuando exhorta a una mujer a sujetarse y someterse a su esposo. Esperanza inamovible en Dios. Valentía frente al futuro. Tranquilidad del alma. Humilde sumisión al liderazgo de su esposo.

Es verdaderamente triste que en nuestra sociedad moderna—aún en la iglesia—los diferentes papeles del liderazgo bíblico del esposo y de la sumisión bíblica de la esposa sean despreciados o simplemente pasados por alto. Algunas personas los describen como lo que sobró de los cristianos del primer siglo. Otros los distorsionan y los usan mal —de hecho, una vez estaba yo en mi oficina sentado con un hombre que creía que la sumisión de su esposa significaba que ella no podía ir de un cuarto de la casa a otro sin pedirle permiso. Ese tipo de distorsión patológica hace que la gente más fácilmente se confunda con estos textos en la Biblia.

Pero la verdad del liderazgo y la sumisión está realmente aquí y es realmente bella. Cuando la ves con la marca de la majestad de Cristo en ella—la mutualidad de la servidumbre sin cancelar la realidad del liderazgo y la sumisión—es algo increíblemente satisfactorio.
Así que meditemos en este texto primero en que no es la sumisión, y luego en lo que sí es.

Lo Que No Es Sumisión

Aquí hay seis puntos en que no se basa en 1 Pedro 3:1-6:

1. Sumisión no significa estar de acuerdo con todo lo que dice tu esposo. Lo puedes ver en el versículo uno: ella es cristiana y él no. Él tiene un grupo de ideas sobre una realidad esencial. Ella tiene otro. Pedro la exhorta a someterse asumiendo que ella no ceda su creencia en lo más importante en el mundo—Dios. Por lo tanto, la sumisión no quiere decir que estará de acuerdo con todo lo que su esposo piense.

2. Sumisión no significa dejar tu cerebro o tu voluntad en el altar de la boda. No es la inhabilidad o el no tener el deseo de pensar por ti misma. Aquí hay una mujer que escuchó el evangelio de Jesucristo. Ella pensó sobre ello. Ella valoró las afirmaciones verdaderas de Jesús. Ella mantuvo en su corazón la belleza y el valor de Cristo y su obra, y lo escogió. Su esposo lo escuchó también. Si no, Pedro no diría que él es de “los que no creen en la palabra.” Él ha escuchado la palabra y ha pensado en ella. Y no ha escogido a Cristo. Ella pensó por sí misma y actuó. Y Pedro no le dice que se retracte de tal  compromiso.

3. Sumisión no significa evitar toda oportunidad de cambiar al esposo. El punto de este texto es decirle a la esposa como “ganar” a su esposo. El versículo 1 dice, “estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas.” Si no te importara la Biblia podrías decir, “La sumisión tiene que significar el tomar un esposo como es y no tratar de cambiarlo.” Pero si crees en lo que dice la Biblia, tú concluyes que la sumisión, paradójicamente, es a veces una estrategia para cambiarlo.

4. Sumisión no significa poner la voluntad del esposo antes que la voluntad de Cristo. El texto claramente enseña que la mujer es la seguidora de Jesús antes de ser la seguidora de su esposo. La sumisión a Jesús hace relativa la sumisión a los esposos—y al gobierno y a los jefes y a los padres. Cuando Sara llamo a Abraham “señor” en el versículo 6, era señor con una s minúscula. Es como “sir” o “milord.” Y la obediencia que proyecta es la obediencia específica, porque su lealtad suprema es al Señor con S mayúscula.

5. Sumisión no significa que una esposa obtiene su fuerza personal y espiritual a través de su esposo. Un buen esposo debería fortalecer, edificar y sostener a su esposa. El debería ser una fuente de fuerza para ella. Pero lo que este texto muestra es que cuando no hay liderazgo espiritual de un esposo, una esposa cristiana no carece de fuerza. Sumisión no significa que ella es dependiente de él para fortalecer su fe y su virtud y su carácter. El texto, de hecho, asume lo opuesto. Ella es llamada a desarrollar fuerza y carácter no de su esposo sino para su esposo. El versículo cinco dice que su esperanza está en Dios en la esperanza de que su esposo se unirá a ella ahí.

6. Finalmente, sumisión no significa que la esposa debe actuar partiendo del temor. El versículo 6b dice, “de la cual [Sara] vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.” En otras palabras, la sumisión es gratis, no invocada por el temor. La mujer cristiana es una mujer libre. Cuando se somete a su esposo—no importa si él es creyente o no—lo hace con toda libertad, no por temor.

Lo Que Sí Es Sumisión

Si eso es lo que la sumisión no es, ¿entonces qué sí es? Sugerí hace un par de semanas acerca de Efesios 5 lo mismo que aquí: la Sumisión es el llamado divino de una esposa a honrar y afirmar el liderazgo de su esposo y a ayudarlo de acuerdo a los dones de ella. Es la disposición de seguir la autoridad de un esposo y la inclinación de ceder a su liderazgo. Es una actitud que dice, “Me deleito porque tú tomas la iniciativa en nuestra familia. Soy feliz cuando tú tomas la responsabilidad de las cosas y diriges con amor. Yo no florezco en nuestra relación cuando eres pasivo y cuando me tengo que encargar de que la familia funcione.”

Pero la sumisión no sigue a un esposo al pecado. ¿Qué dice entonces la sumisión en tal situación? Dice, “Me duele cuando te aventuras a acciones pecaminosas y me quieres llevar contigo. Tú sabes que yo no puedo hacer eso. No tengo deseo de resistirte. Al contrario, florezco mejor cuando puedo responder gozosamente a tu dirección; pero no puedo seguirte hacia el pecado, por más que ame el honrar tu liderazgo en nuestro matrimonio. Cristo es mi Rey.”

La razón por la que digo que la sumisión es una disposición y una inclinación a seguir la dirección de un esposo es porque habrá tiempos en un matrimonio cristiano en los que la esposa más sumisa, con buena razón, va a vacilar ante la decisión del esposo. Esto le parecerá poco sabio a ella. Supongamos que somos Noël y yo. Yo estoy a punto de decidir algo para la familia que a ella le parece absurdo. En ese momento, Noël podría expresar su sumisión así: “Johnny, se que has pensado mucho en esto, y me encanta cuando tomas la iniciativa de planear para nosotros y tomar la responsabilidad así, pero yo no tengo realmente paz acerca de esta decisión y creo que deberíamos hablar más sobre ella. ¿Podríamos? ¿Hoy en la noche, tal vez?”

La razón por la que eso es un tipo de sumisión bíblica es 1) porque los esposos, a diferencia de Cristo, son falibles y deben admitirlo; 2) porque los esposos deben desear que sus esposas se interesen en las decisiones familiares, dado que Cristo quiere que la iglesia este interesada en seguir sus decisiones y no nada más obedecerlas a regañadientes; 3) porque la forma en que Noël expresó sus dudas comunicó claramente que ella apoya mi liderazgo y afirma mi papel como la cabeza; y 4) porque ella me ha puesto en claro desde el principio de nuestro matrimonio que si seguimos en desacuerdo después de hablar los suficiente sobre algo, ella se sujetará a la decisión de su esposo.

La Meta: Gozo Santo Y Eterno

Así que termino con el recordatorio de que el matrimonio no se trata solamente de estar enamorados. Se trata de mantener un pacto. Y la razón primaria de porqué se trata de mantener un pacto, es que Dios diseñó la relación entre esposo y esposa para representar la relación entre Cristo y la iglesia. Este es el sentido más profundo del matrimonio. Y por eso es que finalmente los papeles del liderazgo y la sumisión son tan importantes. Si nuestros matrimonios van a decir la verdad acerca de Cristo y su iglesia, no podemos ser indiferentes al significado de liderazgo y sumisión. Y no nos vayamos sin recordar que el propósito de Dios para su iglesia—y para la esposa cristiana que la representa—es su gozo santo y eterno. Cristo murió por ellas para traerles eso.


Citas bíblicas tomadas de la versión Reina Valera 1960

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