Las demostraciones de la justicia de Dios, parte 2

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

Permanecer Inquebrantables en medio de cientos de Crisis

Hoy quiero enfocarme en los versículos 23-24. En el versículo 23 se expresa la necesidad universal de todo ser humano. Y el versículo 24 muestra el remedio eficaz para esta gran necesidad. La enseñanza de estos dos versículos es más importante para su futuro de usted que 10 000 libros escritos por el hombre para ayudarle a resolver sus problemas. Cada versículo tiene una Palabra de Dios expresada por medio del apóstol Pablo. Cada Palabra nos dice cuál es nuestra verdadera condición como seres humanos, y cada una nos dice qué ha hecho Dios para salvar a aquellos que depositan su confianza en su Hijo, Jesús.

Si usted fundamenta su vida sobre estos versículos —si la verdad de estos dos versículos se vuelve el fundamento de su vida —, entonces será inquebrantable en medio de cientos de crisis. Si estos versículos se vuelven el sol del sistema solar de su vida, entonces todos sus planetas girarán en armonía alrededor de la voluntad de Dios. Pero si pone a estos versículos fuera de la órbita de su vida (digamos cerca de Neptuno o Plutón) no se sorprenda de la confusión, incertidumbre, temor, y debilidad que hay en su vida. Hay verdades que son tan fundamentales y tan esenciales que usted debiera memorizarlas, meditar en ellas, atarlas a su mente y corazón con cadenas y trapos y con toda clase de adhesivo que pueda encontrar. Muchos que dicen ser cristianos son muy débiles, y deambulan por la vida muy parecidos a los incrédulos; viven así porque, como el hombre que se ahoga y no se agarra del brazo que le rescata, ellos no abrazan estas verdades.

Faltándole a la gloria de Dios

El versículo 23 expresa una necesidad universal: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Todos hemos pecado. Sin excepción. Este fue el tema de Romanos 1:18-3:20. Y por este pecado estamos destituidos de la gloria de Dios, “destituidos” literalmente, “faltantes”. Todos hemos pecado y estamos faltantes de la gloria de Dios.

Pero, ¿qué nos quiere decir este versículo? ¿Qué quiere decir “faltantes de la gloria de Dios”? Este versículo no implica que debiéramos ser tan gloriosos como Dios, pero no lo somos y por ende nos falta gloria. No, la mejor manera de comprender el significado de estas palabras, es volver a lo que Pablo ya había dicho en el capítulo uno, acerca de la gloria de Dios en una exposición similar sobre el pecado.

Al describir a aquellos que “detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18), Pablo dice en 1:23, “[ellos] cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible”. Y en el 1:18 dice: “ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios”. Entonces, la imagen que tenemos es que todos hemos pecado, y que ese pecado es esencialmente rechazar a Dios y a su gloria como el supremo tesoro de nuestras vidas. El pecado considera a Dios y a su gloria, y en lugar de amar la gloria de Dios y atesorarla, la cambia por otra cosa. Así es el pecado.

El pecado tiene que ver principalmente con Dios. No es fundamentalmente herir a las personas, aunque hiere a las personas. El pecado es, fundamentalmente, deshonrar a Dios. Es menospreciar su gloria —al no confiar en él, y no atesorarlo, y al no quererlo como el cimiento y el centro de nuestras vidas. Todos hemos pecado y hemos cambiando la gloria de Dios y, por lo tanto, estamos faltándole a la gloria de Dios, estamos deshonrando la gloria de Dios.

Ahora, esa es una gran culpa. Dios creó el universo para mostrar su gloria (Isaías 43:7). La razón por la que existimos y por la que todo existe, es mostrar la grandeza de las perfecciones de Dios. El universo trata, en su totalidad, sobre Dios. La razón por la que hay tanta disfunción y miseria en el mundo, es que el mundo está en rebelión contra el propio propósito de su existencia. No debe sorprendernos entonces, que si el mundo fue diseñado por Dios para mostrar su gloria, y la raza humana tiene la intención de glorificar a todo menos a Dios exista, por tanto, esta gran conmoción y malfuncionamiento y miseria.

Todos hemos pecado y estamos faltándole a la gloria de Dios. La hemos comerciado. Hemos amado más a otras cosas. Y de esta forma hemos tratado a Dios y su gloria con indiferencia y le hemos dedicado una atención de fin de semanas, débil, y tibia. Existe, por lo tanto, un inmenso problema para cada uno de nosotros: ¿Cómo nos pondremos a bien con Dios, y nos salvaremos de esta condición pecadora que deshonra a Dios? ¿Cómo seremos aceptados alguna vez en la eternidad por Dios, cuando todos hemos despreciado tan profundamente su infinito valor, tratándole como si tuviese menos valor que nuestros hobbies de fin de semana?

Cuatro de las acciones de Dios hacia los pecadores

La respuesta está en el versículo 24. Lo grandioso de este versículo es que aborda totalmente lo que Dios ha hecho para salvarnos. Recuerdan que esta sección de Romanos comenzó con el gran giro del versículo 21: “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios”. Ha ocurrido algún evento grandioso que ha manifestado la justicia de Dios —no la justicia legal de la ley que condena a los pecadores, sino la justicia libre y gratuita que justifica a los pecadores ¿Cuál es este gran suceso? ¿Qué ocurrió en la historia que hace que Pablo diga, AHORA, ahora la justicia de Dios se manifiesta? El versículo 24 nos dice cuál es ese gran suceso, y cuáles son las consecuencias de este suceso. Leámoslo: “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”. Antes de preguntarnos de quiénes está hablando este versículo —quiénes están “siendo justificados”, sumerjámonos en la hazaña de este versículo. Este texto trata en su totalidad acerca de lo que Dios ha hecho para salvarnos y cómo lo hizo. Aún antes de preguntarnos, ¿para quién es gran obra?, necesitamos admirar esta obra de Dios, pensar en ella, orar por ella, y maravillarnos por ella.

Consideren, por tanto, las cuatro frases en este versículo que describen cómo Dios ha actuado para hacer que los pecadores puedan estar delante de él. La primera frase es “...siendo justificados...” La segunda, “...gratuitamente...”. La tercera, “...por su gracia...”. La cuarta, “...mediante la redención que es en Cristo Jesús”.

1. “Siendo justificados”

Considere la frase “siendo justificados”. Vea tres verdades:

  1. El verbo está en modo pasivo: dice “siendo justificados”, no “justificando”. Nosotros no estamos justificando; estamos siendo justificados. Justificar es algo que hace Dios, no algo que nosotros hacemos. Estamos “siendo justificados”. Dios está justificando. Él es quien realiza la acción. Nosotros aquellos sobre quienes la acción se realiza. Así es la salvación. Es suprema y decisivamente un acto de Dios el Padre.
  2. Note que en la palabra “justificado” está implícita la palabra “justo”. Hago este señalamiento porque en el lenguaje original, la palabra “justificado” aquí (dikaioumenoi) y “justicia” en el versículo 22 (dikaiosune) tienen la misma raíz (dikai-) lo que muestra que el significado de ser “justificados” en el versículo 24 y el significado de la “justicia de Dios por medio de la fe” en el versículo 22 son bastante similares.

Entonces léalo así: “Ahora se ha manifestado la justicia de Dios... la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él... siendo justificados...”. En otras palabras, al ser justificados la justicia de Dios viene a nosotros, no como condenación, sino como justificación. Viene, no como una carga, sino como un regalo.

Pero esto nos hace preguntarnos, y esta es la tercera observación en la frase “siendo justificados” ¿En que sentido recibimos la justicia? ¿Somos hechos justos en el acto de justificación? ¿O somos declarados justos en el acto de justificación? Considere Proverbios 17:15, “el que justifica al impío, y el que condena al justo, Ambos son igualmente abominación a Jehová”. Justificar es algo que hace un juez. Lo opuesto a justificar es condenar. Cuando usted condena a alguien, declara su culpabilidad y le asigna su castigo. Usted no lo convierte en culpable. Y cuando justifica a alguien declara su inocencia y le otorga su libertad.

Justificar no es hacer a alguien justo sino declararlo justo. Puede verse clarísimo en Lucas 7:29 donde Jesús acaba de exaltar a Juan el Bautista y Lucas dice, “Y todo el pueblo y los publícanos, cuando lo oyeron, justificaron (las mismas palabras de Romanos 3:24) a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan” ¿Dios justificado por los hombres, qué significa eso? Significa que Dios es declarado justo.

Entonces la justificación no es un acto de Dios que nos hace justos. Es un acto de Dios que nos declara justos. Cuando el versículo 22 dice que “la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo [es], para todos los que creen en él”, significa que esta justicia es considerada nuestra. El acto de la justificación de Dios no está dentro de nosotros, sino fuera de nosotros. No es en nosotros, sino para nosotros. No es un cambio de nuestra naturaleza o estado, sino un cambio de nuestra posición frente a Dios. No es lo mismo que la santificación, la cual tiene lugar dentro de nosotros, y cambia nuestro carácter. La santificación es la obra del Espíritu de Dios, gradualmente cambiándonos a imagen de su Hijo. La justificación es el acto de Dios, en el que de una vez por todas y para siempre, nos declara justos ante su presencia.

2. “Gratuitamente”

Este gran acto es hecho para nosotros “gratuitamente”. Esa es la frase que sigue en el versículo 24: “Siendo justificados gratuitamente...”. La forma en que esta palabra es utilizada en otros lugares fuera de Romanos evidencia cuál es su significado. Por ejemplo, en Apocalipsis 22:17b, “y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”. Esta palabra: “gratuitamente”, en Apocalipsis, es la misma palabra que en el versículo 24 es traducida: “gratuitamente”.

Así que somos justificados de forma tal que no podemos pagar por nuestra justificación. Usted no puede comprar su justificación. La justificación es un regalo, es gratuita. No hay manera de que usted la pueda pagar. No la puede comprar, o canjear, o rentar. La acción justificadora de Dios es gratuita.

3. “Por su gracia”

ahora, esta verdad está subrayada en la tercera frase, “por su gracia”. “Siendo justificados gratuitamente por su gracia...”. Esta es una de las palabras más importantes en las cartas de Pablo, la usa 95 veces ¿Qué quiere decir aquí?, ¿que el acto de justificación de Dios es “por su gracia”?

La manera más fácil de comprender a Pablo es mirando unos versículos más adelante en Romanos 4:4. A este versículo regresaremos una y otra vez mientras examinamos el tema de la gracia, porque en él hay concepto fundamental. Voy a traducirla literalmente para que puedan ver que la misma palabra “gracia” está aquí en este versículo. Romanos 4:4, “Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda”. En otras palabras, si se trabaja para alguien no se obtiene gracia, sino salario. Si usted se relaciona con alguien como si fuera trabajador de esa persona, esa persona le debería su salario, no hay gracia. Es por eso que es una abominación tratar de trabajar para Dios. Dios no puede quedar endeudado por nadie. Como dice Romanos 11:35, “¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?”. La respuesta es “nadie”, y esto es “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas” (Romanos 11:36).

De modo que si usted va a obtener algo por gracia, no puede haber trabajado por ello. La gracia es el bien que recibe de alguien que no le debe nada. Entonces, ¿a qué se refiere Pablo cuando dice que somos “justificados gratuitamente por su gracia”? Pablo dice que no podemos trabajar para obtener la justificación. O sea la frase gratuitamente significa que usted no puede pagar por ella. Y la “frase por su gracia” que no puede trabajar para obtenerla.

Bien, ¿cómo obra la gracia? ¿Cómo puede Dios declarar a un pecador justo? Si no pagamos ni trabajamos por ella, entonces ¿en qué se fundamenta? ¿Cómo puede estar bien justificar al impío?

4. “Mediante la redención que es en Cristo Jesús”

La última frase nos da parte de la respuesta, pero el resto de la respuesta lo daremos la semana próxima. La última frase del versículo 24 es, “Mediante la redención que es en Cristo Jesús”. “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”. Ahora bien, ¿qué quiere decir redención?

Significa “liberación a un costo” o “salvación por un pago” de un precio (Leon Morris, The Apostolic Preaching of the Cross [Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Pub. Co., 1955], pp. 40-45). En el idioma original, en la palabra redención” (apolostroseos), está incrustada la pequeña palabra lutron, “rescate”. En otras palabras, la idea de la redención es la liberación o salvación a por medio del pago de un rescate. En la redención, la liberación o salvación de alguien se obtiene por medio del pago de un rescate.

¿Cuál es el rescate? ¿Cuál es el pago? La palabra “rescate” (lutron) es usada solo en Marcos 10:45 (y en los textos paralelos): “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. La vida del Hijo del Hombre es el rescate pagado en la redención. A esto se refiere Pablo cuando dice, “la redención que es en Cristo Jesús”. La redención es en Cristo Jesús porque Jesús es el rescate. Él dio su vida para que pudiera haber liberación y salvación.

¿Liberación y salvación de qué? De la culpa y la condenación y del poder del pecado que menosprecia a Dios (el problema universal del versículo 23). Y aquí está el fundamento de nuestra justificación: Cristo dio su vida en rescate por muchos. Él pagó el precio para liberarnos del pecado, de la culpa, y de la condenación. Es por esto que Dios ahora, gratuitamente por su gracia, justifica al impío. Todo por la muerte de Cristo (la próxima semana veremos el papel de la sangre en el versículo 25). Por eso no se puede pagar ni trabajar para obtener la justificación. Le pertenece toda a Cristo. La base de su justificación no está en usted ni en nada que haga; la justificación es “mediante la redención que es en Cristo Jesús”.

¿Como puedo obtener esta justificación?

Somos justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús. Así que si la justificación es la declaración de Dios haciéndonos justos ante él, y si no podemos pagar para obtenerla por que es “gratuita”, y no podemos trabajar por ella porque es “por su gracia”, y si fuimos rescatados por la redención que es en Cristo Jesús; entonces ¿cómo obtenemos esta justificación?

Versículo 22: “la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él”. ¡OH, amigo pecador! ¡OH, culpable ofensor de la gloria de Dios! ¿Quiere usted esta justificación? ¿Desde su celda en el corredor de la muerte quisiera que Dios conceda el perdón de última hora? ¿Quiere que las puertas de la prisión se abran, y que el juez del universo lo considere justo y lo libere dejándole entrar a su congregación, a sus pastos eternamente verdes, y a sus pacíficas aguas?

Si lo quiere, entonces vuélvase a Cristo absolutamente desvalido, sin ninguna paga en su mano, y sin obras para su crédito, y confíe y atesore su gracia totalmente gratuita y soberana.

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