Las demostraciones de la justicia de Dios, parte 3

Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y los profetas; 22 es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen; porque no hay distinción; 23 por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, 26 para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.

El Despertar Del Alma De William Cowper

La mayoría de las noches cuando llevaba a Talitha a la cama ella decía, “cántame una canción”, la canción que más a menudo le cantamos es una de mis favoritas, escrita por William Cowper

Dios se mueve de forma misteriosa
Buscando sus prodigios realizar;
Sus huellas deja en la mar anchurosa
Y en la tormenta se ve cabalgar.

Que tomen nuevas fuerzas los creyentes;
Las nubes que hoy infunden gran temor
Llenas están de gran misericordia
Que manda sobre ellos en su amor.

No juzgue al Señor con débil sentido,
Más bien confíe en él por su gracia;
Detrás de una amarga providencia
Esconde su rostro sonriente.

Sus designios madura presuroso,
Mostrando cada instante su labor;
Sabor amargo se halla en el capullo,
Mas es muy dulce el gusto de la flor.

En minas insondables que Él perfora,
Mostrando inigualable habilidad,
Sus brillantes diseños atesora
Y cumple su absoluta voluntad.

En camino al error va el que no cree,
Busca su labor inútilmente;
Más Dios que a sí mismo se interpreta,
Muestra que su yerro es evidente.

Lo que Talitha no sabe, pero puede aprender algún día es que en 1759, cuando Cowper tenía 28 años, tuvo un colapso mental severo y había tratado de cometer suicidio en tres formas diferentes. Estaba convencido de que estaba maldito y sin esperanzas. En diciembre de 1763, fue internado en el Asilo St. Albans, donde el Dr. Nathaniel Cotton atendía a los pacientes. Por algún maravilloso designio de Dios, Cotton era también un creyente evangélico y amante de Dios y del evangelio.

Cotton amaba a Cowper y le daba esperanzas constantemente a pesar de la insistencia de Cowper de que estaba maldito y sin esperanzas. A los seis meses en su estadía, Cowper encontró una Biblia (no por accidente) en un banco del jardín. Primero miró en Juan 11 y vio “tanta benevolencia, misericordia, bondad, y simpatía con los miserables, en la conducta de nuestro Salvador” que sintió un rayo de esperanza. Después, fue a Romanos 3:25, nuestro texto de hoy. Este fue momento fundamental de cambio para su vida.

Inmediatamente recibí la fuerza para creerlo, y toda la luz del sol de la justicia brilló sobre mí. Vi lo suficiente que era la expiación que Él había hecho, mi perdón sellado en su sangre, y toda la plenitud y la totalidad de Su justificación. En un momento creí, y recibí el evangelio.

En Junio, 1765, Cowper dejó St. Alban y vivió y ministró durante 35 años —no sin grandes batallas con la depresión, pero también no sin grandes frutos para el reino, como los himnos “Hay una Fuente Llena de Sangre”, “Cuánto Anhelo Caminar Junto a Dios” y “El Espíritu Se Mueve en Su Palabra” [“There is a Fountain Filled with Blood", "O for a Closer Walk with God!" y "The Spirit Breathes upon the Word”].

Así ha ocurrido una y otra vez en la historia. Alguna gran oración del evangelio en el libro de Romanos ha despertado el alma de un corazón angustiado —Agustín, Lutero, Wesley. Quisiera que así fuera hoy a medida que fijamos nuestra atención en estas palabras. Los versículos 25-26 son, quizás, las palabras más importantes en la Biblia (especialmente si se analizan junto a los versículos 23-24, los cuales vimos la semana pasada).

Vindicación De La Justicia De Dios

En los versículos 25-26 profundizamos en el tema de la justificación (versículo 24) y en el tema de la “redención” o rescate (versículo 24) hacia lo que C. E. B. Cranfield llama “El secreto más profundo del significado de la cruz” (The Epistle to the Romans, vol. 1, ICC [Edinburg: T. & T. Clark, 1975], p. 213). Versículos 25-26:

“… a quien [refiriéndose a Cristo] Dios exhibió públicamente como propiciación [NVI, “como un sacrificio de expiación”; en este contexto las palabras significan “aquello que elimina… la ira”] por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia [nota: este es el propósito de la muerte de Cristo que no ha sido mencionada todavía: demostrar la justicia de Dios. Ahora bien, ¿Por qué Dios necesita demostrar su justicia?], porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente [entonces Pablo repite este propósito para que no olvidemos su importancia], 26 para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús”.

Digamos de la forma más simple cuál era el problema más básico que la muerte de Cristo estaba destinada a resolver. Dios puso a Cristo como propiciación (lo envió a morir) a fin de demostrar su rectitud (o justicia). El problema que necesitaba ser resuelto era que Dios, por alguna razón, parecía ser injusto, y quería vindicarse y limpiar su nombre. De hecho, el versículo 26 dice que él hubiera sido injusto, o inmoral, al justificar a los pecadores, si Cristo no hubiera sido puesto como propiciación por su sangre: “…a fin de que él sea justo…” Ese es el tema básico. Es la justicia de Dios la que está en juego. Su nombre, o su reputación, o su honor, tienen que ser vindicados. Antes de que la cruz pueda ser para nuestro bien, tiene que ser para el bien de Dios.

¿Por Qué Dios Necesita Ser Vindicado?

Pero, ¿qué fue lo que creó ese problema? ¿Por qué Dios se encarga vindicar públicamente su justicia? La respuesta está en la última frase del versículo 25 y al final del versículo 26: “pasó por alto los pecados cometidos anteriormente”; y porque él es “el que justifica al que tiene fe en Jesús”.

Ahora bien, ¿qué significan esas dos frases: “a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” y “el que justifica al que es de la fe de Jesús”? Significan que ahora, y durante siglos, Dios ha estado haciendo lo que dice el Salmo 103:10: “No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados”. Dios ha estado pasando por alto miles de pecados. Ha estado perdonándolos y dejándolos pasar sin castigarlos.

El rey David es un buen ejemplo. En 2do de Samuel 12, David es amonestado por el profeta Natán por haber cometido adulterio con Betsabé y después haber matado a su esposo. Natán le dice, ¿Por qué has despreciado la palabra del Señor haciendo lo malo a sus ojos?” (2de de Samuel 12:9).

David siente la reprimenda de Natán, y en el versículo 13 dice, “He pecado contra el Señor”. A esto Natán responde, “El Señor ha quitado tu pecado; no morirás”. ¡Así y nada más! El adulterio y el asesinato “pasados por alto”. Es casi increíble. Nuestro sentido de justicia clama, “¡No! Dios no lo puede dejar pasar así como así. ¡David merece morir o ser encarcelado de por vida!”. Pero eso no es lo que dice Natán. Natán dice, “Jehová ha remitido tu pecado; no morirás”.

Dios Pasa Por Alto Los Pecados Previamente Cometidos

A esto se refiere Pablo en Romanos 3:25, a pasar por alto los pecados previamente cometidos ¿Pero por qué es esto un problema? Que Dios sea amable con los pecadores es un problema para la mentalidad secular ¿Cuántas personas fuera del alcance de la influencia Bíblica, luchan con el problema de que un Dios Santo y Justo hace que el sol salga sobre buenos y malos, y envía la lluvia sobre el justo y sobre el injusto (Mateo 5:45)? ¿Cuántos luchan con la aparente injusticia de que Dios sea misericordioso con los pecadores? De hecho, ¿cuántos cristianos luchan con el hecho que nuestro propio perdón, es una amenaza para la justicia de Dios?

La mentalidad secular ni siquiera evalúa la situación como lo hace la mente que conoce la Biblia ¿Por qué? ¿Por qué la mente secular piensa desde un punto de partida radicalmente diferente? La mente secular no comienza con los derechos de creador de Dios —el derecho de defender y demostrar el infinito valor de su gloria, comienza con el hombre y asume que Dios estará conforme con nuestros derechos y deseos. Pero en el contexto de Romanos, el asunto es: ¿Cómo ha sido tratada la gloria de Dios?, y, ¿cuál es la respuesta apropiada de Dios a este trato de su gloria?

Recuerden la enseñanza de la semana pasada en el versículo 23: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dio”. En el pecado está en juego la gloria de Dios. Cuando Natán amonesta a David, cita a Dios diciendo, “¿Por qué has despreciado la palabra del Señor haciendo lo malo a sus ojos?” Podemos imaginarnos a David diciendo, « ¿Qué quieres decir con que he despreciado a Dios? Yo no te he despreciado. Yo ni siquiera estaba pensando en ti. Solo estaba encendido de pasión por esta mujer que tomaba su baño, y después estuve asustado a morir de que las personas fueran a descubrirlo. Dios yo ni siquiera pensé en ti».

Y Dios hubiera dicho, «El creador del universo, el diseñador del matrimonio, la fuente de vida, el que te mantiene en vida, el que te hizo rey —el Único, Yo el Señor, ¡y ni siquiera pensaste en mí! Sí, David. Es justo a esto a lo que me refiero. Me menospreciaste”. Todo pecado antes de ser un daño a los humanos, es un desprecio a Dios. Todo pecado es una preferencia por los placeres fugaces del mundo, en lugar del eterno gozo que produce la comunión con Dios. David menospreció la gloria de Dios. Él tuvo en poco el valor de Dios. Deshonró el nombre de Dios. Eso es lo que significa pecar —dejar de amar la gloria de Dios por encima de todas las cosas. “todos pecaron” y “cambiaron la gloria del Dios”.

El Problema: Aparentemente Dios Menosprecia Su Propia Gloria

Por lo cual, el problema, cuando Dios pasa por alto los pecados de los hombres, es que Dios parece estar de acuerdo con aquellos que desprecian su nombre, y le dan poca importancia a su gloria. Parece estar diciendo, el hecho de que mi gloria esté siendo despreciada no tiene importancia. Parece aceptar el bajo aprecio de su valor. Esto es lo que sucede al pasar por alto los pecados, al perdonar y justificar al impío (Romanos 4:5), parece estar comunicando: La gloria de Dios, su nombre, y su valor, no es muy grande, realmente es como nada. Y esa es la esencia de la injusticia. De modo que Dios parece ser, y de hecho sería injusto, si pasara por alto los pecados sin salvarnos en un modo tal que demostrase su infinita pasión por su gloria —que es su justicia.

Sin la revelación divina, la mente natural —la mente secular— no ve ni siente la crisis con que Cristo lidió en la cruz ¿Qué persona secular pierde el sueño pensando en la aparente injusticia de la bondad de Dios con los pecadores?

Pero, según Romanos, este es el problema fundamental que resolvió Dios mediante la muerte de su Hijo. Leámoslo de nuevo (Versículos 25-26): “a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia [o perdón], Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, 26 para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús”. Dios parecería y sería injusto, si pasara por alto los pecados como si su gloria no tuviera valor alguno.

Dios podía haber saldado cuentas castigando a todos los pecadores con el infierno y así hubiera demostrado que no ignora nuestro desprecio a su gloria —nuestro desprecio a su honor. Pero Dios no quería destruir, Juan 3:17 dice: “Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El”.

Dios Es El Justo Y El Que Justifica

Al final del versículo 26, Pablo muestra cuales eran los dos grandes objetivos de Dios en la muerte de Jesús ¿Por qué murió Jesús? Fue “a fin de que él [Dios] sea el justo, y el que justifica al que tiene fe en Jesús”. Su propósito era ser justo, pero reconocer como justos a aquellos que no tienen su propia justicia. Ambos propósitos parecen contradecirse uno al otro. La justicia de Dios dictaría: Derrama tu ira sobre los pecadores que han cambiado tu gloria por otros valores —seria justo. Pero, no derramar la ira contra el impío —sería injusto. Pero si Dios quiere demostrar el infinito valor de su gloria, y justificar al impío, entonces alguien —es decir, Jesucristo— tenía que soportar la ira de Dios para mostrar que Dios no toma a la ligera el desprecio a su gloria. Por eso es que la palabra “propiciación” en el versículo 25 es tan importante. Cristo recibió la ira de Dios por nuestros pecados, y la alejó de nosotros.

En la noche anterior a su crucifixión, Jesús agonizó y triunfó en su amor por la gloria de Dios. En Juan 12:27-28 Jesús dice, “Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: “Padre, sálvame de esta hora”? Pero para esto he llegado a esta hora. 28 Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y le he glorificado, y de nuevo le glorificaré”. Dios glorificó su nombre en la vida de Jesús, y lo volvería a glorificar en la muerte de Jesús. Y así mostraría que él es justo al justificar al impío.

Cristo es nuestra expiación. Es decir: a causa de su amor por la gloria de Dios, Cristo recibe la ira de Dios que justamente era nuestra, para mostrar con claridad que somos “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (versículo 24), así Dios sería obviamente justo, al considerar como justos a aquellos que creen en Jesús.

¿Cómo Nos Vinculamos A Esta Gran Obra De Dios?

Concluyamos, entonces, explicando con claridad cómo es que nos vinculamos a esta gran obra de Dios en Jesús. Pablo lo dice tres veces en este corto párrafo (versículos 21-26). Vayamos allá, véanlas, y ruéguenle a Dios para que haga con ustedes lo que hizo con William Cowper.

Versículo 26b: “…a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús”. ¡La fe en Jesús! ¡La fe en Jesús! Crea en Jesús.

Versículo 25a: “...a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre”. ¿Quisiera que la ira de Dios que usted merece fuera la que Jesús soportó, para no tener que soportarla usted? Entonces, vea la belleza de esta salvación y abrácela. Crea en Jesús.

Finalmente, Versículo 22: “…la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen”. La justicia de Dios es para todos los que creen en él. Esa es la justicia que usted no tiene, pero que debe tener para alcanzar la vida eterna, y le es entregada “gratuitamente, por su gracia” mediante su fe en Cristo. Crea en Jesús. Crea en Jesús. Este es el llamado de Dios —no a que se haga un pago, ni a realizar obras que le hagan merecerla, sino a creer “en aquel que justifica al impío” (Romanos 4:5).

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