El origen malvado de un buen rey

Cuando Jesús nació en Belén, vinieron hombres sabios del este a Jerusalén y preguntaron: "¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? (Mateo 2:2). Antes de su nacimiento, el ángel había dicho a María: "el Señor Dios le dará el trono de su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre" (Lucas 1:32s). Cuando Felipe trajo a su hermano Natanael para ver a Jesús al comienzo de Su ministerio, Natanael dijo: "Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel” (Juan 1:49).

Jesús mismo habla del reino de Dios como Su reino (Mateo 13:41; 16:28; 19:28, etc.); cabalga como un rey y entra en Jerusalén en Domingo de Ramos (Mateo 21:5, 9); es acusado por sus enemigos de no pagar tributo a César porque es el verdadero rey (Lucas 23:2); admite ante Pilato que es un rey (Juan 18:37); y es crucificado bajo la inscripción "el Rey de los judíos" (Juan 19:21). La fe de la iglesia primitiva era que después de la resurrección Jesús tomó su trono a la diestra de Dios (Hechos 2:30; 36; Hebreos 1:13) y ahora gobierna como rey hasta que todos sus enemigos sean puestos bajo sus pies (1ra a los Corintios 15:25). Un día (y quizás pronto), él será manifestado ante todo el universo (incluso ante el vecino de al lado) como Gobernador sobre todas las cosas (Apocalipsis 1:5); y cada lengua reconocerá que Él es Rey de reyes y Señor de señores (Apocalipsis 17:14); y reinará para siempre (Apocalipsis 11:15).

Desde jueces hasta reyes

Según Hechos 2:30, Dios había prometido con juramento a David que pondría uno de sus descendientes sobre su trono (vea 2do de Samuel 7:12, 13). Jesucristo cumple esa promesa y un día la consumará cuando salga del silencio del cielo y haga que Su reino sea visible. Como Su reino nunca termina, Jesús pone fin a una sucesión de reyes quienes gobernaron sobre el pueblo de Dios. Pero, ¿cómo comenzó tal linaje de reyes? Pasaron mil años de historia judía antes de que comenzara el reinado en Israel. ¿Qué ocurrió para convertir a Israel, de una confederación de tribus a un reino unificado? El evento está lleno de lecciones prácticas y teológicas para nosotros hoy.

Dios había traído a Su pueblo de Egipto, a través del desierto, hasta la Tierra Prometida. Pero cuando Josué y su generación murieron, el pueblo hizo lo malo a los ojos del Señor y sirvieron a los baales (Jueces 2:11). Como resultado, Dios dejó de pelear por Israel y peleó en contra de ellos (Jueces 52:15). Durante más de 300 años, la vida de Israel fue una miserable montaña rusa, hundiéndose en ocasiones en el pecado y la opresión, para luego clamar al Señor y ser liberados por un "juez", y caer entonces nuevamente en pecado (Jueces 2:16-23). El último de los jueces fue Samuel (1ro de Samuel 7:15). Él ungió a Saúl como primer rey obre todo Israel (1ro de Samuel 10). Saúl fue seguido por David, y David por Salomón, y después de Salomón el reino se dividió en los reinos del norte y del sur, hasta que después de años de rechazar la palabra de los profetas, el reino del norte fue llevado cautivo por los asirios en el 721 a.C., y el reino del sur fue llevado cautivo por los babilonios en el 586 a.C.

La clave del origen del reinado en Israel, por tanto, se encuentra en el período de Samuel, y específicamente en las palabras de Samuel que se encuentran en 1ro de Samuel 12:6-25. Lo que me gustaría hacer, entonces, es explicar estos 20 versículos con la perspectiva de cómo surgió el reino y de lo que podemos aprender sobre los caminos de Dios para nuestras vidas.

El discurso final de Samuel

El discurso de Samuel fue hecho en Gilgal, en la inauguración oficial de Saúl como rey (1ro de Samuel 11:15). Samuel sabe que su propio liderazgo será reemplazado por el rey; y los versículos 1-6 de 1ro de Samuel 12, tienen el sonido de su retiro: "Yo ya soy viejo y lleno de canas. [...] Aquí estoy; testificad contra mí delante del Señor". Samuel lava sus manos y se limpia de toda responsabilidad en esta decisión de tener un rey. Nada malo hizo para impulsar al pueblo a demandar un rey. Depone el manto de juez, pero no el manto de la profecía. Aún tiene un mensaje para el pueblo. Aún les ama y orará por ellos.

Lo primero que hace, entonces, en los versículos 6-8, es recordar al pueblo las poderosas obras de Dios en la historia de Israel. "Ahora pues, presentaos para que yo argumente [contienda] con vosotros delante del Señor acerca de todos los hechos de justicia del Señor que El ha hecho por vosotros y por vuestros padres" (v.7). ¿Cómo contiende usted con el pueblo acerca del pasado? Usted no puede cambiar el pasado; solo puede cambiar el futuro. Así que lo que Samuel debe estar diciendo es: Contiendo con ustedes para que reconozcan lo que implica que Dios haya hecho estas cosas por ustedes. Les animo a actuar en el futuro como pueblo que cree que Dios les cuidará como hizo en el pasado. Es así, de hecho, como culmina su mensaje en el versículo 24: "Solamente temed al Señor y servidle en verdad con todo vuestro corazón; pues habéis visto cuán grandes cosas ha hecho por vosotros". Samuel contiende sobre el pasado por el bien del futuro. Sabemos con qué clase de Dios estamos contando para mañana, solo porque podemos ver cómo actuó ayer.

Pero Samuel señala, en el versículo 9, que Israel no ha sido un buen estudiante en su propio pasado. Cuando vinieron a la Tierra Prometida: "olvidaron al Señor su Dios". El resultado de la prolongada desobediencia es siempre el juicio divino, y el resto del versículo 9 lo expresa: "El los vendió en manos de Sísara, jefe del ejército de Hazor, en manos de los filisteos y en manos del rey de Moab". Pero algunos de los propósitos de juicio histórico son hacer volver al pueblo a sus cabales, para que regresen a la verdadera fuente de esperanza y gozo. Dios siempre continúa siendo suficiente en nuestra esperanza para quienes se arrepienten y regresan a Él y buscan Su camino. El versículo 10 y el 11 ilustran cómo sucedió. El pueblo confiesa su pecado en el versículo 10 y clama por la ayuda de Dios: “Hemos pecado porque hemos dejado al Señor. . . pero ahora, líbranos de la mano de nuestros enemigos, y te serviremos.” Dios respondió una y otra vez a esta súplica durante el tiempo de los jueces. Samuel menciona, en el versículo 11, cuatro jueces sobresalientes por quienes Dios dio liberación a Israel: Jerobaal (otro nombre para Gedeón), Barac, Jefté, y Samuel mismo. Al menos por un tiempo en la vida de Samuel, el pueblo disfrutó seguridad.

Un rey para gobernar como todas las naciones

En el versículo 12, llegamos finalmente al punto decisivo en la historia del liderazgo de Israel. Nahas, rey de los amonitas, amenaza a Israel, y la respuesta de Israel es: "No sino que un rey ha de reinar sobre nosotros”. ¿Por qué dijeron: "No"? ¿No qué? Regrese al capítulo 8 donde el pueblo hizo su demanda. Vea los versículos 4-7.

Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Samuel en Ramá, y le dijeron: Mira, has envejecido y tus hijos no andan en tus caminos. Ahora pues, danos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones. Pero fue desagradable a los ojos de Samuel que dijeran: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró al Señor. Y el Señor dijo a Samuel: Escucha la voz del pueblo en cuanto a todo lo que te digan, pues no te han desechado a ti, sino que me han desechado a mí para que no sea rey sobre ellos.

Así que cuando Israel dijo "No, sino que un rey ha de reinar sobre nosotros", estaban diciendo "no" a Dios como rey. Estaban diciendo "no" al modo en que habían dependido tanto de Dios cuando peleaban las batallas (1ro de Samuel 8:19-20). Estaban diciendo "no" a ser diferentes a las otras naciones: "danos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones”.

Según el versículo 17, esta fue una grande maldad. El Señor da una señal de trueno y lluvia a fin de que el pueblo conociera "que es grande la maldad que habéis hecho ante los ojos del Señor, al pedir para vosotros un rey". Y en el versículo 19, el pueblo admite su error: "hemos añadido este mal a todos nuestros pecados al pedir para nosotros un rey". El versículo 13 da la respuesta de Dios a ese deseo malvado de tener un rey: "he aquí que el Señor ha puesto rey sobre vosotros". Y así comienza la historia del reino. Así que, incluso aunque hubo buenos reyes en Israel (David, un hombre conforme al corazón de Dios, Josías, el reformador, Jesús, el Rey Supremo e Hijo perfecto de Dios), sin embargo, la línea real en que reinaron tuvo un origen muy malvado. Y hay cuatro lecciones que son muy valiosos para aprender del modo en que Dios actuó en este evento.

Cuatro Lecciones

Primero, el modo en que buscamos tener algo pudiera ser errado, cuando tenerlo en sí mismo pudiera no ser malo. Dudo mucho que tener un rey en Israel fuera malvado en sí mismo. Si hubiera sido pensado como un humilde agente de Dios, en lugar de un reemplazo por Dios; si hubiera sido buscado para proveer unidad espiritual entre las tribus, en lugar de una similitud mundana con las otras naciones; si hubiera sido visto como un sustituto imperfecto de Dios, hasta que Dios mismo viniera y se sentara en el trono; si de la fe y la lealtad hubiera pedido Israel un rey, no pienso que hubiera sido algo malo. Lo que lo hizo malo fue el modo en que Israel buscó su rey, y los motivos detrás. Por tanto, no fue primeramente Jesús quien reveló que lo correcto e incorrecto no podía ser identificado solo con ciertos actos. Tan importante como el acto es el espíritu y motivo en que es realizado. Muchas buenas acciones se convierten en malas debido a que no son realizadas en una humilde y gozosa dependencia de Dios, en un espíritu de amor.

Lo segundo que debemos aprender del modo en que Dios actuó en este evento es que los propósitos soberanos de Dios para la vida de su pueblo, a la larga, no son frustrados, sino cumplidos incluso mediante los pecados de su pueblo. Mucho antes, en Deuteronomio 17:14s, Dios no solo había predicho que Israel pediría un rey, también les había dado instrucciones sobre qué tipo de persona designar. Dijo:

Cuando entres en la tierra que el Señor tu Dios te da, y la poseas y habites en ella, y digas: “Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que me rodean”, ciertamente pondrás sobre ti al rey que el Señor tu Dios escoja, a uno de entre tus hermanos pondrás por rey sobre ti.

El surgimiento del reino de Israel no fue una sorpresa para Dios; Él la había planeado mucho tiempo antes. Sin embargo, nació mediante el pecado (del mismo modo en que la crucifixión de Jesús fue planeada para, y vino mediante, el pecado). Cuando Israel buscó un rey, como Dios dijo que haría, para ser como otras naciones, hicieron una maldad muy grande. Dios planeó esa maldad. Y aún así sería algo bueno para el mundo. Dios es algo parecido a un poderoso defensor central, quien conoce tan bien su posición que mientras se dirige hacia la línea de apertura planea golpear al defensa contrario con tal ángulo que gira usando a su oponente para llegar a la línea de gol. Mi confianza en la soberanía de Dios es lo más estable y seguro en mi vida. Me quita el síndrome de catástrofismo [de Pollito, en el original, referencia a una fábula infantil]. No importa qué ocurra, el cielo no caerá. Dios incluso tomará todos nuestros errores y logrará su propósito glorioso y de gracia. No necesitamos sentirnos nerviosos por cualquier decisión. Es maravilloso aprender. Es grandioso compartir.

Lo tercero que debemos aprender del modo en que actuó Dios en 1ro de Samuel 12 es: si la situación en que usted se encuentra es irreversible, y fue su propio pecado el que le llevó allí, no se paralice por la culpa y la desesperación. Reconozca la maldad de sus propios caminos (v.19), sea profundamente humillado por su pecado, pero luego escuche a Samuel en el versículo 20: "No temáis; aunque vosotros habéis hecho todo este mal, no os apartéis de seguir al Señor, sino servid al Señor con todo vuestro corazón. No os debéis apartar, porque entonces iríais tras vanidades que ni aprovechan ni libran, pues son vanidades". Hay demasiadas personas quienes se han perdido debido a que renunciaron demasiado pronto a la gracia de Dios. Dijeron: "No tiene sentido. Me he alejado demasiado. Dios simplemente no me perdonará. Y mi culpa es demasiado pesada para llevarla a Jesús". La parálisis de la culpa y la depresión mantiene a muchas personas lejos de Jesús. Pero no permita que le mantenga lejos a usted en esta mañana. Incluso si usted se ha vestido de maldad en su vida, con algún horrendo acto de desobediencia, si usted se aleja de su maldad y sirve al Señor con todo su corazón, encontrará en Él todo el perdón y la limpieza que necesita. "donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia" (Romanos 5:20).

Finalmente, ¿qué fundamento de certeza da Samuel a los israelitas desobedientes pero arrepentidos? La respuesta está en el versículo 22: No teman: "Porque el Señor, a causa de su gran nombre, no desamparará a su pueblo, pues el Señor se ha complacido en haceros pueblo suyo". El fundamento de la gracia de Dios es el amor que tiene por su propio nombre. El fundamento de Su misericordia es Su compromiso inquebrantable de preservar y mostrar Su gloria. No teman, pecadores arrepentidos, quienes me buscan para recibir esperanza, porque Yo amo mi nombre. Honraré mi nombre y a todos los que se inclinan a él. ¡Qué gran roca cuando todo lo demás tiembla! No permita que el pecado le aleje de Él en esta mañana. Confíe en Él con todo su corazón. Tome Su nombre como nombre, y Él le guardará para siempre. Jesús dice: Hay espacio; hay espacio junto a mí para vosotros.

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