La última encrucijada: vida eterna o ira eterna, parte 3

Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios? ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego.

Buscando Gloria y Honra e Inmortalidad

No podía permitirme dejar este pasaje atrás habiendo dicho tan poco acerca de una de las afirmaciones centrales, o sea, que la vida eterna es otorgada a los que “buscan gloria y honra e inmortalidad.” Note los versículos 6-7: “[Dios] pagará a cada uno conforme a sus obras: [Él dará] vida eterna, a los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad.” Abreviándolo a esto: “A todos los que buscan gloria y honra e inmortalidad Dios les dará vida eterna”.

Ahora aclaremos lo que hablamos la semana pasada, para que no existan malas interpretaciones.

1. Si, aquí se explicaba que la gloria y la honra y la inmortalidad se buscan de un modo determinado, específicamente “perseverando en hacer el bien.” O literalmente, “perseverando en bien hacer”. De modo que usted no puede ponerse a buscar gloria y honra e inmortalidad en la forma que quiera. La forma importa. El juicio será “conforme a sus obras”, como dice el versículo 6. Así que debemos buscar la gloria de la vida eterna “perseverando en bien hacer” Esa es la primera aclaración.

2. Lo segundo que queremos aclarar es que este juicio conforme a obras no es un juicio basado en el mérito de las buenas obras. Es decir, las obras no conceden vida eterna. Más bien, la base de nuestra vida eterna y nuestra justificación con Dios es la muerte de Cristo, quien expió todos nuestros pecados; y la justicia de Cristo que cumplió toda nuestra obediencia incumplida. Romanos 3: 24-25 dice: “[Somos] justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre”. Así que la muerte de Cristo que absorbe la ira de Dios contra nuestros pecados, es la base de nuestra justificación con Dios.

Pablo también lo expresa en sentido contrario. Cristo no solo toma nuestro pecado y absorbe el castigo del mismo; nosotros, además, adquirimos su justicia y recibimos la recompensa de la misma. 2da a los Corintios 5:21 dice, “Al que no conoció pecado, por nosotros [Dios] lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. En Filipenses 3:9 dice: “y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”.

Conforme a Nuestras Obras

Aquí el punto es este: La vida eterna no es ganada por el mérito de nuestras buenas obras. Nos es concedida por la muerte de Cristo, y está basada en la justicia que tenemos a través de la fe en él. Cuando el versículo 6 dice que habrá un juicio “conforme a sus obras” y el versículo 7 dice que la vida eterna es dada a los que perseveran en las buenas obras, el significado es que la fe que justifica siempre santifica. Una vida cambiada (no una vida perfecta) es siempre el fruto de estar unido a Cristo. De modo que una vida transformada es una condición para la vida eterna, pero ni nos concede ni nos hace merecedores de la vida eterna.

O, como dijo Jesús en Mateo 7:16-17, “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malo”. La aparición del fruto no convierte a un árbol en árbol frutal; solo muestra que es un árbol frutal. Así, una vida transformada no convierte a una persona en cristiana, una vida transformada muestra que una persona es cristiana.

Entonces, resumiendo: En el último Día habrá un juicio. Éste decidirá final y públicamente, quién entra a la vida eterna y quién no. En este Juicio el veredicto, ‘inocente’ se basará en la obra de Cristo en la Cruz. Jesús llevó en sí la culpa de todos los creyentes verdaderos: “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). Pero ese veredicto será ‘conforme a nuestras obras’, nuestras vidas diarias darán evidencia de que confiamos en Cristo más que en el dinero y que lo amamos a él más que a los elogios de los hombres.

Busquen Gloria Honra e Inmortalidad

Ahora, cuando se han hecho todas las aclaraciones, debemos regresar atrás y no perder la fuerza de estas palabras en el versículo 7 Dios dará vida eterna a los que “buscan gloria y honra e inmortalidad”. Si, búsquenla perseverando en las buenas obras. Y sí, estas buenas obras son el fruto de estar justificados por la fe en Cristo. Sí y Amén, y Alaben al Señor por eso. Pero no pierdan el sentido de lo que se está diciendo: Hay una búsqueda de gloria y de honra y de inmortalidad.

Hago hincapié en ello por tres razones:

1) Muchas personas piensan que este es un motivo bajo y poco cristiano. Los cristianos no buscan gloria y honra e inmortalidad. Eso sería egoísmo. Fue contra eso que C. S. Lewis reaccionó tan vigorosamente en The Weight of Glory.

El Nuevo Testamento tiene mucho que decir acerca de la abnegación, pero no acerca de la abnegación como un fin en sí misma. Se nos dice que nos neguemos a nosotros mismos y tomemos nuestras cruces para poder seguir a Cristo; y casi cada descripción de lo que encontraremos finalmente si obramos así incluye un llamamiento al deseo.

Si al acecho en las mentes más modernas está la noción de que desear nuestro propio bien y seriamente esperar disfrutar de él, es algo malo, yo digo que esta idea se ha colado de Kant y los estoicos, y no es parte de la fe cristiana. De hecho, si consideramos la claridad de las promesas y la asombrosa naturaleza de las recompensas prometidas en el evangelio, parecería que nuestro Señor no encuentra nuestros anhelos demasiado fuertes, sino demasiado débiles. Somos criaturas desganadas, que estamos perdiendo el tiempo con la bebida, el sexo, y la ambición, mientras un gozo infinito nos está siendo ofrecido; como un niño ignorante que quiere seguir haciendo tortas de barro en un tugurio porque no puede imaginar lo que significa la oferta de unas vacaciones en el mar. Estamos lejos de ser fácilmente satisfechos.

2) La segunda razón por la que hago hincapié en esto es que muchas personas no buscan nada con entusiasmo, especialmente una vida espiritual; deambulan, flotan, caminan sin avanzar, están espiritualmente desanimadas, son prisioneras de la apatía espiritual. ¿Recuerdan aquella palabra rara que les enseñe hace ya más de un año cuando estábamos en el libro de Hebreos? Asedia. Significa aburrimiento o apatía. Esto es mortal porque Pablo dice que la vida eterna le es dada a quienes buscan, no quienes pierden el tiempo. En 1ra a Timoteo 6:12 dice, “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado”.

3) La tercera razón por la que me enfoco en este asunto es que el significado de “buscar gloria y honra e inmortalidad” necesita ser explicado. Y a esto vamos ahora.

Busque, Quiera, Persiga, Ansíe, Ame

El punto esta mañana es que es bueno, de hecho necesario, “buscar gloria y honra e inmortalidad.” Búsquela, quiérala, persígala, ansíela, ámela. Deséela más de lo que desea cualquier otra cosa terrenal. Este es el punto. No sea desanimado, apático o inactivo cuando se trata de cosas espirituales. Y si es así, entonces intensifique sus oraciones para que Dios encienda su corazón con el sentido del valor inapreciable de la gloria, el honor y la inmortalidad.

¿Está fascinado por el proceso criminal de la audiencia pública? Entonces pídale a Dios que le ayude a sustituir esa fascinación por gloria, honra e inmortalidad. ¿Está ansioso por tener a los niños en casa para las navidades? Entonces pídale a Dios que le ayude a sustituir esa ansiedad por ansias de gloria, honra e inmortalidad. ¿Observa usted el mercado de la bolsa para ver como van sus inversiones? Entonces pídale a Dios que le ayude a sustituir esas ansias de dinero en ansias por la gloria, la honra, y la inmortalidad.

Este es el punto: Buscarla. La vida eterna es dada a los que buscan gloria y honra e inmortalidad. No a los indiferentes espiritualmente. Pero ¿qué significa eso?

Definiendo Gloria, Honra, e Inmortalidad.

Permítanme llegar a esto con tres “E”, uso estas tres “E” para definir gloria y honra e inmortalidad por que pienso que la gloria es el objeto principal a buscar, y que la honra y la inmortalidad son simplemente aspectos de ella. Las tres “E” son Excelencia, Eco, y Extensión. Voy a definir “Gloria” como una clase de Excelencia divina. Pienso que la “honra” es el Eco de esa excelencia en presencia de Dios, los ángeles y los santos; e “inmortalidad” es la Extensión de esa excelencia por siempre, en el futuro.

Entonces, imagínese a una persona grandiosa y Excelente avanzando sin muerte hacia la eternidad. La Extensión de este movimiento por los siglos de los siglos, sin que exista muerte, decadencia, corrupción o decrecimiento es su inmortalidad. Y a medida que se mueve por la eternidad por los siglos de los siglos, su Excelencia es vista por otras personas excelentes y rebota hacia ella en forma de honra y alabanza. Así, lo que espero que puedan ver es que la excelencia en sí misma es lo principal, que la inmortalidad es simplemente que esta Excelencia dura para siempre y que la honra es simplemente que esta Excelencia es reconocida y aprobada por lo que es especialmente, en la mente y corazones de otras personas: Dios.

De modo que quiero centrarme en el significado de “buscar gloria.” Esto es lo central. Pero hay algo acerca de “buscar honor” que ruega ser comentado antes de continuar con “buscar gloria.”

Buscar Honra

¿De quién debemos estar buscando la aprobación, estima y alabanza? La respuesta está dada en dos lugares: Romanos 2:29 y 1ra a los Corintios 4:5. En Romanos 2:29 Pablo dice: “sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios”. Un cristiano genuino no busca la alabanza que viene de los hombres, sino la que viene de Dios. Esa es la honra que quiere. En 1ra a los Corintios 4:5, Pablo dice que en el juicio, Dios “el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios”.

Ahora, esto da pie a la pregunta de ¿qué alabaría Dios en el hombre? ¿Es esto idolatría de parte de Dios? ¿Está poniendo al hombre por encima de su propia gloria? ¿Está insinuando que existe un valor, belleza o virtud que no venga de sí que le obligue (como si lo estuviera) a alabar algo acerca del hombre? La respuesta descansa en el significado de gloria que buscamos.

Buscar Gloria

Eso nos lleva al último y principal argumento: ¿Qué significa para nosotros “buscar gloria”? ¿La gloria de quién? Y si decimos, la gloria de Dios, ¿queremos decir que estamos buscando verla? ¿O queremos decir que estamos buscando participar en ella? Y si decimos, “verla y participar en ella,” ¿Queremos decir participar en ella del mismo modo que Satanás quiso que Eva participara en ella en Génesis 3:5? (“sino que sabe Dios que el día que comáis de [ese árbol], serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios”. ¿Es esa la forma en que debemos querer participar en la gloria de Dios? Absolutamente no. Así que aquí tenemos que tener cuidado. Enormes cosas están en juego según como pensemos en esto y según busquemos la gloria.

Pienso que las respuestas de Pablo a nuestras preguntas son: Existimos para buscar la gloria de Dios y buscarla en el sentido, primero, de querer verla y disfrutarla por lo que es como la vemos reflejada en el mundo de Dios y su obra. Romanos 1:23 dice que lo necio de la impiedad es que las personas “cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen…”. Esto es no buscar la gloria de Dios. Existimos para buscarla como nuestro más elevado tesoro, para adorarle, admirarle, deleitarnos en ella, reverenciarla y no cambiarla por nada.

Romanos 5:2 dice “Por quien [Cristo] también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” Y el versículo 11 lo resume según la esencia absoluta de nuestro deseo: “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios”. No en la gloria de Dios que podamos en mayor grado compartir, sino en Dios mismo y punto. Esa es la esencia de nuestra búsqueda. Anhelamos a Dios. O lo que es lo mismo, a Dios en su gloria o a Dios en su excelencia.

De modo que sí. Buscar la gloria de Dios significa buscar conocerla y disfrutarla como está en Dios. Pero, teniendo en cuenta lo que Pablo dice en Romanos 8, eso no es todo lo que aquí se quiere decir. Examinen Romanos 8:17. “Y si [somos] hijos [de Dios, entonces somos], también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” De modo que aquí nuestra búsqueda no es solo para ver la gloria de Dios, sino para participar de la gloria de Dios.

Sigan leyendo en Romanos 8

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse [Sí, en nosotros ha de manifestarse la gloria, pero Romanos continúa para decir que esto también nos transformará y hará gloriosos con la misma gloria] Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 20Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios”.

Esto es lo que quiere decir Pablo en Romanos 8:30 cuando dice, “Y a los que [Dios] justificó, a estos también glorificó”. Así que buscar gloria, significa varias cosas, buscar, verla, y participar de ella.

Y eso nos deja con las preguntas: Si existimos para participar de la misma gloria de Dios y buscarla como parte de la vida eterna, ¿qué es lo que esto significa? y ¿cómo podemos evitar ser lo que Satanás quiso que Eva fuera al tratar de ser como Dios?

Yo lo expresaría así: “Ser glorificados o participar de la gloria de Dios, y aun así no ser Dios, es estar de acuerdos con Dios en cuerpo, mente y alma, para poder entonces conocer su gloria y disfrutarla; y reflejarla así con su misma energía”. Esto lo hace mantener el significado de la glorificación, centrado radicalmente en Dios. Aún cuando estamos siendo glorificados, cada aspecto de nuestra participación en su gloria, es debido a que estuvimos de acuerdos con Dios para conocer, disfrutar, o reflejar su gloria. Lo que es lo mismo que decir: nuestra gloria es para conocer su gloria. Nuestra gloria es para disfrutar su gloria. Es para hacer todo esto, no con nuestra propia fuerza, sino con la fuerza que el mismo Dios suministra haciendo que nuestro gozo pueda ser completo y su gloria plenamente mostrada.

Entonces, yo les exhorto y animo a buscar gloria y honra e inmortalidad. Busquen la Excelencia de Dios (para verla y participar de ella) para conocerla, disfrutarla, y reflejarla. Busquen el Eco de esa excelencia en la alabanza que viene de Dios. Y busquen la Extensión eterna de esa excelencia por toda la eternidad.

¿Cómo Busco Gloria y Honra e Inmortalidad?

Y si preguntan cómo, los dejo con dos instrucciones:

Mirar Hacia Cristo

Una es: miren hacia Cristo y a la Gloria de su obra completada en la cruz, por los pecadores. Esto es lo que enfatizamos en el comienzo. La justificación y la vida eterna no se ganan con obras. Son entregadas gratuitamente a los que miran hacia Cristo en fe. De modo que si vamos a obtener la gloria de Dios y a ser glorificados, tenemos que confiar en Cristo. Somos justificados mediante la fe (Romanos 5:1) y aquellos que son justificados, serán glorificados (Romanos 8:30). Por tanto, la fe es la primera e indispensable clave para buscar la gloria de Dios.

Pero no le den a Cristo o a la fe menos valor del que tienen. Cuando yo digo “miren hacia Cristo” quiero decir miren firmemente la gloria de Cristo como su mayor tesoro. Me refiero a lo que Pablo dice en 2da a los Corintios 4:4 y en el 3:18. En 2da a los Corintios 4:4, Pablo dice que el evangelio de Cristo es “evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” Así que mirar a Cristo para alcanzar la justificación, es buscar la gloria de Dios en Cristo. No es algo que está separado. Esto es lo que la fe hace, recibe a Cristo en el evangelio como la gloria de Dios. De esto es de lo que se nutre la fe en el evangelio.

Cuatro versículos antes, en 2da a los Corintios 3:18, Pablo dice, “nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” En otras palabras, mirar hacia Cristo en el evangelio es contemplar la gloria del Señor, que de un nivel de gloria al otro, nos transforma en su imagen.

Es aquí donde vienen las buenas obras, Nuestras buenas obras son parte de nuestra semejanza con Cristo. Y esta semejanza con Cristo viene por ver y saborear su gloria en el evangelio. Es por esto que Pablo dice en Romanos 2:7 que los que buscan gloria perseverando en “bien hacer” recibirán vida eterna. La semejanza con Cristo es evidencia de que ahora mismo ya estamos siendo “glorificados”, no por obras, sino por mirar hacia Cristo en el evangelio. Ver es convertirse. Mirar es asemejarse.

El Sufrimiento Descansa en el Sendero Hacia la Gloria

La segunda instrucción que daría en respuesta a la pregunta de cómo buscamos la gloria de Dios, viene al percatarnos de que hay muchos sufrimientos en el sendero que lleva a la gloria. ¿Cómo responderemos a ello? ¿Y como nos ayudarán ellos con la gloria que buscamos?

La respuesta de 2da a los Corintios 4:16-18 es esta: “no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. 17Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”

Aquí nuevamente la clave es ¿Hacia dónde estamos mirando? Debemos mirar hacia las cosas eternas, que son ganancia; no a las temporales, que son pérdidas (filipenses 1:21). Éste es el sendero hacia “un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. El sufrimiento no es accidental en nuestra búsqueda de la gloria. El sufrimiento es una parte esencial de la búsqueda. Y sufrimiento no solo el ocasionado por la persecución, también es “la decadencia” de nuestros cuerpos. Romanos 8:17-18 dice lo mismo (aun más enérgicamente) como una de las aristas de nuestra búsqueda de la gloria: “Y si [somos] hijos [de Dios], también [somos] herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. 18Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.”

Ese sufrimiento incluye el gemir del versículo 23 mientras esperamos la redención de nuestros cuerpos. No es solo el sufrimiento que viene de la persecución, sino el que viene por todas las futilidades y miserias de esta vida. Si dentro de estas futilidades y miserias miramos hacia Cristo, y sufrimos con él y no contra él, entonces el versículo 17 dice que seremos glorificados con él; ahora y para siempre.

Entonces mi respuesta a la pregunta de ¿cómo buscamos la gloria y la honra, y la inmortalidad de Dios? es: Miren a Cristo. Miren hacia él por la gloria que él es en el evangelio de su muerte y resurrección. Véanlo y deléitense en él como la imagen de la gloria de Dios. Miren hacia las cosas que son eternas. Miren hacia Cristo. Miren hacia la gloria de Dios. Pruébenla. Confíen el él. Sean transformados por él.

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