La comida de Cristo es dar vida eterna

En esto llegaron sus discípulos,  y se admiraron de que hablara con una mujer, pero ninguno le preguntó: ¿Qué tratas de averiguar? o: ¿Por qué hablas con ella? Entonces la mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho. ¿No será éste el Cristo? Y salieron de la ciudad e iban a Él.  Mientras tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí come.  Pero Él les dijo: Yo tengo para comer una comida que vosotros no sabéis. Los discípulos entonces se decían entre sí: ¿Le habrá traído alguien de comer?  Jesús les dijo: Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra.   ¿No decís vosotros: “Todavía faltan cuatro meses, y después viene la siega”?  He aquí, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos que ya están blancos para la siega.  Ya el segador recibe salario y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra se regocije juntamente con el que siega.  Porque en este caso el dicho es verdadero: “Uno es el que siembra y otro el que siega.”  Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado;  otros han trabajado y vosotros habéis entrado en su labor. Y de aquella ciudad, muchos de los samaritanos creyeron en Él por la palabra de la mujer que daba testimonio, diciendo: Él me dijo todo lo que yo he hecho. De modo que cuando los samaritanos vinieron a Él, le rogaban que se quedara con ellos; y se quedó allí dos días.   Y muchos más creyeron por su palabra,  y decían a la mujer: Ya no creemos por lo que tú has dicho, porque nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que éste es en verdad el Salvador del mundo.

Antes de orar pidiendo la ayuda de Dios, permítanme mostrarles, a partir del texto, por qué la oración es tan necesaria ahora. Por cuarta vez en este evangelio, Dios nos muestra la ceguera espiritual con que lidia casi todo el tiempo Jesús en nosotros, los humanos (sea a causa de que estamos muertos en nuestro pecado y somos incrédulos, y necesitamos nacer de nuevo, o porque como creyentes, nuestros ojos espirituales se han oscurecido y no pueden percibir la gloria de Dios por nuestra mundanalidad.

Cuatro Muestras de Nuestra Ceguera

Primero, en Juan 2:19, Jesús dice: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”. Y los judíos le dijeron: "En cuarenta y seis años fue edificado este templo ¿y tú lo levantarás en tres días?". No tenían visión espiritual para ver de qué estaba hablando Jesús, es decir, de su propia muerte y resurrección. Estaban ciegos a la gloria de lo que Él estaba revelando, que Él mismo es la presencia de Dios, más de lo que el templo pudiera representar, y que cuando resucitara de entre los muertos, en adelante, Él sería el lugar donde las personas se encontrarían con Dios.

Segundo, en Juan 3:3, Jesús dice a Nicodemo: "En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios”. Y Nicodemo le dijo: "¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo?  ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?". Nicodemo no tenía visión espiritual para ver de qué estaba hablando Jesús, es decir, que hay un segundo nacimiento espiritual. Este segundo nacimiento crea algo que antes no existía en usted, un espíritu vivo y la habilidad de ver la gloria de Dios en el rostro de Cristo.

Tercero, en Juan 4:10, Jesús dice a la mujer en el pozo: "Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a Él, y ‘El te hubiera dado agua viva”. Y la mujer dijo a Jesús: "Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo". No tenía visión espiritual para ver de qué hablaba Jesús, es decir, de la vida espiritual sobrenatural que viene al recibir a Cristo, de hecho, de la vida sobrenatural que Él mismo es.

Y cuarto, aquí en nuestro texto, Juan 4:31, los discípulos dicen a Jesús: "Rabí come," y Jesús les dice: "Yo tengo para comer una comida que vosotros no sabéis.  Los discípulos entonces se decían entre sí: ¿Le habrá traído alguien de comer?". Ellos no tenían visión espiritual para ver de qué estaba hablando Jesús. Versículo 34: "Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra”.

  • En tres días levantaré este templo. Tomó 46 años construir este templo.
  • Es necesario nacer de nuevo. ¿Cómo puede un hombre entrar en el vientre de su madre?
  • Te daré agua viva. No tienes una cubeta.
  • Tengo una comida para comer que ustedes no conocen. ¿Quién le habrá traído algo de comer?

Necesitamos Ayuda del Espíritu Santo

¿Por qué Juan continúa mostrándonos esta patética respuesta a la gloria que revela Jesús? Lo hace, en primer lugar, para recordarnos una y otra vez que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, para que pudiéramos ver su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad. . . y de aquella plenitud, para que pudiéramos recibir gracia sobre gracia (Juan 1:14,16).

Y lo hace, en segundo lugar, para recordarnos que sin la poderosa obra del Espíritu Santo en nuestras vidas estamos muertos espiritualmente y somos ciegos, e incapaces de responder, tal como los judíos, y Nicodemo, y la mujer en el pozo, y los discípulos.

"El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va;  así es todo aquel que es nacido del Espíritu" (Juan 3:8). Necesitamos la obra del Espíritu Santo, poderosa, soberana, dadora de vida, que abre nuestros ojos, y despierta nuestros corazones. Por eso necesitamos orar.

Padre, ten misericordia de nuestros corazones mundanos, muertos, ciegos, incapaces de responderte. Inyecta vida espiritual a nuestras almas. Abre los ojos de nuestros corazones. Derrama visión espiritual divina sobre nuestras mentes. Despierta la habilidad espiritual que nos dio el Espíritu, a fin de que podamos ver y probar y conocer y comprender y atesorar la gloria de Cristo en tu Palabra. En su nombre misericordioso y poderoso, oramos. Amén.

Tres Partes--Con una Explicación en el Medio

Juan, de una manera muy interesante, nos cuenta el resto de esta historia acerca de la mujer y el pozo. Él aborda lo que ocurre con la mujer y el pueblo de Sicar en dos partes al comienzo y final de este texto. Y en medio, entre aquellas dos partes, nos dice cuáles fueron las palabras de Jesús a sus discípulos para explicar la dimensión más profunda de lo que estaba ocurriendo con la mujer y la ciudad. Enfoquémonos primeramente, por tanto, en lo que ocurre con la mujer y la ciudad.

Versículos 27-30:

En esto llegaron sus discípulos,  y se admiraron de que hablara con una mujer, pero ninguno le preguntó: ¿Qué tratas de averiguar? o: ¿Por qué hablas con ella? Entonces la mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho. ¿No será éste el Cristo? Y salieron de la ciudad e iban a Él.

Así que ella deja su cántaro y va hacia la ciudad y dice "a los hombres," la samaritana parece haber estado contando la historia indiscriminadamente a todos, a pesar de cuán temerosa estaba de hablar con Jesús sobre su sórdida vida. Ella dice que Jesús supo todo sobre ella, y se pregunta en alta voz si Él pudiera ser el Mesías, el Cristo. Jesús le había dicho que Él era, en el versículo 26. El versículo 30 dice que la gente comenzó a venir a Jesús.

Jesús Hablando con Una Mujer

Aunque no es la idea central del texto, Juan pensó que era importante mencionar que los discípulos se sorprendieron de verle hablando con una mujer. Versículo 27: "En esto llegaron sus discípulos y se admiraron de que hablara con una mujer." Recuerde en el versículo 31 que ellos llamaron a Jesús "Rabí." En los días de Jesús, los hombres en general, y los rabíes, en particular, no hablaban públicamente con las mujeres. Y muchos no lo hacían por decencia, sino por misoginia (el desprecio, la profunda desconfianza, y desagrado de las mujeres).

El martes pasado vimos la misoginia en su peor forma, cuando George Sodini mató a tres mujeres e hirió a diez en el gimnasio de entrenamiento LA en el área de Pittsburg. Él escribió en su diario.

No tengo novia desde 1984. . . . quién sabe por qué. No soy feo o demasiado raro. Tampoco he tenido sexo desde julio de 1990 (tenía 29). . . . Hace más de dieciocho años atrás. . . Realmente luzco bien. Me visto bien, estoy afeitado, me baño, me unto colonia; sin embargo, 30 millones de mujeres me rechazaron, durante un período de 18 a 25 años.

Y en su disgusto en contra de todas las mujeres abrió fuego indiscriminado y luego se suicidó. No estoy diciendo que los rabíes o los hombres en general del primer siglo se sintieran de esta manera. Sodini fue un caso patológico extremo. Pero las mujeres no podían enseñar el Tora. Y no eran tratadas, para nada, con respeto y ternura y apreciación.

Jesús Trató Diferente a las Mujeres

Jesús trató diferente a las mujeres, a su madre, a María Magdalena, a la mujer jorobada por 18 años, a la mujer sirofenicia, a María y a Marta, a la viuda con las dos monedas, y a otras. La idea central que creo que podemos ver fluyendo de Jesús es que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen, con valores y dignidades equivalentes, y con roles diferentes complementarios y honorables; y Jesús puso en movimiento una reversión de los efectos de la caída. La caída de Adán y Eva inclinó a la mujer a ser vanamente coqueta, o agresivamente dominante, e inclinó al hombre  a ser tímidamente pasivo, o áspero y demandante. El pecado pudo distorsionar, en cualquier dirección, el diseño de Dios.

En todo lugar donde el cristianismo ha echado raíces en una cultura, el trato a la mujer ha mejorado. Si usted vio el horrible filme La lapidación de Soraya M (The Stoning of Soraya M), pudo ver una muestra del ruego desesperado de millones de mujeres que viven ocultas en culturas de todo el mundo, donde Jesús aun no es conocido, ni se confía en Él, ni es seguido.

Donde el Evangelio Echa Raíces, las Mujeres son Respetadas

Pero dondequiera que sus palabras y evangelio echan raíces, y prevalecen, los hombres tratan con respeto a las mujeres, y toman iniciativas humildes, valientes, para proteger a las mujeres y crear familias estables, amorosas, donde la fidelidad pactada del esposo y de la esposa muestran el misterio de Cristo y su iglesia al mundo.

Así es como Jesús quería que fuera. Y esa es una de las razones por la cual, de todas las personas en Samaria que pudo haber buscado, escogió a esta mujer.

Aquí Vienen la Gente de la Ciudad

El versículo 30 dice: "Y salieron de la ciudad e iban a Él". Entonces llega la interrupción. "Mientras tanto,...”. Y la llegada de los ciudadanos se retoma nuevamente en los versículos 39-42:

Y de aquella ciudad, muchos de los samaritanos creyeron en Él por la palabra de la mujer que daba testimonio, diciendo: Él me dijo todo lo que yo he hecho. De modo que cuando los samaritanos vinieron a Él, le rogaban que se quedara con ellos; y se quedó allí dos días.   Y muchos más creyeron por su palabra,  y decían a la mujer: Ya no creemos por lo que tú has dicho, porque nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que éste es en verdad el Salvador del mundo.

Lo más importante que debemos ver aquí (por su relación con lo que Jesús dice en el texto que ya vimos), es que, primeramente, las palabras de la mujer llevan a la fe, y luego, las palabras de Jesús llevan a más fe. Dos veces son mencionados estos dos testimonios. Primero, el testimonio de la mujer. Versículo 39: "muchos de los samaritanos creyeron en Él por la palabra de la mujer que daba testimonio". Luego, el testimonio de Jesús, en el versículo 41: "Y muchos más creyeronpor su palabra".

Sorprendente Avivamiento Espiritual en Sicar

Más adelante son mencionados, nuevamente, los dos testimonios, en el versículo 42. Primero, el testimonio de la mujer: "Ya no creemos por lo que tú has dicho", después, el testimonio de Jesús: "porque nosotros mismos le hemos oído", es decir, oído a Jesús. Ellos creen que Jesús es el Salvador del mundo. Él es el Mesías que viene al mundo y rescatará al pueblo de su pecado y del juicio de Dios (Juan 3:36).

Ese es el sorprendente resultado del viaje de Jesús a Samaria, un sorprendente avivamiento espiritual en la ciudad de Sicar. Una mujer no-prometedora se convierte en el medio por el cual un pueblo no-prometedor se convierte al Mesías judío, aunque no eran judíos de sangre pura. Deberíamos sentirnos animados en el mundo étnicamente diverso y religiosamente pluralista en que vivimos. Dios tiene un pueblo en Samaria, y ha escogido instrumentos sorprendentes para alcanzarle, quizás a usted.

La Dimensión Más Profunda

Ahora, entre los versículos 27-30, al comienzo, y 39-42, al final, hay algunas palabras tremendamente importantes de Jesús, que nos explican la dimensión más profunda de lo que ocurre con la mujer y los hombres de la ciudad.

Jesús está actuando como Dios, y está revelando que ha comenzado la gloriosa era mesiánica, el reino de Dios.

Los discípulos le invitaron a comer en el versículo 31: "Rabí, come". Y Él les dice que tiene una comida que ellos no conocen (versículo 32). Están confundidos. Y, en el versículo 34, responde con palabras casi incomprensibles: "Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra”. Es muy extraño.

¿Quién Puede Hablar Así?

Se necesita comida para trabajar. La comida da fuerza para trabajar. Así que Jesús está diciendo: "Al hacer la obra que Dios me ha dado soy fortalecido para hacer esa misma obra. Hacer la voluntad de Dios es mi fuente de energía para hacer la voluntad de Dios.

¿Quién puede hablar así? Dios puede hablar así. Nosotros, simples humanos, necesitamos fuentes de poder externas a nosotros mismos. Dios recibe su fuente de poder de sí mismo. Como hombre, Jesús se cansó, y sintió sed y hambre. Necesitaba comida, como nosotros. Pero como Dios, su poder para actuar, era actuar.

Humano, Sí, y Más que un Humano

Así que Jesús estaba revelando que Él no era un simple mortal. Humano, ciertamente, pero más que un humano. El Verbo era Dios, y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:1, 14). Él reveló una y otra vez su gloria. Al completar la obra de Dios, soy sostenido para completar su obra.

Pero aquí se implica algo más específico, algo que relacionará y dará sentido a los versículos 35 y 36. Cuando Jesús dice: "Mi comida es hacer la voluntad del que me envió", ¿cuál es la voluntad de quien le envió? La voluntad de Dios para Jesús, la obra que le dio para consumar, es dar vida eterna.

Escuche Juan 12:49-50: "el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento”. Y sé que su mandamiento es vida eterna". O Juan 6:39: "Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final”.

"Yo Soy Comida, Yo Soy Vida"

Así que cuando Jesús dice en Juan 4:34: "Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra", quiere decir: "Mi comida es dar vida eterna". Es decir, mi fuente de fuerza para dar vida eterna es dar vida eterna. Doy vida porque yo soy vida. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida (Juan 14:6). Mi comida es ser lo que soy. Y yo soy vida. Agua viva. Pan del cielo. Yo no sólo como comida. Yo soy comida. Yo no recibo vida. Yo doy vida.

Esta comprensión nos ayuda a explicar la extraña dirección que toman sus palabras en los versículos 35-36: "¿No decís vosotros: “Todavía faltan cuatro meses, y después viene la siega”?  He aquí, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos que ya están blancos para la siega.  Ya el segador recibe salario y recoge fruto para  vida eterna, para que el que siembra se regocije juntamente con el que siega". Jesús está cosechando vida eterna. Es lo que ha estado haciendo con esta mujer, y mediante ella, está haciendo lo mismo entre la gente de Sicar.

Unificando la Siembra y la Cosecha en un Solo Evento

Y Él es tan libre y soberano, que para nada es dependiente de los cuatro meses que se requieren entre la siembra y la cosecha. Jesús está unificando la siembra y la cosecha en un solo evento. Dios puede hacer ese tipo de cosas. Un humano no puede. Y así será en la era mesiánica, según el profeta Amós.

He aquí, vienen días—declara el Señor—  cuando el arador alcanzará al segador, y el que pisa la uva al que siembra la semilla; cuando destilarán vino dulce los montes y todas las colinas se derretirán. (Amós 9:13).

Jesús está mostrando a sus discípulos, y a nosotros, que éstos son los comienzos de aquellos días. Yo soy el Mesías. Yo traigo la era mesiánica. Ha comenzado. Y al final del versículo 36, dice que ya está cosechando fruto para vida eterna (sin tener en cuenta la separación natural de los meses) "para que el que siembra se regocije juntamente con el que siega". Aquí está unificando la siembra y la cosecha en un solo evento, para que el gozo sea un anticipo de lo que vio Amós.

El Sembrador y el Segador

Jesús es, a la misma vez, tanto el Sembrador como el Segador. Él está orquestando todo el evento, al trabajar como sembrador y como segador (hablando la palabra y cosechando su fruto).

Jesús concluye en los versículos 37-38 instando a los discípulos a hacer su trabajo: "Porque en este caso el dicho es verdadero: “Uno es el que siembra y otro el que siega”. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado;  otros han trabajado y vosotros habéis entrado en su labor. En otras palabras: Ustedes van a tener una parte en la siega. Pero otros laboraron antes que ustedes. ¿Quiénes son los otros? Creo la respuesta es: Jesús y la mujer samaritana. Jesús ha estado sembrando su palabra y reuniendo fruto para vida eterna como el gran segador. Y la mujer ha estado sembrando con su palabra a los ciudadanos.

Por esa razón es que la historia vuelve al versículo 39-42, al testimonio de la mujer y al testimonio de Jesús. Recuerde, los hombres de la ciudad creyeron por la palabra de ella, y luego creyeron más por la palabra de Jesús. Esta es la labor de "otros" donde entraron los discípulos. "Otros han trabajado y vosotros habéis entrado en su labor".

El Resultado Final para Nosotros

Así que éste es el resultado para nosotros:

  1. Jesús es el glorioso Hijo de Dios y Salvador del mundo, su comida es hacer el propósito de Dios, es decir, ser la comida que da vida eterna. Él no necesita comida que le dé vida; él es la comida que da vida. Él siembra la palabra, y siega vida eterna. Quiera Dios darles ojos a ustedes, para que vean su gloria y para que le atesoren sobre todas las cosas.
  2. La llegada de Jesús es comienzo de la era mesiánica. Ya no se aplican los viejos patrones de cuatro meses entre la siembra y la cosecha. Dios está lleno de sorpresas. Jesús puede unificar cualquier intervalo de tiempo que desee. Ore por que ocurran maravillas en la siembra y cosecha, en su vida y alrededor del mundo.
  3. Toda labor es importante. Dios usa hombres y mujeres (hombres y mujeres pecadores y perdonados), para sembrar y segar. Y siempre estamos entrando en la labor de otros, especialmente, de Jesús. Su labor es siempre decisiva. Especialmente la labor de la cruz. La cruz fue su comida principal. Mi comida es llevar a cabo la obra que Dios me dio. Y ante la cruz, donde murió por nuestros pecados, dijo: "Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera” (Juan 17:4)

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