El deleite de Dios en quebrantar a su Hijo

Pero quiso el SEÑOR quebrantarle,

sometiéndole a padecimiento.
Cuando El se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación,
verá a su descendencia,
prolongará sus días,
y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará.

Jesús dijo que el primer y más grande mandamiento en todo el mundo es que debemos amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma y con toda nuestra mente y con toda nuestra fuerza (Marcos 12:30). Para mí esto significa al menos que los que proclaman ser cristianos deberían tener un gran celo por la gloria de Dios.

Si amo a Dios con todo mi corazón, nada debería hacerme más feliz que cuando la causa de Dios es prosperada y cuando más y más corazones, y más y más gente se gloría en el nombre de Dios. Y nada debería preocuparme más que cuando la gloria de Dios es abaratada y el nombre de Dios es despreciado.

En otras palabras, cuando Jesús nos manda a amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza, él nos está mandando a tener un corazón radicalmente centrado en Dios, un alma radicalmente centrada en Dios, una mente radicalmente centrada en Dios y una fuerza radicalmente centrada en Dios. Y la gente centrada en Dios se preocupa cuando la gloria de Dios es eclipsada, y se regocija cuando brilla con todo su esplendor.

El deleite de Dios en su nombre y en el amor por su pueblo

Ahora, si esto es verdad, entonces algo muy inquietante ha surgido en esta serie de mensajes acerca lo que complace a Dios. Hemos visto que Dios se complace en su Hijo: Él se deleita en la gloria de sus propias perfecciones reflejadas hacia Él en la faz de su Hijo.

Hemos visto que Dios se complace en su propio nombre: su objetivo es hacerse de un nombre en todo el mundo y ganar una reputación para la gloria de su gracia en cada pueblo, tribu, lengua y nación.

Y hemos visto que como un medio para ese fin, Dios se complace en la elección: se deleita en revelar la gloria de su Hijo a los niños y esconderla de los sabios. Se deleita en llamar para sí un pueblo insólito que se gloriará solamente en el Señor.

Y la semana pasada vimos que Dios virtualmente se deshace de todos los impedimentos para abundar sobre su pueblo y toma el mayor de los deleites, pareciera, en hacerles el bien: “El se gozará en ti con alegría. . . se regocijará en ti con cánticos de júbilo” (Sofonías 3:17).

Hay algo inquietante que surge de ésta serie

Ahora, ¿qué será lo que inquieta a la persona centrada en Dios en todo esto?

Lo que inquieta es que toda esta gente a la cual Dios está salvando y por la cual canta, son pecadores. Y ¿qué es pecado? Romanos 3:23 dice que es no alcanzar la gloria de Dios. “Todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.” Lo que quiere decir Pablo es que los pecadores no han logrado valorar lo que es la gloria de Dios. Hemos cambiado la devoción a la gloria de Dios por otras cosas: por imágenes de gloria, como una casa nueva, o un carro, o una Video Cassettera, o computadoras, o vacaciones, o un impresionante Currículum Vitae o lo que sea que hace que tu corazón palpite más que por la maravilla de Dios.

Eso es lo que es pecado. Y así es toda esa gente que Dios ha escogido salvar. Y aún después de hacerlos suyos, muy a menudo ellos traen vergüenza a Su nombre por su reacción inconsistente y desganada al mandamiento de Jesús de amar a Dios con todo el corazón.

Así que lo inquietante es que Dios está tan entusiasmado en ser benevolente con la gente cuya pecaminosidad es una plaga a su nombre. Pareciera algo esquizofrénico. La Biblia muestra que Dios ama su nombre y su gloria con energía omnipotente y gozo desmedido. Y luego nos lo pinta regocijándose con cantos sobre la gente que ha despreciado su gloria y devaluado su nombre.

Resolviendo la sinfonía de la Historia de la Redención

No creo realmente que sea posible comprender el drama central de la Biblia hasta que empecemos a sentir esta tensión. Hasta la venida de Jesucristo, la Biblia es como una pieza musical cuya disonancia ruega por una resolución final que la armonice. La historia de la redención es como una sinfonía con dos grandes temas: El tema de la pasión de Dios por preservar y demostrar su gloria y el tema del inescrutable amor de Dios por los pecadores que se han burlado de su gloria.

Una y otra vez a través de toda la Biblia estos dos grandes temas conducen la sinfonía de la historia. Se entrelazan y entretejen y entendemos que aquí hay un asombroso Compositor que trabaja en esto. Pero por siglos no vemos una resolución a la vista. La armonía siempre se nos escapa, y tenemos que esperar.

La muerte y resurrección de Jesucristo es la resolución de la sinfonía de la historia. En la muerte de Jesús los dos temas del amor de Dios por su gloria y su amor por los pecadores se resuelven.

Como en todas las buenas sinfonías hubo indicios y tanteos y sugerencias de la resolución final. Eso es lo que tenemos en Isaías 53, y es lo que quiero que miremos brevemente esta mañana.

Traduciendo Isaías 53:10

El deleite de Dios en su nombre y el deleite de Dios en hacer el bien a pecadores se encuentran y se unen en Su placer de quebrantar a su Hijo. Antes de dirigir su atención al versículo 10, quiero mostrarles dos textos que afectan la manera de traducir este versículo.

Isaías 1:11

Primero, vean conmigo Isaías 1:11

¿Qué es para mí la abundancia de vuestros sacrificios? --dice el SEÑOR. Harto estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de ganado cebado; y la sangre de novillos, corderos y machos cabríos no me complace [o: no me deleita].

Esa palabra que se usa para “complace” o “deleita” es la misma palabra hebrea usada en la primera oración de Isaías 53:10, “quiso el SEÑOR quebrantarle.” O: “El Señor se complació en quebrantarle.” O: “El Señor se deleitó en quebrantarle.”

Isaías 62:4

Ahora vea conmigo Isaías 62:4. El Señor dice a su pueblo,

Nunca más se dirá de ti: Abandonada, ni de tu tierra se dirá jamás: Desolada; sino que se te llamará: Mi deleite está en ella,
 y a tu tierra Desposada; porque en ti se deleita el SEÑOR, y tu tierra será desposada.

Cuando Dios dice, “Mi deleite está en ella,” el sustantivo usado para “deleite” es la misma palabra hebrea usada en la última oración de Isaías 53:10, “la voluntad [o: el placer] del SEÑOR en su mano prosperará.” Es la misma palabra hebrea en la primera oración y en la última oración del versículo, sólo que en la primera oración es usada en forma de verbo y en la última oración en forma de sustantivo.

Isaías 53:10

Así que está es mi traducción del versículo 10:

El Señor se plació en quebrantarle; sometiéndole a padecimiento [o: causándole dolor]. Cuando Él se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación, verá a su descendencia, prolongará sus días, el placer [tomándola de la primera oración] del Señor en su mano prosperará.

Esta es una profecía y una figura de Jesucristo crucificado y resucitado de entre los muertos cientos de años antes que ocurriera. El quebrantamiento es la crucifixión y muerte de Jesús, poniendo su vida por expiación del pecado. El prolongar sus días es una referencia a su resurrección a la vida eterna después de su muerte. Y cuando dice que verá a su descendencia, significa que el fruto de su sufrimiento será mucha gente salva del pecado y la muerte.

El Hijo fue quebrantado por su Padre

Pero en lo que quiero que nos enfoquemos es que todo esto es obra de Dios—aun el placer de Dios el Padre. Jesús no fue arrebatado por la ira de hombres descontrolados. Él fue quebrantado por su Padre. ¿Por qué? Para resolver la tensión que había entre el amor del Padre por su gloria y su amor por los pecadores.

Porque el pecado que deshonra a Dios no puede ser ignorado

Noten el versículo 6:

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el SEÑOR hizo que cayera sobre El la iniquidad de todos nosotros.

Noten dos cosas. Otra vez (como en el versículo 10) es Dios quien hace la obra: “el SEÑOR —Dios el Padre—hizo que cayera sobre El. . .” Y luego noten que el asunto aquí es iniquidad, que es simplemente otra palabra para pecado. “el SEÑOR hizo que cayera sobre El la iniquidad de todos nosotros.” El quebrantamiento del Hijo fue porque el pecado que deshonra a Dios no puede ser ignorado. Y ¿por qué no podía ser ignorado? ¿Por qué no podía Dios simplemente pasarlo por alto? Porque Dios ama el honrar su nombre. Él no actúa como si el pecado—que envilece su gloria—no importara.

El sufrimiento que nuestro pecado merece

Así que Dios el Padre hace un acuerdo con su Hijo que él le demostrará a todo el mundo el infinito valor de la gloria del Padre. ¿Cómo? Tomando el castigo y el sufrimiento que nuestro pecado merece. El versículo 5 hace la sustitución aún más explícita:

Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades.

El versículo 9 lo deja claro que el quebrantamiento no fue a causa del propio pecado del Hijo:

Se dispuso con los impíos su sepultura, pero con el rico fue en su muerte, aunque no había hecho violencia,
ni había engaño en su boca.

En otras palabras, no fue por su propio pecado que el Padre lo quebrantó. Fue porque quiso mostrarnos misericordia. El quería perdonar, sanar, salvar y regocijarse en nosotros con cánticos. Pero él fue justo. Eso significa que su corazón estaba lleno de un amor por el valor infinito de su propia gloria. Y nosotros éramos pecadores, y eso significa que nuestros corazones estaban llenos con sentimientos que envilecían a Dios. Fue así que para salvar a los pecadores y al mismo tiempo magnificar el valor de su gloria, Dios pone sobre Jesús nuestro pecado y lo abandona a la vergüenza y a la muerte de la cruz.

¿Cómo puede el Padre deleitarse en ésto?

Y el versículo 10 dice que el Padre se complació en hacer esto. Le plació a Dios quebrantarlo. ¿Cómo pudo Dios encontrar deleite en el sacrificio de su propio Hijo?

Lo que el Hijo logró al morir

Una parte de la respuesta debe ser en lo que se hace énfasis al final del versículo 10, es decir, que el placer de Dios está en lo que su Hijo logró. Dice al final del versículo 10, “El placer del Señor en su mano prosperará.” Para mí esto quiere decir que el placer de Dios no es tanto en el sufrimiento del Hijo en sí mismo sino en el rotundo éxito de lo que el Hijo lograría al morir.

Por ejemplo, en el versículo 10 habría mucha descendencia espiritual y se prolongarían los días del Hijo—lo que quiere decir claramente resurrección de entre los muertos y vida más allá de la tumba. Y en el versículo 11 habría una satisfacción que el Hijo tendrá en el fruto de su sufrimiento y en la justificación de muchos pecadores.

Debido a la angustia de su alma, El lo verá y quedará satisfecho. Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos

Este es el placer de Dios que prospera en la mano del Hijo, y por seguro, parte de la razón de por qué al Padre le causó placer quebrantar al Hijo.

La medida del amor de Dios por su propia gloria

Pero creo que otra parte de la respuesta debe ser también que la profundidad del sufrimiento del Hijo era la medida de su amor por la gloria del Padre. Fue la lealtad justa del Padre a su propio nombre lo que hizo necesaria la recompensa por el pecado. Así que cuando el Hijo voluntariamente tomó el sufrimiento de esa recompensa en sí mismo, cada pisada en su camino al Calvario resonó a través del universo con este mensaje: ¡La gloria de Dios tiene un valor infinito!

Así que cuando el Padre abandonó al Hijo y lo entregó a la maldición de la cruz y no levantó ni un dedo para detener su dolor, él no dejó de amar a su Hijo. En ese mismo momento cuando su Hijo tomó sobre sí mismo todo lo que Dios odia en nosotros, y Dios lo abandonó a la muerte, aun ahí el Padre sabía que la medida del sufrimiento de su Hijo era la profundidad del amor de su Hijo por la gloria del Padre, y en ese amor el Padre tuvo su más profundo placer.

Jesús dijo en Juan 10:15, 17, “doy mi vida por las ovejas…Por eso el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo.” Y él oró en Juan 17:4, “Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera.”

En otras palabras, cuando Jesús murió, él glorificó el nombre del Padre y salvó el pueblo de su Padre. ¿Y no tiene el Padre placer en su nombre? ¿Y no se regocija Él en su pueblo con cánticos? ¿Cómo no se deleitará entonces en la resolución de estos dos gozos al quebrantar a su Hijo?

Una historia para cerrar

Cierro con una historia.

Una vez hubo una tierra gobernada por un malvado príncipe. Había venido de un país extranjero y había esclavizado toda la gente de aquellas tierras y los había hecho miserables con trabajo forzado en sus minas de carbón ubicadas a través de un profundo cañón. Él había construido un caballete macizo para los trenes que llevaban sus esclavos a través del cañón a las minas cada mañana, y era fuertemente protegido.

Dos hombres permanecían aún libres en esta tierra—uno viejo y otro joven. Ellos vivían en un peñasco inaccesible desde donde se miraba el caballete. Odiaban el caballete, y juntos resolvieron volarlo. Planearon, oraron y se recordaron la realidad del cielo.

Llego la noche para el acto. Sus corazones latían con gozo. Era un plan difícil. Sería posible cronometrar la caminata de la guardia para que el explosivo pudiera ser llevado rápidamente al sitio más vulnerable del caballete. Pero con certeza el hombre sería visto cuando regresaba. Para asegurarse que el caballete volaría, el hombre joven lo detonaría manualmente estando aún sobre el caballete.

Pero ellos creían en el cielo y amaban el pueblo de aquella tierra. Así que aún este sacrificio hacia que sus corazones brincaran con gozo. Llego la hora. Doblaron el mapa, se levantaron de la mesa, y se abrazaron los dos. Cuando el joven llego a la puerta, se volvió con el explosivo en su espalda, miró al hombre viejo, y le dijo, “Te amo, Padre.” El hombre viejo respiró profundamente—con gozo—y dijo, “Yo también te amo, Hijo.”

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