Éste hombre descendió a su casa justificado antes que el otro

A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: 10Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

Muchos de ustedes conocen que estuve una buena parte (al menos 10 semanas) del período de descanso sabático que la iglesia nos concedió, inmerso en los mandamientos de Jesús. Estaba escribiendo un libro que se titula “What Jesus demands from the world” [“Lo que Jesús espera del mundo”]. Esas semanas fueron un regalo precioso para mí y les agradezco por ellas. Una de las cosas que se estableció con claridad en mi corazón es que los mandamientos de Jesús sólo tienen sentido, y sólo tienen su autoridad apropiada, en el contexto de quién era Jesús, qué hizo Jesús, y de qué manera Jesús veía el corazón humano y su relación con Dios.

En otras palabras, usted no puede tomar un mandamiento de Jesús (como “amad a vuestros enemigos” o “Dad a César lo que es de César”, “Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no”, “orad, para que no entréis en tentación”, o “haceos tesoros en el cielo”) y usarlo apropiadamente sin hacerse preguntas mayores. 1) ¿Qué diferencia puede esto hacer cuando el Hijo eterno de Dios, encarnado, sin pecado, totalmente hombre y totalmente Dios, ha creído que sea importante decirlo? 2) ¿Qué diferencia puede esto hacer esto si la razón fundamental por la que vino fue dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10.45), y derramar su sangre para el perdón de los pecados (Mateo 26.28)? 3) ¿Qué diferencia puede esto hacer cuando Jesús cree que estamos todos muertos en nuestros pecados (Lucas 9:60) y necesitamos nacer de nuevo (Juan 3.3), y que todos somos tan rebeldes en nuestros corazones que no podemos venir a él a menos que el Padre así lo quisiera (Juan 6:65; Mateo 16:17)? Si no nos hacemos estas preguntas, los mandamientos de Jesús serán usados incorrectamente.

La sombra de la cruz sobre los mandamientos de Jesús

Otra manera de decirlo es que la cruz de Jesús, donde tomó nuestro lugar, se hizo maldición por nosotros, llevó nuestros pecados y completó su obediencia, perfila una larga sombra detrás de cada versículo en los evangelios. Se espera que cada verso sea leído bajo la sombra de lo que Jesús hizo en la cruz. O, para ponerlo de otra manera, los cuatro evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) deben ser leídos desde atrás. Niños, recuerden que ya se los dije en el almuerzo hoy, digan a mamá y a papá, ‘¿Por qué el pastor John dijo que debíamos leer los evangelios desde atrás?’. Y no teman, mamá y papá, aquí está la respuesta. Díganles: ‘Él quiere decir que cuando comiencen a leer uno de los evangelios, ustedes ya saben cómo termina (la muerte y resurrección de Cristo por nuestros pecados) y deben tener este final en mente en cada verso que leen’.

Esta no es mi idea. Es la manera en que los escritores de los evangelios querían que fuera leído. Mateo dice en su primer capítulo, “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre  Jesús,  porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1.21). Él viene no sólo para enseñar a los pecadores, sino para salvarlos por su muerte y resurrección. Marcos es el ejemplo más radical, porque, en sus dieciséis capítulos, prácticamente la mitad de ellos lidian con la última semana de la vida de Jesús (¡no es exactamente una biografía común!). Lucas comienza con las importantísimas palabras de los ángeles a los pastores: “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2.10). Y el apóstol Juan nos dice en su primer capítulo que Juan el Bautista dijo cuando vio a Jesús: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

En otras palabras, todos los evangelios quieren que sepamos desde el mismo comienzo cómo termina la historia: Termina con la muerte de Jesús como cordero para el perdón de los pecados y con él mismo levantándose de nuevo como Señor del universo. Esta es la manera de entender cada párrafo de los evangelios. Los mandamientos de Jesús no son simples retazos de sabiduría acerca de cómo edificar su familia, cómo prosperar en los negocios, o sentirse bien consigo mismo. Son descripciones de cómo nuevos seres humanos viven, quienes han nacido de nuevo por el Espíritu de Dios y han dejado de creer en sí mismos para aceptar a Dios y se han vuelto totalmente a Jesús y a todo lo que Dios ha hecho por nosotros en él, y todo lo que Dios es por nosotros en él. Si los evangelios no han tenido este efecto en usted todavía, probablemente usted usará incorrectamente todos los mandamientos de Jesús.

Perdiendo al Redentor, antes y ahora

Lo que nos trae ahora a Lucas 18:9-14. Aquí Jesús está mirando a los ojos de las personas religiosas que no entienden ni han experimentado lo que acabo de decir. Ellos hablan continuamente acerca de Dios, y no conocen cómo estar bien con Dios. No entienden que todo lo escrito acerca de Dios en el Antiguo Testamento estaba señalando un Redentor, un Salvador, un Sacrificio, al Justo sobre quien sus pecados serían llevados y en quien serían declarados justicia de Dios. Jesús vino para mostrarnos todo esto, y ellos tropezaron con la piedra de tropiezo. “Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios” (Romanos 10:3). Ellos sabían de Dios, de su gracia, de su justicia, pero lo perdieron. No comprendieron la justificación sólo por fe y sólo por los méritos del Redentor.

Cuando terminé el trabajo con el libro sobre los mandamientos de Jesús en la Tyndale House, utilicé el resto de mi tiempo de estudio en esta preciosa doctrina. Porque los fariseos no son los únicos que la perdieron. La doctrina está siendo utilizada incorrectamente por muchos hoy, y he escogido este texto porque cubre mucho de lo que me ha preocupado en las dos partes del período del sabático (la parte que corresponde a Jesús y la que corresponde a la justificación).

Una Parábola Completada y Cumplida En La Cruz

Leamos esta parábola con el entendimiento de que ha sido completada y cumplida en la cruz –la suprema obediencia de Jesús al derramar su sangre.

También dijo esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos, que eran justos, y trataban a otros con menosprecio: “10Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”

Usted puede decir, por la manera en que la parábola llega a su desenlace en el verso 14 (“éste descendió a su casa justificado”) que la parábola trata acerca de cómo ser justificado y cómo no serlo. Por supuesto, la historia está incompleta porque Jesús no había completado su obra al contar la parábola. No había muerto por nuestros pecados ni había sido levantado para nuestra justificación. De manera que lo que vemos no es la historia completa de cómo ser justificados ante Dios, sino una de las dinámicas claves en cómo esto sucede.

Jesús les habló a ellos, no acerca de ellos

Primero, note algo pequeño en la historia, pero inmenso para la salud de una iglesia. Versículo 9: “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola”. No dice que dijo esta parábola acerca de aquellos que confiaban en sí mismos como justos, sino a aquellos que confiaban en sí mismos como justos. Él estaba mirándolos en los ojos y les decía que su justificación procedía de sí mismos. No hablaba acerca de ellos, sino a ellos.

Sólo menciono esto de pasada: ‘Bethlehem, seamos así, no hablemos sobre las faltas de las personas, hablémosles sobre sus faltas. Es fácil y delicioso hablar acerca de las personas, es duro y a menudo amargo hablarles. Cuando usted habla acerca de ellas, no pueden corregirle o criticarle, no hablemos de las faltas de otros sin ir a ellos’.

No quiero decir que usted no puede criticar al presidente Bush sin llamarle por el teléfono primero. Tampoco quiero decir que usted no puede discutir mi sermón, tanto de manera positiva como negativa, sin venir a mí. Las figuras públicas se ponen a sí mismas en la línea y entienden que todos tendrán una opinión acerca de lo que ellas dicen. Eso está bien. Lo que quiero señalar es cuando usted conoce que su hermano o hermana está aferrada a alguna actitud o comportamiento pecaminoso, saque la paja que está en su ojo y entonces vaya y trate de ayudarles con una consejería humilde y bíblica.

Tal vez podría contarles una parábola. Eso es lo que Jesús hizo. Ahora mire al problema con que él lidiaba. Verso 9: “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola”. He aquí lo que usted no quiere hacer (confiar en sí mismo como justo). Así que debemos ver esto muy claramente ¿Qué estaban haciendo estas personas? ¿Qué no estaban haciendo? ¿Qué estaba mal en sus corazones? Si vamos a evadir esto, necesitamos ver contra qué está Jesús aquí. Por favor, escuche claramente y pruébese a sí mismo.

La Justicia De Los Fariseos

Existen tres cosas que necesitamos para conocer a esta persona quien ‘confiaba en sí mismo como justo’. Primero, su justicia es moral. Segundo, su justicia es religiosa o ceremonial. Tercero, él cree que su justicia es un don de Dios.

Primero, su justicia es moral: Versos 10 al 11: “Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo [éste era quien confiaba en sí mismo como justo], y el otro publicano [quien tenía una terrible reputación de engañar a las personas]. 11El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano”. Note como presenta su justicia “no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros”. En otras palabras: ‘Tengo finanzas honestas, soy justo en todos mis negocios, y además soy fiel sexualmente a mi esposa’. Esto es lo que quiero decir con ‘justicia moral’, él era un hombre honesto, esto es lo que Jesús quiso decir cuando dijo que confiaba en sí mismo como justo: él era un hombre moralmente honesto, guardaba los mandamientos (como el joven rico, diez versos después, Lucas 18:21).

Segundo, la justicia del fariseo era religiosa o ceremonial. Verso 12, “ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano”. Estos son lo que usted pudiera llamar actos ‘religiosos’ o ceremoniales’: ayunar y diezmar. Están relacionados con disciplinas espirituales ante Dios, y no están muy relacionadas al cómo usted trata a otras personas. Esto también era parte de su justicia. Él era moralmente honesto y era también un hombre religiosamente devoto.

Tercero, él creía que su justicia era un don de Dios. Verso 11: “El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres”. Daba a Dios el crédito por hacerle honesto y devoto. ‘Te agradezco porque soy moralmente honesto y religiosamente devoto’; en otras palabras, este hombre no es lo que los teólogos llamarían un pelagiano (una persona que cree que puede hacerse a sí mismo justo sin la ayuda de Dios). Quizás este hombre no era, ni siquiera, un semi-pelagiano (una persona que cree que necesita la ayuda de Dios, pero la voluntad humana es decisiva y puede resistir la ayuda de Dios). Ninguna de estas dos posturas es mencionada aquí. Esto no es la clave del problema.

El Problema del Fariseo

El problema no es si el hombre podía producir por sí mismo la justicia o si Dios la producía. El problema es que él confiaba en ella. Verso 9: “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, [Jesús] dijo también esta parábola”. Ahora asegúrese de ver lo que este verso dice. No dice que él confiaba en sí mismo para hacerse justo. No, dice explícitamente que daba gracias a Dios por eso. No está confiando en sí mismo para hacerse justo, confía en sí mismo que es justo por la justicia que Dios ha obrado, en eso confía.

Hasta donde sabemos, este fariseo era un gran amante de la soberanía de Dios. Hasta donde sabemos, deberíamos decir: ‘No he sido yo sino la gracia de Dios en mí quien ha obrado esta justicia’. El dice: ‘Te agradezco Dios por esta justicia que tengo’. Este no fue su error. Su error fue que confió en esta justicia producida por Dios para su justificación. Cuando de justificación se trata (porque este es el tema, como lo muestra el verso 14) este hombre estaba confiando en algo errado. Estaba mirando un fundamento errado de su justificación ante Dios. Miraba la base errada para su justicia ante Dios. Estaba mirando a la persona equivocada y a la justicia equivocada. Estaba mirando su propia justicia (y era suya, no porque la hubiera creado, sino porque la había actuado). Era suya y creía que había sido puesta allí por Dios. En esto él confiaba.

Él no es presentado como un legalista (uno que trata de ganar su salvación). Ese no es el punto. El punto es que este hombre era moralmente honesto, era religiosamente devoto, creía que Dios le había hecho así, daba gracias por eso. Esto era lo que él miraba y en lo que confiaba para su justificación ante Dios. Estaba completamente equivocado.

El problema hoy

Así también hay muchos hoy que rechazan la doctrina de la justificación solo por fe basada solo en Cristo. Lo que Jesús quiere de nosotros es que veamos aquí que la base de su justificación ante Dios no está en cuán justo usted es o cuán moral o religioso, o si Dios ha producido esto en usted o lo ha producido usted mismo. No es ésta la manera en que usted será declarado justo en la Corte Suprema de Dios.

El punto es: ¿Está mirando a otro lugar que no sea hacia sí mismo? Cuando se ve a sí mismo parado ante el Santo Juez y sabe que para escapar de la condenación debe ser declarado justo en su corte omnisciente e infinitamente justa, ¿en qué va a confiar y hacia dónde va a mirar? Le estoy suplicando a favor de Jesús esta mañana que para su justificación no mire ni confíe en lo que Dios ha hecho en usted, sino que mire y confíe solo en Cristo y todo lo que Dios ha hecho por usted en él.

Cómo Termina La Historia

Lo digo así porque sé cómo termina la historia. Veo la sombra de la cruz sobre esta parábola. Pero vemos la señalización del final en la manera en que el publicano es justificado ante Dios. Versos 13 al 14: “Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro” ¿Qué hizo el publicano? Miró más allá de sí mismo hacia Dios, no confió en sí mismo, confió en Dios y Jesús dijo: ‘Dios le declaró justo en su Corte Suprema’. Eso es lo que significa “justificado.”

Y ahora, después de la cruz, sabemos más. Sabemos cómo Dios provee la justificación a pecadores que no son justos. “[Dios] lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5.21). Confiando solo en Cristo, en todo lo que hizo por nosotros y lo que es por nosotros, estamos unidos a él. Y como estamos “en él” lo que él es cuenta para nosotros, su justicia, su moralidad, su devoción (vea Filipenses 3.9; Romanos 3.28; 4.4-6; 5-18-19; 10.3-4; 1 Corintios 1.30; Gálatas 2.16).

Sea cuidadoso, para que no diga: ‘bien, por supuesto que el publicano miró más allá de su justicia a Dios por misericordia, él no tenía justicia’. Esto es exactamente lo que el fariseo estaba diciendo: ‘Dios no le mira como a mí por mi esfuerzo en ser justo, así que él no tiene justicia, pero Dios me ha hecho justo, y no despreciaré el don de Dios, sino que confiaré en que soy justo con la justicia que Dios ha obrado en mí. Y esta es la justicia que presentaré en la Corte Suprema de Dios como base para mi justificación. Es la justicia de Dios, porque él la creó en mí, será un buen fundamento para ser declarado justo’.

Cuatro Palabras “Antes Que El Otro”

No pierda de vista las terribles cuatro palabras en medio del verso 14 para este fariseo: “Os digo que éste [el publicano] descendió a su casa justificado antes que el otro”. El fariseo, el justo, que agradecía a Dios por su justicia, no fue declarado justo, fue condenado.

¿Ve por qué utilizaría semanas de mi sabático tratando de entender por qué tantos maestros en la iglesia de hoy reemplazan la justicia que Cristo tiene en sí mismo con la justicia que Cristo crea en nosotros como la base de nuestra justificación? Quienes confían en la justicia que Dios ha obrado en ellos como la base de su aceptación, absolución y justificación, no descenderán a casa justificados. Quienes realmente creen que la justicia que Dios les ayuda a obrar en esta vida es una base suficiente para su justificación, dice Jesús, no serán justificados. Bethlehem, esto es serio. No somos justificados por la justicia que Cristo obra en nosotros, sino por la justicia que Cristo es en nosotros.

Déle a Jesucristo toda su Gloria

¿Aceptaría usted esto, se gloriaría en ello, oraría por ello y lo defendería? Pido a cada uno de ustedes que escuche mi voz: Denle a Jesucristo toda su gloria –no parte de ella. Denle a él la gloria, tanto como quien es perfecta justicia para nosotros (que tenemos solo por la fe) como por quien, en la base de la justificación, obra la justificación progresiva en nosotros. No le roben la gloria de su Rol como nuestra justicia. Él es nuestra justicia y como es nuestra justicia, puede y con el tiempo hacernos justos. Mire solo a Cristo, confíe solo en Cristo (no en su justicia) para permanecer firme en la corte de Dios y su aceptación con él. Amén.

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