Veinte años, y después Romanos

Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron; 13 pues antes de la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa cuando no hay ley. 14 Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir. 15 Pero no sucede con la dádiva como con la transgresión. Porque si por la transgresión de uno murieron los muchos, mucho más, la gracia de Dios y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo, abundaron para los muchos. 16 Tampoco sucede con el don como con lo que vino por medio de aquel que pecó; porque ciertamente el juicio surgió a causa de una transgresión, resultando en condenación; pero la dádiva surgió a causa de muchas transgresiones resultando en justificación. 17 Porque si por la transgresión de uno, por éste reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por medio de uno, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. 18 Así pues, tal como por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres, así también por un acto de justicia resultó la justificación de vida para todos los hombres. 19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos. 20 Y la ley se introdujo para que abundara la transgresión, pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia, 21 para que así como el pecado reinó en la muerte, así también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor.

Mi título tiene un doble significado. Un significado es que me tomó casi veinte años para tener el valor de predicar a partir del libro de Romanos. Veinte años, y después Romanos. Hemos comenzado y en las próximas tres semanas espero terminar el capítulo cinco. El otro significado viene porque en este mensaje quiero comenzar con reflexiones de veinte años y luego terminar con una breve referencia a Romanos y una orientación hacia dónde iremos.

Este mensaje viene en partes. A medida que me vuelvo de los últimos veinte años hacia el próximo capítulo –tan largo como Dios quiera que sea--1) estoy agradecido, 2) estoy arrepentido, y 3) estoy esperanzado. Así comienzo con los agradecimientos –veinte cosas por las que estoy agradecido en este vigésimo aniversario.

Estoy agradecido

  1. Agradezco a Dios por Jesucristo quien nos amó y se entregó a sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo según la voluntad de nuestro Dios y Padre. Lo digo con las palabras de 2da a Timoteo 4:17 (Prediqué a partir de ese pasaje al final de mi primer año en Bethlehem): “el Señor estuvo conmigo y me fortaleció, a fin de que por mí se cumpliera cabalmente la proclamación del mensaje”. Agradezco a Dios por este Jesús, en su misericordia estuvo conmigo y me ayudó durante veinte años.
  2. Agradezco a Dios por la Biblia, la Palabra de Dios. Nunca superé lo suficiente el hecho de que tú, Señor, me pagaras por estudiarla y predicarla. Después de Dios, este es el fundamento de nuestra iglesia y la fuente de toda nuestra verdad y del gozo que permanece.
  3. Agradezco a Dios por la oración colectiva. Disfruto orar con el personal de trabajo y con ustedes. Agradezco a Dios que hasta donde sé, por ejemplo, la reunión de oración del viernes por la mañana a las 6:30 no ha dejado de celebrarse ni una sola vez en trece años (con la excepción de unas pocas Navidades en viernes). Oh cuánto desearía que muchos más de ustedes pudieran experimentar este gozo conmigo. Y, de igual manera, agradezco a Dios que ustedes, el pueblo, oren por mí y por mi familia. En una ocasión mientras viajaba se le preguntó a Spurgeon cuál era la clave de su ministerio, y él dijo: “mi gente ora por mí”. Amén.
  4. Agradezco a Dios por cientos de corazones que han despertado al evangelio de la gloria de Cristo –personas nacidas de nuevo por la Palabra viva y permanente, y personas que pensaron que conocían a Dios y han resucitado del sueño de la apatía espiritual hacia una pasión por la supremacía de Dios en todas las cosa para el gozo de todos los pueblos en Jesucristo. Personas de las que no se escucha nada durante años, y repentinamente dicen: “fue allí, en ese banco, donde Dios hizo la obra determinante en mi vida”.
  5. Agradezco a Dios por veinte años de paz casi sostenida en nuestra iglesia. Y aun cuando pienso en la temporada de dolor y controversia que atravesamos hace seis años, la agradezco por la humillación y el refinamiento. Pero, sobre todas las cosas, Dios ha sido misericordioso dándonos una paz preciosa y unidad entre el personal de trabajo, los ancianos y el pueblo.
  6. Agradezco a Dios por aquellos de ustedes quienes estuvieron aquí mucho antes de que yo viniera y crearon el patrimonio que recibí cuando llegué. Pocos pastores jóvenes, inexpertos, creo, han sido tratados con más apoyo, ánimo, paciencia y bendición, creo, que yo. La transición en medio de todos los cambios fue apacible gracias a la mansedumbre y amabilidad de tantos miembros veteranos de muchos años.
  7. Agradezco a Dios que mis hijos hayan crecido amando la iglesia y sustentando mi ministerio aquí. Cuando vine, Karsten tenía siete años, Benjamín tenía cuatro, y Abraham tenía seis meses de nacido. Barnabas nació tres años después y Talitha llegó hace cinco años. Todo lo que saben acerca del concepto de iglesia está en Bethlehem. Y a donde quiera que hemos ido de vacaciones, siempre han querido volver. Gracias por amar a mi familia y hacer que este lugar sea un lugar alegre para ellos. Nos reunimos como familia los viernes por la noche durante media hora o más expresar acciones de gracias y orar. No fue difícil pensar muchas cosas buenas sobre los años que hemos estado en Bethlehem.
  8. Agradezco a Dios por un personal de trabajo pastoral, perseverante, que ha permanecido tanto tiempo. Un pastor de jóvenes que permanece en el mismo puesto durante quince años es algo inaudito. Mi Karsten de 27 años de edad estaba en noveno grado cuando tú viniste, Brad Nelson, tú has pastoreado a nuestros cuatro hijos en sus años de adolescencia. Ellos te aman, también yo. David Livingstone, David Michael, Tom Steller, Brad –si nos tomas a nosotros cinco, los más viejos del personal, sumamos 82 años de ministerio en Bethlehem. Agradezco a Dios por lo que estos preciosos hermanos y sus esposas, Karin, Sally, Julie y Cindy, significan para mí.
  9. Agradezco a Dios por los funerales. O para decirlo de una forma más personal, agradezco a Dios por el ministerio en mi vida de los que mueren. “Estimada a los ojos del Señor es la muerte de sus santos” (Salmo 116.15). Cuando llegué a Bethlehem había participado quizás en tres funerales durante toda mi vida. En los dos primeros años y medio aquí, prediqué en un funeral, como promedio, cada tres semanas. Prefiero predicar en un funeral que en una boda, no porque me guste más la muerte que el matrimonio, sino porque el evangelio del Cristo crucificado resplandece más brillantemente en un funeral. En una boda hay tantas razones terrenales para estar felices. En el funeral, si el evangelio de Cristo no es verdadero, si la sangre y justicia de Cristo no son suficientes para hacernos aceptables ante Dios –entonces hay pocas razones para estar felices. El efecto de la muerte en mi vida como ministro ha sido profundo, y agradezco a Dios por eso y por todos aquellos que en su muerte me enseñaron tanto.
  10. Agradezco a Dios por la herencia misionera de Bethlehem (El Consejo de Misiones Mundiales de la Conferencia General Bautista [The Board of World Missions of the Baptist General Conference] nació en esta iglesia a mediados de los 40’). Y agradezco a Dios por la revolución misionera en 1983-84 que cambió mi vida y resultó en “90 para los ‘90” y luego en “2000 para el 2000” y en un compromiso y pasión continuos por alcanzar a los pueblos inalcanzados del mundo. ¡Oh qué gran privilegio es ser parte de una iglesia con pasión por la gran comisión!
  11. Agradezco a Dios por el regalo que ustedes me hacen al darme un tiempo para apartarme y escribir. No lo valoro poco, y oro para que Dios les reconozca en gran medida el fruto de ese esfuerzo como mismo ustedes me han sustentado y orado por mí.
  12. Agradezco a Dios por la salud, creo que solo ha habido un domingo en veinte años en que no he podido predicar debido a algún problema de enfermedad. Algunas veces durante la semana no he podido hablar debido a la laringitis, pero ya para el domingo era soportable. De hecho, toda nuestra familia ha estado saludable y no quiero dejar de decirlo. Quiera el Señor permitirme desgastarme y ser desgastado por su causa mientras tenga fuerzas. Sé que llegará la noche en que ningún hombre pueda trabajar.
  13. Agradezco a Dios por el Consejo de Ancianos. En veinte años no ha habido una sola ocasión en que me haya sentido separado del liderazgo de la iglesia. Lo que es un eufemismo. Es mejor decirlo de manera positiva: Durante veinte años he sido agasajado de forma creciente por la sabiduría fortalecedora, la humildad, la oración, la fe, la solidez doctrinal y el gozo de un liderazgo conocedor de las Escrituras en mis ancianos colaboradores. ¿Quién puede estimar el valor que esto tiene para un pastor y para la vitalidad de la iglesia (cuando los líderes se aman entre sí y están dispuestos a dejar de lado sus vidas para entregarse por los demás y por la iglesia)?
  14. Agradezco a Dios por este edificio y por aquellos que llevaron el peso de planificar y hacer que se realizara en 1991. Dennis Smith, Roger Fast, Dick Fast, Cavour Justice, Gene Sprinkel, Rollin Erickson –y muchos más- y por aquellos que hacen hoy lo mismo con el nuevo edificio propuesto para avanzar en la visión de Educar para Gloriarnos [Education for Exultation], con Keith Anderson, Ross Anderson y Mitch Pearson. En veinte años nunca he participado de una reunión del Comité de Edificación.
  15. Agradezco a Dios por no tener deudas como iglesia y por lo que esto dice acerca de la gracia de Dios que ha sido derramada en los corazones de ustedes por el don de dadivosidad. Cientos han creído en la Palabra de Cristo que dice que más bienaventurado es dar que recibir, y han hecho que se eleven acciones de gracias por la bondad de Dios en cada año que entra y que sale, especialmente en los años salientes, en diciembre.
  16. Agradezco a Dios por las personas que están detrás de las bambalinas, cuyo trabajo es indispensable para que sigamos adelante como iglesia. Por ejemplo, por Harold, y Juan, y Bruce, y John, y Mike, y Tim, y Amy, quienes mantienen nuestros terrenos y edificio. Y por aquellos de ustedes que pasan los días haciendo bien para otros. Dios los bendiga. Dios ve todas las cosas y ninguna de sus obras son en vano.
  17. Agradezco a dios por la creación de Desiring God con sus raíces en el antiguo ministerio de apoyo de Amie y Olive Nelson, y también por su crecimiento bajo el liderazgo de Jon Bloom. Agradezco a Dios por la Conferencia para Pastores de Bethlehem y las repercusiones de lo que cientos de ustedes hacen para que se celebre cada año. Y por el crecimiento explosivo de un plan de estudio para niños (un plan lleno de Dios y de la Biblia) que ha sido desarrollado bajo el ministerio de David y Sally Michael, y que ahora es usado por todo el país.
  18. Agradezco a Dios por mi esposa, Nöel. Ella ha estado incluida en cada uno de mis veinte informes anuales. 1982: “Una nota que ella escribió y puso en una jabita para almuerzos: ‘recuerda: él no nos impone una carga mayor que la gracia que nos da (en una semana todo pasará)”... 1988: “Tengo una foto de ella mientras escribo, si cubro la mitad derecha de su cara veo a una niñita, feliz. Si cubro la mitad izquierda, veo a una mujer fuerte y confiada. Entonces quito mi mano y veo a Nöel, y la amo con todo mi corazón”... 1994 (el año más oscuro de estos veinte): “¿Qué debo decir acerca de mi esposa Nöel, en medio de las explosiones de este año? ¡Qué firmeza! ¡Qué gran refugio! ¡Cuánta tranquilidad en su mano sobre mi hombro! Ella me ha ayudado una y otra vez para encontrar el camino firme en medio de los pantanos de las emociones inmundas. Señor, ¡qué regalo tan grande me has dado! ¡Te agradezco con todo mi corazón!”
  19. Agradezco a Dios por el don permanente de la fe salvadora que hace brotar en mí cada mañana al inclinar mi corazón a su Palabra y revelar su verdad, gloria y dignidad, de manera que no me he desviado para servir a otros dioses. “Por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios”. Agradezco a Dios por el don de la fe salvadora. Y, muy especialmente, porque cada sábado durante veinte años me he deleitado tanto en Cristo que puedo decir que al día siguiente –domingo- habrá algo que decir acerca de su grandeza. Dios nunca me ha dejado sin una palabra para su pueblo. Y le agradezco.
  20. Agradezco a Dios por la cruz de Jesucristo. Dios no quiera que yo me gloríe o pueda siquiera dar gracias por algo que no sea la cruz de Cristo, por la que el mundo fue crucificado en mí y yo fui crucificado para el mundo (Gálatas 2:20). Agradezco a Dios por la cruz donde toda la santa ira de Dios en mi contra fue absorbida, y toda mi culpa fue lavada, y todas las promesas de Dios (todas las bendiciones por las que alguna vez daré gracias) fueron adquiridas y aseguradas para darme (a mí y a usted) una esperanza invisible.

Me detengo con veinte razones, conociendo que dejo cientos de preciosas razones sin nombrar. Mi primer punto es que estoy agradecido.

Me Arrepiento

Mi segundo punto es que estoy arrepentido. Me arrepiento de los pecados de mi corazón y principalmente por los pecados de mi boca. Santiago 3:1-2 dice: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos un juicio más severo. 2 Porque todos tropezamos de muchas maneras. Si alguno no tropieza en lo que dice, es un hombre perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”. No soy un hombre perfecto, y he tropezado y pecado con mi corazón y mi boca. Y me arrepiento por eso. Ustedes me han perdonado mucho, han sido muy sufridos y han cubierto multitud de mis pecados con su amor por mí. (1ra de Pedro 4:8).

Pero esta sería una buena ocasión, creo, para hacer al menos una confesión pública de pecado. Recibí una carta de uno de nuestros miembros hace un tiempo pidiéndome que me arrepintiera por cosas que había dicho acerca de Greg Boyd en esta reciente controversia sobre la presciencia de Dios. Veo en mi corazón una gran tendencia a auto defenderme y justificar mis palabras y acciones. Y sé que la intensidad con que desapruebo el “teísmo abierto” se convierte fácilmente en desprecio hacia las personas en lugar del simple desacuerdo con sus puntos de vista. Así que envié esta carta a los ancianos y les pedí que todos la leyeran y me dijeran si creían, desde su punto de vista, que necesitaba confesar que había pecado en este asunto, ya que yo desconfiaba de mi juicio personal sobre mí mismo.

Esta es la respuesta de uno de los ancianos que tengo en muy alta estima. Él escribió: “En dos ocasiones diferentes sí me recuerdo pensando: ‘parece que John atacó a Greg Boyd (no a la teología de Greg)’. Una de esas ocasiones fue en la Northwestern College cuando, de una forma no muy respetuosa usted imitó a Greg... El problema no fue lo que dijo, el problema fue la manera en que esas palabras fueron dichas, estaban despreciando a Greg...”. El segundo incidente a que se refirieron los ancianos ocurrió un miércoles por la noche cuando dije que aborrecía la teología de Greg. El anciano escribió: “Sospecho que solo los oyentes más cuidadosos pudieron ver en una frase dicha tan furiosamente como: ‘y también a Greg Boyd, cuya teología aborrezco’ una delineación teológica y no un ataque a la persona.”

Así que quiero disculparme públicamente por los pecados de mi lengua y el corazón impuro tras ella. “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” dijo Jesús (Mateo 12:34). Me arrepiento de haberme movido de lo que espero que sea un desacuerdo teológico apropiado hacia la expresión de desprecio por la persona en esas ocasiones. A medida que miro hacia atrás en estos veinte años de ministerio, Estoy completamente arrepentido porque uno de mis pecados más característicos es ser demasiado rápido para airarme y criticar en una forma que difiere de la preocupación por el corazón quebrantado y la compasión pastoral. Así que, a medida que ustedes proyectan junto a mí en el futuro, saben que tienen algo por lo que orar. No quiero que nos convirtamos en una iglesia enojada. Quiero que seamos humildes, gozosos, que cantemos alabanzas, exaltemos a Cristo, que estemos centrados en Dios, que creamos la Biblia, que seamos pacientes, amorosos, misericordiosos, que hablemos verdad, que seamos personas de corazón quebrantado y valientes. Ayudaría mucho si yo fuera así, oren por mí.

Así que en veinte años, estoy agradecido, estoy arrepentido, y por último, estoy lleno de esperanzas.

Estoy Lleno de Esperanzas

Aquí es donde comenzaremos con Romanos, la próxima semana. ¿Cómo puede un pecador como yo tener esperanzas? Ese es el mensaje de Romanos. Es el mensaje de la Biblia. Es el evangelio. Es lo que somos como Iglesia. ¿Cómo pueden los pecadores tener esperanzas? La respuesta es mostrada en Romanos 5:12-21 de manera diferente a como es mostrado en 3:20-5:11. En una palabra, la respuesta para todo el que cree en Cristo es esta...

Cuando Adán pecó, nosotros pecamos y nosotros morimos. Cuando Cristo obedeció, nosotros obedecimos y nosotros vivimos. Como mismo el pecado de Adán nos es imputado y nosotros morimos, así la justicia de Cristo nos es imputada y nosotros vivimos. Verso 19: “Porque así como por la desobediencia de un hombre [Adán] los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia [Cristo] de uno los muchos serán constituidos justos”. En otras palabras, mi esperanza para los próximos veinte años o veinte minutos de vida y luego para la eternidad no es mi propia justicia, sino la justicia de Cristo. Ese es el mensaje del libro de Romanos. Ese será nuestro énfasis para las próximas cuatro semanas. Y será, espero, el eje central de nuestro ministerio para los próximos diez años.

Estoy agradecido, estoy arrepentido, estoy lleno de esperanzas en Jesucristo. Es bueno estar así. Les invito a que se me unan.

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