Nos gloriamos en nuestras tribulaciones

Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, 2 por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 3 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4 y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; 5 y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.

Fe en Dios

¿Qué debe sobrevenir para que una persona se convierta en un cristiano, un hijo de Dios? Primero, el evangelio le es dado a conocer –el hecho histórico de que Dios envió a su Hijo al mundo a morir por los pecadores y levantarse de entre los muertos triunfante sobre la muerte y el infierno para todos los que creen en él. El Espíritu Santo abre su corazón para que vea en este evangelio que Cristo es digno de confianza y más deseable que todos los tesoros humanos. Y por tanto el corazón confía en Cristo para que todas las promesas de Dios sean para nosotros en él. Cuando esta fe aparece, somos justificados ante Dios. En otras palabras, por esta fe el Espíritu de Dios nos une a cristo de manera que su muerte se vuelve la nuestra, y su vida se vuelve la nuestra. Dios cargó en él nuestras iniquidades, y Dios cargó en nosotros su justicia. Él llevó nuestro pecado, aunque no lo había realizado. Y así, por la fe que nos une a Cristo, podemos estar ante Dios perdonados por todos nuestros pecados y justificados con la justicia que Cristo nos imputa.

Sobre la base de ese gran fundamento que nos hace cristianos, tenemos paz con Dios, según nos dice Pablo en Romanos 5:1- y él nos llama a disfrutar esa paz (los mejores manuscritos de la tradición dicen; “tengamos paz con Dios”)- y dice que ahora estamos firmes en la gracia (verso 2), y dice que nos gloriamos (y debiéramos gloriarnos) en la esperanza de la gloria de Dios. La gloria de Dios y nuestro glorioso disfrute de ella es la meta de la justificación por fe. Es hacia allá que toda la vida cristiana se mueve. La justificación por fe ha sido diseñada para ayudarnos a gloriarnos en la esperanza de la gloria de Dios. Somos reconocidos como justos ante Dios de manera que podamos finalmente estar con Dios, verle y disfrutarle como la Realidad más infinitamente satisfactoria que ha existido y existirá jamás.

Exámenes para Su Fe

Pero antes de aquel día eterno, algo más viene con la vida cristiana, a saber, las tribulaciones. De eso tratan los versos 3-5. ¿Cómo debemos entenderlos y responderlos? La respuesta de Pablo es que tienen un lugar lleno de gracia y propósito en la vida cristiana, y que por tanto debiéramos gloriarnos en ellas.

Ahora, no tomo esta enseñanza a la ligera, ni la digo con facilidad. Hoy, como Dios ha querido, es el Día Internacional de Oración por la Iglesia Perseguida. Una breve mirada al plegable en nuestra carpeta de adoración eliminará toda frivolidad, ligereza y superficialidad en nuestra conversación acerca de las aflicciones. Al final de la primera página dice:

Los cristianos que no son asesinados, a menudo son sometidos a brutales torturas y lavados cerebrales –intentando forzarles a repudiar su fe. En algunas partes del mundo, las mujeres cristianas son brutalmente violadas para quebrantar su lealtad a Cristo, mientras que sus hijos son vendidos a la esclavitud por precios tan bajos como 15.00 $. Otros miles languidecen año tras año en prisiones y duros campos de labor.

Cuando Pablo dice en Romanos 5:3: “Y no sólo esto [es decir, no solo nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios], sino que también nos gloriamos en las tribulaciones” –cuando dice esto, no está hablando como un espectador, sino como un asociado a los sufrimientos. Los sufrimientos de Pablo eran grandes y fuertes. Pero en 2da a los Corintios 12:9 dijo: “[Cristo] me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí”. Note como dice aquí en Romanos 5:3: “nos gloriamos en las tribulaciones”, y en 2da a los Corintios 12:9 que “muy gustosamente me gloriaré” en mis debilidades. Pablo practicaba lo que predicaba.

Y lo que quería decir con “debilidades” en 2da a los Corintios 12:9 nos lo muestra en el verso siguiente: “Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Toda la colección de aflicciones, debilidades, enfermedades, y dificultades está incluida en estas tribulaciones de Romanos 5:3, no solo las persecuciones. Y Pablo dijo que se gloriaba en ellas, en lugar de murmurar y quejarse por ellas.

Así que a medida que vemos el papel de las aflicciones en la vida cristiana, tenga en cuenta que son una prueba para su fe. Pudieran ser tribulaciones por pérdida de la salud, o tribulaciones por relaciones interpersonales que se ha vuelto tensas o quedaron destruidas, o tribulaciones por decepciones y adversidades vocacionales, o tribulaciones por accidentes o desastres naturales, tribulaciones por ataques verbales o físicos, o simplemente los inconvenientes diarios que incluyen desde los embotellamientos del tráfico hasta los problemas de plomería. Cualquier cosa que le haga la vida un poco más difícil y amenace su fe en la bondad, poder, y sabiduría de Dios, es tribulación.

Esto es normal, no anormal. Sería anormal que un cristiano no las tuviera, porque Pablo enseñó a todas las iglesias, según Hechos 14:22 que “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.”

“Nos Gloriamos en las Tribulaciones”

Ahora dice en Romanos 5:3 algo asombroso: “nos gloriamos en las tribulaciones”. Esto es lo que él hace, es lo que nos pide que hagamos. ¿Cómo puede ser? La respuesta según el verso 2 es que estamos firmes en la gracia. Este es el poder omnipotente de Dios para ayudarnos aunque no lo merezcamos. Usted no tiene la clave para vivir este modo de vida maravilloso y sobrenatural que debería apartar a los cristianos del mundo, Dios la tiene. El poder de regocijarnos y gloriarnos en las tribulaciones viene de la gracia omnipotente que recibimos por confiar en las promesas de Dios.

Aquí tenemos una ilustración en 2da a los Corintios 8:1-2. Pablo está hablando acerca de la manera en que los cristianos macedonios se regocijaban en sus tribulaciones aun en gran pobreza. Note la clave: “Ahora, hermanos, deseamos haceros saber la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia; pues en medio de una gran prueba de aflicción, abundó su gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad”. ¿Puedes ver la clave?: “la gracia de Dios” les había sido dada. Y esto producía un gozo indomable en medio de una experiencia o prueba de aflicción muy fuerte. Y ese gozo en la aflicción sobreabundó en amor.

¿Cómo nos las arreglamos cuando las cosas nos van mal? ¿Descansamos en la gracia de Dios, experimentamos gozo en Dios y continuamos amando a las personas? ¿O nos olvidamos de la gracia de Dios, sobreabundando en quejas, criticándonos y auto absorbiéndonos en lugar de amar? El poder omnipotente de la gracia es la clave. Estamos firmes en esta gracia, dice Pablo en el verso 2.

Pero la gracia no obra como magia, obra a través de la fe. “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32) –de las quejas, la frustración paralizante y de un espíritu de crítica. La gracia abre los ojos del corazón a la verdad y le inclina para abrazarla y vivirla.

La Gracia Obra a Través de la Verdad

¿Qué verdad? De esto trata el resto de este texto. Existen cuatro verdades que Pablo quiere que conozcamos y meditemos en ellas. Así es como la gracia nos transformará en personas pacíficas y gozosas que se glorían en sus aflicciones.

1. La tribulación produce paciencia.

Romanos 5:3 dice: “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo [es decir: porque sabemos] que la tribulación produce paciencia”. Otra palabra para paciencia es constancia. En otras palabras, si algo sucede en su vida que es duro, doloroso, frustrante, decepcionante, y por medio de la gracia su fe se enfoca en Cristo, su poder, suficiencia, comunión, sabiduría y amor, no se entregará a la amargura, el resentimiento, la queja, su fe produce paciencia y constancia. La fe se vuelve más fuerte. ¿Cómo? Del mismo modo en que el acero forjado es más fuerte: cuesta más quebrarlo. La tribulación es como el fuego que forja el acero de la fe. Así que cuando Pablo dice: “la tribulación produce paciencia”, quiere decir que las terribles pruebas tienen el objetivo de hacer que su fe sea inquebrantable.

Esa es la primera verdad que la gracia utiliza para convertirnos en personas gozosas quienes se glorían en las tribulaciones y aman a otros. La segunda verdad es esta:

2. La paciencia produce un carácter probado.

Romanos 5:3-4a: “nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, [produce un] carácter probado”. El énfasis está en la palabra “probado” (dokinen). La idea es que cuando usted pone un metal en una prueba de fuego y éste sale por el otro lado, con paciencia y constancia, usted puede decir que este es un metal “probado”, auténtico, o genuino. Esa es la idea. Cuando usted atraviesa la tribulación, y su fe es probada, y resiste, recibe una maravillosa sensación de autenticidad. Siente que su fe es real, ha sido probada, ha pasado la prueba con paciencia. Y por tanto, es real, auténtica, probada, genuina.

Esa es la segunda verdad que la gracia de Dios utiliza para convertirnos en personas que se glorían en la tribulación. La tercera le sigue:

3. El carácter probado produce esperanza.

Romanos 5:3-4, “también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, [produce un] carácter probado; y el carácter probado, [produce] esperanza”. ¿Cómo es eso? ¿Cómo el “carácter probado” produce la esperanza?

¿No es la respuesta que cuando su fe ha sido probada en la aflicción, y ha perseverado, y además ha probado ser genuina, auténtica, usted reconoce que es un cristiano real y no falso, y eso le da esperanza de ser realmente un hijo de Dios y por tanto de que heredará su gloria? En otras palabras, uno de los grandes obstáculos para una esperanza completa y fuerte en la gloria de Dios es el temor de que seamos hipócritas –que nuestra fe no sea real y que solo la hayamos heredamos de nuestros padres y hayamos sido motivados por cosas que no honran a Dios. Uno de los propósitos de la aflicción en nuestras vidas es darnos la victoria sobre esos temores y llenarnos de esperanza y confianza como hijos de Dios.

Así que Dios nos hace pasar por tiempos difíciles para forjar el acero de nuestra fe y mostrarnos que somos reales, auténticos, genuinos, probados, y así nos da esperanza de que realmente heredemos la gloria de Dios y no vendremos a juicio.

Ahora, todavía queda una verdad más que la gracia de Dios utiliza para transformarnos en el tipo de personas que se glorían en las tribulaciones. De hecho, no es solo una verdad, sino una experiencia:

4. La esperanza que ha sido inspirada por un carácter probado, no nos desilusiona, porque Dios nos da la experiencia de su amor en nuestros corazones por el Espíritu Santo.

Romanos 5:5: “la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.”

Ahora, ¿qué tenemos que decir acerca de esto? Bien, deberíamos decir mucho más de lo que el tiempo nos permite en esta mañana. Así que lo que haré es decir algo y luego, la semana siguiente después de Acción de Gracias, continuaré con este verso y añadiré los versos 6-8 a la respuesta.

Dios Quiere que los Cristianos Tengan Seguridad

Pero esta mañana diré solo esto: Si usted es un cristiano, Dios realmente quiere que tenga la seguridad de que va a heredar la gloria de Dios. Cuando muera irá al cielo, no al infierno; y formará parte del reino futuro, y vivirá por siempre en los cielos nuevos y la tierra nueva con un gozo continuo en lugar de aflicción. La verdad en el verso 5 es que Dios nos imparte seguridad a través del Espíritu Santo.

Pablo sabe que tenemos más de un enemigo contra nuestra seguridad. Uno es el temor de que seamos hipócritas. Pudiéramos ser falsos cristianos, no cristianos reales, aunque seamos religiosos y pertenezcamos a la iglesia. Él nos enseña que la aflicción es el gran terreno de prueba de Dios donde se demuestra si nuestra fe es genuina. Y Dios, por su gracia nos lleva a través de las pruebas de manera que nuestra fe será vista como genuina y tendremos esperanza porque no somos hipócritas.

Pero aun tenemos otro enemigo de nuestra seguridad. ¿Qué sucedería si aquello en que creemos es falso? No solo nuestra fe, sino aquello en lo que ponemos nuestra fe. ¿Y si lográramos pasar por medio de las tribulaciones con una fe probada y una fe incrementada, y al final esa esperanza demuestra estar edificada sobre la arena? Creímos que Dios nos amaba, pero descubrimos que no era así, puede que él ni siquiera exista. Este también es un gran obstáculo para nuestra seguridad.

Y la respuesta que Pablo ofrece aquí no es un argumento, sino una experiencia. Hay argumentos, y Pablo está dispuesto a usarlos, pero solo dice: ‘tu esperanza, enraizada en la autenticidad de una fe probada, no te desilusionará. Y lo sabes porque el Espíritu Santo ha venido a tu vida y ha derramado el amor de Dios de manera que lo puedes sentir en tu corazón’. Esto no es esencialmente un argumento, es sobre todo la experiencia personal del amor de Dios inundando el corazón con una sensación inmediata de la realidad de de Dios y su amor.

Usted puede ver cuan grande y maravilloso es esto, y por qué siento la necesidad de permanecer más tiempo en ello. Así que en dos semanas comenzaré a partir de aquí. Mientras tanto, ¿podrían unírseme en oración para que Dios incremente esta experiencia en nuestras vidas? Que él la haga inconfundible. Que haya un gran movimiento del Espíritu en nosotros y entre nosotros para darnos no solo la certeza de que nuestra fe es genuina, sino de que está bien establecida en el amor de Dios por nosotros.

Y, mientras oran, cuando vengan las aflicciones no las tengan como algo extraño, ellas vendrán. Al contrario, regocíjense y gloríense en el amor de Dios que las usa para forjar el acero de su fe y confirmar en sus corazones que realmente son hijos de Dios a través de la fe.

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