Lo que Cristo hizo en la consumación de los siglos

Por tanto [refiriéndose a los versículos 19-20, donde el libro del pacto y los cuerpos de las personas y el tabernáculo y los recipientes fueron rociados con sangre, debido a esa práctica ordenada él dice], fue necesario que las representaciones de las cosas en los cielos fueran purificadas de esta manera [entiéndase, rociándose con los sacrificios de estos animales], pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que éstos. Porque Cristo no entró en un lugar santo hecho por manos, una representación del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros, y no para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como el sumo sacerdote entra al Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario sufrir muchas veces desde la fundación del mundo; pero ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo.

La Guerra de las Galaxias y el Libro a los Hebreos

Quiero asegurarme, al empezar este mensaje, que usted conoce la diferencia entre la Guerra de las Galaxias y el Libro a los Hebreos. Para muchas personas de hoy no hay mucha diferencia. Es decir, los dos son mitos. Y un mito es una historia (no necesita ser cierta en el sentido de que haya ocurrido en realidad), una historia que provee un símbolo para interpretar el mundo. Usted no necesita la Verdad, con V mayúscula. Solo necesita un sistema simbólico que le ayude a organizar su mundo. Ahora, esto puede sonar como una charla académica decorativa que proviene de una clase de filosofía o de antropología lingüística. Pero no lo es. Proviene directamente del periódico de ayer sobre el nuevo lanzamiento de la saga La Guerra de las Galaxias y el significado que tiene para los niños.

Esta es la oración clave: "Para algunos muchachos pre-adolescentes, la Guerra de las Galaxias. . . funciona como un tipo de religión, dándoles el alimento espiritual y abriendo la puerta para las preguntas sobre la redención, el perdón, y la moralidad, algunas veces de una forma más potente que lo que alguna vez fuera su educación religiosa formal. Ellos encuentran sus mitos en un lugar inesperado" (StarTribune, 2/1/97, p. B5).

Ahora, lo que me interesa en esta oración no es que la Guerra de las Galaxias sea un tipo de religión para algunos niños. Ni siquiera que para algunos parezca más emocionante que lo que aprendieron en la Escuela Dominical. (Ello puede explicarse fácilmente por la diferencia entre la cinematografía mejorada por computadora y un franelógrafo).

¿Mito o verdad?

Lo que me interesa es la suposición del escritor que encontrar la religión propia es como escoger entre muchos mitos. "Ellos encuentran sus mitos en un lugar inesperado". Y la pregunta no es cuál es la Verdad suprema, sino qué tipo de historia o sistema simbólico funciona para usted. Usted puede encontrar su mito en la historia bíblica de la Creación por un Dios soberano, de la encarnación de un Hijo de Dios real y personal, de la redención por el derramamiento real de la sangre de Cristo y por su resurrección y la fe en esta Verdad. O puede encontrar su mito en la historia de la Guerra de las Galaxias. El problema actual, dentro de la clase de filosofía y dentro del cine, no es, generalmente, encontrar la verdad, sino encontrar un mito satisfactorio, una historia que ayude a interpretar el mundo, para hacerlo adecuado para vivir y, si es posible, para disfrutarlo.

Así que el artículo cita a un profesor quien no solo compara la Guerra de las Galaxias, sino a la televisión en general y dice: "Hace lo que hace la religión: provee un sistema simbólico mediante el cuál usted puede interpretar el mundo". Eso es religión para muchas personas: "un sistema simbólico", un grupo de metáforas y narraciones y experiencias que les conmueven profundamente y les ayudan a dar sentido a sus vidas. La Verdad no es realmente una preocupación.

Si ese modo de pensar estuviera confinado a unos pocos libros de estudio o a algunas asignaturas avanzadas, no lo estuviera mencionando aquí. Pero como sé que está simplemente en el aire que respiramos, creo que usted necesita ponerlo delante suyo para percatarse, mientras lee este texto y mientras yo predico este mensaje, que ni el escritor de este libro, ni el predicador de este sermón, piensan de ese modo. No estamos ofreciéndoles otro mito posible que usted pueda escoger para ayudar a que su vida vaya mejor. El escritor de este libro, y el predicador de este mensaje, tienen el propósito de describirle personas y eventos históricos reales, e intenciones divinas que realmente sucedieron en la historia. Y tenemos el propósito de revelar un reino celestial invisible sobre la historia, que es más real que todo lo que vemos y tocamos en esta vida. Esta historia es más real y más emocionante y más aterradora y más transfomadora que lo que será alguna vez la Guerra de las Galaxias, no importa cuántas mejoras le hagan. Y les animo, en el nombre de Dios, a que escuchen lo extraño de este texto y lo extraño de la Realidad, pero no lo hagan como escuchan lo extraño de una verdad irreal.

Durante 1400 años, más o menos, Dios deseó que la muerte de su Hijo fuera profetizada y anticipada en la historia entre los judíos y mediante sus sacrificios de animales y su tabernáculo y adoración en el templo. El escritor dice, en el versículo 23, que estas cosas -el tabernáculo y los recipientes y reliquias- eran todas "copias" de una realidad mayor en el cielo. Como copias, debían ser purificadas ceremonialmente mediante la sangre de los sacrificios de becerros y cabras. Así fue como Dios lo ordenó.

Pero entonces, dice que estos tipos de sacrificios eran absolutamente inadecuados para lidiar con lo que en realidad importa, no con las copias, sino con "las cosas celestiales mismas" (versículo 23). Para lidiar con las cosas celestiales mismas y para purificarlas, debía haber "mejores sacrificios". Estos "mejores sacrificios" son lo que Cristo ofreció de una vez y por todas en su propia muerte. Y con este único y gran sacrificio, dice el versículo 24, Cristo "no entró en un lugar santo hecho por manos, una representación del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros".

¿Por qué es que el lugar santo celestial necesita purificación?

Esto es perturbador al principio, y luego es un consuelo tremendo. Es perturbador porque da lugar a la pregunta de por qué el lugar santo celestial necesitaría ser purificado.  El versículo 23 dice que las copias del cielo deben ser purificadas con sangre de animales, pero "las cosas celestiales mismas, [necesitan ser purificadas] con mejores sacrificios que éstos". ¿Por qué? ¿Está contaminado el cielo? ¿Hay pecado en el cielo? Algunas personas han sugerido que es porque Satanás ha estado allí. Otros han sugerido que es porque allá hay "huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efesios 6:12).

Quizás, pero pienso que lo más importante que debemos ver es el enfoque principal del versículo 24. ¿Por qué entró Cristo a ese lugar santo [celestial] con su mejor sacrificio, el sacrificio de sí mismo? Fue "para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros". Las palabras "por nosotros" dan la clave de por qué era necesario una purificación en el cielo. Vamos a estar allí.

Aquí tenemos un gran consuelo y una gran exhortación para nosotros. No es un halago. Pero nos da una esperanza maravillosa. Si usted quiere ser exaltado en lugar de permitir que la misericordia de Dios le exalte, no querrá escuchar esto. Pero si usted ama la misericordia de Dios y admite la miseria de su propia condición entonces le gustará. El versículo 24 dice que Jesús entra al lugar santo celestial con este sacrificio mejor "para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros". Esto significa que él nos purificará allí. Necesitamos ser purificados. Y en la medida en que podamos contaminar el cielo, en esa misma medida Cristo lo purificó.

Ahora escuche esto. Él está hablando de aquellos de ustedes (todos nosotros, en nuestros momentos de claridad), quienes se sienten tan sucios y tan profundamente malos, que contaminarían el cielo si llegaran allí. ¡Oh cuántas personas se alejan de Cristo por esa razón! Oro para que usted vea qué gran invitación es esta. Esta es la forma en que Dios dice: "Vengan ustedes los que están sucios. Vengan los corruptos, los profundamente malvados. Vengan los que se han contaminado a sí mismos y quienes han sido manchados por otros. ¡Vengan a mi cielo! Porque mi Hijo está aquí. Y no ha muerto en vano. Él protege mi lugar santo, no para dejarles afuera, sino para purificarles de modo que puedan estar conmigo, eternamente en mi santidad perfecta. Venga.

Por ésto es que murió. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento (Lucas 5:32). Vengan". Subraye esas palabras al final del versículo 24: "por nosotros".  "Para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros".

¿Cómo pueden ser bienvenidos los pecadores en el cielo?

Entonces, en los versículos 25-26, está la descripción de cómo Cristo logró esta gran bienvenida para los pecadores corruptos en el cielo. Comprenda que no debe darse por sentado que deba haber una bienvenida para los pecadores en el cielo. Dios es santo y puro y perfectamente justo y correcto. Él odia el pecado y vive en una perfección absoluta. Sin embargo, toda la historia de la Biblia y del libro de los Hebreos trata de sobre cómo un Dios tan grande y santo recibe en su presencia a personas sucias como usted y yo. ¿Cómo puede ser? Toda la historia responde esta pregunta.

El versículo 25 dice que el sacrificio de Cristo por el pecado no era como los sacrificios de los sumos sacerdotes judíos. Ellos llegaban cada año al lugar santo con sacrificios de animales como expiación por los pecados del pueblo. Pero estos versículos dicen que Cristo no entró en el cielo "para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como el sumo sacerdote entra al Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario sufrir muchas veces desde la fundación del mundo". Si Cristo siguiera el modelo de los sacerdotes entonces tendría que morir cada año.

Y como los pecados a cubrir incluyen los pecados de Adán y Eva, tendría que comenzar su muerte anual en la fundación del mundo. Pero el escritor dice que esto es algo impensable ¿Por qué es impensable? Porque daría la impresión de que la muerte del Hijo de Dios es débil e inefectiva. Si debe repetirse cada año durante siglos, ¿dónde estaría el triunfo? ¿Dónde estaría la gloria? ¿Dónde estaría el valor infinito del sacrificio del Hijo? Se desvanecería en la vergüenza de un sufrimiento y muerte anual. En la cruz había vergüenza (Hebreos 12:2), pero era una vergüenza triunfante. "[Jesús soportó el dolor] menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios" ¡Una muerte vergonzosa y luego el entronamiento!

El Sacrificio de Cristo muestra su gloria

Así que el pasaje (versículo 26) termina con una descripción de cómo lo hizo realmente Cristo -cómo hizo un sacrificio suficientemente grande para purificar a todos los pecadores contaminados que escuchan el llamado para entrar en la comunión de Dios en los cielos. Y el escritor menciona cuatro aspectos, de este sacrificio, que muestran la gloria de Cristo. Dice: "pero ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo".

1. Dice que Cristo hizo su gran obra "UNA SOLA VEZ", no repetidamente, sino una sola vez nada más. Y el mensaje es que este sacrificio es tan grande que no era necesario repetirlo para cada redimido en el pasado desde la fundación del mundo, ni para todos los redimidos en el futuro. Es suficiente. Así de grande es. A diferencia de la Guerra de las Galaxias, la muerte de Jesús nunca se repetirá, porque es tan grandiosa que no puede mejorarse. No falta en ella algún efecto especial. Su efecto es tan inmenso que continúa cada año, siglo tras siglo, cumpliendo su propósito destinado: salvar a los pecadores y presentarlos sin culpa delante de Dios.

2. El versículo 26 dice que él fue manifestado "una sola vez en la consumación [o fin] de los siglos". La muerte de Jesús no es solo un evento en una línea de eventos históricos similares. Cuando ocurrió, la historia llegó a un clímax. La primera aparición del Mesías y la segunda (que veremos la próxima semana) son vistas en la Biblia como un gran acto de clausura al final de la historia. El tiempo entre las dos venidas es visto como una especie de extensión del fin, una gran misericordia, reuniendo personas de todas las naciones antes de que se consume el fin en el juicio de la segunda venida. Así que la gloria de Cristo está en el hecho de que su venida y muerte es el acto decisivo que da fin a la historia. No es solo otro simple evento humano. Es la consumación de la historia.

3. El versículo 26 dice que Cristo se sacrificó a sí mismo, no a la sangre de otro. Esto enfatiza nuevamente la gloria de Cristo. Su sacrificio no fue solo de una vez y para siempre. No solo señaló la consumación de los tiempos. También fue el sacrificio de la persona más valiosa del universo, el Cristo, el Hijo de Dios. Si alguna vez usted dudó de que como pecador pudiera ser purificado delante de Dios, pregúntese: "¿qué es mayor, la maldad de mi pecado y contaminación, o el valor y la virtud de la sangre del Hijo de Dios?" Entonces tenga cuidado de blasfemar.

4. Finalmente, el versículo 26 dice que Cristo se dio a sí mismo una vez en la consumación de los siglos "para destruir el pecado". La gloria de Cristo se ve en esto: que se enfrenta todo el problema del pecado. Jesús toma control de todo el problema del pecado. Lo destruye. Medite en esto para su gozo y para la libertad de su alma y para su propia seguridad al enfrentar la muerte, y para su batalla enfrentando algunos malos hábitos específicos. En un hecho -el sacrificio de sí mismo, la consumación de la historia- el Hijo de Dios destruyó el pecado. Todos los pecados de los que creen (Hebreos 4:2; 10:38), de los que son llamados (Hebreos 9:15), son quitados. Son cancelados, anulados, cubiertos.

Este es el evangelio de la gloria de Cristo, la imagen de Dios (2da a los Corintios 4:4). Oro para que, independientemente de cuán sucio por el pecado esté, usted pueda ver la luz de esta gloria y crea. Venga.

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