Lo que la ley no pudo hacer, Dios lo hizo enviando a Cristo, parte 2

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.3 Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, 4 para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Esta semana continuamos donde quedamos tres semanas atrás, en el versículo 3. [Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne.” Dijimos que hay aquí cuatro declaraciones:

  1. Dios condenó al pecado en la carne.
  2. Lo hizo enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y por el pecado.
  3. La ley no era capaz de hacer esto.
  4. La razón por la que ley no pudo hacer esto fue por causa de nuestra carne.

La vez anterior enfocamos los dos primeros enunciados. Ahora estudiaremos los dos últimos. Lo que espero hacer en esta mañana es responder a dos preguntas: ¿Qué era lo que la ley no podía hacer? Y, ¿por qué no podía hacerlo? La razón por la que pienso que la respuesta a estas preguntas requiere de un mensaje completo es que ambas cosas que la ley no podía hacer es absolutamente necesario experimentarlo, conocerlo, si habremos de tener vida eterna, y aun cuando la ley no podía ni podrá hacerlas, las personas todavía recurren a la ley para realizarlas. En otras palabras, es de suma relevancia para tu vida conocer lo que la ley no puede hacer por ti, no sea que recurras a ella buscando ayuda que solo puedes obtener de Jesucristo.

La Ley no pudo justificarnos ni santificarnos

En primer lugar, ¿qué fue lo que la ley no pudo hacer? La respuesta es doble en Romanos 8:1-4, la primera vez en versículos 1, 2, y la segunda vez en los versículos 3 al 4. El versículo 1 dice, "no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús." Eso es lo que llamamos justificación – si estamos en Cristo Jesús – es decir, si estamos unidos a Jesús por la fe en él – nuestra condenación por parte de Dios a causa de nuestro pecado es eliminada. Dios nos absuelve. Nos considera justos. Nos justifica. No nos ve como culpables y condenados, sino como perdonados y justos por lo que Jesús hizo por nosotros.

Luego en el verso 2: "Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte." Esto es lo que llamamos santificación. Después de que somos justificados, y porque somos justificados, el Espíritu de Dios es derramado en nuestras vidas y comienza a liberarnos del dominio del pecado y de la muerte. Esto significa que los cristianos no solo son "contados" justos en la justificación, sino que por el Espíritu de Dios son realmente transformados en un pueblo más y más justo, amante, y santo. Esta es la evidencia práctica de que hemos confiado en Cristo, y que estamos unidos a él, y que somos justificados en él.

Ahora bien, mi respuesta a nuestra pregunta es que la ley no pudo hacer ninguna de estas dos cosas. La ley no podía justificarnos, ni tampoco santificarnos. Era impotente para hacer ambas cosas. El primer signo de esto es que el versículo 3 empieza con la palabra “pues.” Puedes leerlo así: La Justificación es “en Cristo” (verso 1), y la santificación es “en Cristo” (verso 2), pues la ley no podía hacer estas cosas, solo Cristo podía, y por eso Dios envió a su Hijo en semejanza de carne de pecado. Esa es la primera respuesta a la pregunta de los versículos 1 y 2. La Justificación y la Santificación llegan a nosotros por la unión con Cristo Jesús (“en Cristo”) pues la ley no podía hacer que esto sucediera.

También obtenemos la misma respuesta en los versos 3 y 4. El versículo 3 dice que lo que la ley no podía hacer es condenar al pecado en la carne, es decir, no podía tratar con el pecado, absorber su castigo, y remover su condenación. Así que Dios hizo esto enviando a Jesús al mundo para morir por nosotros: “Pues lo que la ley no pudo hacer, por lo débil que era a través de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne.” Así que aquí tenemos el mismo punto que en el versículo 1: No hay condenación porque Dios ejecutó la condenación de nuestro pecado en Su Hijo. Esa es la base de nuestra justificación. Esto es lo que la ley no puede hacer. No podía remover la condenación de nuestro pecado. Sí puede identificarlo, nombrarlo, señalarlo para que nos alejemos de él, batirlo y restregarlo en nuestra cara. Pero no puede remover nuestro castigo. Dios lo hizo en la muerte de Jesús. Así que de nuevo vemos que la ley no puede lograr la justificación.

Ahora el verso 4, similar al 2, dice que esta justificación guía a santificación, algo que tampoco la ley podía hacer – puesto que no podía justificarnos. Observa que el versículo 4 comienza “para que.” Este es el propósito para Dios condenar al pecado en la carne. Dios puso nuestra condenación en Jesús y proveyó la base para nuestra justificación “para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne sino conforme al espíritu.” Caminar de acuerdo al Espíritu es el significado de la santificación.

De nuevo vemos, al igual que en los versículos 1 y 2, que la santificación es el resultado o efecto de la justificación. Y eso significa que ambas, justificación y santificación, constituyen lo que la ley no pudo hacer.

Es más fácil de ver si lees los versículos 3 y 4 de la siguiente forma:

Pues lo que lo que ley no pudo hacer Dios lo hizo, a saber dos cosas: Él condenó al pecado enviando a su Hijo a morir por nosotros, y debido a esta base para la justificación, nos capacitó para cumplir la esencia de la ley dándonos al Espíritu Santo. Eso fue lo que la ley no pudo hacer: justificarnos y santificarnos. No podía remover nuestra condenación o efectuar nuestra transformación. Y sin embargo, ambas son absolutamente necesarias si en el día final hemos de ser salvos y obtener vida eterna.

La ley no podía justificarnos porque éramos de carne

Ahora necesitamos preguntar: ¿Por qué no pudimos hacer ambas cosas? Porque si vemos con claridad la razón de la debilidad, estaremos protegidos del error mortal de querer contar con la ley para justificarnos y santificarnos. Y, mejor aún, sabremos dónde buscar la declaración que nos asegura estar bien con Dios y la transformación que da como resultado.

Y es tan crucial para todos nosotros. Quizás viniste hoy preguntándote qué piensan estos Bautistas de la salvación, y cómo estar bien con Dios y tener vida eterna. Bueno, pensamos de la misma forma en que los cristianos bíblicos han pensado de esto durante siglos: esto es cristianismo histórico, no mero cristianismo bautista. La ley – los diez mandamientos y las otras leyes que Moisés dio al pueblo de Israel – no pueden ponerte bien con Dios y no pueden transformarte en el tipo de persona amante y justa que deseas ser.

¿Por qué no? El versículo 3 responde: "Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo." El problema con la ley no es que sus mandamientos sean malos (Romanos 7:12), sino que nosotros somos malvados (Romanos 7:14). En el vocabulario de Pablo la palabra "carne" no significa piel. Significa nuestra naturaleza caída. La semana próxima veremos esto en los versículos siguientes donde él contrasta la mente de la carne y la mente del Espíritu. La carne es lo que somos y lo que es la vida sin Dios y sin su obra salvadora de gracia por el Espíritu. Eso es lo que la ley encuentra cuando viene a nosotros.

Entonces, ¿cuál es la debilidad de la ley? La debilidad de la ley es que no fue diseñada para redimir personas caídas, condenadas, rebeldes y egoístas como nosotros. Piensa en esto primero en relación a la justificación. La razón por la que necesitamos ser justificados es que estamos bajo la condenación de Dios porque somos naturaleza caída. Recuerda Romanos 5:18, "por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres." Carne es lo que somos por naturaleza humana, y lo que somos por naturaleza humana está bajo condenación. ¿Cuál es el remedio para esta condenación? Si eres culpable de una ofensa capital y condenado a sentencia de muerte por Dios, ¿qué te salvará?

Te diré lo que no te salvará. Cuando tu problema es culpa y condenación los mandamientos no te salvarán. ¿Qué sucede cuando vienen los mandamientos? Pablo nos dice en Romanos 7:9 , "al venir el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí." Los mandamientos no producen redención, ellos producen ira. Romanos 4:15, "porque la ley produce ira." Un hombre culpable y bajo condenación legal no será salvo por los mandamientos; será salvo por absolución. Necesita un juez que le perdone y exonere. Necesita la justificación por fe y no por obras de la ley. Por eso Pablo llega al final de esta larga acusación a la raza humana en Romanos 1-3 diciendo, "por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de El; pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado" (Romanos 3:20).

Así que la ley no pudo hacer lo que absolutamente tenía que ser hecho para rescatarnos de nuestra culpa y condenación: no pudo justificarnos. No pudo colocarnos bien con Dios. No pudo quitarnos la culpa. No pudo absorber nuestra condenación. Lo que hizo fue mostrar nuestra culpa (Romanos 3:20; 7:7) y hacernos aún más pecadores evidenciando la rebelión de nuestra carne (5:20; 7:5). "para que por medio del mandamiento el pecado llegue a ser en extremo" (Romanos 7:13).

Confiar en Jesús, no en ser guardianes de la ley

Así que en esta mañana, si quieres estar con Dios, no mires la ley. Si quieres ser absuelto y justificado, no dependas de guardar la ley. Ninguna cantidad de mandamientos que guardes puede cambiar el veredicto de culpable a inocente. Una cosa puede cambiar el veredicto que cuelga sobre tu cabeza: el perfecto Hijo de Dios viviendo y muriendo en tu lugar. Es por su obra solamente que Dios te considera justo cuando confías en Él. De ahí las palabras de Romanos 3:28 “un hombre es justificado por fe aparte de las obras de la ley”. Confía en Jesús, no en las obras de la ley.

Así que la ley no puede justificarnos porque estamos en la carne, significando que estamos caídos y condenados. Y los mandamientos de la ley no pueden remover la culpa y condenación. Solo Cristo puede.

¿Por qué que la ley no puede santificarnos?

Ahora vayamos con la santificación. ¿Por qué la ley no puede santificarnos? ¿Por qué no puede hacernos gente santa y justa y amorosa? Sobre esto hay tanto que decir, que pienso que si tratara de empaquetarlo al final del mensaje haría un mal servicio a la verdad. Así que permítanme decirles hacia dónde vamos la próxima semana, si es la voluntad del Señor, cuando continuemos con esta pregunta y nos movamos a los versículos 4-8.

Un tema candente hoy en día es cómo los cristianos pueden vivir en amor y justicia en el mundo frágil al que acabamos de entrar, donde el temor y la ira descansan justo debajo de la superficie de nuestras vidas. Temor al Ántrax, a las bombas y al colapso de las infraestructuras que sostienen la vida que siempre hemos dada por sentado. E ira hacia alguien o algún pueblo que ni siquiera estamos seguros quiénes son.

¿Tienes recursos dentro de ti para permanecer confiado, seguro, valeroso, paciente, amable, justo, amoroso, sacrificial, no devolviendo mal por mal, sino bendiciendo a aquellos que te maldicen y orando por los que te persiguen? (Romanos 12:17; Mateo 5:44). ¿Dónde buscarás para esto? ¿Buscarás en la ley?

No funcionará. Mira a Cristo. El Dios vivo, divino, amoroso y omnipotente Señor quien murió por ti y se levantó de los muertos y que promete estar contigo y ayudarte y satisfacer tus deseos en vida y muerte. Míralo a Él. La ley no puede santificarte, pero Cristo puede. La semana que viene continuaremos con este tema si es la voluntad de Dios.

Hasta entonces, si necesitas estar bien con Dios en esta mañana, mira a Cristo, no a la ley. Y si necesitas ayuda para ser una persona amorosa y justa en esta semana – y quién no – mira a Cristo, no a la ley.

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