Un llamado al Ayuno por la Humildad y el Poder

El Rey Artajerjes emitió un decreto para enviar de vuelta a Esdras a Jerusalén finalizado el exilio en Babilonia (Esdras 7:11 sigs.). "La mano bondadosa de su Dios estaba sobre él, ya que Esdras había dedicado su corazón a estudiar la ley del Señor, y a practicarla, y a enseñar sus estatutos y ordenanzas en Israel." (7:10).

Pero Esdras sentía miedo de hacer este viaje sin la protección del gobierno: "Tuve vergüenza de pedir al rey tropas y hombres de a caballo…pues habíamos dicho al rey: 'La mano de nuestro Dios es propicia para con todos los que le buscan, mas su poder y su ira contra todos los que le abandonan.'". (8:22). Así que Esdras proclamó un ayuno entre toda su tropa para humillarse ante Dios y buscar su ayuda (8:21). Por lo tanto "la mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros, y nos libró de mano del enemigo y de las emboscadas en el camino" (8:31).

Esdras marca un ejemplo para nosotros. Toma la promesa de 2 Crónicas 7:14, la aplica a su situación y confía en Dios. La promesa dice: "Si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, y oran, buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos…" Dios realiza su trabajo de perdonar, sanar y proteger condicionado a nuestra humillación, separación del pecado y búsqueda de él en oración. Así que Esdras y sus tropas se humillaron (8:21) e imploraron a Dios (8:23) y Dios los oyó.

Concluyo por tanto que si queremos que Dios trabaje entre nosotros debemos ser humildes y buscar su rostro muy seriamente. Debemos arrodillarnos, inclinarnos como niños pequeños y clamar por poder espiritual. Debemos buscar quedarnos a solas, ya sea en nuestro hogar o en los bosques y verter nuestros anhelos ante Dios.

Pero hay algo mas que aprendí de Esdras 8:21. ("Proclamé un ayuno, para que nos humilláramos"). Noten la conexión. El ayuno es el medio para ser humillado. ¿Cómo es esto posible? Una forma de presentarnos ante Dios humildemente es demostrarle mediante el ayuno que somos conscientes de nuestro sobrecogedor amor al placer físico. El ayuno le dice a Dios: "Sé que no merezco mi pan diario. Mis pecados merecen ser castigados con la inanición. Pido perdón por mis pecados y reconozco a través de mi ayuno lo graves que son. Te deseo mas, Oh Dios, mucho mas que al alimento. ¡Lléname, Oh Cristo! ¡Lléname con "el pan que viene del cielo"!

Oraré durante todo el mes de Septiembre para que Dios ponga en los corazones de muchos de ustedes el unirse a mi en el ayuno regular y la oración para un despertar espiritual y fortalecimiento de nuestra iglesia.

Con Hambre de Dios,

El Pastor John