Abraza la vida que tienes

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Regular Contributor

Nos mudamos.

Recoger las cajas que están en el ático me ha dejado más inestable y sensible de lo que había previsto. Con cada caja que abro recuerdo con claridad cómo solía ser la vida: los pasatiempos que me gustaban, las cosas que solía hacer. Con todos estos recuerdos frente a mí, pienso en que yo no me apunté a la vida que vivo ahora. Nada ha salido como había planeado.

Si bien estoy profundamente convencida de que estoy viviendo lo mejor de Dios para mí, hay días que lloro la pérdida de lo que solía ser, especialmente en los últimos tiempos mientras hurgaba en antiguos cubos, todos llenos con recuerdos de una vida que ya no existe. Fotos de vacaciones familiares de tiempos muy lejanos, navidades, recitales, y de obras de teatro en la escuela. Cajas de zapatos llenas de cartas de personas a las que ya no conozco. Fotos de una infancia que me hacen reír y al mismo tiempo me hacen temblar de horror. Todos los recordatorios de cómo ha cambiado mi vida.

Y también están los materiales de arte. Hace quince años mi vida la definían los proyectos que hacía con mis manos. Pintar, crear con mis manos, coleccionar recortes, bordar, hacer joyas, pintar platos. Cubos, cajas y contenedores de arte todos apiñados en el ático, cada uno dedicado a una pasión artística diferente. Todos ellos despertaron mi creatividad. Me relajaban. Me hacían feliz.

Pero el diagnóstico que recibí de síndrome de post-polio cambió todo eso. Con el deterioro de mis brazos, ya no pude permitirme gastar energía en artesanías. Puse todo en cajas (con ayuda), puse etiquetas y metí todo en el ático. Y no volví a verlo. Hasta ahora.

¿Qué pasó con la vida que soñé?

Mientras una amiga me ayuda a hurgar en estas cajas, miro los pinceles y lienzos, sellos de caucho y papel de colores, una profunda tristeza se apodera de mí. Echo de menos esas cosas. Pero sé que son parte de mi pasado y no puedo pensar en lo que no puede volver atrás.

Este duelo no es especialmente mío. Hace unas semanas, hablé con tres amigas, todas ellas se encontraban viviendo momentos de gran decepción. Una de ellas fue cantante de ópera, pero sus cuerdas vocales han cambiado y ya no puede cantar como una vez lo hizo. Otra amiga anhelaba el momento en que su hijo más joven fuera a la escuela para que ella pudiera seguir el ministerio al que siente que ha sido llamada. Pero un embarazo inesperado cambió radicalmente sus planes y ahora siente que sus sueños están más allá de su alcance. Mi tercera amiga tiene un niño con necesidades especiales y constantemente se pregunta acerca del futuro de su hijo. Así como del suyo.

Al igual que mis amigas, todos nos enfrentamos a decepciones. Nuestras vidas parecen muy diferentes de lo que pensábamos que serían. La gente sueña con ciertas carreras y logros, pero problemas familiares o acontecimientos inesperados hacen que nuestras carreras pasen a un segundo plano. Los jóvenes amantes creen que tendrán la familia perfecta, sin embargo, sus familias apenas reflejan la visión que una vez tuvieron.

Así que, ¿qué hacemos? ¿Cómo podemos superar este sentimiento molesto de que debería haber más en la vida? ¿O de que tal vez se nos está negando la vida que deberíamos tener? La vida que, si fuéramos totalmente honestos, creemos que nos merecemos.

Llora profundamente

Este consejo de John Piper ha sido inmensamente útil para mí: «De vez en cuando, llora profundamente por la vida que esperabas tener. Haz duelo por las pérdidas. Luego, lávate la cara. Confía en Dios. Y abraza la vida que tienes».

' '«Llora profundamente por la vida que esperabas tener»' '. Incluso mientras escribo estas palabras, siento una especie de liberación. Nosotros, que a veces somos demasiado prudentes acerca de nuestro dolor, porque parece más espiritual, necesitamos derramar lágrimas. Reconoce lo que es difícil. Sufre la pérdida. Siente el aguijón de lo que nunca será.

Llorar me ayuda a sanar. Dado que el duelo es raramente un acontecimiento de «una vez y listo», a veces vuelvo a derribarme, aunque pensaba que ya había superado la situación. A menudo inesperadamente. Cuando las lágrimas brotan, he aprendido a reconocerlas e incluso a darles la bienvenida. Con frecuencia me muestran algo que merece mi atención.

Hago luto por la pérdida de lo que fue, así como por la pérdida de lo que nunca fue. Ambas son pérdidas de lo que esperaba que fuera. Parejas que han luchado contra la infertilidad, así como aquellas que han enterrado a un hijo o que están criando a un niño con necesidades especiales o un hijo o hija caprichoso, han perdido lo que esperaban que fuera. Sea cual sea el origen, son pérdidas de todas formas.

Lávate la cara

Después de haber llorado y llorado, me lavo la cara. No solo seco las lágrimas. Tomo un paño caliente y me seco las mejillas. Permito que el calor relajante se esparza en mi piel. Luego salpico agua fría en la cara para refrescarme, redirigir mis pensamientos, y fijar mis ojos en el Señor. Solo entonces puedo seguir adelante.

Este es un acto deliberado, una elección que hago para volver a centrarme.

Cuando vuelvo a centrarme, aparto mis ojos de mis problemas, y los vuelvo a poner en el Señor, y elijo confiar en Él. Confío en Él aun cuando mi situación se ve negra. Confío en que Él obra para mi bien. Confío en que Él conoce lo que es mejor.

Abraza la vida que Dios te ha dado

Por último, estoy llamada a abrazar la vida que tengo. Abrazarla al igual que abrazaría a un amigo querido. Con todo el corazón. Con alegre aceptación, y no con obediencia reticente. Abrazar significa recibir con gusto e incluso dar la bienvenida a lo que el Señor me da, aun cuando no forma parte de mis planes. Significa estar plenamente presente, vivir en el ahora, encontrar alegría en el momento, y no anhelar el pasado.

Así que hoy, si te sientes cansado y decepcionado con la vida, permítete llorar. Llorar profundamente. Hacer duelo por la pérdida de lo que esperabas. Pero después de que te has lamentado, lávate la cara, confía en Dios y abraza la vida que te ha dado.

En un mundo de tristeza y pérdida, Dios le dijo a su pueblo: «No recordéis las cosas anteriores ni consideréis las cosas del pasado. He aquí, hago algo nuevo, ahora acontece; ¿no lo percibís? Aun en los desiertos haré camino y ríos en el yermo» (Isaías 43:18-19, LBLA).

El Señor está haciendo realmente algo nuevo en mi vida. Y en la tuya también. Está haciendo un camino y forjando arroyos en el desierto. Apóyate en ella y abrázala. Dios está haciendo algo hermoso.