Fuimos creados para alabar

En aquel tiempo os traeré, en aquel tiempo os reuniré; ciertamente, os daré renombre y alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando yo haga volver a vuestros cautivos ante vuestros ojos, dice el Señor. (Sofonías 3:20, LBLA)

Sofonías fue uno de los profetas de Yahvé para juicio, que además predijo el Día del Señor – tanto el día cercano de juicio sobre Judá (Sofonías 1:4-13; 2:2; 3:7), como el futuro día de juicio contra el mundo entero (Sofonías 1:1-3, 14-18; 3:8).

Tales advertencias, sin embargo, sólo proporcionaron el contexto para el propósito principal del libro, el cual era acumular una incansable confianza en la fidelidad de Dios para preservar, y en última instancia satisfacer, a su remanente fiel, incluso a través del juicio. El llamado que Sofonías hace a someterse "buscando" y "esperando en" Yahvé se convierte en un llamado a la satisfacción, que culmina en el gozo de los redimidos en su Rey y en Su salvación, y el gozo del Salvador en los que Él ha salvado (Sofonías 2:3, 3:8, 14-15, 17).

En aquel tiempo

Con las sombras del juicio avecinándose, la mayor motivación de Sofonías para buscar a Dios pacientemente viene de su visión gloriosa de la esperanza futura que se ofrece a todos los que perseveran en la fe. Del fuego de juicio vendrá una nueva creación que incluirá adoradores transformados de todas las naciones del mundo (Sofonías 3:8-10). Una vez que la ira de Dios haya sido satisfecha, habiendo sido derramada sobre los pecadores o el Sustituto, las implicaciones de esta renovación serán gloriosas sobre el remanente fiel de Judá (Sofonías 3:11-20).

El verso final del libro incluye un magnífico retrato de esperanza. Comienza con "en aquel tiempo" -cuando los soberbios sean quitados y los que dependen sólo en Dios sean preservados (Sofonías 3:11-13), cuando la victoria irreversible del Rey Salvador levante las voces de júbilo de los rescatados (Sofonías 3:14-15), y cuando Yahvé liberte y se deleite en su remanente (Sofonías 3:16-19).

"En aquel tiempo" Yahvé reunirá a sus redimidos con un propósito clave. Las versiones BDA, RVR1960, NVI todas tratan las palabras admiración y reconocimiento (en hebreo, "nombre" y "alabanza") como algo que el remanente de Judá recibe del mundo que los observa: "Yo os daré renombre/honor y alabanza entre todos los pueblos de la tierra " (BDA / NVI) ; "pues os pondré para renombre y para alabanza entre todos los pueblos de la tierra" (RVR1960)

¿La alabanza de quién?

En todos los demás lugares, Dios promete claramente exaltar su propio nombre a los ojos del mundo. Cumpliendo su misión original, su pueblo sería un reino de sacerdotes y una nación santa, mediando y mostrando la grandeza de Dios al mundo (Éxodo 19:5-6; 1 Pedro 2:9; Deuteronomio 4:6-8; 28:1; Isaías 60:18, Apocalipsis 5:10). Y entonces Dios les daría un nombre nuevo y exaltado (Génesis 12:2, Isaías 56:5; 62:2; 65:15; 66:22; Romanos 2:29, 1 Corintios 4:5, 1 Pedro 1:7; 5:4).

Sin embargo, este texto no dice que el Señor le dará a sus redimidos fama y reconocimiento. En cambio, cuando el versículo utiliza la preposición "a/para", declara que Yahvé establecerá a Su pueblo en el centro del mundo “para renombre y para alabanza”. ¿De quién es el nombre y la alabanza que está al frente? Los textos paralelos más cercanos sugieren que el valor de Yahvé y su honra son el objetivo final de la nueva creación.

Es el nombre de Dios, la fama de Dios la que ha de ser exaltada en la vida de sus santos. Tal como afirma el contemporáneo de Sofonías, Jeremías, Yahvé ha apartado a Su pueblo con el fin "de que fueran para mí por pueblo, por renombre, por alabanza y por gloria, pero no escucharon" (Jeremías 13:11; Deuteronomio 26:19, LBLA).

Transformados para adoración

Sin embargo, en el nuevo pacto, cuando los pecados son perdonados y la lealtad es habilitada, Yahvé declara que su pueblo "será a mí por nombre de gozo, de alabanza y de gloria ante todas las naciones de la tierra" (Jeremías 33:9; Isaías 55:12-13; 61:10-62:3). Es decir, como Ezequiel testificaría, al realizar Yahvé una obra de transformación en su pueblo por su Espíritu ante los ojos de las naciones, Él actuaría "por amor a Mi Santo Nombre" (Ezequiel 36:22-23, 26-27; 39:25).

El profeta Zacarías capturó muy bien el significado cuando afirmó que el rebaño libertado de Dios sería "como piedras de una corona" que magnificarían la "gracia" y " hermosura " de Dios (Zacarías 9:16-17).

El fin fundamental de la transformación del nuevo pacto es la alabanza. Todas las cosas son de Dios, por Dios, y para Dios (Romanos 11:36; Colosenses 1:16). La nueva creación, ahora inaugurada a través de Cristo, y su iglesia son de Dios (2 Corintios 5:17, Gálatas 6:15). Se trata de Su gloria, de Su Hijo, Su grandeza, Su exaltación entre los pueblos del planeta.

Mi oración es que, incluso hoy cuando nos reunimos para adorarle, nuestras vidas sean marcadas por el valor incomparable de Dios en Cristo, para que todos "puedan ver [nuestras] buenas obras y glorifiquen a [nuestro] Padre que está en los cielos" - (Mateo 5:16; 9:08, Juan 15:8, 2 Corintios 9:13, Filipenses 1:11, 2 Tesalonicenses 1:10).