Vivir fielmente, ¿puede eximirme del sufrimiento?

El siguiente texto es una transcripción editada del audio.

Vivir fielmente, ¿puede eximirme del sufrimiento?

No.

La gracia de Dios por medio de Cristo en la cruz nos ha eximido del sufrimiento eterno, y si quedamos exentos de algún tipo de sufrimiento en esta vida, eso también es algo que Él ha hecho por nosotros. No obstante, nuestra fidelidad es una respuesta a ese tipo de provisión, y si es necesario que caminemos a través del sufrimiento con tal de serle fieles, sabemos que Él ha procurado para nosotros la paz y el gozo eterno.

Así pues, la respuesta es no. No podemos evitar el sufrimiento en nuestras vidas.

De hecho, las mejores personas que he conocido a menudo han sido las que más han sufrido. Sabemos que eso es cierto en el caso del apóstol Pablo y de Jesucristo. Los dos mejores personajes de la Biblia —el apóstol Pablo y Jesús— son de los que más sufrieron. Así que no hay correlación entre mi virtud o fidelidad y mi liberación del sufrimiento.

¿Cree que el efecto que el sufrimiento tiene sobre nosotros se reduce en la medida en que vemos más a este mundo como si no fuese nuestro hogar?

Es importante tener cuidado con este asunto, porque incluso las personas que aman el cielo y a Cristo han sufrido mucho. Pero estoy de acuerdo con usted y quiero decir que, si no nos sintiéramos como si estuviéramos perdiendo lo más importante de la vida cuando padecemos una enfermedad terminal, lo podríamos soportar mucho mejor.

El apóstol Pablo, cuando sabía que estaba por morir, dijo: “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21). Si morir es ganancia, entonces será una bendición enorme perder la jubilación, o el matrimonio, o los nietos, o el lugar de reconocimiento que pensábamos que íbamos a tener en nuestra comunidad, o alguna iglesia que pensábamos que íbamos a pastorear, cosas que se habrán disipado cuando estemos listos para morir por causa de este cáncer que nos ha sobrevenido.

Sin embargo, si sabemos que la muerte es ganancia —que con ella ganamos a Cristo, que hemos cultivado una relación con Cristo donde Él es el todo en todo—, ¡cuánto dolor psicológico nos habremos evitado!