¿Cómo puedo hablar de Cristo con más valor?


¿Cómo puedo hablar de Cristo con más valor?

La clave es llegar a conocer a Dios muy bien. Tenerlo como tu amigo más íntimo y como una realidad en tu vida que no sea secundaria.

Si sentimos que él es secundario nos vamos a sentir incómodos, porque sabemos que las personas con quienes hablemos van a sentir también que él es secundario. Pero si sentimos que Cristo es lo más esencial en nuestra vida en este avión en este preciso momento, las palabras fluirán con más naturalidad.

Hace dos días me senté junto a una señora en un avión cuando regresaba de Chicago. Me enteré de que tenía 89 años y de que se dirigía a Filipinas. Agarré mi portafolio y saqué una copia de Fifty Reasons Why Jesus Came to Die (Cincuenta razones por las que Jesús murió), y le dije: “¿Puedo darle un regalo?” (Esta es una de las maneras en que trato de hablar a las personas de Jesús). Ella se sorprendió un poco.

Levanté el libro y dije: “Yo escribí este libro. Soy cristiano”. Y ella dijo: “¡Ah, yo también!”. Ahora, no sé qué clase de cristiana era, pero le dije: “Bien, eso me hace muy feliz. Sé que tienes un largo viaje desde Mineápolis hasta Tokio, y luego hasta Manila. Pensé que quizás te gustaría leer este libro sobre Jesús”. Y hablamos un poco más de Jesús.

Creo que lo hice porque había orado antes, por la mañana, como acostumbro cuando viajo: “Haz de mí una bendición para tantas personas como sea posible. Tengo demasiado trabajo por hacer en este avión, y no puedo hablar todo el tiempo. Tengo que prepararme para lo que voy a hacer. Pero allí están las personas, sentadas a mi lado. Llevo mis libros y tratados, así que guíame Señor para hacer lo apropiado en este momento. Ayúdame”.

Pero eso nace del hecho de que él es mi vida. Él es mi vida. No se trata de decir: “Bueno, esto es algo que debería hacer”. Por el contrario, él es quien sostiene este avión en el aire, quien provee oxígeno y quien gobierna el cielo. Él es quien creó a esta persona que está a mi lado, y él es la realidad más relevante en sus vidas, lo sepan o no.

Hay que luchar la batalla no sólo al nivel de la técnica o la estrategia, sino al nivel de cuán real y relevante y preciado es Jesucristo para mí.