El Pacto de Dios a Través de Moisés


El pacto que Dios hizo con Abraham fue renovado con su hijo Isaac. En Génesis 26:3 (LBLA) Dios le dice a Isaac: "A ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré contigo el juramento que juré a tu padre Abraham". Y luego, al hijo de Isaac, Jacob. Dios apareció en Betel (de acuerdo a Génesis 28:13-15) y le confirmó el pacto: "Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. También tu descendencia será como el polvo de la tierra . . . y en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que vayas". En ese momento, Jacob no podía saber que iría a Egipto y que por cuatrocientos años sus descendientes serían esclavos, y que la promesa permanecería en letargo hasta que fuese confirmada nuevamente con Moisés.

De la miseria en Egipto al pacto Mosaico

Pero las maneras de Dios raramente son las nuestras, y en verdad fue su plan llevar a su gente del pacto a través de las miserias de Egipto hacia la tierra prometida (Ver la predicción de Génesis 15:13). Ese principio divino no ha cambiado hasta hoy. "Si en verdad padecemos con Él, a fin de que también seamos glorificados con Él" (Romanos 8:17, LBLA). Pero, después de una larga noche oscura del alma de Israel, amanece. Dios llama a Moisés, y con mano poderosa y brazo extendido, Dios libera a su pueblo de la esclavitud. Cruzaron el Mar Rojo sobre tierra firme. Recibieron alimento del cielo y agua de la roca. Y en tres meses, arribaron al Monte Sinaí. Aquí, Dios hace un pacto solemne con Israel para confirmar y afianzar el pacto que hizo con Abraham, Isaac y Jacob.

Virtualmente, todo de Éxodo 19-34 es concerniente a la creación de este pacto. Quiero que esta mañana vean:

  1. cómo fue establecido el pacto y luego
  2. qué promesas divinas y condiciones humanas constituyeron el pacto, y
  3. cómo en el plan de Dios, lleva a la obra de Jesucristo.

A. ¿Cómo fue establecido este pacto?

Examinemos juntos estos capítulos cruciales. Puntualizaré las principales características a medida que avancemos. En Éxodo 19:3, Moisés por primera vez sube al Monte Sinaí y Dios le anuncia los términos generales del pacto en los versículos 5 y 6: si me obedeces y cumples mi pacto, serás mi posesión especial, un reino de sacerdotes, una nación santa. Moisés baja, le informa a la gente y en el versículo 8, ellos aceptan el pacto: "Haremos todo lo que el Señor ha dicho". Moisés lleva al Señor esta aceptación y, en el versículo 9, el Señor le dice que irá a hablar de manera que todos oigan para que crean a Moisés.

En Éxodo 19:10-15, Dios le indica a Moisés que consagre al pueblo. En tres días, tienen que acercarse al monte. En tres días, el Señor desciende en fuego y el monte se envuelve de humo. Dios llama a Moisés a la cima (v. 20) y le dice que descienda nuevamente y le advierta a la gente que no traspasen los límites y perezcan (vs. 21-24). Luego, Dios mismo, (vs.20:22), se dirige al pueblo en 20:1-17 y les da los diez mandamientos. Ellos están tan aterrorizados por la voz de Dios que (en los vs. 18-19) le suplicaron a Moisés: "Habla tú con nosotros y escucharemos, pero que no hable Dios con nosotros, no sea que muramos". Por eso, en 20:21, Moisés se acercó a la densa oscuridad y recibe del Señor el resto de las ordenanzas. Éstas se dan en los capítulos 21-23 e incluye muchas más especificaciones que los diez mandamientos.

En Éxodo 24:1-2, Dios le dice a Moisés que junto con él suban al monte los sacerdotes y los ancianos. Pero, primero, en Éxodo 24:3, Moisés le informa al pueblo todas las ordenanzas y nuevamente ellos aceptan los términos del pacto: "Haremos todas las palabras que el Señor ha dicho". Luego Moisés escribe todas las palabras que ha recibido en un libro (v.4), construye un altar, sacrifica varios bueyes y sella el pacto con sangre. Vertió parte de la sangre sobre el altar, leyó el libro del pacto al pueblo y roció sangre sobre el pueblo (vs.5-8). La implicación es probablemente que el pueblo toma un juramento y si rompen el pacto, su sangre será derramada como la de los bueyes y estará sobre sus propias cabezas.

Luego (en Éxodo 24:9-10), Moisés, Aarón, Nadab y Abiú y los setenta ancianos subieron a medio camino del monte, tuvieron un festín y vieron la gloria de Dios. Pero, en el versículo 12, Dios llama a Moisés que subiera más arriba para recibir "las tablas de piedra" escritas por Él. Entonces, Moisés subió dentro de la nube (v.18) y permaneció allí cuarenta días. Los capítulos 25-31 dan el mensaje de lo que Dios le había dicho a Moisés, principalmente, un plan para construir el tabernáculo y el ministerio de los sacerdotes. Cuando terminó de hablar, Dios le da a Moisés las dos tablas del testimonio (31:18) para que se las lleve a la gente – una clase de documento del pacto de parte del Señor, firmado personalmente.

Pero, durante los cuarenta días, el pueblo ya había roto la promesa del pacto y hecho un ídolo. En Éxodo 32:8, Dios dice: "Bien pronto se han desviado del camino que yo les mandé". Moisés ora por el pueblo y Dios detiene su destrucción (32:11-14). Cuando Moisés bajó al campamento (v.19), destrozó las tablas para demostrar cómo el pueblo había roto el pacto. Los hijos de Levi matan 3000 hombres (32:28) y Dios manda una plaga (v.35), pero la nación en conjunto es perdonada por las plegarias de Moisés.

Ahora, la pregunta es: ¿qué pasó con el pacto? Lo rompieron antes de que estuviese ni siquiera completado. Si este pacto estuviese basado en obras o en justicia estricta solamente, Israel habría estado acabado. Pero, para mostrar que el pacto está basado en la gracia, Dios renueva el pacto y usa palabras que esclarecen este fundamento misericordioso. En Éxodo 34, Dios le dice a Moisés que haga nuevas tablas de piedra y que vuelva a subir. En 34:6-7, Dios se revela y también revela las nuevas bases del pacto renovado: "Pasó el Señor por delante de él y proclamó ´El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado y que no tendrá por inocente al culpable; el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación'". En el versículo 9, Moisés suplica: "Perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado y tómanos por posesión tuya". En el versículo 10, el Señor responde: "He aquí, voy a hacer un pacto. Delante de todo tu pueblo, haré maravillas que no se han hecho en toda la tierra ni en ninguna de las naciones". Luego, en 34:27-28, el Señor concluye este último encuentro en el monte Sinaí de esta manera: "Entonces, el Señor dijo a Moisés: Escribe estas palabras, porque conforme a estas palabras he hecho un pacto contigo y con Israel. Y Moisés estuvo allí cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan ni bebió agua. Y escribió en las tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos´". Y bajó con su rostro brillando debido al tiempo que había pasado con Dios. El resto de Éxodo, relata la construcción del tabernáculo.

B. ¿Cuáles son las promesas y condiciones del pacto?

En esa reseña de cómo fue establecido el pacto entre Dios e Israel, podemos responder nuestra segunda pregunta: ¿cuáles son las promesas divinas y las condiciones humanas de este pacto? ¿Qué se compromete a hacer Dios? Y ¿qué requiere de su socio del pacto?

Encierra cinco promesas divinas

Primero, las promesas. Al menos hay cinco.

1. Israel será la posesión más preciada de Dios

En Éxodo 19:5, Dios dice: "si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra". Dios menciona que toda la tierra es suya, para mostrar que cuando llama a Israel "su propia posesión", quiere decir más que el cuidado y autoridad general que tiene sobre el mundo. Será el Dios de Israel y ellos serán su posesión de una manera especial. Serán bendecidos por encima de todas las naciones. Serán la posesión más preciada de Dios – si guardan su pacto.

2. Israel será un reino de sacerdotes reales

En Éxodo 19:6, la segunda promesa es: "y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes". El privilegio más impresionante de los sacerdotes era un acceso íntimo a Dios. Ellos se acercaban en representación del pueblo. Su herencia no era la tierra, sino el Señor. Esto privilegia las promesas de Dios a toda la nación. Este privilegio se intensifica cuando Dios lo denomina sacerdocio real o sacerdotes en los servicios del Rey. No hay mayor privilegio que tener acceso íntimo al Rey del universo.

3. Israel será una nación santa

La tercera promesa del pacto, en 19:6, es que Israel también será una "nación santa". Israel sería santa en dos sentidos: uno, se diferenciaría y distinguiría de todos los otros pueblos; dos, se le concedería una semejanza moral a Dios. Compartiría el carácter de Dios. "Seréis santos, porque yo soy santo" (Levítico 19:2). Si Israel guarda el pacto con Dios, tendrá el privilegio de la semejanza a Dios, que todo lo satisface. Será una nación santa.

4 Dios defenderá a Israel de todos sus enemigos

La cuarta promesa del pacto se encuentra en Éxodo 23:22: "Pero si en verdad obedeces su voz y haces todo lo que yo digo, entonces seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios". Como el gato que le hinca los dientes a un ratón y descubre que es la pata de un perro. Cualquiera que se oponga a Israel tendrá que vérselas con Dios Todopoderoso – si Israel cumple el pacto. Esto es, probablemente, lo que Dios quiere decir en Éxodo 34:10 cuando promete: "Haré maravillas que no se han hecho en toda la tierra ni en ninguna de las naciones; y todo el pueblo en medio del cual habitas verá la obra del Señor". En defensa de su pueblo, Dios hará maravillas para demostrar su gloria entre las naciones.

5. Dios será misericordioso, clemente e indulgente

Finalmente y como fundamento de todo lo demás, Dios promete ser misericordioso y clemente y perdonar la iniquidad, la transgresión y el pecado. Éxodo 34:6-7 está entre las palabras más dulces del evangelio en la Biblia. El hecho de que vienen del monte Sinaí y no del monte Calvario, el hecho de que son el prefacio de los diez mandamientos (34:28) y no del libro de los Romanos, muestra que el mensaje de Cristo y el mensaje de Moisés son un mensaje de gracia armonioso. "El Señor pasó por delante de Moisés y proclamó: ‘El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado´”. Por lo tanto, la quinta promesa del pacto mosaico es que Dios tratará a Israel con misericordia y clemencia y perdonará sus pecados – si cumple el pacto.

En resumen, entonces, las cinco promesas divinas del pacto Mosaico, que vuelven a confirmar el pacto con Abraham son:

  1. Que Israel será la posesión especial de Dios.
  2. Israel será un reino de sacerdotes para Dios.
  3. Israel será una nación santa.
  4. Dios luchará por Israel y vencerá a todos sus enemigos
  5. Dios tratará a Israel con clemencia,y misericordia y perdonará sus pecados.

Estas son las promesas divinas del pacto. Pero, todas ellas dependen de que el pueblo cumpla ciertas condiciones, como dice Éxodo 19:5: "Si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis . . . ", para que experimenten todas estas gracias divinas.

Tres indicadores de las condiciones humanas del pacto

Por eso, ahora, volvemos a las condiciones humanas que tienen que cumplirse para disfrutar de las bendiciones del pacto.

1. Basado en la gracia y ofreciendo perdón

Una cosa está clara desde el principio. La condición no es la perfección libre de pecado. El pacto Mosaico no enseña que si alguien comete pecado pierde las bendiciones del pacto. Dice que el Señor perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado (Éxodo 34:7). El fundamento del pacto es la gracia. Por consiguiente, cuando Éxodo 19:5 dice que Israel "debe obedecer la voz de Dios y guardar el pacto" no significa que deben ganar las bendiciones obrando para Dios. Significa que deben mantenerse en una actitud de recibir la gracia, la misericordia y el perdón.

2 ¿Amando a Dios y ganándose la gracia?

Y ¿qué actitud es esa? En Éxodo 20:5-6, se da una respuesta en medio de los diez mandamientos: "Yo, el Señor, tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y muestro misericordia a millares, a aquellos que me aman y guardan mis mandamientos". Israel mantiene su parte del pacto al amar a Dios y al no poner ningún otro valor en su corazón en el sitio que pertenece a Dios. Y de este amor a Dios inevitablemente surge la obediencia a su palabra, porque siempre uno sigue lo que valora. Por eso, esta obediencia no es ganar la gracia de Dios. Es la evidencia del amor por la gracia de Dios. No amamos a Dios cuando nos ponemos a nosotros mismos en la posición de un empleado y a Él en la posición de un empleador que nos paga un salario.

Cuando Dios dice que el amor por Él es la condición que Israel debe cumplir para participar de la gracia del pacto, es como decir que la condición que debemos cumplir para beneficiarnos con nuestras vacaciones es disfrutar de las puestas de sol. Es impensable que el mandato de amar a Dios pueda ser un mandato para ganar sus bendiciones. Por el contrario, cuando se lo analiza detalladamente, el mandato de amar a Dios, quien es misericordioso e indulgente (Éxodo 34:6-7), debe incluir el mandato de confiar en Él. La única manera de recibir perdón es confiando en el que perdona. Y la única manera de beneficiarse de las promesas misericordiosas es confiando en el que promete. La condición fundamental que Israel tenía que cumplir, para disfrutar de la misericordia de Dios, era la confianza.

3. El fracaso de incredulidad de Israel

En el Antiguo Testamento, una y otra vez, la rebelión de Israel contra el pacto se puede rastrear de vuelta hasta la incredulidad (Números 14:11; Deuteronomio 1:32; 9:23; 2 Reyes 17:14; 2 Crónicas 20:20; Salmo 78:22, 32; 106:24). Por ejemplo, el Salmo 78:22 mira hacia atrás y dice que la ira de Dios se encendió contra Israel en el desierto "porque no creyeron en Dios ni confiaron en su salvación". Y Hebreos 3:19 dice que la razón por la cual la generación del desierto no entró en la tierra prometida fue la incredulidad. O como Hebreos 4:2 dice: "La palabra que ellos oyeron nos les aprovechó por no ir acompañada por la fe de los que la oyeron".

Por lo tanto, hay al menos tres razones para llegar a la conclusión de que la condición básica requerida de Israel es la fe.

  1. Primero, porque el pacto es renovado sobre la base de la gracia y ofrece perdón misericordioso de los pecados (Éxodo 34:6-7). El perdón solo se puede recibir por la fe.
  2. Segundo, Dios promete misericordia a todos los que lo aman (Éxodo 20:6). Pero, amar a Dios es lo opuesto de tratar de ganar salarios de un empleador celestial. Amar a Dios debe incluir deleitarse en su confianza como alguien que "los lleva sobre las alas de águilas (fuera de Egipto) y los conduce hacia Él" (Éxodo 19:4).
  3. Tercero, numerosos pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento dicen que el origen de la desobediencia de Israel fue el fracaso en confiar en Dios. Por consiguiente, la obediencia que se requiere en el pacto Mosaico es la obediencia que proviene de la fe.

Es la misma obediencia que se requiere en el pacto con Abraham cuando el Señor le dijo a Abraham: "En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque tú has obedecido mi voz" (Génesis 22:18). Y es la misma obediencia requerida en el nuevo pacto bajo el que nosotros vivimos. Hebreos 5:9 dice de Cristo que "Habiendo sido hecho perfecto, vino a ser fuente de eterna salvación para todos los que le obedecen". El pacto con Abraham, el pacto Mosaico y el pacto que Jesús ha sellado con su propia sangre son las varias expresiones de un gran pacto de gracia. Y bajo todos estos pactos, expresados de varias maneras diferentes, una cosa se requiere del hombre para heredar las gracias del pacto: "la fe que obra por amor" (Gálatas 5:6).

C. ¿Cómo puede tanta gracia provenir de este pacto?

Eso nos lleva a una última pregunta, la cual el pacto Mosaico deja sin responder. ¿Cómo se puede dispensar tanta gracia bajo este pacto? ¿Cómo puede un Dios justo simplemente perdonar la iniquidad, la transgresión y el pecado? ¿Cómo puede un juez dejar libres a pecadores culpables? Seguramente, los sacrificios de toros y cabras no son justa satisfacción por todo el deshonor acumulado al nombre de Dios por los pecados de Israel. Otra vez, la respuesta está en el futuro. Isaías lo vio más claramente y dijo: "Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros" (Isaías 53:6). ¿Cómo pudo un Dios justo, bajo el pacto Mosaico, ser tan clemente y perdonar tan libremente? Respuesta: Él miraba adelante, hacia la llegada de su Hijo y el sacrifico que repara todo el daño hecho al honor de Dios a través de la desobediencia de los elegidos. No podría haber habido pacto con Abraham, ni pacto con Moisés, ni nuevo pacto sin el advenimiento de Jesucristo. Lo que fue dado libremente bajo Moisés fue pagado por Cristo.

Si quieren una mirada nueva de Jesús en este tiempo de Adviento que los ayude a confiar en Él, amarlo y obedecerlo, consideren estas dos cosas. Primero, cada pecado perdonado desde Adán hasta el fin de los tiempos fue puesto en el inocente Cristo y lo aplastaron hasta el infierno. Él lo aceptó voluntariamente por la gloria de su Padre y el bien de su pueblo. Segundo, si confían en Él y lo siguen en la obediencia de la fe, entonces serán los herederos, no solo del pacto de Dios con Abraham, sino del pacto de Dios a través de Moisés. Ustedes son la posesión especial de Dios. Son un reino de sacerdotes. Son una nación santa (1 Pedro 2: 9-10). Dios se opone a sus enemigos con un poder que obra maravillas. Y para ustedes, Él ahora y siempre será "el Señor, el Señor. Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia . . . el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado".

¡Oh, qué podamos amar a Jesús con un afecto sincero, renovado este tiempo de Adviento! "Cosas que ojo no vio, ni oido oyo, ni han entrado al corazon del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman" (1 Corintios 2:9).