¿Estás siguiendo un ritual con Dios?


Transcripción de audio

Entonces llegaré al altar de Dios,
   A Dios, mi supremo gozo;
y al son de la lira te alabaré,
   oh Dios, Dios mío. (Salmo 43:4, LBLA)

Yo diría que según el Salmo 43:4 la verdadera alabanza es una expresión de nuestro sentir de que Dios es nuestra alegría y nuestro gozo. Por lo tanto, la alabanza no se trata ni del movimiento de tus cuerdas vocales ni de tus labios expresando cuán digno es Dios, ni siquiera de tu creencia de que Él es digno, sino que se trata de la expresión de tu corazón sintiéndolo como tu supremo gozo.

Jesús dijo: "Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí. Mas en vano me rinden culto". (Mateo 15:8-9). Así que puedes alabar con tus labios, decir palabras apropiadas para el valor infinito de Dios, y que no signifiquen nada, que sean nulas, vanas. Por lo tanto, la alabanza no es la que sale los domingos por la mañana de las bocas de las personas que no consideran a Dios como su supremo gozo, su máximo valor y tesoro. La alabanza es vacía cuando no es una experiencia de gozo. "Entonces llegaré al altar de Dios, a Dios, mi supremo gozo; y al son de la lira te alabaré, oh Dios, Dios mío" (Salmo 43:4).

Ya sabemos lo que es la alabanza y para qué fue concebida por Dios. La alabanza fue concebida por Dios para ser el medio por el cual Él es magnificado, glorificado y exaltado. Eso es la alabanza. Es el medio por el cual enaltecemos a Dios: se magnifica y se glorifica a Dios. Alabar a Dios es enaltecerlo. No me parece polémico decir eso.

Sin embargo, lo que sí es polémica es que la relación entre la verdadera alabanza y el gozo en el corazón es necesaria. No hay verdadera alabanza con los labios donde no exista un verdadero gozo supremo en Dios como el valor más importante en nuestro corazón. Es un tema polémico, y la razón por la que lo es, es por ser tan desolador y maravilloso.

Es desolador porque quizás hayas notado que puedes alabar a Dios de un modo mecánico, cuando de hecho Dios no es tu supremo gozo. Y luego escuchas lo que Jesús dice sobre tu vida: "Eso no es nada. Es cero, es vano, está vacío". Y te sientes desolado. Estabas yendo a la iglesia todo el tiempo, diciendo todo lo correcto, pero tu corazón está alejado de Dios. Él no es tu mayor tesoro. Él no es tu supremo gozo, por consiguiente, escuchar una palabra como esta, te resultará desolador.

Pero contrario a la desolación y al arrepentimiento, ésta es la expresión más maravillosa del mundo: que te digan que Dios se siente alabado por tu gozo en Él, que Dios es glorificado porque tú te gozas en Él. No es una gran función. No se te pide que seas un héroe. Se te pide que seas feliz en Dios como tu máximo tesoro y motivo de júbilo. No se nos pide que hagamos una gran tarea para alabar, magnificar y glorificar a Dios. Esto es maravilloso, no solo desolador.

El propósito de Dios es ser glorificado en el mundo, y ahora nos damos cuenta de que cumplimos ese propósito al ser satisfechos en Él. Hace cincuenta años, eso me cambió la vida al descubrir que el celo de Dios por su gloria y mi deseo de ser feliz no se contraponían, sino que eran uno solo. Fue un gran descubrimiento.

De modo que el resumen del hedonismo cristiano es: Dios se glorifica más en ti cuando estás más satisfecho en Él. Y lleva esta implicación radical: la búsqueda de la felicidad más profunda y más duradera no es opcional sino obligatoria, porque no se puede glorificar a Dios sin ella. No puedes glorificar a Dios de corazón si tu corazón no está satisfecho en Dios. No se puede hacer y, por lo tanto, el mandato de buscar la felicidad más profunda y prolongada no es opcional. Es necesario para tu vida, para tu eternidad.

Ahora bien, existe la religión del deber, y el hedonismo cristiano dice que se acabó. La religión de la fuerza de voluntad ha terminado. El deber religioso se acabó, porque es nulo. Podemos realizar muchas tareas sin deleitarnos en Dios, y Él no es honrado por ellas. No es el cristianismo, por lo que una y otra vez en la Biblia, se nos ordena:

  • Pon tu delicia en el Señor. (Salmo 37:4)
  • Alegraos en el Señor. (Salmo 32:11)
  • Regocijaos en el Señor. (Filipenses 3:1)

¿Por qué? Porque Dios se glorifica más en ti cuando estás más satisfecho en Él, y la glorificación de Dios es el propósito del universo. Isaías 43:7 dice que Dios nos creó para su gloria. Y, por tanto, os ordena una y otra vez: Alegraos en el Señor, porque Dios es glorificado por vuestro gozo en Él.


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